Tiene una nueva oportunidad para redimirse y busca ser feliz junto a las personas que ama.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
** Todas novelas independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Colton 1
Cuando el hombre volvió a la tienda por tercera vez, Lavender lo reconoció incluso antes de que la campanilla sonara del todo. Había aprendido, sin darse cuenta, el ritmo de sus pasos, la forma en que se detenía un segundo antes de entrar, como si reuniera valor.
Esta vez no fingió estar ocupada con las flores.
Se acercó al mostrador con una sonrisa suave, sincera.
—Quería agradecerte otra vez por los dulces.. A mi abuela le encantaron.
Luego inclinó un poco la cabeza, mirándolo con curiosidad amable
—Pero me he dado cuenta de algo… ni siquiera sé tu nombre.
Él la estaba mirando como siempre.. como si la luz del lugar naciera en ella. Tardó un segundo en reaccionar, parpadeó, y tragó saliva.
—Colton… Colton Morgan.
Decir su nombre frente a ella le pareció un acto enorme, casi íntimo.
Lavender asintió, como si lo guardara con cuidado en la memoria. Extendió la mano, firme y cálida.
—Un placer conocerte, Colton. Soy Lavender.
Cuando él estrechó su mano, el mundo se le volvió extraño. Su corazón empezó a latir con tanta fuerza que temió que ella pudiera sentirlo a través del contacto. Sus dedos temblaron apenas, no por nerviosismo común, sino por la certeza absurda y dulce de que ese gesto sencillo significaba más de lo que debería.
—El… el placer es mío —respondió, sin soltarla de inmediato.
Lavender notó el leve temblor, la manera en que él parecía sostener ese instante como si fuera frágil. No retiró la mano de golpe.. dejó que el saludo durara un segundo más de lo habitual.
Cuando finalmente se separaron, Colton sintió un vacío repentino en el pecho, como si hubiera perdido algo importante.
Lavender sonrió, cordial, pero en sus ojos había un brillo nuevo.
—Espero verte seguido, Colton.. Ya no eres solo “el cliente tímido”.
Él soltó una risa breve, casi incrédula.
—Volveré.. Aunque… no necesite nada.
Y mientras salía de la tienda, supo con una claridad absoluta que no era el aroma de las hierbas lo que lo traía de vuelta, sino ella.
Al día siguiente, Lavender estaba ordenando unos frascos de vidrio detrás del mostrador, acomodándolos por tamaño y contenido, cuando un movimiento repetido frente a la vitrina llamó su atención.
Alzó la vista… y allí estaba Colton.
De pie afuera de la tienda.
Iba a entrar.
Se detenía.
Se sobaba las manos, como si estuvieran frías o húmedas.
Daba un paso hacia la puerta… y luego se apartaba, fingiendo mirar las flores del pequeño patio.
Lavender lo observó unos segundos en silencio. Cada uno de esos gestos torpes le arrancó una sonrisa suave, llena de ternura. No había nada calculado en él, nada aprendido. Era puro nervio, pura emoción mal contenida.
Sin pensarlo demasiado, tomó una escoba apoyada contra la pared.
Abrió la puerta de la tienda como si fuera a barrer el umbral.
—Buenos días —dijo con naturalidad, saliendo un poco al exterior.
Colton se giró de golpe.
Al verla tan cerca, tan real, su cuerpo reaccionó antes que su mente. Sus hombros se tensaron, sus manos temblaron y, por un segundo, pareció olvidar cómo se respiraba.
—B-buenos días, L-Lavender —tartamudeó, inclinando un poco la cabeza—. Yo… eh… no quería molestar.
Ella apoyó la escoba en el suelo y lo miró con esa calma que parecía desarmar a cualquiera.
—No molestas.. Ibas a entrar, ¿no?
Él asintió, avergonzado, y volvió a sobarse las manos.
—Sí… pero… Pensé que tal vez estabas ocupada… y luego pensé que no… y después…
Se detuvo, consciente de lo absurdo que sonaba.
Lavender soltó una pequeña risa, cálida, nada burlona.
—Colton.. Puedes entrar cuando quieras.
Sus palabras fueron simples, pero para él sonaron como una invitación enorme.
Colton respiró hondo y dio por fin el paso al interior de la tienda. El aroma de las hierbas lo envolvió, pero no fue eso lo que hizo que su corazón se acelerara aún más, sino la cercanía de Lavender, la manera en que lo miraba con paciencia y una dulzura que lo hacía sentir seguro… y completamente expuesto al mismo tiempo.
—Gracias
Ella volvió a sonreír, y mientras barría despacio el umbral, pensó que pocas veces había visto a alguien tan genuino, tan incapaz de esconder lo que sentía.
Y esa idea, sin saber por qué, le calentó el pecho.
Cuando Colton cruzó por completo el umbral, miró a su alrededor con más atención que otros días. La tienda estaba en pleno ordenamiento.. cajas abiertas, frascos de vidrio sobre la mesa, haces de raíces secándose cerca de la ventana. Lavender se movía con naturalidad entre todo, como si cada objeto supiera exactamente dónde debía ir.
Él la observó unos segundos… y entonces habló.
—Estás ordenando todo sola.. ¿Puedo ayudarte?
Lavender se giró, sorprendida.
—Es trabajo pesado.. Hay que mover cajas, limpiar frascos… te puedes ensuciar.
Colton negó de inmediato, casi ofendido por la idea.
—No me importa.. Déjame ayudarte, por favor.
Había algo firme en su voz, aunque seguía siendo suave. Lavender dudó un instante, luego asintió.
—Está bien.. Pero te lo advertí.
Colton sonrió, aliviado. Se quitó la chaqueta con cuidado y la dejó doblada sobre una silla. Luego se subió las mangas de la camisa, dejando los antebrazos al descubierto, y se acercó a la mesa.
Tomó un paño limpio y comenzó a limpiar los frascos uno por uno, con atención, como si cada gesto tuviera importancia. Lavender lo observó de reojo y no pudo evitar sonreír.
—Ese contiene raíz de valeriana.. Hay que limpiarlo bien, el polvo se pega mucho.
—Huele… tranquilo.. Como si calmara incluso antes de usarse.
—Eso mismo hace.. Mi abuela siempre decía que algunas plantas empiezan a sanar solo con estar cerca.
Colton la miró, fascinado.
—Tu abuela suena sabia.
—Lo es.. Todo lo que sé lo aprendí de ella.
Continuaron trabajando lado a lado. Ella acomodaba, él limpiaba. Entre frasco y frasco, comenzaron a hablar con tranquilidad, sin prisas. De flores secas, de raíces difíciles de encontrar, de cómo algunas plantas solo crecen si se las trata con paciencia.
—Me gusta cómo hablas de ellas.. No suena a comercio… suena a cariño.
Lavender levantó la vista hacia él, sorprendida, y sonrió.
—Porque las cuido como si fueran parte de mi familia.
Él sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario, con las manos aún ocupadas, el corazón extrañamente en calma.
Y en ese silencio cómodo, rodeados de aromas y luz suave, ambos sintieron que algo sencillo y hermoso estaba empezando a echar raíces.