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La Dulce Villana

La Dulce Villana

Status: En proceso
Genre:Época / Villana / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:11.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydi Nina

La dulzura la llevó a la muerte.
En su segunda vida, aprendera a disfrutar del miedo ajeno, a sonreír mientras destruye y a usar el deseo como castigo. Convertida en la Villa jugara con sus presas como con una hoja afilada: lenta, precisa e inevitable.


La dulzura fue su condena. La villanía, su salvación.

NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

un despertar nuevo

Ha pasado suficiente tiempo como para que mi cuerpo deje de protestar cada mañana, aunque mi mente siga haciéndolo por deporte. Me levanto antes del amanecer, como siempre, porque aparentemente renacer en un mundo de nobleza no incluye el derecho a dormir hasta tarde. Me visto sin ayuda, me recojo el cabello y salgo rumbo al campo de entrenamiento con la sensación de que hoy no será un día normal. No por presentimiento místico, sino porque mi madre me llamó temprano y cuando ella hace eso, algo importante —o potencialmente catastrófico— está por suceder.

El campo está cubierto por una neblina suave. Ella ya está allí, de pie, perfecta, irreal, como si la luz la respetara demasiado como para tocarla de lleno. Ser ninfa tiene ese efecto. Aunque vista como una duquesa, aunque intente parecer severa, la naturaleza siempre la delata. Las flores cercanas se inclinan apenas hacia ella. Me pregunto si eso le pasa también cuando se enfada.

—Hola, madre —digo, acercándome.

—Hola, hija —responde—. Hoy no entrenaremos con armas.

Parpadeo.

—¿Castigo preventivo o sorpresa desagradable?

—Hoy intentaremos despertar tu poder.

Ah. Genial. Mi herencia genética llamando a la puerta con un mazo.

Me pide que me coloque en el centro del campo. Obedezco. Me indica que cierre los ojos, que respire, que deje fluir. Que no fuerce nada. Que no intente dominarlo. Fácil de decir cuando no tienes sangre demoníaca mezclada con savia ancestral.

—Tu magia está contenida —dice—. No reprimida. Esperando. Debes soltar lo que la retiene.

—Eso suena peligrosamente emocional.

—La magia lo es.

Cierro los ojos. Respiro. Intento vaciar la mente, lo cual dura exactamente tres segundos antes de que aparezcan pensamientos no solicitados. El príncipe. Miriam. El libro. Mi muerte escrita con tinta ajena. Siento un calor incómodo en el pecho, como brasas agitándose bajo la piel.

Nada ocurre.

—No la empujes —advierte mi madre—. Déjala salir.

Intento otra cosa. Algo más… agradable. Cabalgar. Entrenar. Reír con los soldados. Sentirme libre. Y entonces, inevitablemente, aparece el recuerdo del callejón. La máscara. Mi mente es traicionera y como si tuviera voluntad propia, vuelve justo al recuerdo que no debería estar usando para nada sagrado. La cercanía. El calor inesperado. El beso que robe y que tampoco rechazo. Una chispa recorre mi pecho, breve pero intensa.

La magia responde.

No de forma explosiva, pero sí clara. Un estremecimiento me recorre la piel, como si algo dentro de mí acabara de asentir.

—Detente —dice mi madre de golpe.

Abro los ojos de inmediato. La energía alrededor de mis manos se dispersa como humo sorprendido.

—¿Qué hiciste? —pregunta.

Su tono no es de reproche suave. Es de alarma. De esas que no se usan a menos que algo esté muy mal.

—Nada —respondo—. Solo… pensé en algo.

—¿En qué, Lythia Svensson?

Trago saliva. Podría mentir. Debería mentir. Pero ya aprendí que mi madre nota las mentiras como un árbol nota una raíz enferma.

—En un beso.

El silencio que sigue no es normal. No es solo ausencia de sonido. Es presión. El aire parece tensarse alrededor de nosotras, las hojas cercanas se detienen, como si incluso la naturaleza esperara la reacción.

—¿Un beso? —repite, muy despacio.

Asiento.

—¿De quién?

—De… alguien.

Su mirada se endurece. No con rabia inmediata, sino con incredulidad. Como si intentara decidir si ha escuchado bien.

—¿Estás usando un recuerdo impropio para canalizar magia ancestral? —pregunta.

—Impropio? Madre, fue solo un beso.

Eso fue un error.

—Solo un beso —repite, y ahora sí hay algo en su voz—. Lythia, en esta época un beso no es solo un beso. Es una promesa implícita, una falta de decoro, una mancha social si se da fuera de compromiso.

—Fue en la boca —aclaro—. No fue una propuesta de matrimonio.

Me mira como si acabara de confesar un crimen.

—¿En la boca? —dice, llevándose una mano al pecho—. Por la savia eterna… ¿tú sabes lo que estás diciendo?

—Perfectamente.

—¿Cuándo ocurrió esto?

—De noche.

—¿Dónde?

—En el pueblo.

Cierra los ojos un segundo. Respira hondo. Cuando los abre, su expresión ha cambiado. Ya no es solo mi madre. Es una duquesa. Es una ninfa educada en siglos de normas.

—¿Alguien te vio?

—No.

—¿Estás segura?

—Bastante. Estaba oscuro. Muy oscuro.

—¿Quién era él?

—No lo sé.

Eso sí la hace dar un paso atrás.

—¿No lo sabes?

—Llevaba una máscara.

Me observa en silencio durante varios segundos. Luego se gira, camina un par de pasos y vuelve hacia mí, claramente intentando no perder la compostura.

