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CENIZAS DEL PECADO

CENIZAS DEL PECADO

Status: Terminada
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Diferencia de edad / Mujer despreciada / Venganza de la protagonista / Familias enemistadas / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Anne nunca fue la chica que pedía ayuda. Y esa noche tampoco lo hizo. Lo que ocurrió cambió algo dentro de ella. No fue un accidente. No fue un malentendido. Fue una decisión tomada con los ojos abiertos… y con la certeza de que después nada volvería a ser igual.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El comienzo de la serpiente

...09...

...ANNE MORETTI ...

Pasé los días siguientes encerrada en mi habitación, pero no estaba perdiendo el tiempo. Mientras Cassian creía que yo estaba meditando sobre mi "mala conducta", yo estaba estudiando mapas y registros que el abuelo me enviaba de contrabando con las empleadas. La historia de la familia era complicada: el bisabuelo Gael había pacificado los negocios, intentando limpiar el apellido Moretti, y Cassian se aferraba a esa paz como si fuera una religión. Pero el abuelo Manuelle sabía que en este mundo, si dejas de ser un lobo, terminas siendo la cena.

—Cassian es un buen administrador, pero no tiene el fuego para recuperar lo que nos pertenece —me había dicho el abuelo esa mañana—. Dorian Drago se aprovechó de nuestra "decencia" para robarnos la ruta del norte. Es hora de que vean que una nueva generación ha despertado.

El plan era sencillo pero peligroso: hoy me vería con Dorian Drago. El abuelo se encargaría de cubrir mi ausencia ante Cassian y Eleonora con alguna excusa de "sesión de terapia privada" o algo similar. Pero antes de irme, el abuelo me entregó un sobre amarillo, grueso y pesado.

—No sé para qué me pediste que investigara a esta muchacha —dijo el abuelo con un suspiro despectivo—. Pero aquí tienes. Toda la vida de Manuela Bianchi en papel.

Tomé el sobre con una mano firme. Nate me había echado de su casa por ella. Me había golpeado por ella. Estaba convencida de que esa mujerzuela le había lavado el cerebro para ponerlo en mi contra, alejándolo de la familia para tenerlo solo para ella. Quería ver qué secretos escondía la "futura doctora".

—Gracias, abuelo —susurré, guardando el sobre en mi bolso—. Primero Drago, luego me encargaré de limpiar la basura de la vida de mi hermano.

Salí de la finca por la puerta trasera, donde un auto blindado me esperaba. Al llegar al punto de encuentro, un almacén abandonado cerca del muelle, sentí la adrenalina recorrer mi cuerpo. Ya no llevaba el uniforme escolar; vestía de negro, con una chaqueta de cuero que ocultaba una navaja en el cinturón y mi corte pixie dándome un aire de autoridad que ninguno de esos hombres esperaba.

Dorian Drago me esperaba sentado a una mesa de metal, rodeado de cuatro guardaespaldas. Cuando me vio entrar, soltó una carcajada llena de arrogancia.

—¿Manuelle envió a una niña para negociar la ruta del norte? —se burló, escupiendo al suelo—Los Moretti realmente se han quedado sin hombres.

Me senté frente a él, sin parpadear, apoyando los codos en la mesa con una calma que hizo que su risa se fuera apagando poco a poco.

—Los hombres de mi familia están ocupados manteniendo la paz que tú estás rompiendo, Dorian —dije, con una voz gélida que resonó en el almacén—. Yo estoy aquí para darte una oportunidad: devuelves la ruta hoy, o me encargaré de que la próxima vez que alguien te visite, no sea para hablar.

Drago se inclinó hacia adelante, su rostro a pocos centímetros del mío.

—¿Y qué vas a hacer tú, niñata? ¿Cortarme con tus tijeras de jardín? Me enteré de lo que hiciste en esa academia a la que asistes. Aquí no estamos en el recreo.

Mantuve la espalda recta, ignorando el ambiente viciado del almacén. Saqué los mapas y los informes de ingresos que la familia Drago nos había arrebatado, poniéndolos sobre la mesa con una precisión quirúrgica. Empecé a detallar los puntos de quiebre de la ruta y las condiciones que el abuelo exigía para recuperar el control sin derramar sangre. Estaba siendo técnica, fría y profesional.

Sin embargo, Dorian Drago no estaba mirando los papeles. Sus ojos recorrían mi cuerpo con una lascivia descarada, deteniéndose en mis piernas y luego en mi cuello, como si estuviera tasando un pedazo de carne en el mercado.

—¿Cuántos años tienes, muñeca? —soltó de repente, interrumpiendo mi explicación sobre los fletes.

