NovelToon NovelToon
Votos De Sangre

Votos De Sangre

Status: En proceso
Genre:Matrimonio entre clanes / Polos opuestos enfrentados / Mujer poderosa
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: vasitos de veneno

Misaki Kuroda tiene demasiadas razones para odiar a los De Luca.
Hija del líder de una poderosa familia de la Yakuza, fue criada para no mostrar debilidad. Pero cuando un De Luca destruyó la vida que había imaginado para sí misma, Misaki respondió de la única manera que conocía: con sangre.
Dante De Luca no la culpa. Conocía demasiado bien a su hermano y sabe que Misaki tenía motivos para hacer lo que hizo. Pero comprenderla no significa que quiera convertirla en su esposa.
Para poner fin a años de enfrentamientos, los Kuroda y los De Luca sellan la paz mediante un matrimonio.
Misaki deberá casarse con un hombre cuyo apellido representa todo lo que perdió. Dante deberá compartir su vida con una mujer que tiene razones suficientes para odiar a toda su familia.
No habrá amor. No se espera perdón.
Pero el verdadero peligro comenzará cuando Dante deje de ser para Misaki simplemente un De Luca.
Porque hay sentimientos que ni el odio, ni la sangre, ni una familia pueden controlar.

NovelToon tiene autorización de vasitos de veneno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

Dante llegó a su casa pasada la medianoche.

La casa estaba prácticamente en silencio.

Dejó las llaves sobre una mesa de la entrada y se quitó el saco mientras avanzaba por el pasillo.

Por un momento pensó en subir directamente a su habitación.

Había sido un día largo.

Una reunión.

Negociaciones.

Misaki.

Una cena que había resultado bastante más agotadora de lo que debería ser sentarse frente a una mujer durante dos horas.

Y Kagawa.

Por supuesto.

Siempre Kagawa.

Dante cambió de dirección.

Entró en su estudio y encendió una de las lámparas.

La luz tenue iluminó el escritorio, los estantes oscuros y los ventanales desde los que podía verse Nueva York extendiéndose debajo.

Dejó el saco sobre el respaldo de una silla.

Entonces las vio.

Sobre el escritorio todavía estaban las fotografías que el joyero de la familia le había enviado aquella tarde.

Dante se acercó.

Las había olvidado allí.

Diamantes.

Esmeraldas.

Zafiros.

Rubíes.

Piezas que no aparecían en vitrinas y que probablemente nunca lo harían. Joyas reservadas para clientes que no preguntaban cuánto costaban antes de comprarlas.

Dante había descartado casi todas.

Una demasiado delicada.

Otra demasiado llamativa.

Una tercera le había parecido vulgar.

Había terminado eligiendo el collar de rubíes.

Tomó la fotografía de la pieza.

La observó unos segundos.

Había pensado que le quedaría bien.

Ese había sido el problema.

No había elegido simplemente una joya costosa para cumplir con lo que su padre le había pedido.

Había pensado en ella.

En su piel.

En el cabello negro.

En cómo el rojo destacaría sobre ella.

Había elegido específicamente aquel collar porque había imaginado cómo se vería Misaki llevándolo.

Dante dejó caer la fotografía sobre el escritorio.

—Qué estupidez.

Después de todo aquel tiempo eligiéndolo, Misaki había abierto la caja, lo había mirado y prácticamente había dicho que no le gustaba.

Peor.

Se lo había olvidado en el automóvil.

Dante soltó una risa seca.

Una cantidad obscena de dinero abandonada sobre un asiento como si fuera un recibo viejo.

Y después había aparecido él.

Hiroshi Kagawa.

Puede entregármelo a mí, señor De Luca.

Dante apretó la mandíbula.

—Claro que sí.

Se sirvió un vaso de agua y se apoyó contra el escritorio.

No entendía por qué aquel hombre comenzaba a irritarlo tanto.

Bueno.

Sí lo entendía.

