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A Los 42, Me Enamoré De Un Stripper

A Los 42, Me Enamoré De Un Stripper

Status: En proceso
Genre:Diferencia de edad / Amor en la madurez / Romance
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Darianrb

Claudia tiene 42 años, un matrimonio vacío y un bar de barrio que apenas sobrevive. El día que descubre que su marido la engaña, un joven se presenta por error a una entrevista de trabajo... para stripper, no para mozo. Lo que empieza como un malentendido incómodo termina convirtiéndose en la decisión que le cambia la vida: contratarlo para revivir su negocio.

NovelToon tiene autorización de Darianrb para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ensayo general

Se paró frente al espejo del baño con el delineador en la mano y se dio cuenta, recién ahí, de que hacía años que no se maquillaba para nada que no fuera un cumpleaños ajeno o una obligación social.

Se tomó su tiempo. Se ondeó el pelo con la planchita que tenía guardada en el fondo de un cajón, se puso los tacos que había comprado hacía dos veranos y nunca había estrenado, y dudó un largo minuto frente al placard antes de decidirse por la minifalda que Fabián, en su momento, le había dicho que "ya no era edad" para usar.

Se miró al espejo una última vez antes de salir del baño y sintió algo que hacía mucho no sentía al mirarse: le gustó lo que vio.

No terminó de cruzar el pasillo cuando escuchó la voz de Fabián detrás suyo.

—¿A dónde vas así?

Se dio vuelta. Él estaba parado en la puerta del living, todavía en pijama pese a que ya era mediodía, con esa cara de sorpresa que a Claudia se le hizo casi ofensiva: como si la posibilidad de que ella se arreglara para algo fuera, en sí misma, una anomalía.

No había abierto la ferretería esa mañana, algo rarísimo en él, que en veinte años nunca había faltado un solo día a su propio negocio, ni siquiera enfermo. Claudia sospechaba que la excusa del inventario que le había dado la noche anterior tenía más que ver con querer vigilarla de cerca.

—Al bar —respondió ella, simplemente, buscando la cartera sobre la mesa—. Tengo que ver un ensayo, estoy haciendo cambios.

—Te pones perfume para ir a un "ensayo". —No era una pregunta, sino una acusación—. ¿Con quién te vas a encontrar en realidad, Claudia?

—Voy a trabajar en lo único que tengo, mi negocio, Fabián. —Sostuvo la mirada, sin dar un paso atrás—. Voy a laburar, como todos los días.

—No te creo nada. —La voz de Fabián subió de tono, esa mezcla de indignación y pánico que a Claudia ya le resultaba conocida—. Te arreglás así para ir a "laburar" a un bar vacío un martes al mediodía, ¿y pretendés que no sospechen nada? No sé ni quién es esa gente que contrataste, Claudia.

—Alguna de esa gente, es por ejemplo Eric. ¿ves como yo no te oculto nada? Somos muy diferentes—dijo ella, sin poder evitar cierta satisfacción—. Y no, no es por él tampoco, aunque no tengo idea de qué tiene que ver.

—Lo que sea. —Fabián hizo un gesto con la mano, como espantando la corrección—. No me cambies de tema.

—Pretendo que confíes en mí, aunque sea una vez. —Claudia se colgó la cartera del hombro, ya con la mano en el picaporte—. Pero la verdad, Fabián, ya no me importa demasiado si me creés o no.

—¿Qué se supone que significa eso?

Claudia se quedó un segundo callada, midiendo si valía la pena decirlo ahí, en el pasillo, a mitad de una discusión que no había elegido tener. Decidió que sí.

—Significa que estoy pensando en serio en irme. No en "unos días a ver qué pasa". Irme, Fabián. De verdad.

La cara de Fabián se descompuso de una manera que, en otro momento, quizás la hubiera conmovido.

—Vos no podés estar hablando en serio, cielo...

—Estoy cansada Fabián. Muy cansada. Y quiero vivir, no fingir algo que no existe más. —Abrió la puerta, sintiendo el aire de la calle contra la cara, una especie de alivio anticipado

...----------------...

Eric ya estaba ahí cuando Claudia entró, sentado en el borde de la tarima, con el teléfono conectado a un parlante portátil y una carpeta con anotaciones a mano. Levantó la vista al escuchar la puerta, y algo en su expresión cambió apenas la vio.