Me quedé helada por un segundo, apretando los puños bajo la mesa.

—¿Y eso a ti qué te importa, imbécil? —le respondí, con la voz cargada de veneno—. ¿Acaso no me estás escuchando? Te estoy dando la oportunidad de salir de esta sin que Manuelle arrase con tus almacenes.

Dorian soltó una carcajada ronca, recostándose en su silla y compartiendo una mirada burlona con sus guardaespaldas.

—Te ves muy tierna enojada —dijo, humedeciéndose los labios—. Te pongo unos quince años... estás perfecta. Casi en el punto exacto.

La rabia me golpeó como una ola de calor. Me incliné hacia adelante, invadiendo su espacio personal hasta que pude oler el tabaco en su aliento. Mis ojos, oscuros y vacíos, se clavaron en los suyos.

—Deja de mirarme así —le siseé, bajando la voz hasta que sonó como el filo de una navaja—. Escúchame bien porque no lo repetiré: estoy hablando en serio. La próxima vez que me mires como si fuera un juguete, te corregiré ese comportamiento asqueroso con una bala justo en el centro de tu frente.

Dorian dejó de reír. El aire en el almacén cambió; mis palabras tenían un peso que su arrogancia no había previsto. Se puso serio, pero no por miedo, sino por un fastidio profundo. Golpeó la mesa con la palma de la mano, haciendo que los papeles saltaran.

—Escúchame tú a mí, niñita —espetó, recuperando su tono autoritario—. Yo no hago tratos con esta payasada que me acaban de enviar los Moretti, y mucho menos con mujeres. Deberían haberse quedado en su casa tejiendo y no atendiendo esta clase de negocios que les quedan grandes. Vete a jugar con muñecas o lo que sea que hagan las niñas ricas.

Se levantó, ajustándose el cinturón y dándome una última mirada de arriba abajo que me hizo sentir que necesitaba una ducha.

—Te pondría otro tipo de trato porque, para qué mentir, estás muy buena —continuó con desprecio—. Pero supongo que todavía eres una niña y yo no me meto con crías. Vuelve cuando seas mayor y tal vez, solo tal vez, podamos negociar algo que me interese. ¡Fuera de aquí!

Me quedé sentada mientras él y sus hombres daban media vuelta para retirarse al fondo del local. Dorian Drago acababa de cometer el error de subestimar a la persona que no tenía nada que perder.

El sonido del disparo retumbó en las paredes de concreto, un estallido seco que los hizo detenerse. No dudé. El guardaespaldas que estaba a la derecha de Dorian cayó al suelo sujetándose el hombro, gritando de dolor mientras la sangre manchaba el suelo gris. Los otros tres hombres desenfundaron de inmediato, pero yo ni siquiera parpadeé; mantuve mi arma apuntando directamente al entrecejo de Dorian.

—La próxima será en tu maldita cabeza si no te sientas ahora mismo y cerramos el trato sobre las rutas —dije, con una voz tan gélida que parecía venir de ultratumba.

Los hombres de Dorian hicieron amago de abalanzarse sobre mí, pero él levantó una mano, deteniéndolos. Me miró con una mezcla de sorpresa y una chispa de respeto retorcido.

—Uy... me gusta esa actitud —murmuró Dorian, relamiéndose los labios mientras se sentaba de nuevo—. Interesante. Ya veo por qué ese viejo de Manuelle te envió. Ya me siento, cariño. Ahora sí, dime: ¿qué mierda quieres?

—Devuélvenos las rutas —fui directa al grano, sin bajar el arma—. Si no quieren empezar una guerra que no pueden costear. Ni crean que ganarán; los Moretti han vuelto y esta vez no habrá piedad.

Dorian soltó una risita cínica, recostándose en su silla.

—¿Y qué me darán a cambio? —preguntó, inclinando la cabeza—. ¿De casualidad tu abuelo te envió a ti como ofrenda? Porque ese sería un trato que aceptaría sin pensar.

Guardé el arma con una lentitud insultante, pero solo para acercarme a él. Me incliné sobre la mesa, invadiendo su espacio hasta que nuestras respiraciones se mezclaron.

—Sé que tu hija estudia conmigo en la academia —susurré, viendo cómo su sonrisa empezaba a flaquear—. ¿Cómo se llamaba...? ¡Ah, sí! Mila. Todavía está muy chiquita como para que le pase algo peor de lo que le pasó a mi compañera hace unos días. ¿Viste las noticias, Dorian? ¿Viste cómo le quedó la cara a Maxine?