Estaba en todas partes.

Manejaba sus llamadas.

Su agenda.

Sus negocios.

Sus desplazamientos.

Sabía dónde estaba.

Sabía adónde iba.

Sabía cuándo necesitaba algo incluso antes de que Misaki se lo pidiera.

Y Misaki confiaba en él lo suficiente como para entregarle absolutamente todo sin hacer preguntas.

Hiroshi se ocupa de muchas cosas.

Dante bebió.

—Demasiadas.

Dejó el vaso.

Entonces recordó la cena.

La maldita ensalada.

Dante frunció el ceño.

Había llevado a aquella mujer a uno de los mejores restaurantes de Nueva York y Misaki había comido como si la estuvieran castigando.

Ni siquiera había terminado el plato.

Había rechazado la pasta sin probarla.

No.

Así.

Seco.

Inmediato.

Como rechazaba prácticamente todo lo que venía de él.

Dante se pasó una mano por el cabello.

Seguro que si Kagawa aparecía con un plato de pasta entre las manos, se lo comía entero.

La idea surgió tan rápido que lo irritó.

—Qué tonteria.

Caminó hacia el ventanal.

No tenía absolutamente ningún sentido.

Misaki podía comer lo que quisiera.

Con quien quisiera.

No era asunto suyo.

Todavía ni siquiera estaban casados.

Y cuando lo estuvieran...

Dante se quedó quieto.

Cuando estuvieran casados.

Kagawa seguiría allí.

Por supuesto que seguiría allí.

Dante cerró los ojos un instante.

Se imaginó la escena.

Despertarse y encontrar a Hiroshi esperando fuera.

Desayuno.

Hiroshi.

Reuniones.

Hiroshi.

Viajes.

Hiroshi.

Llamadas.

Hiroshi.

Su casa.

Dante abrió los ojos.

No.

Su casa no.

Se volvió hacia el escritorio.

—Ese infeliz no va a vivir conmigo.

Nadie respondió.

Dante se quedó mirando la habitación vacía.

—Estoy hablando solo.

Fantástico.

Misaki Kuroda había conseguido que hablara solo después de una cena.

Volvió a tomar el vaso.

Pero el pensamiento continuó.

¿Qué iba a ocurrir cuando se casaran?

¿Kagawa tendría una habitación en su casa?

¿Entraría cuando quisiera?

¿Acompañaría a Misaki a todas partes?

¿Seguiría respondiendo su teléfono?

¿Dante tendría que llamar a otro hombre cada vez que quisiera hablar con su propia esposa?

La mandíbula se le tensó.

—Ni en loco, sobre mi cadaver !

Dejó el vaso con más fuerza de la necesaria.

Misaki iba a tener un teléfono.

Eso ya estaba decidido.

Podía amenazarlo.

Podía insultarlo.

Podía intentar clavarle otro cuchillo en el cuello.

Pero iba a tener un maldito teléfono.

Y Kagawa...

Dante miró nuevamente las fotografías de las joyas.

Recordó al japonés tomando la caja de sus manos.

Todo lo que es de Misaki-san está seguro conmigo.

—Lo voy a matar.

Silencio.

Dante frunció el ceño.

No.

Eso también era ridículo.

No podía matar al segundo al mando de los Kuroda simplemente porque le caía mal.

Probablemente provocaría otra guerra.

Además, Takeshi seguramente se molestaría.

Y Misaki...

Dante pensó en ello.

Misaki sí que se molestaría.

Mucho.

Curiosamente, esa fue la parte que terminó de convencerlo.

—Está bien. No voy a matarlo.

Hizo una pausa.

—Todavía.

Una pequeña voz apareció desde la puerta.

—¿A quién vas a matar?

Dante se quedó inmóvil.

Giró lentamente la cabeza.

Matteo estaba parado en la entrada del estudio.

Descalzo.

Con el pijama arrugado.

Y mirándolo con enorme curiosidad.

