Maria Eduarda, a sus 21 años, cambió la sencillez del interior por la inmensidad gris de São Paulo. Recién titulada como técnica en Nutrición, soñaba con aplicar sus conocimientos, pero la realidad le impuso un camino distinto.
Viviendo en el apartamento de su inseparable amiga, Ana Laura —una administradora de 25 años, astuta y descarada, bien establecida en la ciudad—, Duda necesita trabajo. Y rápido.
Es Ana Laura quien la mete donde menos se espera: como niñera de Sarah, la hija de seis años de su jefe, el poderoso e inaccesible Sebastián Santoro.
Sebastián, el CEO de 35 años del imperio familiar de alimentos enlatados, es un hombre tan frío e impenetrable como el metal, tras un divorcio turbulento con su exmodelo, Sabrina Castro. Su mundo gira en torno a hojas de cálculo, decisiones frías y el cuidado de una hija que echa de menos el cariño.
¿Bastará la llegada de Duda, con su dulzura provinciana y sus ojos curiosos, para romper su corazón de hielo?
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Capítulo 3
El despertador no necesitó sonar. Maria Eduarda ya estaba de pie, con el estómago hecho un nudo por la ansiedad. El sol de São Paulo, implacable y fuerte, entraba por la ventana del apartamento, pero ella sentía un frío en la espina dorsal. Estaba a punto de enfrentarse al "Ártico" en persona.
Ana Laura, en contraste, estaba radiante y tomando su café de la mañana leyendo noticias financieras en la tablet.
—¡Buenos días, futura niñera millonaria! —saludó a la amiga, sin desviar los ojos de la pantalla—. Siéntate ahí, come un pan de queso de tu madre y vamos al briefing del día.
Duda se sentó, apenas pudiendo tragar el bollo.
—¿Briefing? Pensé que era solo una entrevista.
—¿Con Sebastian Santoro? Nunca es "solo" una entrevista. Es una auditoría personal. Él va a intentar desestabilizarte. Tienes que ser imperturbable, Duda. Él busca competencia y, sobre todo, estabilidad. Detesta la inestabilidad.
Ana Laura cerró la tablet con un chasquido y miró a Duda, evaluándola de la cabeza a los pies.
—Primero, la ropa. No es Nutrición, es niñera de lujo. No puedes ir con esa blusa florida. Da la imagen de... demasiado ingenua.
Duda miró la blusa que consideraba ser la más bonita de su armario.
—Pero yo soy... ingenua, Ana. Y sencilla.
—Aquí no, mi amor. Aquí, eres Maria Eduarda, la profesional responsable y de confianza. Vístete el vestido negro que te presté, aquel más discreto. Da seriedad.
Duda fue, a regañadientes, a cambiarse de ropa, volviendo con el vestido tubo negro prestado, que la hacía parecer más alta y seria, pero también menos ella misma.
—Mejor —Ana Laura aprobó con un asentimiento—. Ahora, la parte principal: el guion.
Ana Laura comenzó a andar por la sala, gesticulando dramáticamente.
La Postura:
—Él es frío, tú eres calma. No rías sin motivo. No tartamudees. Mantén contacto visual, pero no lo mires fijamente. Simplemente sé... constante. Él va a querer saber por qué viniste a São Paulo.
—Yo digo que vine a buscar mejores oportunidades en el área de Nutrición —Duda respondió, repitiendo lo que había ensayado.
—¡ERROR! —Ana Laura aplaudió—. ¡No menciones Nutrición! Él va a preguntar por qué estás perdiendo tiempo con Sarah. Di que viniste a buscar experiencia en un ambiente familiar exigente y que el cuidado con niños es una pasión antigua.
—Una pasión antigua... —Duda repitió, frunciendo el ceño.
La Niña:
—Él te va a probar sobre Sarah. Pregúntale sobre la rutina de la niña, los gustos. Muéstrate interesada en la estructura, en la disciplina. Sebastian aprecia el orden.
—¿Si él pregunta sobre lo que yo haría si Sarah estuviera triste?
—Di que garantizarías que ella se sienta segura y escuchada, pero siempre siguiendo las reglas establecidas por el padre. El foco es en él. Nunca intentes pasar por encima de él. Él es el jefe, el padre y el dueño de la casa.
El Punto Crucial: Las Salsas Enlatadas
Ana Laura se inclinó, hablando en tono conspiratorio.
—Presta atención. Él es CEO de Santoro Foods, la fábrica de industrializados. Pero es público el estrés de él con la ex esposa, que quería a la hija en la portada de revista y vivía de dieta loca. Si él pregunta qué harías en relación a la alimentación de Sarah, NUNCA critiques las salsas de la empresa de él.
—Pero Ana, mi entrenamiento es sobre comida fresca, orgánica...
—Y él sabe de eso, pero no necesita saber que eres fundamentalista. Di que priorizas la calidad nutricional y que harías una colaboración con la cocina para garantizar comidas balanceadas, siempre priorizando alimentos frescos y caseros, pero sin radicalismos. Sé profesional y política.
Duda sintió la cabeza dar vueltas. Ella se estaba transformando en una versión disimulada de sí misma.
—¡Dios mío, Ana, esto es un interrogatorio de negocios, no una entrevista de niñera!
—Es exactamente eso. Vas a cuidar del bien más preciado de él. Ponte tu armadura, Duda. Recuerda, el salario resuelve nuestra vida.
Ana Laura la llevó hasta la puerta, tomando su mano.
—Ojos en los ojos. Firmeza. Y piensa en Lucas. Si te va bien, tal vez consiga un feriado y lo traiga para acá —bromeó, guiñando un ojo.
Duda sonrió, por primera vez en el día. Aquello la calmó un poco. Entró en el taxi, el vestido negro apretando y la cabeza llena de reglas. La mansión de Sebastian Santoro quedaba en un barrio que parecía un oasis verde y silencioso en medio del caos de São Paulo.
Al bajar del coche, frente a un portón imponente, ella vio la fachada de vidrio y concreto que parecía reflejar la frialdad de su dueño. Maria Eduarda apretó el amuleto de la madre.
"Sea lo que Dios quiera. ¡Y ojalá salga viva de este lugar!"
Ella se presentó al guardia de seguridad, respiró hondo y caminó en dirección a la puerta de la mansión, lista para encarar al CEO y la audición de su vida.