Alguna vez as imaginado que pasaria si sales con tu mejor "amigo? soy Lixy Soledo y vivo con mi mejor amigo mejor dicho él vive conmigo! Damon Falcó el chico que cualquier chica quiere al lado, guapo y carismático pero es mi mejor amigo, y ahí una regla! y la regia es! No salimos con amigos!
NovelToon tiene autorización de Ariane Salvatore Falcó para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 1
El sol de la tarde en Houston se filtraba débilmente a través de las persianas de la suite que Lixy Soledo compartía con su mejor amigo. Frente al espejo de cuerpo entero, Lixy realizaba los últimos ajustes a su atuendo. Era una mujer de una belleza magnética: su largo cabello negro caía en ondas perfectas sobre sus hombros, enmarcando un rostro donde resaltaban unos ojos azules profundos y vivaces.
—Creo que estoy lista —susurró para sí misma, dándose un último vistazo.
Con un suspiro de satisfacción, tomó su bolso y salió del apartamento. El destino era el de siempre: el bar donde la atmósfera era familiar y los tragos sabían a rutina compartida. Al entrar, el aroma a madera y lúpulo la envolvió. Sus ojos localizaron de inmediato la figura que buscaba en la barra.
Damon Falco estaba allí, luciendo tan impecable como siempre. Alto, joven y poseedor de un atractivo que cortaba la respiración, Damon mantenía una elegancia natural incluso en el ambiente relajado del bar. Sus ojos, del mismo azul intenso que los de ella, se iluminaron al verla acercarse.
—¿Qué tal va el trabajo? —preguntó Lixy con una sonrisa juguetona, deslizándose en el taburete junto a él.
Damon elevó su copa de vino con parsimonia, tomó un sorbo largo mientras sostenía la mirada de su amiga y finalmente respondió con una voz aterciopelada:
—Mi niña... te esperaba más tarde.
—¿Ya ligaste? —bromeó ella, arqueando una ceja.
Antes de que Damon pudiera responder, una mano se posó en el hombro de Lixy. Era Ulices, un amigo común que siempre parecía estar al acecho de un buen chisme.
—Si no fuera porque los conozco —dijo Ulices con una sonrisa socarrona—, juraría que tienen una relación de hace años. Ustedes dos son demasiado cercanos.
Lixy soltó una carcajada espontánea, mientras Damon mantenía la calma, aunque sus dedos jugaban con el tallo de la copa.
—Solo somos amigos y lo sabes —sentenció él con una firmeza que parecía ensayada.
—Exacto —secundó Lixy.
Ulices no se dio por vencido. Se apoyó en la barra, mirándolos con incredulidad.
—Tienen cinco años viviendo juntos. ¿En serio me van a decir que nunca ha pasado nada? ¿Ni un beso? ¿Ni un desliz?
—No —respondió Damon secamente.
—Jajaja, de hecho —añadió Lixy, intentando aliviar la tensión—, ni siquiera lo he visto sin camisa. Cuando él llega, yo me voy, o al revés. Damon es un picaflor, siempre anda de flor en flor.
Damon soltó una risita burlona y la señaló con el dedo.
—¡Mi niña, no digas nada, que un ángel no eres!
—¡Sí lo soy! Soy Santa Lixy —replicó ella, cruzándose de brazos con fingida indignación.
—Bueno, pero... —intervino Ulices, bajando el tono de voz— ¿Y qué hay de ti, señor Falco? ¿Alguna vez has visto a Lixy... desnuda?
El silencio que siguió fue breve pero denso. Lixy sintió un calor repentino subir por su cuello.
—¿Eh? ¿Desnuda? —exclamó ella.
Damon soltó una carcajada nerviosa, evitando mirar a Lixy directamente por primera vez en la noche.
—No... bueno... —hizo una pausa deliberada—. Una vez se quedó dormida en el sofá de la sala, no tenía cobijas y...
—¡Oye! —Lixy lo golpeó levemente en el brazo—. ¿Miraste algo?
—¡Cuenta qué viste! —instó Ulices, emocionado por el giro de la conversación.
Damon puso una expresión indescifrable, una mezcla de picardía y misterio que hizo que el corazón de Lixy diera un vuelco. No decía nada, solo la miraba con una media sonrisa.
—Damon... ¿por qué pones esa cara? —preguntó ella, sintiéndose genuinamente inquieta—. Nos tienes en suspenso. ¡Habla ya!
—Nada —dijo finalmente Damon, aunque sus ojos decían otra cosa—. Lo de siempre... las piernas. Y... bueno, algo más.
Lixy sintió que el aire se escapaba de sus pulmones.
—¡Damon! ¡Me asustaste! Siempre procuro estar cubierta frente a ti. Sería demasiado raro vivir juntos y que tú... o sea...
—¿Te pondrías nerviosa? —la interrumpió Ulices, disfrutando del caos.
—¿Ah?
—Sí, lo hizo —afirmó Damon, recordándolo con una claridad que lo incomodaba incluso a él.
—¡Claro que no! —protestó Lixy, aunque sus mejillas la delataban.
Ulices, viendo que había tocado una fibra sensible, lanzó el desafío final:
—¿Y si lo intentan? Salgan, tengan una cita de verdad.
Ambos se miraron a los ojos por un instante eterno. El ruido del bar pareció desvanecerse. Por un segundo, la idea no pareció tan descabellada, pero el miedo fue más rápido. Ambos desviaron la mirada al unísono, como si hubieran tocado un cable de alta tensión.
—¡Claro que no! —dijo ella.
—¡Eso! ¡No! —exclamó él.
—Pero, ¿por qué no? —insistió Ulices, frustrado.
