Fernanda, de 17 años, vive en Cajazeirinhas, un pueblo pequeño, sencillo y humilde situado en la región del sertão de Paraíba. Convive con su madre y un hombre que se hace llamar su padre, pero que no merece tal título.
Fernanda, o Nanda, como todos la llaman, se quedará embarazada de un novio que le promete el paraíso, pero que en realidad le hace vivir un auténtico infierno. Será madre soltera y muy joven, y afrontará innumerables dificultades y dolores para criar a su hija, contando únicamente con el apoyo de su madre.
Jardel, un reconocido médico pediatra, considerado el mejor del país por su profesionalismo y prestigio, será víctima de una trampa del destino y tendrá un hijo con una mujer de dudosa reputación, convirtiéndose también en padre soltero.
Pero Dios escribe recto con renglones torcidos, y ambos pasarán por grandes pruebas para cumplir un hermoso propósito de amor.
Fernanda se traslada a la gran ciudad en busca de trabajo y una mejor calidad de vida. Jardel, por su parte, necesita una niñera para su hijo.
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Capítulo 11
— El tiempo empezó a pasar, días, meses e incluso años. El resguardo de Nanda fue tranquilo dentro de sus limitaciones, siempre haciendo lo que podía, solo no podía parar. Ella empezó a hacer pasteles y dulces para vender y ver si conseguía algún dinero extra. Su madre, Adriana, continuó haciendo sus servicios del campo, cosechando acerolas y naranjas, e incluso recogiendo frijoles para algunas familias rurales. Cuando Nanda terminó el resguardo, ella pasó a lavar ropa para algunas mujeres de la ciudad. Isabela, la hija de Nanda, fue dejada con la vecina Doña Maria, mientras Nanda iba a lavar la ropa de las damas de la ciudad. Isabela mamó bien hasta los cuatro meses, pero cuando Nanda comenzó a salir para trabajar y ganar el sustento de ellas, la leche comenzó a disminuir. Isabela es un ángel, una niña adorable. Doña Maria está apasionada por Isabela, e Isabela está apasionada por Doña Maria. La vida de Nanda y Adriana sigue en la misma batalla, ahora más intensa, pues no son solo dos, son tres. Doña Maria siempre ayuda, y las mujeres para quien Nanda lava ropa le da mucha contribución también, principalmente en pañales. Nanda tiene un corazón bueno, un corazón gigantesco, un aura de ángel. Dios siempre mira por aquellos que tienen corazón impar. Así, el tiempo pasó, meses se fueron y los años también. Isabela, ahora con tres años, es una pequeña señorita que habla mucho y es muy inteligente. Recientemente, comenzó a estudiar. La escuela localizada en la comunidad rural donde Nanda reside es pequeña, pero ofrece un soporte razonable. Isabela es muy inteligente y, al ver otras niños con sus padres, pregunta en casa dónde está su padre. Sin saber cómo responder, Nanda dice que él está viajando y que un día volverá. Adriana, por su parte, llora en secreto al percibir que su nieta siente falta de un padre. Esa ausencia es similar a la que Nanda sentía en relación al padre, que era presente, pero al mismo tiempo distante. Todas las noches, Nanda reza pidiendo a Dios para todo mejorar, y en medio de las lágrimas, expresa más que palabras. Adriana, en su cuarto, pasa muchas madrugadas de rodillas, doblándose en oración. Nanda imploró a Dios para que la situación tomase un rumbo mejor. Ella compartió toda su vida con su amiga Rhaila, que mora en Porto Alegre. Al oír la historia de Nanda, Rhaila quedó desorientada y lloró mucho. Naturalmente, ella se ofreció para ayudar y dijo que encontraría un empleo para Nanda. Así, Nanda podría mudarse para Porto Alegre con su madre y la pequeña Isabela. Rhaila afirmó que no podría recibir Nanda y su familia inmediatamente, pues, sola, no conseguiría lidiar con todo. Rhaila divide un apartamento con Priscila, una amiga de larga data. Nanda lloró con la generosidad de Rayla, tratándola como una hermana, y expresó su profunda gratitud por el cariño de esa amiga. La amistad, que se solidificó por medio de internet y libros de lectura, se mostró duradera y sincera. El tiempo pasó, y hoy Isabela cumple 4 años. Hace exactamente cinco años que Nanda descubrió su embarazo. Durante todo ese período, Bruno y Caio nunca más aparecieron, y Nanda no tuvo noticias de esos dos trastos. En Porto Alegre, el Dr. Jardel, pediatra, enfrenta sus propias angustias. Él obtuvo en la justicia la guarda definitiva de su hijo, el pequeño Otávio, de 4 años. Soraia, la inhumana que afirma ser madre de Otávio, vive a expensas de Jardel, siempre solicitando dinero o ofreciéndose como mujer. Él la desprecia y la ignora. Otávio, por su parte, es un niño muy inteligente y comprende que su madre es una persona equivocada, interesada apenas en bienes materiales. Él nunca recibió de ella una palabra afectiva o cariñosa que indicase cualquier proximidad maternal. Solani, abuela de Otávio, mata y muere por él, pues lo ama profundamente. Jonas, abuelo de Otávio, también es insano y apasionado por el nieto. Los bisabuelos Cristiane y Jailton dan la vida por el chico. Solani sugiere que Jardel contrate una niñera de familia respetable para cuidar del Otávio, pues ella necesita estar siempre en la clínica y, cuando da guardia, queda muy ocupada. Gislaine, la cocinera, no consigue dar cuenta sola. Ellos prefieren tener pocos empleados en casa, por eso tienen apenas dos limpiadoras y una cocinera. No obstante, todo está dentro de lo esperado, y ellas consiguen dar cuenta de todo. Son muy gratas por el empleo, pues Solani es la mejor jefa que ya existió. Cristiane es una persona adorable, y los hombres son educados, serviciales, buenos jefes y muy humanos.