—Lythia Svensson —dice con voz baja y peligrosa—. Si esto se supiera, aunque fuera por un rumor, podrían cuestionar tu honor. Tu valor matrimonial. Tu posición estás comprometida al príncipe heredero en que estabas pensando.

—No pienso casarme por un beso —respondo.

—No decides tú sola —replica—. Así funciona este mundo, te guste o no.

Cruzo los brazos.

—¿Y mi padre qué opinaría?

—Tu padre —dice con dureza— arrancaría cabezas.

—Eso pensé.

Suspira, larga, cansada, como si acabara de envejecer diez años en un minuto.

—No puedes —continúa— usar recuerdos íntimos para despertar tu magia. La magia responde a emociones profundas, sí, pero también a intenciones. Y ese tipo de emoción… atrae cosas que no puedes controlar.

—Funcionó —digo en voz baja.

—Eso es lo que me preocupa.

Se acerca y me toma el rostro con ambas manos. Su tacto es cálido, natural, pero firme.

—Escúchame bien —dice—. Eres hija de un demonio y de una ninfa. Tu magia no discrimina. Si alimentas el lado incorrecto con deseos, impulsos o vínculos indebidos, no solo te expones tú. Expones a todos los que te rodean.

La miro. Por primera vez entiendo que no es vergüenza lo que siente. Es miedo.

—Fue solo un beso —repito, más suave.

—Hoy —responde—. Solo hoy.

Me suelta y da un paso atrás.

—Concéntrate de nuevo —ordena—. Y deja ese recuerdo donde pertenece.

—¿Dónde pertenece?

—En un lugar donde no pueda prender fuego a tu futuro.

Cierro los ojos otra vez. Esta vez aparto ese recuerdo, aunque no sin cierta molestia. La magia tarda más en responder, como si protestara.

—Y Lythia —añade—. No vuelvas a besar a nadie en callejones oscuros.

Sonrío sin poder evitarlo.

—No prometo nada.

—Demonios —murmura.

—Literalmente —respondo.

Y a pesar de todo, siento la magia moverse otra vez, más estable, más consciente… como si también ella hubiera aprendido algo hoy.

Suspira. Me ordena concentrarme de nuevo. Cierro los ojos, esta vez sin buscar emociones concretas. Me dejo caer dentro de mí.

Y entonces lo siento.

No es una sola fuerza. Son dos. Una empuja con violencia, impaciente, ardiente. La otra fluye, viva, envolvente. El caos infernal de mi padre choca con la esencia natural de mi madre… y en lugar de destruirse, se entrelazan.

Abro los ojos.

La energía se arremolina alrededor de mis manos. Oscura, rojiza, con destellos verdes y dorados. No quema. Late. Respira conmigo.

—Eso es… —susurra mi madre—. Magia combinada.

—Suena ilegal —digo—. ¿Estamos seguras de que no rompe leyes divinas?

—Rompe muchas cosas —responde—. Pero también crea.

El suelo bajo mis pies vibra. No se quiebra. Se transforma. Raíces oscuras emergen, cubiertas por un brillo cálido que no las consume. Plantas que no deberían existir y, sin embargo, lo hacen.

—Estoy creando flora infernal —digo—. ¿Eso cuenta como talento noble?

—Cuenta como peligroso —responde—. Controla la parte demoníaca.

—¿Cuál es?

—La que quiere quemar todo.

—Ah. Esa.

Respiro. Imagino la energía como dos corrientes que se sostienen. La oscuridad se densifica, pero la magia natural la contiene, la moldea. Se forma una esfera irregular frente a mí.

—Dale forma —indica.

Imagino algo pequeño. Nada de cataclismos. La esfera se estabiliza.

—Ahora suéltala.

La dejo caer. La energía se disipa con un murmullo cálido. El suelo queda intacto. Mejorado. La hierba crece más verde.

Me dejo caer sentada, exhausta.

—Acabo de fertilizar el campo —murmuro—. ¿Eso es bueno o alarmante?

Mi madre me observa con una mezcla de orgullo y preocupación.

—Eres el equilibrio que nunca debió existir —dice—. Y por eso debes aprender a controlarlo.

Sonrío, cansada.

—Siempre quise ser un error del universo.

Ella suspira, resignada.

—Tu padre temía este momento —admite—. La combinación puede volverte inestable… o imparable.

—Prefiero imparable.

—Eso dependerá de tus decisiones.

Miro mis manos. La magia duerme, expectante.

—Madre —digo—. ¿Está mal que me guste?

—Es peligroso que te guste.

—Entonces definitivamente me gusta.

Se gira para marcharse.

—Desayuna. Mañana continuamos.

La observo alejarse entre la neblina. Camino de regreso al castillo con el cuerpo agotado y la mente despierta.

No soy solo una noble.

No soy solo una pieza.

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María Alejandra Ramírez González
excelente pero no es bonito el corte tan brusco de la historia
Limaesfra🍾🥂🌟
si que es intenso y apasionado..el ya decidio, sera su archiduquesa💃
Limaesfra🍾🥂🌟
🐍🐍aplastadas
Limaesfra🍾🥂🌟
golosa
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣 eso Lythia
Lorena Itriago
menos mal que no habría más besos jajajaja
Leydi Nina: menos mal jajajaja
total 1 replies
Gladys Padrón
me encanta
Leydi Nina: Muchas gracias por tu comentario 😊
total 1 replies
Teté chan
Y Lo Repito es Perfecta /Plusone/
Teté chan
es perfecta
Teté chan: sigue escribiendo te estaré leyendo 😊😊😊😊😊😊
total 2 replies
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