—Tenemos una regla —explicó Lixy, recuperando su compostura.
—¿Cuál regla?
Damon puso una expresión seria, casi solemne.
—Con los amigos... ¡No!
Ulices estalló en carcajadas, contagiando a algunos clientes cercanos.
—¡Pfff! ¡Jajajaja! ¿Es en serio? ¿Por eso no saliste conmigo, Lixy?
—Exacto —respondió ella con firmeza.
—Piénsenlo... inténtenlo... tal vez se lleven bien —murmuró Ulices mientras se alejaba para atender a otros clientes.
—Ya nos llevamos muy bien como amigos —gritó Damon tras él—. ¡Ya deja de decir estupideces y ponte a trabajar!
Lixy suspiró, sintiendo que el ambiente se había vuelto pesado.
—Damon, me voy. Te veo en casa más tarde. Y si llevas a alguna chica... avísame. No quiero ver escenas.
—Bien, mi niña... —respondió él, observándola alejarse con una mezcla de ternura e irritación.
### La Inquietud del Silencio
Horas más tarde, Damon seguía en el bar, pero su mente estaba a kilómetros de allí.
*(Joder, Ulices me jodio el día)*, pensó, sacudiendo la cabeza para despejar la imagen de Lixy en el sofá aquella noche. *(¿Por qué tuvo que mencionar eso?)*.
Mientras tanto, en la suite, Lixy no estaba mejor. Se encontraba acurrucada en el sofá, mirando al techo.
—Ese idiota de Ulices... —susurró al aire—. Tenía que mencionar ese tema. No puedo sacarlo de mi cabeza.
Se levantó de golpe, sintiendo que las paredes del apartamento se le echaban encima.
—No, Lixy. Él es solo tu amigo. Con los amigos no. No puedes romper la regla.
Necesitaba aire. Salió a caminar por las calles de Houston, intentando que el ruido de la ciudad acallara sus pensamientos. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, recordaba la mirada de Damon en la barra.
Cerca de la madrugada, Damon finalmente regresó a casa. Entró arrastrando los pies, el cansancio ganándole la batalla al insomnio.
—¿Mi niña? —llamó, pero no hubo respuesta.
Se dejó caer en el sofá, demasiado agotado incluso para llegar a su habitación. En cuestión de minutos, el sueño profundo lo reclamó.
Poco después, Lixy regresó de su caminata nocturna. Al entrar, lo vio allí, vulnerable y profundamente dormido. Se acercó con sigilo, observando cómo sus facciones se relajaban en el sueño. Sin poder evitarlo, extendió la mano y acarició su cabello castaño.
—Damon... —susurró—. Estás dormido... debes estar muy cansado. Damon, ve a la cama.
Él se movió inquieto, soltando un gruñido ininteligible.
—Oye, ándale, vamos. Te ayudo a levantarte —insistió ella.
En un movimiento rápido y torpe por el sueño, Damon la tomó del brazo y tiró de ella hacia el sofá.
—Mm... duérmete... —murmuró él, obligándola a acostarse a su lado.
—¡Damon! —exclamó ella, sorprendida, con el corazón latiendo desbocado contra sus costillas.
—Mm... —fue todo lo que recibió por respuesta.
Lixy suspiró, sintiendo el calor del cuerpo de Damon junto al suyo. Sabía que debía soltarse, pero el agotamiento y una extraña sensación de pertenencia la detuvieron.
—Uff, bien... De todas formas no es la primera vez que dormimos en el sofá —se dijo a sí misma, cerrando los ojos.
### Un Despertar Diferente
A la mañana siguiente, la luz del sol golpeó el rostro de Damon. Al abrir los ojos y sentir el peso de Lixy a su lado, una oleada de pánico y deseo lo recorrió.
*(Debiste despertarme, Lixy. Ahora es peor que antes)*, pensó con amargura. *(Joder...)*.
Se levantó con cuidado de no despertarla. Fue a su habitación, se dio una ducha fría para despejar su mente y se preparó para el día. Antes de salir, dejó el desayuno servido en la mesa, una pequeña ofrenda de paz por su propia confusión.
Más tarde, Lixy despertó. Bostezó, estirándose como un gato en el sofá, y buscó a su compañero.
—¡Damon! —gritó, pero solo el silencio le respondió—. ¡Damon!
Al ver que se había ido, hizo un puchero.
—Omg, se fue... Ugh, este hombre. Al menos dejó el desayuno.
Sin embargo, la tranquilidad duró poco. Mientras desayunaba, su teléfono vibró. Era una llamada de Damon. Lixy contestó de inmediato.
—¿Damon?
—Te veo en una semana —dijo la voz de él, sonando distante y algo tensa.
—¿Ah? ¿Todo bien? —preguntó ella, sintiendo un nudo en el estómago.
—Mmm... sí.
—¿Seguro?
—Sí, solo tengo algunos asuntos que arreglar, ¿vale? —Damon no esperó respuesta y colgó.
Lixy se quedó mirando la pantalla del teléfono, confundida.
—Es extraño... —sacudió la cabeza, tratando de convencerse de que eran solo sus nervios—. Deben ser ideas mías.
Al otro lado de la línea, Damon guardó su teléfono y apretó los puños.
—¡Joder! —exclamó para nadie.
Necesitaba distancia. El problema de los Falco siempre había sido su intensidad, y ahora, por primera vez en cinco años, la regla de "con los amigos no" se tambaleaba peligrosamente bajo el peso de una verdad que ya no podían ignorar. Aquella semana lejos no era por negocios; era una huida desesperada de lo que ambos empezaban a sentir.
Lixy...qué fue eso ???....celos !!...no qué no ? /Slight//Chuckle//Chuckle//Proud/