NovelToon NovelToon
Horizonte De Hielo

Horizonte De Hielo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

Susana Reyes es fuego puro. Una teniente de la Fuerza Aérea estadounidense de raíces mexicanas que ha pasado su vida desafiando las expectativas de quienes la creen demasiado pequeña para dominar los cielos. Cuando es enviada a una remota base militar en las profundidades de Rusia como parte de un programa de intercambio de élite, espera encontrar resistencia, pero no un muro de hielo impenetrable.
Ese muro tiene nombre: Mikhail Volkov.
Con 1.90 de estatura, una disciplina de acero y una mirada azul que parece congelar el aire a su paso, Mikhail es el capacitador encargado de convertir a Susana en una piloto experta de los imponentes cazas Su-35. Para él, ella es una distracción impulsiva; para ella, él es un gigante arrogante que necesita una lección de humildad.

NovelToon tiene autorización de Ariane Salvatore Falcó para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 20

La noche en la Isla San Judas no era como las noches gélidas de la estepa rusa. Aquí, el aire era una manta pesada de humedad y salitre, y el sonido del oleaje contra los arrecifes sustituía al rugido constante de los turborreactores. Dentro de la cabaña, la luz de una sola lámpara de queroseno proyectaba sombras alargadas y bailarinas contra las paredes de madera carcomida.

Mikhail estaba sentado en el porche, con la espalda apoyada en un poste, limpiando mecánicamente un cuchillo de supervivencia que no necesitaba limpieza. Susana estaba dentro, tumbada en su catre, observando el techo, pero sus mentes estaban a miles de kilómetros de distancia, perdidas en el laberinto de lo que nunca se dijeron.

El Infierno Privado de Mikhail

Mikhail Volkov siempre se había enorgullecido de ser un cirujano de las emociones: capaz de extirpar cualquier sentimiento que estorbara en la misión. Pero esa noche, el silencio de la isla le devolvía el eco de su propia rabia, una que no había podido procesar entre informes y protocolos.

Al cerrar los ojos, no veía el mar; veía la imagen de Susana en el gimnasio, dejándose tocar por Viktor Morozov.

«Maldito animal», pensó Mikhail, sintiendo cómo la mandíbula se le tensaba hasta doler. Recordaba la forma en que Viktor la rodeaba con el brazo, la arrogancia en su estúpida sonrisa y, sobre todo, la mirada desafiante de Susana. En aquel momento, Mikhail había querido desenfundar su arma y borrar a Viktor de la existencia, no por una infracción de seguridad, sino por una necesidad territorial primaria que lo asustaba.

Había sentido una náusea violenta al saber que ella, la mujer que él había desarmado capa por capa en su santuario, se había entregado al hombre que él más despreciaba solo para herirlo. «Me pagaste con la misma moneda, Susana», reflexionó amargamente. La rabia de Mikhail no era solo contra Viktor o contra ella, sino contra sí mismo. Se odiaba por haber permitido que ella se volviera su punto débil. Se odiaba por haber sentido ese vacío negro en el estómago cuando supo que Morozov había estado con ella.

El recuerdo del accidente de Viktor no le traía paz, sino un remordimiento agrio. No porque extrañara al Mayor, sino porque sabía que Viktor había muerto creyendo que le había ganado la partida a Mikhail. Y esa era una mancha que el Capitán Volkov no sabía cómo limpiar. Había querido gritarle a Susana que ella era suya, que ningún juego de inteligencia justificaba esa traición, pero su orgullo ruso, ese búnker de granito, se lo había impedido.

El Veneno en la Sangre de Susana

Dentro de la cabaña, Susana Reyes luchaba contra sus propios fantasmas. Si Mikhail ardía en celos retrospectivos, ella se ahogaba en una mezcla de asco y humillación.

Cada vez que miraba a Mikhail, la imagen de él con Larisa Sokolova sobre el piano volvía a su mente como un flash cegador. Recordaba el sonido de los jadeos, la postura de Larisa, la mano de Mikhail enterrada en aquel cabello rubio.

«¿Cómo pudiste?», se preguntaba Susana, clavando las uñas en la lona del catre. No era solo el hecho de que él estuviera con otra; era la frialdad con la que lo justificó. "Necesidad operativa", lo llamó. Esas palabras le dolían más que cualquier bofetada. Para Susana, que Mikhail usara a Larisa para "neutralizar sospechas" era la prueba definitiva de que él era incapaz de amar. Lo veía como un depredador que usaba a las mujeres como escudos o como distracciones.

Sintió una oleada de autodesprecio al recordar que, tras ver esa escena, corrió a los brazos de Viktor. No lo hizo por deseo; lo hizo porque necesitaba sentir que alguien la valoraba como mujer y no como un "activo de la CIA". Pero ahora, en la quietud de la isla, se daba cuenta de que al usar a Viktor, se había rebajado al nivel de Mikhail. Había convertido su cuerpo en un arma de guerra psicológica, y el sabor que le quedaba en la boca era el de la ceniza.