Dante cerró los ojos.

—A nadie.

Matteo frunció el ceño.

—Dijiste que ibas a matar a alguien.

—Deberías estar durmiendo.

—¿A quién?

—Matteo.

—¿Es un malo?

Dante lo miró.

Pensó en Hiroshi.

—Todavía no lo decidí.

—¿Qué hizo?

Dante respiró profundamente.

—Andá a dormir.

Matteo permaneció en la puerta.

Entonces sus ojos cayeron sobre las fotografías esparcidas por el escritorio.

—¿Son para tu novia?

Dante miró las joyas.

Después al niño.

—No es mi novia.

—La mujer con la que te vas a casar.

—Sí.

Matteo entró.

—Entonces es tu novia.

—No funciona así.

—Sí funciona así.

Dante decidió que discutir lógica sentimental con un niño de cinco años a medianoche estaba bastante por debajo de su dignidad.

—A la cama.

Matteo señaló una fotografía.

—Esa es fea.

Dante bajó la mirada.

Era una de las piezas que él también había descartado.

—Sí.

—Esa también.

—También.

Matteo señaló el espacio vacío donde había estado la fotografía del collar de rubíes.

—¿Cuál le regalaste?

Dante tomó la fotografía y se la mostró.

Matteo la estudió seriamente.

—Es linda.

—Gracias.

—¿Le gustó?

Dante permaneció en silencio.

Matteo levantó los ojos.

—No le gustó.

—Andá a dormir.

—No le gustó.

—Matteo.

El niño empezó a sonreír.

—Le regalaste algo y no le gustó.

Dante señaló la puerta.

—Fuera.

Matteo soltó una risita.

Y Dante tuvo la desagradable certeza de que aquella historia iba a llegar a oídos de su padre.

Quizás incluso de Carmen.

Perfecto.

Absolutamente perfecta aquella noche.

Matteo comenzó a caminar hacia la puerta.

—Papi.

—¿Qué?

El niño se volvió.

—Capaz tenés que preguntarle qué le gusta antes de comprarle cosas.

Dante se quedó mirándolo.

Matteo se encogió de hombros con absoluta inocencia.

Y salió.

Dante permaneció solo.

Miró nuevamente la fotografía del collar.

Después pensó en Misaki.

No me gustan las joyas.

Y por primera vez se hizo una pregunta que no se había hecho al elegirlo.

¿Qué mierda le gustaba a Misaki Kuroda?

No sabía la respuesta.

Y, por alguna razón que tampoco quería analizar demasiado, empezó a querer descubrirla.

--

A la mañana siguiente, Misaki ya llevaba más de una hora entrenando.

El sonido seco de sus golpes llenaba la habitación.

Uno.

Dos.

Tres.

Retrocedió.

Giró sobre sí misma y lanzó una patada contra el saco.

El impacto hizo oscilar la pesada bolsa varios centímetros.

Misaki volvió a colocarse en posición.

Su larga trenza se había pegado parcialmente a su espalda por el sudor. Llevaba las manos vendadas y respiraba con fuerza, pero de manera controlada.

Golpeó otra vez.

Hiroshi entró sin hacer ruido.

Esperó.

Sabía perfectamente que interrumpir a Misaki mientras entrenaba nunca era una buena idea.

Especialmente cuando estaba de aquel humor.

Llevaba algo en una mano.

La caja.

Esperó hasta que Misaki terminó una combinación.

—ミサキさん。

Misaki-san.

Ella no dejó de moverse.

—何?

¿Qué?

Hiroshi levantó ligeramente la caja.

—これはどうしますか?

¿Qué hago con esto?

Misaki miró por encima del hombro.

Reconoció la caja.

El collar.

Volvió inmediatamente hacia el saco.

—知らない。そこに置いて。

No sé. Dejalo por ahí.

Hiroshi miró la caja.

Después a ella.

Una joya que probablemente costaba más que algunas casas acababa de recibir el mismo tratamiento que una botella de agua.