—Uh. Mirá vos. —Se puso de pie, con una sonrisa lenta que a Claudia le subió la temperatura de la cara antes de que él dijera una palabra más—. Si llego a saber que venías así vestida, ensayo con corbata.

—Es solo para el ensayo —dijo Claudia, sintiendo que se le encendían las mejillas, buscando desesperadamente algo que hacer con las manos—. No es nada especial.

—Ajá. —Eric no le creyó ni por un segundo, a juzgar por la ceja levantada, pero tuvo la decencia de no insistir más de la cuenta—. Bueno, ya que estás tan elegante, sentate ahí, jueza. Necesito tu ojo crítico.

Claudia se sentó en una de las mesas cercanas, con una libreta propia, la misma de las entrevistas, todavía con las notas tachadas de "mozo" en la primera página, y le hizo un gesto con la cabeza para que empezara, agradecida de tener por fin algo que la distrajera de lo colorada que sabía que seguía estando.

—¿Trajiste apuntes? —preguntó, señalando la carpeta, buscando volver a un terreno más seguro.

—Estudié teatro tres años, Claudia. —Eric levantó la vista, con media sonrisa—. Esto también es un oficio, aunque no lo parezca. Solo que con más erotismo.

Ella sintió una punzada de vergüenza por el prejuicio, aunque no lo dijo en voz alta.

Eric puso la música. Al principio caminó el espacio, midiendo distancias, marcando mentalmente dónde estaría cada mesa la noche del show, cuánto lugar tendría para moverse sin chocar con nadie.

Después empezó a bailar, más lento que en las funciones reales, deteniéndose cada tanto para corregir un giro, para preguntarle a Claudia si desde su lugar se veía bien, si el ángulo funcionaba, si el momento en que se sacaba la camisa quedaba demasiado apurado o demasiado largo.

Claudia se descubrió siguiendo cada movimiento con una atención que no tenía absolutamente nada de profesional. El pantalón, ajustado, no dejaba demasiado a la imaginación cada vez que él giraba las caderas al ritmo de la música, y ella sintió que los ojos se le iban solos hacia ahí, sin permiso, cada vez que intentaba mirarlo a la cara.

Cuando se dio vuelta para marcar el giro que ella misma le había corregido, la vista se le fue derecho a esas nalgas duras que se tensaban con cada paso, y tuvo que morderse el labio para no dejar escapar ningún sonido que la delatara.

'Sos boluda', se dijo, sin poder despegar la mirada ni un segundo. Tenés cuarenta y dos años, no dieciséis. Pero el cuerpo, una vez más, no le hacía ningún caso a la cabeza.

—Necesito que me digas la verdad —le pidió, parado frente a ella, todavía con la camisa a medio abotonar—. No la versión amable. La real. Si algo no funciona, decímelo.

Claudia tragó saliva. La honestidad tan bruta, el no mentir que él exigía, era todo lo que la representaba, todo lo que Fabián no era. Y tener que mirarlo de cerca, evaluarlo con ojo profesional, fingiendo una objetividad que estaba muy lejos de sentir, le resultaba difícil.

—El giro de acá —dijo, señalando un punto imaginario en el aire—, cuando te das vuelta hacia la barra. Se pierde. Desde las mesas del fondo no se ve nada, tapa la columna.

Eric frunció el ceño, pensativo, y probó el movimiento de nuevo, esta vez girando hacia el otro lado.

—¿Así?

—Mejor. —Claudia asintió, anotando algo en la libreta que en realidad no decía nada, solo para tener las manos ocupadas en algo que no fuera mirarlo—. Mucho mejor.

Él sonrió, satisfecho, y volvió a empezar la coreografía desde el principio. Mientras se movía, mientras el sudor le empezaba a marcar la espalda bajo la camisa a medio abrir, algo en su cabeza —algo que no tenía nada que ver con la coreografía— seguía dando vueltas desde hacía días.

Es raro, pensó Eric, sin dejar de moverse, sin perder el ritmo pese a que la cabeza se le iba por otro lado. Con las otras chicas del local, cuando bailo, no me importa una mierda si les gusta o no, si me miran o no. Es trabajo. Pero acá... Miró de reojo a Claudia, concentrada en la libreta, con esa arruga entre las cejas que se le formaba cuando fingía estar más seria de lo que estaba, acá me importa. Me importa demasiado si a ella le gusta.

No sabía bien qué hacer con ese pensamiento, así que hizo lo que sabía hacer mejor: siguió bailando, y se dijo a sí mismo, claro, es mi jefa, como si repetirlo alcanzara para que fuera verdad.

