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Vientre En Alquiler: Un Hijo Para El Alfa.

Vientre En Alquiler: Un Hijo Para El Alfa.

Status: En proceso
Genre:Romance / Hombre lobo / Posesivo
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Cassandra López tiene veinticuatro años, una montaña de deudas sobre los hombros, unos padres jubilados a los que ayudar y un sueldo que apenas le alcanza para sobrevivir. Cada día es una lucha por llegar a fin de mes, hasta que una inesperada propuesta en una clínica de fertilidad pone su mundo patas arriba.

Un millón de dólares.

Esa es la cifra que le ofrecen por alquilar su vientre y gestar al hijo de un hombre que parece tenerlo todo: dinero, poder y un apellido capaz de hacer temblar a cualquiera. Un hombre tan apuesto como arrogante, tan misterioso como peligroso. Un Alfa acostumbrado a dar órdenes y conseguir siempre lo que desea.

Para Cassandra, aceptar parece la solución perfecta a todos sus problemas. Nueve meses a cambio de una fortuna. Un contrato, unas cuantas reglas y una promesa: no involucrarse emocionalmente.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

El choque de miradas duró solo un instante en el reloj, pero a Cassandra le pareció una eternidad congelada en el espacio. El tiempo pareció estirarse mientras el aura gélida e indomable de aquel hombre envolvía el vestíbulo. Damián desvió la vista con absoluta frialdad, como si ella no fuera más que un adorno insignificante en la sala, mientras la recepcionista se apresuraba a ponerse de pie, ajustando su postura con sumisión reverente.

—Señor Rossi, la doctora lo está esperando en el consultorio privado del último piso —anunció la empleada con una inclinación respetuosa, apresurándose a guiar a la pareja hacia el ascensor exclusivo de cristales ahumados.

Victoria caminó contoneándose con una gracia calculada sobre sus taconazos de aguja, enviando una mirada cargada de un desdén soberbio hacia las personas que aguardaban en la sala. Cassandra exhaló despacio el aire que había quedado atrapado en sus pulmones y obligó a sus ojos a regresar a la planilla de solicitud de empleo. Damián Rossi. El nombre resonó en su mente como un eco distante pero inconfundible. Lo había leído en titulares de periódicos financieros y portadas de revistas de negocios: la familia Rossi no solo poseía capital, sino que controlaba un imperio inmobiliario y bancario en toda la región. Un mundo de privilegios y decisiones frías, a años luz de su modesta existencia.

Media hora más tarde, la encargada de recursos humanos, una mujer de expresión cansada y voz ejecutiva, llamó a Cassandra a una pequeña oficina para una entrevista relámpago. A pesar de las cartas de recomendación impecables que Cassandra presentó de sus antiguos empleadores, la respuesta final fue la misma bofetada de siempre:

—El puesto para el turno de la tarde fue cubierto a primera hora de esta mañana, señorita López —dijo la mujer con una cortesía ensayada mientras archivaba la carpeta—. Dejaremos sus datos en nuestro banco de elegibles por si llega a surgir alguna vacante en los próximos meses.

Las palabras retumbaron en la cabeza de Cassandra como una sentencia. Sintió que el piso cedía bajo sus pies. Agradeció con un hilo de voz autómata, se puso de pie y caminó con el alma hecha pedazos hacia los sanitarios del primer piso. Necesitaba lavarse la cara, respirar aire que no estuviera contaminado por el olor a fracaso y recuperar el aliento antes de salir a la calle a enfrentar la realidad.

Apoyó ambas manos sobre el borde helado del lavamanos de mármol y levantó la vista hacia el espejo. El reflejo le devolvió la imagen de una mujer al borde del colapso: ojeras oscuras marcadas por noches enteras sin pegar ojo, la piel pálida por la mala alimentación y una angustia devoradora retratada en la mirada. Las matemáticas de su casa eran implacables; si no conseguía una suma sustancial de dinero antes de que terminara la semana, la orden de embargo se ejecutaría y sus padres terminarían en la calle.

En ese instante, el chasquido metálico de la puerta principal interrumpió sus pensamientos. Dos mujeres ingresaron al baño conversando en voz baja, con un tono lleno de complicidad y urgencia. Cassandra, buscando no ser vista ni resultar imprudente, retrocedió disimuladamente hacia la zona de los secadores de mano, quedando resguardada tras el muro divisional de los cubículos.

—...de verdad no puedo entender cómo te arriesgas a jugar con fuego de esta manera, Victoria —decía una de ellas, una mujer madura vestida con un traje sastre impecable—. Si Damián o el médico jefe de esta clínica llegan a descubrir que has estado ingiriendo esos anticonceptivos de alta dosis para alterar los paneles hormonales y simular una falla ovárica severa, te va a destruir. Te va a dejar en la calle sin un solo centavo.

Un chasquido de fastidio y una risa seca resonaron contra los azulejos. Era la voz inconfundible de la modelo.

