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Casada por Contrato con el Hacendado

Casada por Contrato con el Hacendado

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Padre soltero / Amor Campestre / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Autora Gabriela

Un matrimonio por contrato. Dos años. Cero sentimientos. Esa era la cláusula.

Elvira Vasconcelos dirige urgencias de madrugada, ignora su propia anemia y tiene un apellido que ya no abre puertas, solo pesa. Su abuela, desde lejos, no la deja en paz con una promesa antigua entre dos viejas amigas: que la nieta de una se casara con el nieto de la otra.

Ramiro Junqueira lleva solo un imperio de soya, ganado y café, habla lo estrictamente necesario y no sabe cómo llenar el hueco que ve en el dibujo de su hija de seis años: en la hoja de Sancha, la familia siempre está incompleta.

Ella necesita que su abuela deje de recibir pretendientes. Él necesita una esposa que no quiera quedarse con su vida. Se citan en un café, sin ilusiones, y salen con un acuerdo firmado: separación total de bienes, cuartos separados, discreción absoluta y una sola regla de honestidad: si alguno siente algo, avisa.

Pero Sancha no se deja engañar con facilidad. La fiebre de una madrugada, un yogur de fresa con letrero de advertencia y un poni llamado Biju empiezan a desordenar un contrato que parecía impecable. Y la doctora que nunca monta, nunca canta y nunca habla de su pasado esconde una caja con cinta reforzada, un nombre de caballo que no pronuncia y una vida entera que el hacendado apenas empieza a descubrir.

Entre cenas de gala que se vuelven emergencias, ex que regresan, suegras que miden de arriba abajo y una familia que se elige poco a poco, Elvira y Ramiro tendrán que decidir qué hacer con la cláusula que nadie quiso escribir.

¿Puede un matrimonio firmado para no sentir nada convertirse en el único lugar donde dos personas cansadas de cargar solas por fin se quedan?

Romance de contrato, corazones que aprenden despacio y una familia que nadie planeó… pero que nadie quiere perder.

NovelToon tiene autorización de Autora Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Capítulo 10

POV de Ramiro

—Pesan más que un costal de alimento, estos libros tuyos —dije, apilando la última caja.

—Es medicina. El conocimiento pesa.

—Hay unos en inglés, unos en otro idioma que ni sé cuál es.

—Alemán. Hay artículos buenos que solo salen en alemán.

—¿Lees alemán?

—Lo suficiente para no matar a nadie. —Tomó una caja más pequeña—. No es orgullo, es necesidad.

Una caja estaba cerrada con cinta de más. Justo esa me la quitó de las manos.

—Esa la llevo yo.

—Pesa. Déjame subirla.

—Esa la llevo yo —repitió, y el tono cambió medio grado—. Cosas viejas. Nada que sirva para hoy.

—¿Libros también?

—No. Solo cosas que no uso.

Vi un brillo de metal por una rendija de la cinta, pero ella volteó la caja contra su cuerpo. No insistí. También me fijé en que no había una sola foto de familia en ningún estante, ningún portarretrato, nada, y tampoco pregunté por eso. Cada quien guarda lo que guarda.

Subió con la caja. Cuando bajó, ya se había quitado el abrigo y recogido el cabello, lista para trabajar.

—Tú te quedas con la suite —dije—. La cama es más grande.

—Es tu departamento.

—Es de mi padre, y nos lo dio a los dos. Yo duermo bien en cualquier rincón. Me quedo en el cuarto del fondo.

—¿Tú duermes bien en cualquier rincón?

—Duermo mal en cualquier rincón. Cambia poco. —Empujé una caja con el pie—. ¿Y el de en medio?

—El de Sancha. Para los fines de semana.

—¿Ella sabe que vivo aquí?

—Sabe que hay una señorita. Todavía no ha unido las dos cosas. Va a ir uniéndolas.

El domingo llevé a Sancha a conocer su cuarto. Entró adelante, se detuvo en el centro, giró una vez mirándolo todo, y solo después probó la cama saltando tres veces.