La dejó sobre una mesa cercana.

—デ・ルカさんに、こういうものが好きではないと伝えた方がいいのでは?

¿No debería decirle al señor De Luca que no le gustan estas cosas?

Misaki lanzó dos golpes rápidos.

—言った。

Se lo dije.

Otro golpe.

—それでもくれた。

Me lo regaló igual.

Hiroshi guardó silencio unos segundos.

—高価なものです。

Es una pieza muy costosa.

Misaki golpeó nuevamente.

—だから?

¿Y?

Hiroshi bajó la mirada hacia la caja.

—何でもありません。

Nada.

Misaki continuó entrenando.

Para ella, el asunto estaba terminado.

Entonces sonó el teléfono de Hiroshi.

Misaki ni siquiera giró.

Él sacó el aparato del bolsillo y miró la pantalla.

Su expresión cambió apenas.

—誰?

¿Quién?

—デ・ルカさんです。

El señor De Luca.

Misaki puso los ojos en blanco.

—どのデ・ルカ?

¿Cuál De Luca?

Hiroshi levantó los ojos.

—ダンテです。

Dante.

—もちろん。

Por supuesto.

Hiroshi atendió.

—Señor De Luca.

—Kagawa.

La voz de Dante llegó inmediatamente desde el otro lado.

—Necesito hablar con Misaki.

Hiroshi miró hacia ella.

Misaki continuaba golpeando el saco.

—Está ocupada.

Hubo un breve silencio.

—¿Ocupada haciendo qué?

Hiroshi observó cómo Misaki lanzaba una patada.

—Entrenando.

Dante soltó aire al otro lado.

—Pasámela.

Hiroshi apartó ligeramente el teléfono.

—ミサキさん。あなたと話したいそうです。

Misaki-san. Quiere hablar con usted.

Misaki ni siquiera se detuvo.

—嫌。

No.

Hiroshi esperó.

Ella siguió golpeando.

—今は忙しい。

Estoy ocupada.

Otro golpe.

—訓練中は邪魔されたくない。

No me gusta que me interrumpan cuando estoy entrenando.

Hiroshi volvió el teléfono a su oído.

—No puede atenderlo.

Silencio.

—¿No puede?

—No.

—¿O no quiere?

Hiroshi miró a Misaki.

—No quiere.

La mandíbula de Dante se tensó al otro lado de la línea.

—Kagawa.

—¿Sí?

—Decile que soy su futuro marido.

Hiroshi permaneció completamente serio.

—Creo que lo recuerda.

Dante cerró los ojos.

—Pasame el maldito teléfono.

Hiroshi volvió a mirar a Misaki.

—電話を渡すように言っています。

Insiste en que le entregue el teléfono.

Misaki detuvo finalmente el puño a pocos centímetros del saco.

Giró la cabeza.

Miró el teléfono.

Después a Hiroshi.

—切って。

Cortale.

Hiroshi guardó silencio.

—ミサキさん...

Misaki-san...

Ella arqueó una ceja.

—切って。

Cortale, no puedo hablar.

Hiroshi volvió lentamente el teléfono a su oído.

—Señor De Luca.

—¿Qué?

—Misaki-san me pidió que finalizara la llamada.

Silencio.

Un silencio largo.

—¿Me estás diciendo que me va a cortar?

—Sí.

—Kagawa, ni se te ocurra—

Hiroshi cortó.

La habitación quedó en silencio durante aproximadamente medio segundo.

Misaki volvió hacia el saco.

Golpeó.

Hiroshi miró la pantalla del teléfono.

Dante estaba llamando otra vez.

—Está llamando nuevamente.

—Apagalo.

Hiroshi la observó.

Después miró el teléfono.

Por primera vez aquella mañana, una ligerísima sonrisa amenazó con aparecer en su rostro.

—Sí, señora.

Apagó el teléfono.

Misaki continuó entrenando.

