Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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La culpable que no recuerda
Capítulo 7 —
—La única persona que sabía quién era el culpable.
Las palabras de Mateo quedaron flotando en la habitación.
Valentina lo miró sin entender.
—¿Yo?
Mateo asintió lentamente.
—Tú.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
—Entonces explícame.
Mateo miró a Emilia.
—Ella tiene derecho a saberlo.
Emilia negó con la cabeza.
—No todavía.
Valentina soltó una pequeña risa, pero no tenía nada de divertida.
—¿No todavía? ¿En serio? ¡Llevo días descubriendo cosas sobre mi propia vida que ni siquiera recuerdo!
Nadie respondió.
—Primero descubro que desaparecí. Después que alguien intentó matarme. Luego resulta que Emilia está viva aunque todos creen que murió... y ahora me dicen que yo sabía quién era el culpable.
Se llevó ambas manos a la cabeza.
—¿Alguien me puede explicar qué demonios pasó conmigo?
Mateo dio un paso hacia ella.
—Eras diferente aquella noche.
Valentina lo miró.
—¿Diferente cómo?
—Estabas asustada.
—Eso ya me lo dijiste.
—No.
Mateo negó con la cabeza.
—No era miedo por ti.
Valentina frunció el ceño.
—¿Entonces?
—Tenías miedo de alguien que conocías.
Silencio.
Valentina sintió un pequeño pinchazo en la cabeza.
Una imagen.
Un pasillo.
Una puerta.
Una mano sobre su hombro.
Y una voz.
"No se lo digas a nadie."
Valentina cerró los ojos.
—Espera...
Mateo se acercó.
—¿Qué recuerdas?
—Una voz.
—¿De quién?
Valentina abrió los ojos.
—No lo sé.
Emilia la observó con preocupación.
—No fuerces el recuerdo.
—¿Por qué?
—Porque algunos recuerdos vuelven por partes.
Valentina la miró.
—¿Y qué pasa si recuerdo todo?
Emilia bajó la mirada.
—Entonces alguien va a intentar detenerte otra vez.
De repente se escuchó un ruido afuera.
Los tres se quedaron inmóviles.
Mateo apagó las luces.
—¿Qué haces? —susurró Valentina.
—Shhh.
Una sombra pasó frente a la ventana.
Emilia se acercó lentamente a la pared.
—Nos siguieron.
Mateo sacó su celular.
—Tenemos que salir por atrás.
—¿Y dejar todo esto? —preguntó Valentina.
—Sí.
—¡No!
Valentina tomó una de las fotografías de la pared.
—Esto es lo único que tengo de aquella noche.
Mateo la agarró del brazo.
—Valentina, tenemos que irnos.
—¡Suéltame!
Él la soltó inmediatamente.
—Está bien.
Valentina lo miró.
Durante un segundo, ambos quedaron en silencio.
Había algo en los ojos de Mateo.
Algo que ella no podía identificar.
Miedo.
Culpa.
¿O amor?
Valentina apartó la mirada.
—Vamos.
Salieron por la puerta trasera.
Corrieron varias calles hasta llegar a un pequeño parque.
Valentina se apoyó contra una pared, intentando recuperar el aire.
—¿Quién nos seguía?
Mateo miró hacia atrás.
—No lo sé.
Emilia negó con la cabeza.
—Yo sí.
Valentina la miró.
—¿Quién?
Emilia tardó unos segundos.
—Damián.
Valentina sintió que el corazón le daba un golpe.
—¿Damián?
—Sí.
—¿Por qué nos seguiría?
Emilia la miró directamente.
—Porque él sabe exactamente lo que pasó aquella noche.
Mientras tanto, Damián estaba sentado en su automóvil.
Miraba una vieja fotografía.
En ella aparecía Emilia.
Al lado estaba Valentina.
Y detrás de ellas...
él mismo.
Damián pasó los dedos por la fotografía.
—Perdóname.
Su celular vibró.
Un mensaje.
"Ya la encontró."
Damián respondió:
"¿Quién?"
La respuesta apareció:
"Emilia."
Damián cerró los ojos.
Después escribió:
"Entonces ya no hay tiempo."
Esa noche, Valentina volvió a casa.
No podía dormir.
Sacó la fotografía que había robado de la habitación.
La observó bajo la luz de su lámpara.
Había algo que no había visto antes.
En el fondo de la imagen había un espejo.
Y en el espejo se reflejaba una persona.
Valentina amplió la fotografía.
Una vez.
Otra vez.
Y otra.
Su corazón comenzó a acelerarse.
La persona del espejo era...
ella misma.
Pero llevaba algo diferente.
Un collar.
Un collar que Valentina nunca había tenido.
O eso creía.
Abrió el cajón de su mesa de noche.
Revolvió algunas cosas.
Y entonces encontró una pequeña caja.
Dentro había un collar.
El mismo de la fotografía.
Valentina dejó de respirar.
—¿Cómo...?
Debajo del collar había un papel doblado.
Lo abrió.
Solo tenía una frase:
"Si estás leyendo esto, significa que ya olvidaste."
Valentina sintió que las manos le temblaban.
Debajo había otra línea.
"No confíes en Damián."
Y debajo de esa...
"No confíes en Mateo."
Valentina se quedó mirando el papel.
Entonces apareció una tercera línea que nunca había esperado leer.
"Y sobre todo, no confíes en mí."
Valentina levantó lentamente la mirada.
—¿En mí...?
En ese momento, un recuerdo volvió.
No como un sueño.
No como una imagen borrosa.
Esta vez fue claro.
Ella estaba frente a un espejo.
Llevaba el collar.
Estaba llorando.
Y alguien estaba detrás de ella.
Valentina giraba lentamente.
Pero antes de poder ver su rostro...
La imagen desapareció.
Valentina cayó de rodillas.
—¿Quién eras...?
Su celular vibró.
Número desconocido.
Un solo mensaje.
"Ya recordaste la primera parte."
Valentina escribió:
"¿Qué primera parte?"
La respuesta llegó inmediatamente.
"La parte en la que tú fuiste quien empezó todo."
Valentina quedó completamente inmóvil.
Y por primera vez empezó a sospechar que quizá la pregunta nunca había sido:
¿Quién traicionó a Valentina?
Quizá la verdadera pregunta era...
¿Qué había hecho Valentina para que todos tuvieran tanto miedo de que recordara?