Dorian reaccionó por puro instinto paternal. Sacó su arma para apuntarme al pecho, pero yo fui más rápida. En un parpadeo, mi navaja estaba presionando la piel de su cuello, justo sobre la yugular. Sentí su pulso acelerado bajo el acero frío.

—También conozco al pequeño Stefan —continué, disfrutando del terror que empezaba a asomar en sus ojos—. Al parecer está en secundaria, pero se la pasa mucho en la preparatoria. Tal vez tome eso a mi favor...

—Maldita perra... —gruñó él, con la voz entrecortada—. ¿Me vas a chantajear con mis hijos?

Me encogí de hombros, regalándole una sonrisa angelical que no llegaba a mis ojos.

—Es fácil, Dorian: las rutas o tus hijos. Solo es cuestión de que yo dé la orden y ni siquiera puedan salir de la academia en este preciso momento. Tengo gente vigilándolos mientras hablamos. ¿Qué decides? ¿Negociamos como adultos o prefieres recibir dos ataúdes pequeños esta tarde?

Dorian apretó la mandíbula. Vi el ligero movimiento de sus hombros, esa tensión previa al zarpazo. Intentó agarrarme del cuello con una mano mientras con la otra buscaba desarmarme, gritándole a sus hombres que me atraparan viva.

—¡Agréguenla! —rugió—. ¡Esa perra nos va a dar un buen billete por venderla!

Pero yo no era la niña que él imaginaba. En cuanto su mano rozó mi hombro, hundí la navaja apenas unos milímetros en su cuello, lo suficiente para que el dolor lo distrajera, y me deslicé por debajo de su brazo con la agilidad que solo el miedo convertido en disciplina puede darte.

Antes de que sus guardaespaldas pudieran cerrar el círculo sobre mí, saqué mi arma de nuevo y disparé al techo, provocando que el eco ensordecedor los hiciera vacilar un segundo. Ese segundo fue todo lo que necesité.

—¡Atrás! —grité, volviendo a poner el cañón de la pistola en la sien de Dorian, usándolo como escudo humano—. ¡Un paso más y Mila y Stefan se quedan sin padre antes del almuerzo!

Dorian jadeaba, sintiendo la sangre caliente de su cuello empapar el cuello de su camisa. Sus hombres se quedaron congelados, con las armas levantadas pero sin atreverse a disparar. El poder había cambiado de manos en un parpadeo.

—¿De verdad creíste que vendría aquí sin un plan de contingencia, Dorian? —le susurré al oído, apretando el arma contra su hueso—. Si yo no salgo de este almacén en cinco minutos y hago una llamada específica, mis hombres en la academia actuarán. No eres el único que sabe jugar sucio, solo que yo no tengo escrúpulos.

Dorian levantó las manos, temblando levemente. El sudor le corría por la frente.

—Está bien... ¡está bien! —balbuceó hacia sus hombres—. ¡Bajen las armas! ¡Déjenla!

Caminé hacia la salida sin soltarlo, arrastrándolo conmigo hasta que estuve cerca de la puerta del almacén donde mi chofer ya tenía el motor encendido. El aire frío de la calle me golpeó la cara, refrescando mi piel ardiente por la adrenalina.

—Las rutas, Dorian. Mañana a primera hora quiero los documentos en la oficina de Manuelle—le dije, dándole un empujón violento que lo hizo caer de rodillas sobre la mugre del suelo—. Y si vuelves a subestimarme o a mirarme como si fuera una "muñeca", te juro que lo siguiente que verás será el infierno.

Me subí al auto y cerré la puerta blindada de un golpe. Mientras el vehículo se alejaba a toda velocidad, abrí mi bolso y saqué el sobre amarillo con la información de Manuela. Mis manos aún temblaban un poco, pero mi mente estaba clara.

Ya me había encargado del negocio del abuelo. Ahora me tocaba encargarme del mío. Abrí el sobre y empecé a leer los antecedentes de la "noviecita" de Nate.

Me recosté en el asiento de cuero del auto, dejando que la adrenalina del encuentro con Dorian Drago se enfriara, y saqué las hojas del sobre amarillo. Mis ojos recorrieron las líneas con una avidez venenosa.

—Vaya, vaya... la "futura doctora" resultó ser más previsible de lo que pensaba —murmuré para mí misma, soltando una risa seca.

El informe era detallado. Manuela Bianchi no era la chica independiente y empoderada que pretendía ser frente a Nate. Venía de una familia que no tenía donde caerse muerta; su padre estaba ahogado en deudas y su madre apenas podía mantener la casa. Pero lo más jugoso no era su pobreza, sino cómo la remediaba.

