Luke Evans pasó su infancia protegiendo a su hermana de un hombre violento. Ahora, a los veintisiete años, tiene un taller mecánico en Grecia y una oportunidad de empezar de cero. Solo hay algo que amenaza su tranquilidad:
Aria Greco.
La hija consentida de un poderoso mafioso es todo lo que Luke cree que debe evitar. Sin embargo, un solo beso basta para hacerle perder el control y despertar miedos que lleva años escondiendo. Asustado, se aleja y comete el peor error: decirle que besarla fue una equivocación.
Aria ha crecido rodeada de amor, pero jamás había sentido algo tan intenso como lo que Luke despierta en ella. Herida en su orgullo, decide mantener las distancias. El problema es que ninguno consigue olvidar aquella tarde.
Él teme convertirse en el hombre que más odia. Ella se niega a mendigar amor.
Pero algunas tentaciones son imposibles de resistir.
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Consejo maternal
Aria
Mi madre se queda inmóvil.
Un segundo.
Dos.
Después abre mucho los ojos.
—¡Aria!
Me cubro la cara.
—¡Lo sé!
—¡¿La segunda?!
—¡Mamá!
—¡Ese muchacho tiene más descaro del que aparenta!
Empieza a reírse.
No una risa discreta. No. Mi madre se echa hacia atrás en el sofá y se ríe como si acabara de escuchar la mejor historia del año.
—¡Y tú te sonrojaste!
La miro horrorizada.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque estás roja ahora mismo.
—¡Mamá!
Se ríe todavía más.
—Ay, cariño. Daría cualquier cosa por haber visto tu cara.
—Fue horrible.
—Fue maravilloso.
—¡No fue maravilloso!
—Fue bastante prometedor.
Me quedo mirándola.
Mi madre deja de reír poco a poco.
—¿Qué?
—¿Crees que significa algo?
Su expresión se vuelve cariñosa.
—Creo que un hombre que recuerda cómo fue besarte y encuentra una manera tan descarada de decírtelo probablemente no ha olvidado aquel beso.
Mi corazón da un pequeño salto.
Odio que eso todavía me emocione.
—Pero eso no significa que esté preparado para ofrecerte una relación —añade.
El entusiasmo desaparece un poco.
Mamá me aprieta la mano.
—Y esa es la diferencia que tienes que aprender a reconocer. —La observo—. Que un hombre te desee no significa necesariamente que sepa amarte. —Me quedo inmóvil—. Puede encontrarte preciosa. Puede querer besarte, tocarte, pasar cada minuto contigo. Todo eso puede ser real. —Hace una pausa—. Pero el deseo no reemplaza al respeto, a la comunicación ni a la valentía de hacerse responsable de lo que uno siente.
Trago saliva.
—¿Entonces qué hago?
Mi madre sonríe.
—Por ahora, nada extraordinario.
Parpadeo.
—¿Nada?
—Tienes veintiún años, Aria. Estás estudiando una carrera que te gusta, tienes una familia que te adora y toda una vida por delante. No necesitas resolver tu futuro romántico esta semana.
Sonrío ligeramente.
—Pero...
—Y tampoco tienes que evitar a Luke como si tuviera una enfermedad contagiosa.
Me río.
—Mamá.
—Puedes ir al taller. Conversar con Cassidy. Ser amable con él. Disfrutar de tu vida. —Me acaricia la mejilla—. Y si llega el momento de hablar, hablen.
—¿Y si vuelve a rechazarme?
Mi madre me observa con una ternura que casi me hace llorar.
—Entonces te dolerá, cariño. —Bajo los ojos—. Mucho, probablemente —continúa—. Pero sobrevivirás. Te prometo que sobrevivirás.
Siento que se me aprieta la garganta.
—No quiero que me duela.
—Lo sé.
Me atrae hacia ella.
Apoyo la cabeza sobre su hombro.
Huele a su perfume de siempre.
A casa.
A mamá.
—Ojalá pudiera prometerte que nunca te van a romper el corazón —murmura contra mi cabello—. Pero sería una mentira. —Cierro los ojos—. Lo que sí puedo prometerte es que no necesitas romperte a ti misma para conseguir que alguien te ame.
Me abraza con fuerza.
Y entonces las lágrimas aparecen.
No muchas. Solo unas pocas que llevo demasiado tiempo intentando contener.
—Pensé que era especial para él —susurro.
Mi madre me acaricia la espalda.
—Quizá lo eres.
—Pero me hizo sentir tan...
No termino.
No hace falta.
—Rechazada —dice ella.
Asiento contra su hombro.
—Sí.
Me besa la cabeza.
—Y tienes derecho a sentirte herida.
Nos quedamos así unos segundos. Después mamá se aparta lo suficiente para mirarme.
—Pero quiero que recuerdes algo, Aria.
Me limpio las mejillas.
—¿Qué?
—Tu valor no depende de que Luke Evans quiera besarte.
Sonrío tristemente.
—Lo sé.
—No. Quiero que lo sepas de verdad. —Su expresión se vuelve firme—. Eres inteligente, eres hermosa, tienes carácter y un corazón enorme. Y todo eso seguirá siendo cierto aunque mañana Luke decida convertirse en monje y encerrarse en una montaña.