«Él me mira ahora y ve a la mujer que estuvo con su rival», pensó Susana con amargura. «Y yo lo miro a él y veo al hombre que es capaz de besar a una serpiente como Larisa solo para mantener su máscara intacta. Estamos rotos. Ambos estamos tan manchados que no sé si el océano podrá lavarnos».

El Encuentro en la Penumbra

Mikhail guardó el cuchillo y entró en la cabaña. Sus ojos se encontraron con los de Susana en la penumbra. El aire se volvió pesado, cargado de todo lo que acababan de recordar.

—No puedes dormir —dijo Mikhail. No era una pregunta.

—El silencio hace demasiado ruido, Mikhail —respondió ella, incorporándose lentamente—. No dejo de pensar en la base. En todo lo que rompimos para llegar aquí.

Mikhail caminó hacia ella y se sentó en el suelo, frente a su catre. Por primera vez, no había una mesa de briefing entre ellos, ni un avión, ni una misión.

—Sé lo que estás pensando, Susana —dijo él, su voz era un susurro ronco—. Piensas en Larisa. Piensas que para mí fue fácil.

Susana soltó una risa seca, desprovista de humor.

—Fue "operativo", ¿verdad? Eso es lo que dijiste.

Mikhail bajó la cabeza, observando sus propias manos, las manos que habían pilotado máquinas de muerte y que habían tocado a personas que no amaba.

—Mentí —confesó Mikhail. Susana se quedó helada—. No fue operativo. Fue un intento desesperado de sacarte de mi cabeza. Te veía en todas partes, Reyes. Veía tu estela en el cielo, sentía tu perfume en mi habitación... y me aterrorizaba. Usé a Larisa para intentar recordarme quién era yo antes de ti. Pero cada segundo que estuve con ella, solo podía pensar en que no eras tú.

Susana sintió que el corazón se le encogía. No esperaba esa honestidad brutal.

—Y yo... —empezó ella, con la voz temblorosa— yo fui con Viktor porque quería destruirte. Quería que sintieras una fracción del asco que sentí yo al verte con ella. Pero cuando estaba con él, Mikhail... me sentía muerta. Estaba intentando matarte a ti dentro de mí, y lo único que logré fue matarme a mí misma.

Mikhail se estiró y tomó la mano de Susana. Esta vez, ella no se apartó. El contacto fue eléctrico, una descarga de verdad que atravesó meses de mentiras.

—Viktor está muerto —dijo Mikhail, mirándola fijamente a los ojos—. Larisa está a miles de kilómetros. Washington y Moscú nos han olvidado por un momento. Solo quedamos nosotros, Susana. Con nuestras cicatrices y nuestras traiciones.

Susana se deslizó del catre y se sentó en el suelo frente a él. La luz de la lámpara de queroseno se estaba agotando, sumiéndolos en una oscuridad casi total. En ese paraíso de ceniza, las máscaras finalmente se desintegraron.

—Si vamos a estar aquí —susurró Susana, acercando su rostro al de él—, no quiero más secretos. No quiero más "operativos". Si vamos a arder, Mikhail, que sea por algo real.

Mikhail no respondió con palabras. La atrajo hacia sí con una urgencia que no tenía nada de sádica ni de dominante; era la urgencia de un hombre que finalmente reconoce su hogar en medio de la tormenta. El beso que compartieron fue una purga, un incendio que consumió el recuerdo de Viktor, de Larisa y de la base.

Esa noche, en la Isla San Judas, el Capitán Volkov y la Teniente Reyes dejaron de ser espías. En la oscuridad de la cabaña, entre los suministros básicos y el sonido del mar, dos náufragos de la Guerra Fría finalmente admitieron que la única misión que importaba era no soltarse nunca más.

1
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
😔😔😔😔
Luz Granados
por favor segunda parte, merecen quedar juntos👏
Luz Granados
muy buena, pero nos falta la segunda parte, después de sufrir tanto merecen quedar juntos.gracias...
𓏲 ๋࣭ ࣪Aɾყ S.F𑁍ɾιԃ ˖: es que me gustan los finales no felices y también los felices....este fue uno no muy feliz
total 1 replies
Rubiia sanz
venga yaaaa 😟😟😟😟 cómo no van a terminar juntos depues de todo joderr que mal 💔
Rubiia sanz: me ha gustado pero esperaba ver un poco de guerra más escenas de mikhail y susana volando en sus aviones joee es un sabor amargo 💔 pero dentro de lo que cabe está bien
total 2 replies
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥
corina
está historia me trae de los cabellos me encanta que la prota no se de esas gafas que se dejan joder de los demas
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Aracelis Durango
Buenísima 🔥🔥🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
😈😈🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏👏❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Se derrumbaron las barreras ❤️❤️❤️🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Está buenísima 👏👏
Rubiia sanz
a mí me gustaria leer lo que piensa el al verla osea leer su opinión y narrado por el. Muy buena me encanta que ella sea piloto de cazas
Nairobis Cardozo Portillo
Susana estás jugando con fuego y te vas a quemar ese capitán es de armas tomar🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Susana eres una guerrera
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play