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Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

romántica

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

cuando el corazón ya había elegido

Fernanda llegó a su casa con la cabeza llena de pensamientos.

Dejó las cosas en su lugar, ayudó a su hijo y comenzó a preparar la comida como lo hacía todos los días. Intentaba concentrarse en las tareas que tenía pendientes, pero era imposible.

No podía dejar de pensar en Andrés.

En aquellos dos besos.

En la forma en que él la había mirado.

En sus palabras.

Y, sobre todo, en lo que ella había sentido.

Aquellos besos habían cambiado completamente la manera en que veía su relación con Pedro.

Durante años había pensado que lo que tenía con Pedro era simplemente parte de su vida. Había aprendido a acostumbrarse a muchas cosas, a callar otras y a continuar adelante por su hijo y por todo lo que habían construido juntos.

Pero ahora se daba cuenta de que dentro de ella había algo que llevaba mucho tiempo apagado.

Y Andrés había conseguido despertar una parte de Fernanda que ella creía perdida.

Estaba enamorada de él.

Ya no podía negarlo.

Pero aquella certeza también le provocaba miedo.

¿Cómo podía comenzar una relación con Andrés cuando su relación con Pedro todavía existía?

¿Cómo podía decirle a Pedro que ya no sentía lo mismo después de tantos años?

Y había algo más que la confundía todavía más.

A pesar de todo lo que había ocurrido últimamente, Fernanda no podía olvidar que Pedro había estado a su lado durante una de las etapas más difíciles de su vida.

En aquel momento él la había apoyado.

Había estado presente.

La había ayudado económicamente y también emocionalmente.

El hombre que había conocido años atrás era diferente.

Por eso, aunque ya no sentía amor por Pedro, sí sentía agradecimiento.

Y el agradecimiento también podía ser difícil de dejar atrás.

Fernanda terminó de preparar la comida y trató de continuar con su rutina.

Cuando Pedro llegó del trabajo, ella actuó con normalidad.

No quería discutir.

No quería que él sospechara nada.

Su hijo estaba en casa y necesitaba tranquilidad.

Después de la cena, Fernanda ayudó a su hijo con las tareas.

Se sentó a su lado, revisó sus cuadernos y lo ayudó con lo que no entendía.

Más tarde, cuando su hijo terminó, Fernanda continuó con sus propios estudios.

Encendió su teléfono y se concentró en sus clases.

Intentaba demostrarle a su mente que todavía tenía otras cosas importantes en las que pensar.

Pero de vez en cuando miraba la pantalla.

Esperaba un mensaje.

Esperaba ver el nombre de Andrés.

Y cada vez que el teléfono no vibraba, sentía una pequeña decepción.

Finalmente llegó la noche.

Fernanda se acostó.

Pedro estaba cerca, pero ella sentía una distancia enorme entre ambos.

Se quedó mirando el techo durante varios minutos.

Pensó en el beso.

Pensó en Andrés.

Pensó en su hijo.

Y después pensó en todo lo que tendría que enfrentar si algún día decidía terminar su relación con Pedro.

No era sencillo.

No podía levantarse una mañana y desaparecer.

Tenía una vida que organizar.

Una familia.

Un hogar.

Y muchas cosas que resolver.

Fernanda tomó el teléfono.

Abrió la conversación con Andrés.

Miró su nombre durante unos segundos.

Finalmente, entró en la configuración de la conversación y activó la opción para restringir los mensajes.

No porque hubiera dejado de sentir algo por él.

Todo lo contrario.

Lo hizo porque tenía miedo.

Miedo de que Pedro viera una notificación.

Miedo de que alguien descubriera aquellos mensajes.

Miedo de que su vida se convirtiera todavía más rápido en un caos.

Después de restringir la conversación, dejó el teléfono sobre la mesa de noche.

Respiró profundamente.

—¿Qué estoy haciendo? —se preguntó en voz baja.

Cerró los ojos.

Pero no podía dormir.

Porque aunque había silenciado los mensajes de Andrés, no podía silenciar sus propios pensamientos.

Seguía escuchando su voz.

Seguía recordando su mirada.

Seguía sintiendo aquellos besos.

Y seguía preguntándose qué habría pasado si lo hubiera conocido en otro momento.

En otra vida.

Sin Pedro.

Sin problemas.

Sin miedo.

Tal vez entonces todo habría sido más sencillo.

Pero la realidad era diferente.

Andrés había aparecido cuando Fernanda estaba intentando reconstruirse.

Y ahora tenía que decidir si aquel sentimiento era el comienzo de algo nuevo o solamente una señal de que su vida necesitaba cambiar.

Al otro lado del pueblo, Andrés miró su teléfono.

No había recibido respuesta.

Escribió un mensaje.

“Buenas noches, Fernanda. Espero que estés bien.”

Lo envió.

Pero no recibió ninguna respuesta.

Pasaron unos minutos.

Después una hora.

Andrés miró nuevamente la pantalla.

Pensó en llamarla, pero decidió no hacerlo.

Había prometido no presionarla.

Mientras tanto, Fernanda permanecía despierta.

Miró una última vez el teléfono.

Sabía que había restringido los mensajes, pero también sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a sus sentimientos.

Porque podía esconder una conversación.

Podía borrar mensajes.

Podía evitar que su teléfono sonara.

Pero no podía borrar lo que sentía.

Y esa noche comprendió algo que le dio todavía más miedo:

El problema ya no era decidir si estaba enamorada de Andrés.

Eso lo sabía.

El verdadero problema era decidir qué iba a hacer con ese amor.

1
Lidia Morales
Me encantó tu novela
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