La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.
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Haz lo que quieras
Santos lo siguió, hermano, por favor, no seas así. En serio que Marco se portó bastante bien conmigo y nuestros hermanos.
Nuestros hermanos, repitió él.
Kumar, Jenny, Nino y Ariel, son hijos de Marco, ¿te das cuenta?, tenemos cuatro hermanos.
¿Tenemos, Kimosaby?, yo solo tengo un hermano, y ese eres tú, sentenció Alex. Luego, agregó: no quiero que me involucres en este asunto porque no sabes lo que soy capaz de hacer.
Aunque no lo creas te conozco más que a nadie en el mundo, por algo somos gemelos, ¿no crees?
Bueno vamos a dormir porque mañana hay que trabajar, dijo Alex sin ganas de hablar más.
En la cama, Santos repasaba en su mente los momentos felices que había pasado con sus hermanos y su padre.
El sueño lo estaba venciendo y antes de quedarse dormido se dijo: "es un gran hombre".
Mientras que Alex no podía dormir. Marco, en un solo momento había conquistado a su hermano, ¿pues qué tenía ese hombre que todos lo amaban?
Aunque, muy en el fondo, la idea de tener más hermanos no le parecía tan descabellada. Además, tenía "una hermana". Pero, ¿por qué no los había visto? ¿Tan ocupado estaba en hacerle desaires a Marco que no había reparado en ello?
Alex había heredado el carácter de su abuelo, duro e inflexible. Mientras que Santos era más débil, por decirlo de alguna manera. Su carácter noble, a veces le acarreaba problemas con su hermano.
Santos veía la vida con más ánimos, tenía muchos deseos de vivir, no quería estar enojado con todos, al contrario, su buen carácter le hacían la vida más llevadera.
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Un domingo por la mañana Alex y Santos se pusieron a limpiar la bodega, debían tirar muchas cosas. Desde que muriera la abuela no habían limpiado.
De pronto, Santos vio una pequeña caja de madera fina. Tenía un candado muy exagerado si se toma en cuenta el tamaño de la caja. Esta medía 25 cm de largo × 15 cm de ancho y 10 cm de alto.
Mira, Alex, lo que encontré.
Ah, ¿qué es eso?
Un baúl, dijo Santos.
Ya lo sé, lo que quiero decir es qué contiene ese baúl.
Debemos buscar la llave, está muy bonito que no quiero romperlo.
Ay, no seas cursi, dijo Alex, es solo un baúl sin importancia.
Pues no pienso romperlo, buscaré la llave.
Como quieras, sigamos sacando todas estas cosas, es un verdadero desastre.
Santos llamó a Marco, a su vez, Marco pidió un contenedor para que se llevara la basura.
Al poco rato, la bodega estaba limpia, habían tirado muchas cosas, y otras solo fueron acomodadas adecuadamente. Al mover una caja con ropa de la abuela que pensaban donar más tarde, una llave cayó al suelo.
Encontré la llave, ahora sí podré abrir el baúl, Santos se veía muy contento.
Bueno, yo iré a comer, no tardes.
Bueno, otro día lo abro, espérame.
Santos guardó el baúl, la verdad que no era muy curioso, lo dejaría para después.
Por una causa o por otra, a Santos se le olvidó el baúl, el cual quedó olvidado en el armario.
En el restaurante todos trabajaban a la par. Los comensales abarrotaban el lugar todos los días.
A los cocineros no se les veían las manos. Hubo la necesidad de contratar otra cocinera, una chica que desde que llegó llamó la atención de Alex, cosa rara en él porque no se dejaba llevar por las emociones.
Hola, yo soy Sara, espero que estés contento con mi trabajo.
Yo soy Alex, pero solo soy chef, no soy el dueño.
De acuerdo, pero vamos a trabajar juntos, dijo Sara muy coqueta y agradable.
Eso sí.
Santos se acercó a saludar a Sara, hola soy Santos, espero que estés a gusto aquí.
Sara observó a uno y otro, son iguales, dijo ella.
Mi hermano y yo estamos gustosos de que vengas a trabajar aquí, dijo Alex con mucho gusto. Lo que necesites aquí estamos.
Gracias.
A partir de ahí, el carácter de Alex empezó a cambiar, ya no se enojaba con facilidad. Había hecho buena amistad con Sara.
La cocina iba mucho mejor, los mejores empresarios se reunían en el Restaurante D'Marco, hasta mucha gente de postín se daba cita ahí. Muchos cierres de contratos se hablan celebrado ahí, y hasta reuniones importantes y fiestas. El lugar era muy acogedor a la altura de los mejores restaurantes de la ciudad.
Además, los cocineros se esmeraban por sacar los mejores platillos, al gusto de los comensales y del paladar más exigente.
El lugar estaba a reventar, todo iba bien hasta que una pareja empezó a discutir.
Ellos estaban en una mesa al fondo, la mujer se levantó y le aventó el plato de sopa a la cabeza del hombre. Luego, este se levantó, rodeó la mesa y tomó a la mujer por el cuello, cosa que alarmó a los demás comensales.
Marco fue avisado de inmediato.
Entre Alex, Édgar, Santos y Marco lograron separar al hombre de la mujer.
Alguien llamó a la policía y se llevaron al hombre.
La mujer lloraba de rabia e impotencia. Según ella, su novio la amenazaba con frecuencia y esa vez no pudo aguantar más, por eso le aventó el plato.
No se preocupe, pagaré los daños causados, dijo la mujer, estaba realmente muy apenada.
No se preocupe, aquí no ha pasado nada, puede seguir comiendo, la casa invita, dijo Marco con su acostumbrada amabilidad.
Luego, el personal de limpieza dejó todo limpio en un instante.
Al poco rato, la mujer decidió irse, claro, no sin antes dar las gracias.
Vuelva pronto, dijo Marco.
Alex veía a Marco cómo se comportaba con la gente, le gustó la manera de salvar la situación, además, se portó muy amable con la dama.
Se dio dos golpecitos en la cara, "despierta", se dijo. "Solo quería lucirse contigo".
En cambio, Santos lo veía con admiración, poco a poco, se iba ganando su aprecio.
Al término del día, como era quincena, todos recibieron su pago.
Mira, abuelo, ya nos pagaron. Hemos traído el súper.
Pero el abuelo no contestó, a decir verdad, no se encontraba en la casa.
Abuelo...
¿Dónde estás, abuelo?, dijo Santos.
Los gemelos salieron a buscarlo, preguntaron a los vecinos si lo habían visto.
Todos decían que no. Nadie lo había visto.
Alex y Santos se preocuparon, el abuelo jamás se salía de la casa, y menos a esa hora de la tarde (7:00 pm).
Todos los vecinos se solidarizaron y se unieron a la búsqueda del abuelo.
Le voy a avisar a nuestro padre, dijo Santos, temiendo la reacción de Alex.
No quiero que le hables a Marco.
Se trata del abuelo, él nos puede ayudar a buscarlo, dijo Santos poniendo la mano en el hombro de Alex.
Haz lo que quieras, dijo y se salió de la casa.