Había fotos. Manuela entrando a hoteles de lujo con hombres que le doblaban o triplicaban la edad. Políticos locales, empresarios de dudosa reputación... "benefactores" que pagaban su costosa matrícula en la facultad de medicina a cambio de servicios que Nate, en su ingenuidad romántica, prefería no imaginar.

—Así que "sugar daddys", ¿eh? —pasé la página—. Y para mantener las apariencias de chica trabajadora, es mesera a medio tiempo en un bar de mala muerte en el centro.

Cerré el sobre con un golpe seco. Todo encajaba. Nate era el blanco perfecto: joven, guapo y, sobre todo, un Deveraux/Moretti, vinculado con los D’Amato con una cuenta bancaria que podría resolverle la vida a ella y a toda su familia de un solo golpe. No estaba enamorada; estaba invirtiendo.

—Pobre Nathaniel... creía que había encontrado a alguien "diferente" y solo encontró a una profesional del engaño —pensé, mirando por la ventana hacia el horizonte de la ciudad—. Ella lo está usando para escalar, para sacarle cada centavo y quizás algo más.

Sentí una satisfacción oscura creciendo en mi pecho. Nate me había echado de su casa por defender a esa mujerzuela. Me había golpeado por ella. Ahora yo tenía el poder de destruir su pequeño paraíso de cristal.

—Hoy mismo le daré una visita a esa mujer —decidí, guardando el sobre en mi bolso—. Quiero verla en su hábitat natural antes de mostrarle a mi hermano la clase de basura que metió en su cama.

No iba a esperar a mañana. La rabia por la bofetada de Nate y la adrenalina del encuentro con Drago me tenían los nervios a flor de piel. Necesitaba quemar esta energía, y Manuela era el combustible perfecto.

La interceptamos cerca de la parada del bus. Se veía tan pequeña, tan insignificante con sus libros de medicina bajo el brazo, probablemente todavía con el sabor de los besos de mi hermano en los labios. Mis hombres la subieron a la camioneta antes de que pudiera gritar. La llevé a la casa campestre del abuelo, el lugar donde Manuelle me enseñó que la piedad es un defecto de fábrica.

Cuando despertó, estaba atada a una silla de madera en medio del salón de trofeos. El olor a cuero inundaba el lugar. Le quité la mordaza de un tirón.

—Vamos a saltarnos las presentaciones, Manuela —le dije, mostrándole las fotos de sus "benefactores" que saqué del sobre—. Ya sé que eres una muerta de hambre que vende su cuerpo a viejos asquerosos para pagarse la carrera. Lo que quiero saber es cuánto esperas sacarle a mi hermano antes de desaparecer.

—¡No... no es lo que crees! —gritó ella, con las lágrimas ensuciándole el rostro—. Sí, cometí errores... necesitaba el dinero para estudiar, pero con Nathaniel es diferente. ¡Yo lo quiero! Me gusta él, no busco su dinero.

Solté una carcajada que resonó en las paredes de madera. Me acerqué y le propiné un golpe seco en la mandíbula que le cortó el habla.

—¿Lo quieres? ¿O quieres su vida de lujo, los autos y la cuenta bancaria de los Moretti? —la agarré del cabello, obligándola a mirarme—. ¡Dime la verdad! Confiesa que eres una parásita y quizás te deje ir con un par de dientes menos.

—¡Es la verdad! —sollozó, escupiendo un poco de sangre—. ¡De verdad no pienso hacerle nada malo, solo me gusta! ¡No voy tras su dinero!

Esa respuesta me sacó de quicio. La negación, esa estúpida persistencia en su "amor", era un insulto a mi inteligencia. Empecé a usar los métodos del abuelo. No fueron caricias. Cada vez que negaba su ambición, yo me encargaba de que el dolor le recordara su realidad. Le recordé su trabajo en el bar, sus noches en los hoteles, la basura que era comparada con nuestra familia.

—¡DILO! ¡Di que Nate es solo un cheque en blanco para ti! —le grité, golpeándola de nuevo con una fuerza que me hizo doler los nudillos.

Pero Manuela, para mi absoluta desesperación, se mantuvo firme entre gritos y súplicas, hasta que su cuerpo no pudo más. Su cabeza cayó hacia adelante, el cabello cubriéndole el rostro amoratado, y quedó completamente inconsciente.

Me alejé de ella, respirando con dificultad, con las manos temblando de pura frustración.

—Maldita sea... —susurré, limpiándome una salpicadura de sangre de la mejilla.

Había intentado quebrarla y solo había logrado apagarla. Miré su teléfono; tenía varias llamadas perdidas de Nate. Seguramente ya se estaba dando cuenta de que su "noviecita" no aparecía por ninguna parte.

