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Forjado En Cadenas

Forjado En Cadenas

Status: En proceso
Genre:Edad media / Fantasía épica / Mundo mágico
Popularitas:202
Nilai: 5
nombre de autor: Mel G.

El destino los unió… pero no para salvarlos. Cuatro jóvenes, atados por cadenas invisibles, vivirán en un mundo donde la traición se respira y los reinos se arrebatan con sangre. La maldad intentará borrarlos. Ellos aprenderán a usarla. Porque en esta historia, la libertad tiene un precio… y no todos están dispuestos a pagarlo.

NovelToon tiene autorización de Mel G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL RITO DEL SELLO.

...Reino de Zayon....

Erian y Kael caminaban por los jardines del palacio.

Los lirios blancos, recién colocados, se mecían con el viento.

Kael iba pateando piedritas, sin un rumbo claro. Erian caminaba a su lado, presente solo en apariencia. Pensaba demasiado, y aun así se obligaba a no demostrarlo.

Al girar por uno de los senderos, se encontraron con dos jóvenes señoritas.

La mayor tenía más o menos la edad de Erian. Caminaba erguida, con una elegancia aprendida. Sus ojos eran atentos, inteligentes.

La menor, apenas un par de años mayor que Kael, llevaba el cabello blanco recogido con cintas, aferrada al brazo de su hermana, pero su ojos parecían perdidos, se movían de un lado a otro sin punto fijo.

Eran las hijas del duque Sorak: Amáia, la mayor, y Leyanna, la menor.

Kael fue el primero en hablar.

—¿Son las hijas del duque?

Amáia inclinó la cabeza con corrección.

— Así es majestad — Hizo una reverencia pronunciada— Príncipe Erian… príncipe Kael. Lamentamos mucho su pérdida.

Erian estaba por responder cuando Leyanna alzó el rostro, ella claramentete no lo vio, pero por un instante, sus ojos quedaron alineados con los de Erian.

Luego volvieron a perderse en el vacío.

Ella claramente no lo vio, la oscuridad en sus ojos le impedían poder detallar a los presentes pero algo en ese gesto lo dejó inmóvil.

—Mi hermana menor… —explicó Amáia, notando la reacción—. Leyanna no ve, es ciega.

Erian no supo que decir, solo asintió.

Pero eso no impidió que la pequeña hicieraera una reverencia, formidable.

El chico contestó la reverencia apenado por sus modales.

Kael resopló, impaciente.

—¿Quieren jugar?

El rostro de Leyanna se iluminó al instante.

Amáia sonrió también, aunque trató de disimularlo pues ya se creía miy mayor para jugar, y trataba de impresionar al príncipe para que no lo tomara por una niña pequeña.

—Yo puedo quedarme observando —dijo.

—Está bien —aceptó Kael sin darle importancia.

Leyanna extendió la mano hacia donde creía que estaba Kael, el pequeño la tomó con cuidado y la guio separándose de los mayores.

Kael levantó una pequeña ráfaga de viento con su magia, moviendo unas cuantas hojas secas que se encontraban en el pasto cerca de ellos girando en un remolino suave, chocando entre sí con un sonido leve, constante escuchándose como aleteos alrededor.

—Atrapa la hoja que suene más cerca —explicó.

Leyanna sonrió, a pesar de no ver, cerro los ojos, giraba siguiendo el sonido, de las pequeñas hojas qie flotaban a su alrededor y que chocaban entre ellas.

Ella hizo un movimiento rápido y aplaudió con sus palmas atrapando una hoja entre ellas.

Cada vez que atrapaba una hoja sonreía ampliamente.

Erian la observaba, fascinado.

Amáia también, aunque fingía no hacerlo.

—¿Cómo… hace eso? —preguntó Erian en voz baja.

—No lo sé, ella… escucha cosas que nadie mas —respondió Amáia luego bajó la voz. —Los hombres de mi padre la llaman defectuosa. Pero no nació así. Fue perdiendo la vista poco a poco… hasta quedarse completamente ciega hace un par de años.

Erian frunció el ceño.

Kael y Leyanna ya se habían acercado entre tanto movimiento, por lo que cuando Leyanna atrapó otra hoja, dio una vuelta más rápida de lo esperado, tropezando y contra Erian. Él la sostuvo antes de que cayera, y las manos ella se posaron en su pecho.

La pequeña soltó una risa nerviosa.

Él también, olvidándose por un momento del peso del reino y la tan reciente muerte de su padre.

Amáia los miró, y al ver sonreír a su hermana —algo tan poco frecuente— dejó caer la rigidez.

—Está bien —dijo al fin—. Yo también quiero jugar.

Kael amplió el remolino. Las hojas giraron alrededor de los tres, era un truco muy pequeño, por lo sueño había riesgo pero paz se rompió de golpe.

—¡Amáia! ¡Leyanna!

La voz del duque Sorak atravesó el jardín, avanzando furioso.

Las niñas se tensaron de imediato.

Amáia retrocedió y Leyanna bajó la cabeza.

Este hecho mo pasó inadvertido para Erian.

Sorak sujetó a Amáia del brazo. Luego se inclinó hacia Leyanna y la tomó con brusquedad del antebrazo, haciéndola fruncir el rostro en una mueca que reflejaba dolor.