Sobre la mesa, olvidado junto a una botella de agua y un par de vendas, el collar de rubíes de Dante De Luca permanecía dentro de su caja.

Sin que Misaki volviera a mirarlo una sola vez.

Dante llevaba casi una hora intentando trabajar.

Intentando.

Porque cada vez que conseguía concentrarse en alguno de los documentos frente a él, su cabeza encontraba alguna manera de regresar a la misma mañana.

O, más precisamente, a la misma mujer.

Había intentado llamarla dos veces.

La primera había terminado hablando con Hiroshi.

La segunda también.

Y en ninguna había conseguido escuchar la voz de su futura esposa.

No le gusta que la interrumpan cuando está entrenando.

Dante todavía no podía creerlo.

Abrió otro documento en la computadora.

Leyó dos líneas.

Su teléfono vibró sobre el escritorio.

Una notificación.

Dante estuvo a punto de ignorarla hasta que vio su apellido.

DE LUCA.

Abrió la noticia.

El titular ocupaba buena parte de la pantalla.

DANTE DE LUCA Y MISAKI KURODA: ¿UNA NUEVA ALIANZA EMPRESARIAL QUE VA MÁS ALLÁ DE LOS NEGOCIOS?

Dante arqueó una ceja.

Debajo aparecía otro texto.

El empresario italiano Dante De Luca habría formalizado su relación con Misaki Kuroda, heredera del poderoso imperio empresarial japonés de la familia Kuroda.

Siguió leyendo.

Ambos fueron vistos anoche cenando en uno de los restaurantes más exclusivos de Manhattan. Aunque ninguna de las dos familias ha realizado todavía un anuncio oficial, fuentes cercanas aseguran que la relación sería seria y que podría existir incluso un compromiso.

Dante soltó una risa seca.

—Fuentes cercanas...

Su padre.

Seguramente.

Continuó bajando.

Entonces apareció la fotografía.

Y dejó de leer.

Los habían fotografiado justo antes de entrar al restaurante.

Él aparecía a su lado.

Pero apenas se miró.

Sus ojos fueron directamente hacia Misaki.

El vestido negro.

La abertura que dejaba una de sus piernas al descubierto.

El cabello oscuro.

Los tatuajes.

La expresión fría con la que caminaba a su lado como si todo Manhattan pudiera apartarse de su camino.

Dante amplió la fotografía.

No porque fuera necesario.

Simplemente lo hizo.

Misaki estaba...

Guapísima.

No.

Aquella palabra se quedaba bastante corta.

Estaba increíblemente sexy.

Dante apoyó la espalda contra la silla.

La había visto en persona.

Había cenado frente a ella durante casi dos horas.

No debería estar mirando una fotografía como si acabara de descubrirlo.

Pero había algo diferente en verla así.

Desde afuera.

Como la habían visto todos los demás.

Una mujer espectacular entrando a uno de los restaurantes más exclusivos de Manhattan junto a él.

Su futura esposa.

Dante bajó la mirada hacia la descripción de la fotografía.

La pareja fue vista llegando junta al restaurante...

Pareja.

Aquello era ridículo.

La supuesta pareja había pasado buena parte de la noche discutiendo.

Ella había rechazado su mano.

Había insultado a sus hombres.

Había comido una ensalada con cara de estar cumpliendo una condena.

Había despreciado la joya que él había elegido.

Y, unas horas después, se había negado incluso a atenderle el teléfono.

Dante volvió a mirar la fotografía.

Aun así...

—Qué mujer...

Dante levantó inmediatamente la mirada.

—Es hermosa.

Dante no respondió.

Carmen siguió observando la fotografía.

—Ahora entiendo.

Él levantó lentamente los ojos.

—¿Qué entendés?

Carmen sonrió.

—Por qué estabas mirándola así.

Dante permaneció inmóvil.

La sonrisa de Carmen se desvaneció poco a poco mientras volvía a mirar la pantalla.

