Scarlet siempre ha vivido al límite: cuchillos afilados, fuego constante y una cocina donde el control lo es todo. Lo último que necesita es Alaska, el frío eterno… y un hombre que parece decidido a desordenar su vida.
Luke solo quiere paz. Silencio. Distancia de todo aquello que alguna vez lo rompió. Pero cuando Scarlet llega a la montaña, su mundo se sacude de una forma que su lobo no sabe explicar. La reconoce por su aroma a cerezas, la desea con una intensidad peligrosa… y aun así, no la acepta como su mate.
Entre discusiones, roces inevitables y una tensión que arde incluso bajo la nieve, ambos luchan contra un vínculo que se resiste a ser nombrado. Porque a veces el destino no llega con claridad, y el amor verdadero aparece cuando menos estás dispuesto a reconocerlo.
En Alaska, donde el invierno observa en silencio, negar al mate puede ser el error más grande de todos.
NovelToon tiene autorización de Marceth S.S para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 9: Tu ser en mi mente
Y hablando de cautela, debo tenerla al 100% con este chico lobo hormonal…
Damián es imposible de ignorar. Aparece y desaparece como si no conociera el concepto de quietud. Me hace reír, me saca de quicio, me lanza comentarios descarados que me recuerdan demasiado a mí misma cuando tenía su edad.
Me hace recordar un montón a Autumn.
Lo ayudo con tareas simples, escucho sus historias, y sin darme cuenta empiezo a encariñarme con él.
Es un chico bueno.
Salvaje, sí, pero con un corazón enorme.
Y Emma… Emma está radiante.
Feliz, contenta y enamoradora.
La ayudo con los preparativos de la boda como si fuera lo más natural del mundo. Flores, telas, pequeños detalles que para ella significan todo.
La escucho hablar de Andrew con esa certeza absoluta que solo se tiene cuando el amor es real.
Se le nota completamente en el brillo en sus ojos, y yo solo puedo estar feliz por mi amiga.
Después de una ruptura amorosa tan catastrófica como la tuvo con Marck no creí que Emma podría superar eso tan fácilmente.
Hay momentos en los que me mira con una sonrisa suave y me dice que gracias por estar aquí .
Yo solo la abrazo. Porque eso es lo que siempre hemos hecho: estar.
En medio de todo eso, llega el momento inevitable.
La llamada a mi jefe.
Me encierro en una de las habitaciones, con el celular en la mano, mirando la pantalla como si fuera a morderme. Marco el número del restaurante con un nudo en el estómago.
Ese lugar es mi vida.
Mi caos. Mi orgullo.
—¿Scarlett? —responde la voz al otro lado—. Cómo estás?
–Hola Will, estoy muy bien, y tú?
–Muy bien, Autumn te manda saludos.
Autumn es la hija de mi colega y jefe Will Rose. Mi historia con Will es caótica, nos conocimos en un bar después de que me hayan despedido de mi trabajo como chef en un restaurante de la zona por mi carácter.
La incompetencia y falta de profesionalidad abundaba en ese lugar, era un restaurante que podía dar mucho más de lo que ya era pero la mediocridad de sus trabajadores y directivos no los dejaba avanzar.
Cuando no pude más, explote. El problema es que todos se vinieron en contra mía, llegando hasta el punto de hacerme dudar de mi misma.
Cosa que no les demostré pues salí con la cabeza en alto y tirándole mi delantal en la cara al dueño.
Ese día no pude evitar irme de lleno a un bar, allí estaba Will quien casualmente era dueño de un restaurante de mucho reconocimiento, una cosa llevo a otra y me terminó ofreciendo trabajo.
Bajo mis condiciones logramos llevar al restaurante a obtener tres estrellas Michelin.
Will y yo nos convertimos en amigos muy cercanos, en colegas de trabajo que confiaban mucho en el otro. Tanto al punto en que cuando el debía salir con su esposa, me dejaban a cargo a su hija, la pequeña Autumn.
–Scarlett estás ahí?
Salgo de mis pensamientos
–Disculpa -Rio –llamaba para pedirte un poco más de tiempo.
–Pensé que ya estabas de regreso.
Cierro los ojos un segundo.
—No… no todavía.
Explico. Todo lo que puedo explicar sin entrar en detalles. Que surgió algo inesperado. Que necesito más tiempo. Que no sé exactamente cuánto, pero que confío en mi equipo, en que sabrán mantener el ritmo, la exigencia, el nivel.
Hay un silencio largo.
—Scarlett…estás bien? —me pregunta.
—Sí —respondo—. Solo… surgió algo con Emma y necesito quedarme.
No digo que estoy en Alaska.
No digo que hay hombres lobo.
No digo que cada noche sueño con un aroma a bosque que me persigue incluso despierta.
Por mucha confianza que haya con Will, ni a Emma podría contarle eso último.
Will acepta. No sin sorpresa, no sin advertencias, pero acepta. Cuando cuelgo, me apoyo contra la pared y dejo escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Por primera vez en años, no tengo una cocina rugiendo a mi alrededor. No hay gritos, ni órdenes, ni platos chocando. Solo silencio. Frío. Y una calma extraña que me desarma.
Cinco días.
Cinco días sin ver a Luke.
Y aun así… su presencia es constante.
En la casa.
En el aire.
En mí.
Y empiezo a entender, muy lentamente, que este lugar no solo me está cambiando el ritmo de vida…
Me está cambiando a mí.
Para el sexto día… llego a mi quiebre.
Es de noche. La casa está en silencio y el frío golpea los ventanales como un recordatorio constante de dónde estoy. Llevo puesta su camisa —la de Luke— demasiado grande para mí, rozándome la piel, impregnada de ese aroma a bosque que ya se me ha metido en los pulmones y en la cabeza. No debería afectarme así. No debería.
Pero lo hace.
Me muevo inquieta entre las sábanas, incapaz de encontrar una posición cómoda. Mi mente no coopera. Cada vez que cierro los ojos, ahí está él. No su rostro —que aún no conozco— sino su presencia. La sensación de unas manos que nunca estuvieron realmente ahí. El recuerdo de sueños que me dejan con el corazón acelerado y el cuerpo ardiendo.
Respiro hondo, intentando calmarme.
—Contrólate, Scarlett… —murmuro en la oscuridad.
Es inútil.
Cinco noches seguidas despertando sobresaltada, con el pulso desbocado, con esa necesidad extraña que no reconozco como mía.
Nunca he sido así. Siempre he tenido control. Siempre he sabido separar el deseo de la realidad.
Por eso malditamente me va mal en las relaciones amorosas.
Pero Luke… Luke no es realidad todavía, y aun así me tiene atrapada.
Aprieto la tela de la camisa entre los dedos, como si eso pudiera anclarme, como si pudiera arrancar de mí esta tensión que se acumula noche tras noche.
Mi cuerpo reacciona solo, traicionero, respondiendo a pensamientos que no quiero tener, a imágenes incompletas que no debería desear.
Me doy la vuelta bruscamente, dándole la espalda a la habitación, al olor, a todo.
—Esto tiene que parar —me digo.
Pero en el fondo sé la verdad.
No va a parar.
Porque el hombre que no he visto, el que no está, el que debería ser solo un nombre…
Ya se ha instalado demasiado profundo en mí.
La oscuridad pesa distinto esa noche.
Cierro los ojos.
Y lo pienso.
No su rostro —aún no—, sino la sensación que me provoca. La presencia que no está y aun así llena cada rincón de la habitación. La idea de unas manos firmes, seguras. De una voz grave que no he escuchado, pero que mi mente inventa sin permiso.
Que paso con los otros capítulos /Cry/