—¿De verdad es mío?

—Es tuyo. Los fines de semana.

—¿Y entre semana de quién es?

—Te está esperando.

—¿Vacío?

—Guardando tu olor.

Le dio risa y saltó una vez más.

—Firme. —Saltó otra vez—. Me gustó. La pared va a ser rosa. Rosa de verdad, no rosa viejo.

—Anotado.

—¿Qué es "anotado"?

—Que lo voy a recordar.

—Entonces escríbelo. Los adultos se olvidan. —Me apuntó con el dedo—. Prometiste el poni de verdad y apareciste con el de peluche.

—El de peluche fue mientras el de verdad no llegaba.

—¿Ves? Te olvidas. Escribe el rosa.

—Ya está escrito. Mira. —Fingí anotar en la mano.

—En la mano no vale, se borra en el baño. Escríbelo en papel. —Cruzó los brazos—. Y quiero una cama para Humo, al lado de la mía.

—Humo es un perro de treinta kilos y vive en la hacienda, hija.

—Entonces nos visita. Los fines de semana, igual que yo.

—Humo no cabe en el elevador con nosotros.

—Sí cabe. Se sienta.

—A los perros grandes no les gustan los edificios, hija. Se pone triste lejos del pasto.

—Entonces se queda en la hacienda y yo le hablo por teléfono. —Pensó—. ¿Los perros contestan el teléfono?

—No contestan.

—Entonces le hablo cuando regrese. —Señaló el pasillo, ya con otro tema en la cabeza—. ¿La señorita vive aquí?

—Vive aquí. Se llama Elvira.

—Elvira —lo repitió despacio, probándolo—. Es nombre de vieja.

—No lo es. Es su nombre.

—¿Duerme en tu cuarto?

—En el suyo, hija.

—¿Por qué? Los casados duermen juntos. Lo dijo Manu.

—Manu dice muchas cosas.

—Manu dijo que los casados duermen juntos, y que si no duermen juntos es porque se pelearon. ¿Se pelearon ustedes?

—No nos peleamos. Es que a cada quien le gusta su espacio.

—El bisa Augusto y la bisa Odete dormían juntos. Tú mismo lo dijiste.

—Lo dije. Eran otro tipo de casados.

—¿Qué tipo?

—El tipo antiguo. —Acomodé la almohada que había tirado—. Basta de preguntas.

—Una última. ¿La señorita es tu novia o tu esposa?

—Esposa.

—Entonces tenía que dormir contigo. —Cruzó los brazos—. Eso es de quienes se pelearon.

Bajó de la cama, satisfecha con su propio veredicto, y dejó el tema para después.

Antes de irse, se subió a una silla de la cocina, sacó un papel del bolsillo y una cinta del cajón, y pegó el papel en el refrigerador con una concentración que solo tiene para lo importante.

—No lo puedes leer ahora —avisó—. Solo cuando me vaya.

—¿Por qué?

—Porque es la regla.

Solo de noche lo leí.

"PARA LA SEÑORITA: NO TOQUES MI YOGUR DE FRESA."

Elvira apareció en el pasillo, en pijama, y lo leyó por encima de mi hombro.

—Yo no iba a tocar su yogur. Pero ahora, por principio, me dieron ganas.

—No arruines la única declaración que ha hecho hasta hoy.

—¿Eso es una declaración?

—Para ella, sí. Marcó territorio. Marcar territorio, para Sancha, es lo mismo que decir que existes.

—Qué manera tan rara de decir que existo.

—Es su manera. Vas a tener que aprender a leer entre líneas.

—Yo leo exámenes en alemán. Con la nota de una niña de seis años puedo. —Se rió bajito y se fue a dormir.

Cerró la puerta y poco después apagó la luz. Yo no duermo bien desde los veinte y pocos. Esa madrugada tampoco dormí. Pero había una respiración tranquila del otro lado de la pared, y me quedé escuchándola hasta que aclaró.

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