Me quedé observándola unos minutos, viendo cómo su pecho subía y bajaba con dificultad hasta que sus párpados empezaron a moverse. Cuando abrió los ojos, el terror que reflejaban sus pupilas era la mejor recompensa que podía recibir. No había rastro de la chica coqueta que se apareció en la vida de mi hermano; ahora solo quedaba una mujer rota.

Agarré una botella de agua, la abrí y se la puse en los labios con brusquedad, obligándola a beber mientras el líquido se derramaba por su barbilla, mezclándose con la sangre.

—Bebe —le ordené con una frialdad absoluta—Necesitas estar lúcida para lo que vas a hacer.

Ella tragó con dificultad, sollozando entre cada sorbo. Dejé la botella a un lado y me incliné, agarrándola de la mandíbula para que no pudiera apartar la vista de la mía.

—Vas a desaparecer de la vida de mi hermano hoy mismo —le siseé, y mi voz era una promesa de muerte—. Vas a ir a verlo, te vas a maquillar ese desastre de cara para que no sospeche que te tocaron o que te amenacé. No quiero que seas una víctima, quiero que seas la basura que realmente eres.

Manuela temblaba tanto que la silla chirriaba contra el suelo de madera.

—Dile la verdad —continué, disfrutando de su agonía—. Dile que eres una prostituta. Cuéntale sobre los viejos, sobre el dinero, sobre cada hotel. Destrózale el corazón para que no quiera volver a ver tu cara en su vida. Porque si intentas jugar a la heroína o si le dices una sola palabra sobre mí... iré tras tu familia primero. Y después, volveré por ti para terminar lo que empezamos hoy.

Me acerqué a su oído, bajando la voz hasta un susurro que la hizo estremecerse de pies a cabeza.

—¿Te imaginas a tu padre lidiando con mis hombres? ¿O a tu madre? No me obligues a borrar a tu familia del mapa, Manuela.

Ella cerró los ojos y asintió frenéticamente, las lágrimas corriendo sin control por sus mejillas amoratadas.

—S-sí... lo haré... lo prometo —balbuceó con la voz rota—. Por favor, no les hagas nada... yo le diré lo que tú me digas.

La solté con asco, como quien se sacude un insecto de la ropa. Le hice una señal a uno de mis hombres para que la desatara.

—Llévenla a un lugar donde pueda arreglarse y luego déjenla cerca del anexo de Nate —ordené sin volver a mirarla—. Asegúrense de que cumpla su parte.

Salí de la casa de caza respirando el aire puro del bosque. Me sentía ligera, poderosa. Nate me odiaría por un tiempo, sufriría por la "traición" de su amada, pero al final me lo agradecería. Lo estaba salvando de la mediocridad, tal como el abuelo me estaba salvando a mí.

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Rocio Raymundo
me encantó de principio a fin la novela , muchos éxitos escritora.
Rocio Raymundo
me encantó me encantó la novela cual sería la primera de la saga me dise mi querida autora
Rocio Raymundo: gracias iré a su perfil 😃
total 2 replies
Patricia Enríquez
esta muy bien la historia pero no hay mas capitulos o segunda parte
Yazz: Falta el capítulo final que lo estaré subiendo ahora. (Porque está novela es como una historia alterna de la secuencia original de la saga) La segunda parte después del capítulo de “la reina de la pirámide” es la novela “Dinastía de la serpiente” que está en mi perfil, ahí continúan los acontecimientos.
total 1 replies
Teresa Guardoni
pero fue bárbara l a historia de estos mafiosos tambien eran adicto al sexso👏
Teresa Guardoni
Muy buena la reina
Teresa Guardoni
👏🥰
Teresa Guardoni
Que brava la chiquilla los paso por arriba a todos los hombre
Teresa Guardoni
Que buena histora👏
Teresa Guardoni
me registra muy buena
Rocio Raymundo
que fuerte en verdad
Rocio Raymundo
cuál es la novela de eyos cuando por lo que entendí hay una dag de eyos me da el orden de las novelas
Yazz: Hola, la historia de ellos es “dinastía de la serpiente” la puedes encontrar en mi perfil. También están los libros anteriores y el primero de toda la saga es “Rivales de oficina” 🤗
total 1 replies
Rocio Raymundo
ese bebé no tiene la culpa an si no lo quieres puedes darlo en adopción irte lejos y darlo en adopción es un ser indefenso a Tristán destruyelo Pero a ese bebé no 😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭lo déjalo nacer y dalo en adopción pero no lo mates 😭😭😭😭😭😭
Rocio Raymundo
tu hermana se está perdiendo an , que manipulador salió Tristán en verdad
Rocio Raymundo
algo malo le pasará si va
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