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TU NOMBRE EN MI ANILLO

TU NOMBRE EN MI ANILLO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

Valeria Bellucci jamás imaginó que terminaría casada con el hombre más poderoso y frío de la ciudad.

Acorralada por las deudas de su familia, acepta un matrimonio por contrato con Enzo Ricci, un CEO multimillonario conocido por destruir a cualquiera que se interponga en su camino.

Las reglas eran simples: — No enamorarse.
— No interferir en la vida del otro.
— Mantener la apariencia de un matrimonio perfecto.

Pero vivir bajo el mismo techo con un hombre obsesivo, dominante y lleno de secretos hará que Valeria descubra que detrás de aquella mirada fría existe un pasado capaz de destruirlos a ambos.

Lo que comenzó como un simple acuerdo terminará convirtiéndose en una guerra de celos, deseo y sentimientos prohibidos.

Porque algunos contratos pueden firmarse con tinta…
pero otros terminan grabándose en el corazón.

NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 14 - CUANDO TODO DEJA DE SER ACCIDENTAL

VALERIA

Había algo extraño en los silencios después de Enzo. No eran incómodos como los de cualquier otra persona, eran demasiado conscientes, como si incluso el aire supiera que algo estaba cambiando entre nosotros sin permiso de nadie.

Ya habían pasado seis días desde la cirugía de mi papá. Seis días desde que lo vi abrir los ojos otra vez. Y seis días desde que la frase “ya no es solo un contrato” se quedó atrapada en mi cabeza como una advertencia que no terminaba de entender.

El hospital había dejado de parecer un lugar de emergencia y empezó a sentirse como una rutina. Mi papá ya podía hablar más, quejarse más, incluso discutir con los médicos como si eso fuera parte de su terapia. Y yo… yo seguía sin poder dormir bien.

Esa mañana Enzo apareció en el hospital más temprano de lo normal. No supe a qué hora llegó, pero cuando entré a la habitación él ya estaba ahí, de pie junto a la ventana, como si perteneciera a ese espacio desde siempre.

—Llegas tarde —dijo mi papá apenas me vio.

—Buenos días para ti también —respondí mientras me acercaba.

Enzo no dijo nada, solo me miró un segundo, como si evaluara algo en mí que yo no podía ver.

—Dormiste poco —murmuró.

—No eres mi médico —le respondí sin mirarlo.

Mi papá soltó una risa baja.

—Ya parecen matrimonio de verdad.

Me congelé.

—Papá.

—¿Qué? —dijo él tranquilo—. Solo observo.

Enzo no reaccionó, pero vi una pequeña tensión en su mandíbula.

Eso me confundió más de lo que quería admitir.

Porque él no solía reaccionar así.

Siempre era controlado. Frío. Medido.

Pero conmigo… no siempre.

El médico entró minutos después para revisar a mi papá. Yo aproveché para salir un momento de la habitación. Necesitaba aire. Necesitaba pensar. O al menos fingir que podía hacerlo.

Caminé por el pasillo hasta llegar al elevador, pero antes de que pudiera presionar el botón, escuché pasos detrás de mí.

—No huyes bien —dijo Enzo.

Suspiré sin girarme.

—No estoy huyendo.

—Entonces caminas rápido por diversión.

Me giré por fin.

—¿Qué quieres?

Enzo se detuvo frente a mí, demasiado cerca otra vez, como si ese fuera su lugar natural.

—Que vayas a la mansión —dijo.

Parpadeé.

—¿Para qué?

—Ya no es seguro que estés aquí todo el tiempo.

Fruncí el ceño.

—Eso lo decides tú ahora.

—No —respondió él—. Lo decide lo que está pasando afuera.

Silencio.

Me crucé de brazos.

—No voy a dejar a mi papá.

—No te estoy pidiendo eso —dijo—. Él puede estar aquí. Pero tú no puedes seguir durmiendo en sillas de hospital.

Lo miré fijo.

—¿Te preocupa eso?

La pregunta salió antes de pensarla.

Y lo vi detenerse apenas.

Solo un segundo.

Pero suficiente.

