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Renacida Como La Capitana Rival

Renacida Como La Capitana Rival

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Tras ser traicionada por su mejor amiga y su entrenador, la prodigiosa animadora Emma es asesinada. Al renacer dos años antes, se une al equipo rival para reconstruirlo y reunir pruebas con las que desenmascarar a quienes la destruyeron.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Nuevos comienzos

Los días que siguieron fueron una mezcla extraña de silencio y ruido. El escándalo de Westford dominó las noticias durante semanas: el entrenador Márquez fue imputado por fraude, corrupción y manipulación deportiva; los patrocinadores se retiraron en masa; el equipo fue desmantelado y su nombre borrado de los registros oficiales. Lila entregó todo lo que tenía, colaboró con cada investigación, y asumió la responsabilidad de sus actos sin poner excusas. No fue absuelta, claro. Las consecuencias llegaron: inhabilitación deportiva, servicio comunitario, y un proceso legal que la mantendría vinculada al caso durante años. Pero también, por primera vez en mucho tiempo, caminaba sin peso sobre los hombros.

Pasó un mes entero antes de que pudiera verla. La recibí en la pequeña sala de espera del centro de orientación donde debía presentarse cada semana. Cuando entró, no llevaba uniforme ni maquillaje exagerado. Llevaba ropa sencilla, el cabello suelto, y una expresión tranquila, casi serena. Al verme, se detuvo un instante, como si temiera que no quisiera hablarle, y luego se acercó despacio.

—Gracias por venir —dijo, con voz suave—. No estaba segura de que lo harías.

—Dije que vendría —respondí, poniéndome de pie—. Y cumplo mi palabra.

Nos sentamos en dos sillas cerca de la ventana, con un espacio entre nosotras, el mismo que dejamos aquella noche en el parque, pero sin la tensión de entonces. El sol entraba suave, iluminando el polvo que bailaba en el aire.

—Todo está cambiando —empezó ella, mirando sus manos—. La escuela me dio la oportunidad de terminar el año a distancia. Mi madre y yo nos mudaremos a la ciudad de mi tía, lejos de aquí. Lejos de todo esto. Es lo mejor. Para todos.

—¿Estás bien? —le pregunté, no sabiendo muy bien qué más decir.

—No bien del todo —admitió—. Pero tampoco mal. Es extraño: perdí todo lo que creía importante. El equipo, el estatus, la admiración de la gente. Pero recuperé algo que no sabía que había perdido: la capacidad de mirarme al espejo sin sentir asco. Duele, sí. Cada día me arrepiento de lo que hice, de lo que te hice a ti. Pero no cambiaría lo que hice en el escenario. Fue la única cosa correcta que hice en años.

—Lila —dije, buscando las palabras justas—, no voy a decirte que todo está perdonado. No es tan fácil. Pero entiendo. Entiendo el miedo, la presión, la confusión. Y valoro mucho que hayas tenido el valor de decir la verdad. Eso cuenta. Mucho.

Asintió, con los ojos brillantes, pero sin llorar.

—Es suficiente. Por ahora, es suficiente. Y tú… ¿cómo está el equipo? ¿Cómo estás tú?

—Bien —sonreí, y fue una sonrisa sincera—. Nos reconocieron como equipo oficial. La competición se repetirá el próximo mes, y esta vez, sin trampas, sin miedo. No nos dieron el trofeo por defecto. Nos dieron lo que nos ganamos: la oportunidad de competir de verdad. Y yo… dejé de preguntarme por qué pasaron las cosas. Ahora me pregunto qué voy a hacer con lo que aprendí. Y eso me da paz.

Hablamos un rato más, de cosas sencillas, de los lugares que quería visitar, de lo que le gustaría estudiar cuando pudiera retomar sus estudios. No hubo grandes disculpas ni promesas de amistad inmediata. Solo dos personas que habían caminado por lados opuestos de un mismo abismo y ahora se encontraban al otro lado, sobre terreno firme, aunque separadas.

Al despedirnos, se detuvo en la puerta y se giró hacia mí.

—Emma… gracias. Por no rendirte conmigo. Aunque yo me lo merecía.

—Todos merecemos una oportunidad —le dije—. Tú misma te la diste. Aprovéchala.

Se marchó, y me quedé un momento mirando cómo se alejaba. No sentí tristeza ni alegría desbordada. Sentí cierre. El capítulo de la traición, del miedo, de la rivalidad mortal, se había cerrado. Y aunque dejaría cicatrices, no me definiría.

Regresé al gimnasio, donde el equipo entrenaba. Al entrar, el sonido de los pasos sincronizados, de las risas entre ejercicios, me recibió como un abrazo. Zoe, Mara y Lucas se giraron al verme y me hicieron un gesto para que me uniera. No había nadie que nos vigilara, nadie que nos amenazara, nadie que nos obligara a competir por algo que no amábamos. Solo nosotras, la música, y el futuro abierto.

—¿Cómo estuvo? —preguntó Mara, acercándose con cuidado.

—Bien —asentí—. Fue un adiós. Y un comienzo.

—¿Estás lista para empezar de verdad? —me preguntó Zoe, poniéndome un pompón en la mano.

—Más lista que nunca —respondí.

Empezamos la rutina. No era perfecta, todavía nos equivocábamos en algunos giros, nos reíamos cuando alguien tropezaba. Pero cada movimiento era nuestro. Cada salto era una elección libre. Cada paso nos acercaba a algo que habíamos construido nosotras mismas, sin trampas, sin deudas, sin sombras.

Esa noche, al llegar a casa, saqué la carpeta con todas las pruebas. Las leí una última vez, y luego las guardé en una caja, en el fondo de mi armario. No las necesitaba más. La verdad ya estaba en el mundo, y no necesitaba seguir cargándola. Guardé solo una hoja: la nota que Lila me había enviado la noche anterior, con la última frase: «Ya es demasiado tarde.» Le escribí debajo, con tinta negra: «Nunca es demasiado tarde para elegir bien.»

Me senté frente a la ventana, mirando las estrellas que brillaban con más claridad que nunca. Pensé en la chica que murió dos años atrás, empujada por la ambición y el miedo. Pensé en la chica que renació con fuego en los ojos y un solo propósito: venganza. Pensé en la chica que era ahora, que había aprendido que la venganza no llena el vacío, que el poder sin bondad se vuelve contra quien lo ejerce, y que la verdad, aunque duela decirla, es la única cosa que realmente nos hace libres.

No sabía qué nos deparaba el futuro. Habría competiciones difíciles, retos, días grises. Pero ahora sabía algo que no sabía antes: no necesitaba ser la mejor para ser valiosa. No necesitaba ganar para tener valor. Solo necesitaba ser yo, fiel a lo que creía, y rodearme de personas que caminaran a mi lado, no detrás ni delante, sino junto a mí. Y eso era más que suficiente.

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Patty Molina
sin jóvenes,no entiendo por qué los papás no aparecen ellos deberían apoyarlos o los profesores, solos no pueden
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: los papás la apoyan, más no intervienen, porque la que busca justicia y venganza es la protagonista
total 1 replies
Eliana Angulo
te felicito 👏🏽👏🏽
Eliana Angulo
muy interesante, te felicito 👏
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