—Damián no va a descubrir absolutamente nada, querida —respondió Victoria con una arrogancia venenosa mientras abría su cosmetiquera y se retocaba el labial rojo frente al espejo principal—. Los análisis de reserva ovárica que mandé a alterar con el laboratorio privado de mi amigo confirman que soy totalmente "estéril". Para Damián y para todo su linaje, mi cuerpo simplemente carece de la capacidad biológica para sostener un embarazo. Fin del drama.

—¿Y si él insiste en la maternidad subrogada? Conoces de sobra lo obsesionado que está ese hombre con asegurar un heredero para la corporación Rossi. No se va a quedar de brazos cruzados.

—¡Que busque a una cualquiera para que lleve a su engendro en el vientre! —escupió Victoria con un desprecio escalofriante—. Mientras yo no tenga que arruinar la firmeza de mi abdomen con estrías, ganar kilos asquerosos o congelar mi carrera en las pasarelas de Europa, me importa un bledo de dónde salga el bebé. Además, el contrato legal de vientre de alquiler será implacable: esa mujer firmará una renuncia total y absoluta de sus derechos antes de que el crío respire por primera vez. Cuando nazca, el bebé pasará a ser mío ante la sociedad, la prensa y la familia Rossi. Damián tendrá a su ansiado heredero y yo mantendré mi estatus, mi cuerpo y mi libertad intactos.

El corazón de Cassandra martilleaba contra sus costillas con tal violencia que temió que las mujeres escucharan los latidos desde su escondite. Se quedó inmóvil, conteniendo la respiración, sintiendo cómo el estómago se le revolvía ante la frialdad de aquella trampa. Victoria guardó el lápiz labial en su bolso de diseñador, se acomodó la melena frente al espejo con una sonrisa fría y abandonó el lugar junto a su acompañante sin reparar en la presencia de la joven.

Cassandra permaneció un par de minutos congelada antes de salir al pasillo. Las ideas giraban en su cabeza como un torbellino fuera de control. De camino hacia la puerta principal de salida, sus pasos se frenaron al divisar a la doctora principal de la clínica descendiendo del ascensor privado junto a Damián. El Alfa escuchaba con el rostro tenso, sombrío y las manos hundidas en los bolsillos de su pantalón de vestir.

—Lamento profundamente tener que confirmarle estos resultados, señor Rossi —explicaba la médica en voz baja, ajustándose las gafas con pesar—. Tal como le adelanté en el consultorio, la única alternativa médica viable para lograr un hijo con su carga genética es recurrir a una gestante sustituta. Sin embargo, el protocolo legal y de selección para encontrar a una candidata apta, con salud impecable, antecedentes limpios y absoluta discreción suele tomar varios meses...

—No dispongo de meses —la cortó Damián con un tono categórico, helado y sin margen de discusión—. Necesito iniciar la transferencia embrionaria este mismo mes. Disponga de la logística que sea necesaria y no escatime en recursos; cubriré cualquier cifra económica con tal de acelerar el proceso hoy mismo.

La especialista dejó escapar un suspiro de preocupación.

—El dinero no es el obstáculo en este caso, señor Rossi. El verdadero reto es dar con una mujer joven, completamente sana, libre de vicios, emocionalmente estable y dispuesta a someterse a un aislamiento estricto y a firmar una renuncia legal sin titubeos.

Cassandra se detuvo a escasos metros de la pareja. En una fracción de segundo, la imagen de la mesa de la cocina sepultada bajo las facturas de cobro, el llanto desesperado de su madre y las manos deformadas de su padre acudieron a su mente como un latigazo. La humillación, la vergüenza y el miedo que la paralizaban se evaporaron de golpe, consumidos por el fuego de una necesidad voraz.

Dando un paso decidido hacia el frente antes de que el Alfa continuara su marcha hacia la calle, Cassandra alzó la voz, clara y firme:

—Yo puedo hacerlo.

El tiempo pareció detenerse de nuevo. Damián se frenó en seco y giró sobre sus talones con una lentitud amenazante. Sus ojos oscuros, profundos y gélidos como la noche se clavaron en ella, recorriéndola de pies a cabeza en una evaluación clínica que parecía desnudar su alma y medir la fragilidad de sus ropas humildes.

—¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó el Alfa en un susurro grave, cargado de una autoridad que hizo vibrar el aire alrededor.

—Dije que yo puedo ser esa persona —sostuvo Cassandra, dando otro paso al frente. Aunque el pulso le temblaba, mantuvo la mirada clavada en la suya sin pestañear—. Estoy completamente sana, no tengo vicios, soy discreta y necesito el trabajo. Si lo que busca es a alguien dispuesta a llevar en su vientre a su hijo bajo sus condiciones... yo me ofrezco.

Damián la observó durante varios segundos en un silencio sepulcral. A su lado, la doctora abría los ojos de par en par, impactada por la audacia de la joven. El Alfa recortó la distancia entre ambos con dos pasos pausados y dominantes, hasta erigirse frente a ella como una sombra imponente. Un aroma masculino e intenso —una combinación de madera fina, cuero y aire de tormenta— envolvió los sentidos de Cassandra, obligándola a tragar saliva.

