Todo gira entorno a ;__"Ariana White: y su primer amor.
Amor a primera vista , algo que cambiara su vida de golpe y le demostrará que la madurez no está en los años que tienes, si no en como afrontas los problemas que se te presentan, tendrá la ayuda de su mejor amiga y cuñada, como ella la llama desde el inicio.
Acompañenme en esta nueva historia, espero que les guste
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¿Una Marca?
Liam se mantuvo en el umbral de su casa. No abría la puerta. Estaba resignado a oír los regaños de sus padres, y aunque ya era un hombre de veinticinco años, los respetaba demasiado para no darles explicaciones. Él tenía claro que sus padres no apreciaban a Serena. Decían que "los padres nunca se equivocan", y ellos habían acertado en su apreciación.
Pero por más que me sintiera tonto, no podía decirles lo que en realidad había ocurrido anoche. Había prometido no decirlo y cuidar a Serena, aunque en aquel tiempo la quisiera matar con mis propias manos por el daño que me hizo. Un sentimiento de lealtad, mezclado con la culpa, me ataba a ella.
Liam suspiró profundamente e ingresó a casa.
Al entrar, la escena que encontró lo dejó completamente sorprendido. En el salón, su padre leía el periódico con expresión de pocos amigos, su madre tomaba té con la habitual elegancia tensa, y sentada junto a Fabiana, estaba Ariana.
Las sonrisas cálidas y las preguntas sobre el trabajo se detuvieron en seco.
—Liam, hasta que llegaste, hermano —soltó Fabiana, viéndolo con una mirada profundamente acusadora que no pasó desapercibida.
Liam solo desvió la mirada. No podía mirar a su hermana. No podía mirar a sus padres. Solo podía mirar a Ariana. Estaba sentada tan derecha como una flecha, con una pulcritud que contrastaba con su propia imagen de desastre.
—Hola —dijo, viéndola. Su voz salió un poco áspera—. No sabía que tendríamos visita.
Su madre, la tía Sabrina, rodó los ojos y su padre soltó un bufido, doblando el periódico con exasperación.
—Si hubieras llegado anoche, sabrías que Ariana no es una visita, Liam. Es una huésped. Estará con nosotros durante unos días.
Liam se quedó sin palabras. ¿Ariana? ¿Aquí? Su mente, nublada por la resaca, no podía procesar que la chica con la que había tenido una cita desastrosa (cortesía de Serena) y que era la razón de su culpa, ahora estaría viviendo bajo su techo.
Ariana le devolvió el saludo con un pequeño y falso destello de sonrisa. Estaba indignada, y eso se notaba, pero lo que realmente la descolocó fue la marca roja que observo que Liam tenía en el cuello.
Liam se había vestido tan apresurado en casa de Serena, que por querer salir tan rápido de aquel lugar ni siquiera lo había notado. Pero al sentir la intensa y penetrante mirada de Ariana fija justo en ese punto, ahí por algún motivo, su mano se fue de inmediato a cubrir ese lugar. Sintió como si esa "pequeña" lo hubiera juzgado, no como el hermano mayor, sino como un idiota que acababa de salir de la cama de su ex.
Sus padres, que no sintieron la incómoda interacción cargada de tensión, solo dijeron: —Vete a duchar, Liam. Y arréglate. En diez minutos comemos.
Él asintió y subió de inmediato a su habitación. Estaba aliviado de escapar de la sala. Al estar ahí, suspiró.
Sin embargo, al entrar al baño, su mirada se fue directo al espejo. Ahí estaba. La prueba innegable de su error: una marca roja, un beso furtivo y descuidado de Serena, justo debajo de la oreja. Apretó los dientes.
—¡ERES UN IDIOTA, LIAM! —se dijo a sí mismo, dándole un puñetazo leve a la encimera.
El recuerdo de Ariana, con esa expresión de decepción disfrazada de sonrisa cortés, lo quemó más que la reprimenda de sus padres.
Ella era la chica que acababa de enfrentarse a los prejuicios de Serena con madurez y clase, y él, el hombre de veinticinco años, acababa de llegar a casa con la prueba de haber caído en el más barato de los dramas, el sentía que en esta historia el era un niño y ella la adulta, esa niña de alguna manera habia despertado un interes en el, algo que no ocurria hace mucho.
Se duchó con agua helada, tratando de borrar la noche anterior y la humillación de la mañana...
Por Ariana
La mandíbula me dolía de la fuerza con la que la había apretado para mantener esa sonrisa falsa.
¿Una marca? ¿En serio?, como osaba presentarse así ante su familia, que descaro.
La ira desplazó todo el dolor que había sentido en la heladería. No era solo que se hubieran ido a revolcar, sino que él se presentó en su propia casa con la prueba. La prueba de lo que había hecho la noche anterior.
—¿Viste eso? —me susurró Fabiana, indignada y algo apenada, por mí.
—Lo vi —respondí, con voz monótona—. No te preocupes la verdad es que no me afecto, le estaba mintiendo, pero él era su hermano y no quería causar problemas en la relación de hermanos y menos por algo que al parecer era tan unilateral.
La convivencia sería menos romántica y más bien una semana de tortura. Había decidido rendirme en la pastelería y no me había equivocado, realmente esta era mi primera desilusión, ni siquiera con el idiota de Fabrizzio me sentí así. Ya no era por gusto; ahora era por orgullo.
La mañana siguiente sería el primer día de clases. El primer día de mi venganza contra Fabrizzio. Y ahora, el primer día de mi convivencia con el hombre que me había roto el corazón por segunda vez en menos de veinticuatro horas.
Objetivo de la Semana
_Destruir el rumor de Fabrizzio y dejarlo en ridículo. (Le devolveré el favor)
_Sobrevivir a la convivencia con Liam sin parecer una niña.
_ Aceptar que mi primer amor no será como el de mis padres.