Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
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Capitulo:22
ARABELLA:
Valerius despliega un mapa de cuero rugoso sobre el capó de una carreta de suministros cercano.
Garth se acerca a mi lado, cruzándose de brazos con la postura orgullosa de quien se sabe bajo el mando de la mujer más peligrosa del ducado, ja, ja, ja que divertido.
—Las tropas enemigas que lograron sobrevivir a tu pequeño regalo en la montaña se replegaron hacia el Cañón de las sombras, a dos leguas al norte.
Explica Valerius, señalando una hendidura estrecha flanqueada por riscos empinados.
—El comandante invasor, es uno de los príncipes del reino más cercano, está herido y atrapado ahí con un aproximado de cincuenta hombres de élite. Esperan la llegada de refuerzos de su reino, pero no saben que cortamos sus líneas de comunicación anoche.
—Cincuenta hombres atrapados en un desfiladero estrecho...
Repito pasándome la lengua por el labio superior mientras mis ojos azules brillan de pura emoción.
—Eso no es una defensa, Valerius... Eso es un callejón sin salida pidiendo a gritos otra demolición.
Garth suelta una carcajada ronca y se da una palmada en el muslo.
—¡Se lo dije, Capitán! Le dije que la Duquesa sugeriría hacerlos volar en pedazos otra vez... Me debe la jarra de cerveza.
—No tenemos más pólvora concentrada, Garth.
Interviene Valerius con la compostura de un muro de piedra, aunque una leve sonrisa curva la esquina de sus labios.
— Pero el terreno es perfecto para una emboscada rápida... Si bloqueamos la salida norte con un pequeño contingente, podemos obligarlos a rendirse o exterminarlos en el fondo del cañón.
—¿Rendirse? Qué palabra tan aburrida.
Pongo los ojos en blanco y ajusto las dagas de mi cintura.
—El tipo atravesó el pecho de mi esposo con una espada... No hay rendición para él, quiero su cabeza como recompensa antes del atardecer.
En este preciso momento, una figura pequeña y encapuchada se aproxima a paso tímido hacia nuestro grupo... Lyra lleva un bolso de cuero cruzado al hombro, lleno de frascos de vidrio que tintinean con cada paso que da.
—C-capitán Vance... Duquesa
Saluda con voz suave, haciendo una leve reverencia.
Sus ojos oscuros van directamente hacia Valerius, y el sonrojo habitual no tarda en teñir sus mejillas.
—Me enteré de que saldrán en una misión de reconocimiento al paso del norte... Vengo a entregarles estos elixires de cauterización y vendas tratadas... Por si hay heridos en el enfrentamiento.
Miro a Valerius de reojo y el Capitán de la Vanguardia se pone rígido de inmediato, dando un paso al frente para tomar la bolsa de cuero que la chica le ofrece.
—No debiste molestarte, sanadora Lyra.
Dice Valerius con una voz sospechosamente suave que jamás usa con los soldados.
— La guardia de la Duquesa mantendrá el perímetro seguro... No planeamos sufrir bajas.
—Aun así... prefiero que los lleves.
Susurra Lyra, levantando la mirada por un breve segundo para fijar sus ojos en los de Valerius.
—Ten mucho cuidado, por favor... Capitán.
¡Por los dioses! La tensión es tan dulce que casi me da una sobredosis de azúcar.
Miro a Garth y este me mira... Ambos nos sentimos como el mal tercio... Qué incómodo, pero sin esperar más me cruzo de brazos y suelto un carraspeo exagerado que hace que Lyra dé un brinco de sorpresa y que Valerius retire la mano como si la bolsa de cuero estuviera ardiendo.
—Qué conmovedor...
Intervengo con una sonrisa descarada y llena de malicia.
—Descuida, dulce Lyra... Yo misma me encargaré de que tu querido Capitán regrese enter, solo con algunos rasguños para que puedas seguir curándolo... O lo que sea que hagan en tu tienda.
Lyra se pone más roja que el cabello de Kaelan y se ajusta la capucha torpemente.
—¡I-iré a revisar a los heridos del campamento! ¡Con su permiso!
Balbucea antes de dar media vuelta y huir a paso apresurado.
Garth disimula una risita ahogándose con su propia saliva, mientras Valerius aclara su garganta con fuerza, tratando desesperadamente de recuperar su semblante serio.
—Si la Duquesa ha terminado de divertirse a costa de la sanadora... sugiero que montemos de inmediato.
Dice Valerius con tono profesional, indicando a los sirvientes que traigan nuestros caballos.
—Oh, Vance, nunca me cansaré de divertirme contigo.
Guiño un ojo y me subo de un salto ágil sobre el enorme caballo negro.
—Garth, asegúrate de llevar suficientes antorchas y cuerdas. Si no tenemos pólvora, usaremos el aceite de las lámparas para que ese principito entienda lo que pasa cuando se mete con la Casa Eisen.
—A sus órdenes, mi Señora.
Responde Garth, montando su caballo con una ferocidad renovada.
Partimos al galope hacia el Cañón de las Sombras, dejando atrás el polvo del campamento mientras el sol de la tarde comienza a descender sobre las montañas, listo para presenciar el acto final de esta cacería.
A lo lejos Kaelan observa como su esposa se marcha sin más, pero no sin antes enviarle un mensaje a Valerius.
—Protegela con tu vida capitán
los dos son igual de locos y calientes posesivos me encanta
🤣😍😍😍😍
Con eso confirma la lealtad de su esposa 😅