—¿Cuántas veces debo repetirles que no se alejen sin permiso?

Las chicas tomaron una postura reprimida lo que provocó que Erian diera un paso adelante pensando que debía actuar.

—Estaban conmigo. No hicieron nada malo.

Sorak ni siquiera lo miró.

—No es asunto suyo, príncipe —escupió la palabra—. Yo decido dónde están mis hijas, sobre todo esta. — Apretó más fuerte el brazo de Leyanna.

Ella dejó escapar un pequeño quejido llenando a Erian de rabia.

—No tiene derecho a tratarla así.

Sorak lo miró por fin.

—Y usted no tiene derecho a decirme cómo manejar a mi familia. Aún no es rey. No tengo por qué obedecer a un mocoso.

— Cuide su manera de dirigirse a nosotros duque, no olvide que a pesar de ser niños, está ante la presencia de la familia real. — Sentenció Erian.

Kael abrió la boca, furioso, pero Erian lo detuvo, le apoyó una mano en el hombro.

Sorak quiso escupir más cosas, pero mejor guardo silencio se llevándose a sus hijas.

—Gracias… —alcanzó susurrar Amáia, mirando a Erian y el no desvio la mirada Ada de ellos hasta que desaparecieron en el jardin.

— Solo estábamos jugando, no hacíamos nada malo.

— Todo está bien Kael.

Al otro extremo del jardín, las puertas del salón del consejo se abrieron.

—¡Príncipes! —llamó un guardia acercándose a ellos —. Su majestad la reina los requiere. El consejo ha terminado.

Erian respiró hondo.

Al llegar al salón del trono, su madre y el sabio Imogüen ya los esperaban.

El lugar estaba casi vacío.

Un trono al fondo del salón, de madera oscura, alto y elegante, con detalles tallados que lo hacen ver antiguo y poderoso. Está sobre unos escalones de mármol, en el centro de un salón grande con columnas. Detrás tiene un círculo brillante azul que parece una luz o portal, dándole un aire misterioso y casi mágico.

Erian sintió su magia moverse bajo la piel. Esa sensación cálida que nunca terminaba de acostumbrarse a sentir.

Imogüen respiró hondo.

—Príncipe… se ha decidido llevar a cabo el Rito del Sello.

—¿El Rito del Sello? —repitió Erian incrédulo. Había escuchado sobre el rito en sus clases de magia e historia. — ¡Soy hijo del rey! — Agregó furioso.

Sabía que ese rito se realizaba cuando se dudaba de la legitimidad de un heredero, y esto era una ofensa a la familia real.

—Lleven a Kael a sus aposentos —ordenó la reina ante la molestia de su hijo mayor.

Cuando quedaron solos, Imogüen continuó.

—No para cuestionar su sangre —aclaró el sabio—. Sino su madurez.

— Ese rito no se ha hecho en milenios por que es peligroso.

— Sabemos que el trono lo reconoce por su padre — hablo el sabio — pero ahora que ya no está no sabemos si lo reconocerá como digno rey.

La reina asintió, tensa.

—El trono no reconoce bondad ni maldad. Reconoce responsabilidad. — terminó en anciano por completar. —Por eso se corona a cierta edad. Antes… el trono puede cerrarse.

Erian suspiró.

—¿Qué debo hacer?

—Solo tocarlo.

—Ya lo he hecho antes Imogüen.

—Pero ahora no hay rey, el trono ya debe saberlo, y está esperando a que el sucesor llegue.

El corazón de Erian golpeaba fuerte contra su pecho.

Erian camino hasta posicionarse frente al trono.

—Si duele, te alejas —susurró el anciano. — Quier decir que trono no te creerá apto.

Erian asintió, dirigió una mirada a su madre y ella afirmó con un gesto.

El futuro rey acercó su mano al trono, apretando sus dedos una última vez antes de tocarlo..

Una vez que lo hizo el azul del trono brilló más.

— Lo reconoce — Imogüen emitió una amplia sonrisa. — lo hace.

Erian y su madre tambien sonríeron, pero su sonrisa se borró de imediato cuando brilló del trono comenzó a bajar incluso más que al incio.

Comenzó a succionar la magia de sus cuerpos.

— ¿Que sucede? — Erian retiró su mano del trono.

El azul se oscureció.

Imediatamente el y la reina cayeron de rodillas.

Cuando la luz se apagó, apenas sentía su magia. Solo una chispa.

—Mi magia… —susurró Ravenna.

Imogüen cerró los ojos.

—El trono lo reconoció… pero no te entregara más magia que la chispa solo para que no mueras y puedas coronarte, sin la corona no te la devolverá. Lo importante es que no te hizo daño, quiere decir que te acepta.

Erian alzó la vista.

—¿Entonces puedo ser rey?

—Sí —respondió el sabio—. Pero no todavía.

La chispa dentro de Erian tembló.

—La coronación es necesaria —concluyó Imogüen—. Y debe hacerse pronto.

— ¿Y por que no hicimos eso primero? — cuestionó Erian agitado.

— Si lo hacíamos y trono no creía que podías hacerte cargo de tus acciones podría haberte arrebatado la vida. Pero ya lo dije, el trono no entregará más magia hasta que no haya un rey.

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