—Esto no es un trabajo de limpieza, señorita. No se trata de fregar pisos ni de cumplir un horario de oficina —dijo Damián con una voz baja, peligrosa, inclinándose apenas hacia ella para que cada palabra calara en su hueso—. Firmará un acuerdo leonino, vivirá bajo mi absoluto control durante nueve meses, someterá su cuerpo a mis médicos y renunciará a cualquier lazo o derecho sobre esa criatura en el segundo exacto en que nazca. ¿Tiene la menor idea de lo que implica vender su libertad de esa manera?

—Sé perfectamente lo que implica —aseguró Cassandra, apretando los puños para ocultar el temblor de sus manos y dominando el nudo de su garganta—. Solo ponga el precio, las reglas y las cláusulas.

Un destello calculador y frío cruzó por las pupilas del Alfa.

—Un millón de dólares —soltó Damián sin pestañear, como quien pronuncia una cifra insignificante—. Quinientos mil dólares en el instante en que la prueba de ultrasonido confirme la implantación del embrión, y el resto tras la entrega formal del recién nacido. A cambio, exijo obediencia ciega, lealtad absoluta y cero involucramiento emocional. Si derrama una sola lágrima o intenta desarrollar un apego, el trato se rompe.

A Cassandra se le congeló el aliento en los labios. Con esa suma de dinero no solo detendría el embargo de la casa, sino que les otorgaría a sus padres una vejez tranquila, atención médica de calidad y la dignidad que la vida les había arrebatado.

—Acepto —respondió sin que le temblara la voz.

Damián dibujó una leve, fría y sombría curva en la comisura de sus labios; una sonrisa que no denotaba calidez, sino la firma de una sentencia de la que no habría retorno.

—Acompañe a la doctora inmediatamente para los exámenes de sangre y perfil genético —ordenó el Alfa, acomodándose las mancuernillas del saco con elegancia impecable—. Si su cuerpo resulta tan apto como su audacia, mi abogado le entregará el contrato final mañana al amanecer. Señorita...

—López. Cassandra López.

—Bienvenida a mi vida, señorita López —sentenció el Alfa, dándole la espalda para caminar hacia la salida—. Procure no arrepentirse cuando descubra el verdadero peso de lo que acaba de vender.

1
Celia Morales
no debió callar ahora está ella y sus padres en peligro en cualquier momento la víbora puede morderle
Chimera👑
🤭🤭🤭🤭 que cómico él
Chimera👑
esto será un tira y encoje verás ella no quería ser madre pero va a joder bastante
Chimera👑
jajajajajjaja ella ni lo pensó. yo tampoco lo pensaría nada 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Chimera👑
me encanta nunca había leído una historia así, por favor autora presenta a los personajes me muero por ver a Damián 🥰🥰😍😍🥰
Milagros Suarez
Hasta Ami me ha dolido está confusión que tuvo Damián en el momento menos oportuno caray
Cassandra yo también 😭😭
Gracias Dalia excelente historia
Bendiciones
Javier carrasco
Pero creo también que los padres son muy viejos y ella tiene 24 años no lo sé
Javier carrasco
Damian ya está enamorado eso desde el día uno jejejejejeje
Javier carrasco
A mi me hace gracia. Ella no quiere que ninguna mujer se le acerque y se enoja pero porque no le dio el hijo ella. Por dios que mujer tan idiota
Javier carrasco
Yo creo que por los deseos de ser padre y tal vez sentirse amado entonces ella le pudo haber gustado todo es posible
Javier carrasco
Es verdad es muy buena
Javier carrasco
Excelente novela. Espero que pasen más cosas interesantes
Nadia Leonila Borjas Borjas
querida autora la espera me tiene loca deseo de corazón que ya estén juntos los padres 🙏
FGallito
Hay que nervios.... No puedo esperar a que nos hagan la revelación de sexo🥰🥰🥰🥰
Yuriela Molina
Ufff demasiado buena, cada capítulo es más emocionante que el otro
Rosangela Evangrla
Yo creo que ese matrimonio es por conveniencia o tal vez ellos se querían pero como ella no le pudo dar el hijo que el quería entonces la relación se deterioró
Rosangela Evangrla
Estuve leyendo. En algunas de tus historias te preguntan lo mismo. La gente que no lee, no puede entender. Cada autora le da a su historia una manera diferente en cuanto al embarazo. Ella es humana y el es Alfa. Los embarazos solo duran 3 meses cuando se trata de omega y alfa. O sea omegaverse. Esto es diferente
Javier carrasco: Tampoco pueden darse cuenta y separar la realidad de la ficción. O sea. 🙄🥴
total 2 replies
Milagros Suarez
Victoria que pena con tigo, pero creo que ese lugar nunca te ha pertenecido y ahora menos
Para tu veneno acá encontrarás el antídoto, me encanta porque Cassandra no se deja 👏👏 Gracias Dalia bendiciones 🙏🙏🙏
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Jhon Salazar
lo siento pero a él le gustó 3lla en cuanto la.vio en la clínica
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