EN UN MUNDO DONDE LA MAFIA MÉXICANA REINA, ARTURO DE LA CRUZ, ALIAS LA SANTA, TERMINA CALLENDO A LOS PIES DE UN SIMPLE REPARTIDOR.
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Cap 11
🇲🇽🗡️ ENTREGA PROHIBIDA
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🖤🗡️ CAPÍTULO 11
*Donde todo arde*
Los golpes en la puerta no eran normales.
No eran de vecino molesto.
No eran de error.
Eran una advertencia.
Fernando sintió cómo el pulso se le disparaba, pero no retrocedió. Arturo sí dio un paso al frente… colocándose frente a él como un muro vivo.
—No hagas ruido —ordenó en voz baja.
Fernando abrió la boca para contestar…
y la puerta cedió de golpe.
Dos hombres entraron.
Armas visibles. Miradas sucias. Confianza equivocada.
—Así que aquí te escondías —dijo uno, mirando directo a Fernando—. El repartidorcito. Ya esperamos una semana...
Arturo no habló.
Actuó.
El primer disparo no fue un disparo.
Fue el cuerpo de Arturo estrellándose contra el hombre más cercano, rompiéndole la nariz con un golpe seco. El segundo intentó reaccionar—error fatal.
Fernando solo vio fragmentos:
—Sangre salpicando la pared.
—Un arma cayendo al suelo.
—El sonido horrible de un hueso rompiéndose.
—¡ARTURO! —gritó Fernando cuando uno de ellos sacó una navaja.
Arturo giró justo a tiempo. El filo le rozó el brazo. No le importó.
Lo desarmó.
Lo golpeó.
Lo tiró al suelo.
—Te dije —susurró Arturo, sujetándolo del cuello— que no lo tocaras.
El hombre intentó suplicar.
Arturo no escuchó.
Fernando reaccionó cuando vio el brillo de intención real. De muerte.
—¡ARTURO, YA! —gritó—. ¡POR FAVOR!
Eso sí lo detuvo.
Arturo respiraba agitado, sangre en los nudillos, los ojos verdes oscuros, salvajes. Soltó al hombre y se levantó lentamente.
—Lárguense —ordenó—. Y recen para que no vuelva a verlos.
Los hombres no lo pensaron dos veces.
Cuando la puerta se cerró, el silencio cayó como un golpe.
Fernando estaba temblando.
—¿Estás herido? —preguntó, acercándose—. Te sangra el brazo.
Arturo bajó la mirada… luego lo miró a él.
—No es nada.
—¡Claro que es algo! —Fernando lo tomó del brazo—. Eres un imbécil.
Arturo dejó que lo tocara.
Eso ya decía demasiado.
Fernando lo miró de arriba abajo, respirando rápido.
—Pudiste matarlos —dijo—. Por mí.
—Sí.
—¿Y si un día…? —tragó saliva— ¿y si un día te pierdes?
Arturo lo tomó del rostro con ambas manos, firme pero cuidadoso.
—Fernando —dijo, con voz baja y rota—. Yo me pierdo si no te protejo.
El aire se tensó.
Fernando sintió el golpe directo al pecho. Miedo. Deseo. Una necesidad absurda de cerciorarse de que Arturo estaba ahí. Vivo.
—Esto es una pésima idea —susurró.
—Lo sé.
—Eres peligroso.
—También lo sé.
—Y aun así… —Fernando se puso de puntas, temblando— …no quiero que te vayas.
Arturo no respondió con palabras.
Lo besó.
No fue suave.
No fue lento.
Fue urgente.
Un beso con sangre en los labios y rabia en el cuerpo. Un beso que sabía a no hay vuelta atrás.
Fernando gimió contra su boca, aferrándose a su camisa, como si soltarlo significara perderlo.
Arturo se separó apenas, respirando fuerte, apoyando su frente contra la de él.
—Después de esto —dijo—, nada será igual. Eres mío Fernando Díaz...
Fernando sonrió, nervioso… decidido.
—Nunca lo es con nosotros, ¿verdad? No vaz a cambiar de opinión...
Arturo lo abrazó, fuerte, protector, peligroso.
Y afuera, en algún punto de la ciudad,
alguien ya sabía que Fernando Díaz Martínez no estaba solo.
Y eso…
iba a desatar una guerra.
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ATT: ISAK~
Los amo a todos espero que les guste ✨😘
por que el que quiere azul celeste que le cueste