Suelto una carcajada entre lágrimas.
—¡Mamá!
—Sería una tragedia. Un desperdicio de semejantes hombros, si me preguntas.
La miro boquiabierta.
—¡¿Te fijaste en sus hombros?!
Mi madre parece ofendida.
—Aria, estoy casada. No estoy ciega.
Me echo a reír.
—¡Papá te mataría si te escuchara!
—Tu padre está perfectamente informado de que tengo ojos funcionales.
Sigo riéndome.
Mamá sonríe, satisfecha consigo misma.
Después me toma el rostro entre las manos.
—Y hay otra cosa.
La miro.
—¿Qué?
—No quiero que sientas vergüenza por lo que experimentaste con Luke.
Mi sonrisa se desvanece ligeramente.
—No siento vergüenza.
Levanta una ceja.
—Te pusiste roja cuando me contaste que te excitaste besándolo.
Aparto la mirada.
—Es diferente.
—No, cariño. No tiene por qué serlo. —Me acaricia las mejillas—. Desear a alguien no te hace menos respetable. Disfrutar de un beso no significa que hayas hecho algo malo. Y querer que un hombre te toque no te obliga a permitir nada que no quieras. —La escucho atentamente—. Tu cuerpo es tuyo, Aria. Tus decisiones también. Puedes besar a alguien, disfrutarlo muchísimo y después decidir detenerte. Puedes cambiar de opinión. Puedes querer más o querer menos. —Hace una pausa—. Y el hombre que esté contigo tiene que entenderlo. —Asiento—. Pero eso también funciona al revés —añade—. Luke tenía derecho a detenerse. Aunque tú no entendieras por qué.
Me quedo quieta.
No había pensado en eso de aquella manera.
—Lo sé —murmuro.
—Lo que no estuvo bien fue hacerte sentir que habías cometido un error por corresponderle. —La miro—. Son dos cosas distintas —añade. Guardo silencio—. Quizá él también está intentando entender qué sintió —continúa—. No lo sabemos. Pero merece la oportunidad de explicarlo si algún día decide hacerlo.
Me quedo pensando.
Tiene razón.
Luke tenía derecho a detenerse. Por supuesto que lo tenía.
Lo que me dolió nunca fue que dejara de besarme. Fue la manera en que me miró después.
Como si hubiera hecho algo terrible. Como si yo hubiera sido parte de algo que necesitaba borrar.
—Mamá...
—¿Sí?
—¿Cómo supiste que papá era el amor de tu vida?
Su expresión cambia.
Una sonrisa lenta aparece en sus labios.
Esa sonrisa.
La misma que aparece cuando papá entra en una habitación y ella cree que nadie está observándola.
Después de tantos años, todavía lo mira de esa manera. Como si fuera el hombre más extraordinario del planeta, aunque acabara de hacer alguna estupidez monumental.
—No lo supe inmediatamente —responde.
Parpadeo.
—¿No?
—Cariño, cuando conocí a tu padre hubo momentos en que pensé seriamente que alguien debería prohibirle hablar durante al menos doce horas al día.
Me río.
—Eso sigue siendo válido.
—Lo sé. Pero aprendí algo. —Se acomoda mejor—. El amor no es solamente sentir mariposas, perder la cabeza cuando alguien te besa o pensar que esa persona es extraordinariamente atractiva. —Sonríe—. Aunque esas cosas ayudan bastante.
—Mamá.
—Estoy siendo sincera. —Me toma una mano—. El amor también es poder discutir sin tener miedo. Equivocarse y pedir perdón. Saber que puedes mostrarte vulnerable sin que la otra persona utilice eso para lastimarte. —Su voz se suaviza—. Es sentir que estás en casa incluso cuando todo lo demás se está derrumbando. —La observo en silencio—. Y, sobre todo, es elegir a esa persona una y otra vez. —Se detiene un par de segundos—. Pero ambos tienen que elegir.
Trago saliva.
—¿Y si solo uno lo hace?
Mamá niega lentamente.
—Entonces no basta.
Las palabras duelen, pero también tienen algo tranquilizador.
—Puedes luchar por una relación —continúa—. Puedes tener paciencia, comprender los miedos del otro y acompañarlo cuando las cosas se complican. —Me aprieta la mano—. Pero no puedes construir una historia de amor tú sola. —Asiento—. Y jamás debes renunciar a la mujer que eres para convertirte en alguien que un hombre considere más fácil de amar. —Me quedo mirándola—. Si Luke necesita tiempo, podrá decirlo. Si necesita espacio, podrá pedirlo. Si tiene miedo, podrá hablar de ello cuando esté preparado. —Sonríe suavemente—. Pero tú también tienes necesidades, Aria. Y también mereces que las escuchen.
Siento que algo dentro de mí empieza a acomodarse.
No todo. Ni siquiera la mitad. Pero algo.
—¿Y si es el amor de mi vida? —pregunto en voz baja.
Mi madre me observa durante varios segundos.
Después sonríe.
—Entonces espero que ambos tengan la inteligencia suficiente para descubrirlo.
Aria ya te dijo que ella quiere todo contigo
ya luke será tan tonto en volver apartarla
creo que luke necesita ayuda