—Es parte del acuerdo —respondió al fin.

Mentira.

Lo sentí.

Pero no lo dije.

Horas después, ya estaba en la mansión.

La casa era demasiado grande para sentirse real. Demasiado silenciosa para parecer habitada. Todo estaba perfectamente limpio, perfectamente ordenado, perfectamente… vacío.

—No me gusta este lugar —dije apenas entré.

—No está diseñado para gustar —respondió Enzo.

Dejé mi maleta sobre el sofá.

—¿Entonces para qué está diseñado?

Él me miró unos segundos.

—Para funcionar.

Eso me dio un escalofrío extraño.

Porque ese era exactamente el tipo de persona que era él.

Subí las escaleras sin esperar más explicación. Me asignaron una habitación enorme, con ventanales que daban a la ciudad completa. Pero no había nada cálido en ella. Era elegante, sí. Lujosa, sí. Pero no vivida.

Me senté en la cama sin saber qué hacer.

Y por primera vez desde que todo esto empezó… sentí que estaba demasiado dentro de algo que no entendía.

Un toque en la puerta me sacó de mis pensamientos.

—Adelante —dije.

Enzo entró.

—El hospital llamó —dijo.

Me levanté de inmediato.

—¿Mi papá?

—Está estable.

Solté el aire que no sabía que estaba reteniendo.

—No vuelvas a decirlo así —le dije.

—¿Cómo?

—Como si fuera algo normal que me asuste cada vez.

Él no respondió.

Solo me observó.

El silencio entre nosotros volvió a estirarse.

—No tienes que estar aquí todo el tiempo —dije al fin.

—Ya lo decidiste tú por mí —respondió.

Fruncí el ceño.

—No fue así.

—Sí lo fue —dijo calmado—. Viniste.

Me crucé de brazos.

—Porque me dijiste que era más seguro.

—Y lo es.

Silencio.

Me senté de nuevo en la cama.

—No entiendo nada de lo que está pasando contigo —admití al fin.

Eso pareció hacerlo detenerse.

—No necesitas entenderlo todo —dijo.

Lo miré.

—Eso es lo que todos dicen cuando algo es peligroso.

Enzo bajó la mirada un segundo.

—No es peligroso.

—Entonces qué es.

Silencio.

Demasiado largo.

Demasiado pesado.

—Complicado —dijo al fin.

Me reí sin humor.

—Todo contigo es “complicado”.

Él me observó.

Y por un segundo, su expresión cambió.

Menos fría.

Menos distante.

Más humana.

—No debería importarme esto —dijo.

Eso me confundió.

—¿Entonces por qué te importa?

No respondió.

Y eso fue peor.

Esa noche no pude dormir.

La mansión era demasiado silenciosa. Caminé descalza por el pasillo hasta la cocina. Había luz encendida.

Enzo estaba ahí.

Solo.

Con un vaso de agua en la mano, mirando por la ventana.

—¿No duermes nunca? —pregunté.

—Duermo —respondió sin voltear—. Solo poco.

Me acerqué.

—Esto no es normal.

—Nada de esto lo es.

Silencio.

Me apoyé en la isla de la cocina.

—Mi papá está mejor —dije.

—Sí.

—Y aun así siento que algo puede salir mal en cualquier momento.

Enzo me miró por fin.

—Porque puede.

Eso me tensó.

—Esa no es una respuesta útil.

—Es la real.

Lo miré fijamente.

—Eres pésimo dando tranquilidad.

—No intento darla.

Silencio.

Me crucé de brazos.

—Entonces qué intentas dar?

Enzo me sostuvo la mirada.

Y por primera vez desde que lo conocí… no supe leerlo.

—Control —dijo al fin.

Pero sonó menos seguro de lo que debería.

Y ahí entendí el verdadero problema.

No era el contrato.

No era mi papá.

No era Camila.

Era que él estaba perdiendo control.

Y yo estaba demasiado cerca de él cuando eso pasara.

1
ERICA ESTRADA PEREZ
Aque se refiere jajaja jajaja jajaja y🤭 doble sentido será por un niet@
Alix Sarmiento
está muy buena esta trama
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