—Aunque hay algo que no entiendo de esa mujer.

Dante entrecerró los ojos.

—¿Qué cosa?

—Hizo mucho daño a tu familia.

Él no respondió.

Carmen continuó.

—Mató a tu hermano. Lo decapitó. Tu madre la odia y ahora vos vas a casarte con ella como si nada hubiera pasado.

Dante apoyó lentamente una mano sobre el escritorio.

—Carmen.

Era una advertencia.

Ella la ignoró.

—¿Qué vas a hacer con tu madre cuando Misaki esté viviendo acá? Porque no creo que ella—

—Cerrá la puta boca.

Carmen se quedó inmóvil.

Dante ya no parecía aburrido.

Ni siquiera molesto.

Estaba furioso.

—¿Y qué querés que haga? —espetó Carmen—. ¿Que me quede callada mientras llevás a una asesina a vivir con mi hijo?

Dante levantó lentamente la mirada.

—Cuidado.

—Es la verdad. Esa mujer mató a tu hermano, le cortó la cabeza y ahora todos pretenden que—

Dante se movió antes de que terminara.

Le agarró el cuello con una mano.

Carmen apenas alcanzó a soltar un jadeo cuando él la empujó contra la pared.

El golpe seco de su espalda contra la madera resonó en el estudio.

—¡Dante!

Él no la soltó.

Su mano permaneció alrededor de su cuello, firme, obligándola a mantener la cabeza contra la pared.

—Te dije que cerraras la puta boca.

Carmen agarró su muñeca.

—Soltame.

Dante se acercó.

No gritaba.

No necesitaba hacerlo.

Había hombres que necesitaban levantar la voz para resultar intimidantes.

Dante De Luca llevaba toda una vida aprendiendo que el verdadero miedo comenzaba cuando él dejaba de hacerlo.

—Estoy harto de vos, Carmen.

—Dante...

—Harto.

Apretó apenas los dedos.

Lo suficiente para que ella dejara de intentar interrumpirlo.

—¿Cuándo mierda vas a entender cuál es tu lugar?

Carmen respiró entrecortadamente.

—Soy... la madre de tu hijo.

—Exactamente.

Los ojos de Dante se endurecieron.

—Sos la madre de Matteo.

Nada más.

—No sos mi mujer. No sos mi pareja. Nunca lo fuiste. Nos acostamos una vez y quedaste embarazada. Dejate de inventar una relación que jamás existió.

—Yo te di un hijo.

La mandíbula de Dante se tensó.

—No vuelvas a decirme eso como si Matteo fuera una moneda con la que compraste un lugar en mi vida.

Carmen se quedó callada.

—Llevaste a mi hijo en tu vientre. Lo criaste. Sos su madre y ese lugar nadie te lo va a quitar.

Acercó un poco más el rostro.

—Pero vos no significás nada para mí fuera de eso.

Los ojos de Carmen se llenaron de lágrimas.

Dante no cambió de expresión.

—Ubicate.

La soltó.

Carmen llevó inmediatamente una mano al cuello y respiró profundamente.

Dante retrocedió un paso.

—Y dejá de meterte.

—Tu madre—

Dante volvió a acercarse.

Carmen calló inmediatamente.

—Mi madre no es problema tuyo.

Su voz fue baja.

Helada.

—Mi hermano no es problema tuyo. Misaki no es problema tuyo. Y con quién mierda decida casarme muchísimo menos.

Carmen lo miró con rabia.

—Estoy preocupada por Matteo.

—No uses a mi hijo para esconder tus celos.

—¡No estoy celosa!

—Me importa una mierda lo que estés.

Dante señaló la puerta.

—Y dejá de llenarle la cabeza a Matteo.

Carmen frunció el ceño.

—Yo no le lleno la cabeza.

—No vuelvas a hablarle de Misaki.

—También es mi hijo y tengo derecho a—

—No.

Una sola palabra.