—¿Y esto? —preguntó, deteniéndose frente a ella con las manos en la hebilla del cinturón, mirándola directo a los ojos, como desafiándola a que le sostuviera la mirada—. ¿Muy rápido? ¿Muy lento?

Claudia sintió que el aire del bar, que hasta hacía un segundo le había parecido perfectamente normal, de golpe pesaba distinto.

—Está... —empezó, y la voz le salió con una grieta que no pudo disimular a tiempo—. Está bien así.

Eric no dijo nada. Pero la sonrisa que se le dibujó, lenta, mientras volvía a la música, le dijo a Claudia que no le había creído ni una palabra.

La persiana se levantó de golpe, con ese chirrido horrible, y por ella entró Marisa, su amiga de toda la vida, con una bolsa del supermercado en cada mano y el paso de quien pasaba a saludar sin avisar, como hacía siempre.

—Clau, te traje los tomates que me pedís... —La frase se le cortó en la boca apenas levantó la vista.

Ahí, en el medio del salón, con la camisa todavía abierta y el cuerpo brillante de sudor por el ensayo, Eric se había quedado congelado a mitad de un giro, mirando hacia la puerta.

—Pero... ¿qué le pasó a tu bar? —preguntó Marisa, sin despegar los ojos de él, con las bolsas colgando olvidadas de las manos—. Clau, ¿quién es este muchacho? ¿Y por qué estás vos vestida así?

Claudia sintió que la cara le ardía. Sin pensarlo, dio dos pasos rápidos y se plantó casi delante de Eric, como si con el cuerpo pudiera taparlo, como si eso fuera a servir de algo a esa altura.

—Es el nuevo empleado —dijo, con una voz que le salió más aguda de lo que hubiera querido—. Estamos ensayando un show para el bar.

—Ajá. —Marisa seguía sin moverse de la puerta, con una sonrisa que se le agrandaba de a poco—. Un show. Claro.

—Marisa. No me jodas.

—No dije nada. —Se rió, por fin caminando hacia la barra a dejar las bolsas, sin dejar de mirar de reojo hacia la tarima—. Pero mejor guardame una entrada para el estreno, ¿eh? Que yo también quiero ver bien ese "show".

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Gaby❤️
manda esa carta, si lo entiende bien y sino también, la vida sigue!!
Betty Saavedra Alvarado
Clau deja que Erick te busque ya vendrá un nuevo amor
Ro
🤣se pasa de tonta
Betty Saavedra Alvarado
Bueno que estos superen a Erick en su baile
Gaby❤️
Epa, que buena propuesta 👏🏻👏🏻👏🏻
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆
por eso no es bueno mezclar trabajo con placer, porque nada sale bien
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆
ya cayó Claudia, que se aliste para otro sufrimiento
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆
Claudia hay no es... Erick no es para tí
Gaby❤️
A vivir Claudia!! todo sigue, vos también!!. me encantó este capítulo ❤️
Betty Saavedra Alvarado
Hay que continuar la vida no se detiene fuerza Claudia Meli volvió no será fácil ella también la engaño Fabián
Claudia Marcela Casas
gran error para construir no hay que mentir
Betty Saavedra Alvarado
Clau cometiste un error ya es tarde ahora a dejar que vel tiempo pase el sana heridas Si Erick vuelve entonces te ama
Gaby❤️
necesitan tiempo los dos, si en verdad se aman, hablarán.
Gaby❤️
Muy buena novela!! La recomiendo!!
Gaby❤️
que mala no me podes dejar esperando así😱😱😱😱
Gaby❤️: gracias por esta novela, estoy súper enganchada❤️
total 2 replies
Gaby❤️
Que feo sonó eso, creo que te vas arrepentir, que desepcion 🥺
Gaby❤️
Disfrútalo hasta que se vaya, deja los mejores recuerdos ❤️
Betty Saavedra Alvarado
Claudia error tenías que haber entregado el sobre Erick está molesto contigo es su futuro no debes ser egoísta
Betty Saavedra Alvarado
Clau te estás quedando sola se fue Melina Luz pronto se irá Erik es su. trabajo y sueño no le puedes cortar las alas estás enamorada déjalo que vuele
Veronica Albarracin
Me encanta tu novela autora pero claudia no puede r eric se quede es el sueño de el irse. Pobre claudia q irá hcer😭👏👏👏👏👏🇺🇾🌺
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