Carmen se quedó inmóvil.

1
Mayelin Gimenez
Yo no creo que Misaki mate a todos los De Luca porque el atentado de los irlandeses lo cambia todo!
Mayelin Gimenez
A mí sí me gustaría que quedarán juntos! Se nota a leguas que Dante la quiere! Y Misaki no le es indiferente! Solo que el dolor y el odio por los de Luca no la dejan dejarse llevar!
Kim Nava
si será capaz Misaki de matar a todos los De Luca 🤔
Kim Nava
por eso actitud de Dante sigo diciendo que estos protagonistas no deberían quedar juntos al final no se puede ojalá y este final sea distinto y cada uno por su lado y que sea diferente a todas esas historias
Kary Monte
hasta tu hijo sabe cómo debe comportarse🙎🙎🙎
Kary Monte
🤦🤦🤦🤦 como puede ser tan animal
y más animal delante de su hijo
dios mío santo este hombre es un bruto
Kary Monte
al parecer ren en verdad era solo un profesor enamorado de misaky porque sino su padre le hubiera echado barro
será muy difícil el acercamiento de estos dos protagonistas si bien es cierto fue Lucio de luca quien lo mató
no es culpa de toda la familia bien claro nos dice dante que Lucio actuaba solo era un sicópata asesino un maldito y creo que misaky hizo su propia justicia si asesinarlo pero ahí termino y ella debe sanar necesita un sicólogo que le ayude a superar su dolor.
ahora veremos qué sucede🙎🙎🙎
Kary Monte
parece me parece 😁😁😁 que el que callo fue De Luca 😁😁😁 ahora pues
Kary Monte
por fin
esa mujer no sabe que eres el jefe al parecer cree que puede manipular todo de una vez ponla en su sitio
ponle una casa
total ella más está en la calle comprando bailando comiendo teniendo amantes en fin su vida loca
las niñeras cuidan de Mateo
Kim Nava
ella tiene claro lo que quiere y se entiende por qué aria lo mismo
y aquí es donde lo digo por primera vez que estos dos protagonistas no deben quedar juntos ojalá sea diferente y no sea el final feliz por ensima de dos vidas que no tenían nada que pagar
Kim Nava
el ya cayó ante ella
Mayelin Gimenez
El está loco por ella! Y creo que Misaki no le es indiferente! Solo que se limita por el dolor de la perdida de Ren!
Mayelin Gimenez
Ese Lucio De Luca lo mató por diversión! Con razón Misaki lo dejo sin cabeza!
Kim Nava
y esa maldita viena toda vía defiende a su maldito hijo por que su hijo no es malo 😡😡😡
que bueno que Misaki lo degolló y fue poco
estoy odiando a Dante
Kary Monte
horrible 😣😣😣horrible lo que vivió Misaki
dante no sabes en realidad porque odia a toda tu familia lo que significa para ella tu apellido
🤷🤷🤷 cómo es que estos dos se van a enamorar🙎🙎🙎deberá pasar algo increíble que los una
Kim Nava
la que llevó a hi a la madre de Dante es la perra de Carmen 😡
Kary Monte: estoy de acuerdo fue esa perra de Carmen
dante de es darte cuenta de la alimaña que está en tu casa
total 1 replies
Kim Nava
no se por que esta soportando Dante a esa despechada ya la hubiera desaparecido 😡😡😡
por que ella está siendo un clavo en el culo
no se pero esta vien el coraje de Misaki pero se está portando con el de lo peor
Kary Monte
dante
esa carne. es un problema se nota
se que es la madre de tu hijo
pero deberías mandarla a volar de una vez
hasta a mí me cansa
Kary Monte
/Smug/ está tensión entre Hiroshi y dante me está matando
Kim Nava
bueno su venganza de Misaki es entendible
pero realmente Ren si era una blanca paloma una buena persona por que a pasado en otras historias que nos venden a un personaje por bueno y viene siendo peor
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play