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HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Atracción entre enemigos / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela y José se conocen desde la infancia, marcados por una diferencia de edad que parecía un abismo y una eterna relación de perro y gato. Detrás de cada burla y de cada cita saboteada, se escondía un amor tan profundo como doloroso. Al crecer, el orgullo, las malas decisiones y terceras personas los distanciaron, empujando a José a forjar una falsa reputación de hombre frío y mujeriego para proteger su dignidad herida.
Años después, convertidos en dos exitosos profesionales, el destino los obliga a unirse de nuevo. Laura, hermana de José y mejor amiga de Estela, se convierte en el lazo inquebrantable que derriba sus muros. Un inesperado viaje de negocios a la costa y la estrechez de un apartamento compartido encenderán la mecha de una pasión contenida durante una década. ¿Podrán sanar los fantasmas del pasado y admitir que sus corazones siempre se pertenecieron, o el orgullo familiar ganará la última batalla?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 8. EL ALGORITMO CONTRA EL CODIGO CIVIL

La perspectiva de José

El olor a pintura fresca y a café recalentado se había convertido en mi nuevo ecosistema. Habían pasado dos años desde que las chicas se marcharon. Mi vida se resumía en jornadas de dieciséis horas encerrado en una oficina diminuta del centro, dando soporte informático y programando código para las pequeñas empresas locales. Arreglaba los servidores de la carnicería, programaba la página web de la gestoría del pueblo y optimizaba los sistemas de inventario de los talleres. Era un trabajo esclavo, pero el dinero que mi padre me había prestado estaba rindiendo frutos: ya tenía a dos becarios a mi cargo y empezábamos a firmar contratos con empresas de la capital de la provincia.

Era un viernes por la tarde cuando Laura me llamó al móvil. Estaban en el pueblo por el puente de noviembre.

—Hermanito, estamos en casa. Traemos visitas de la facultad, así que ni se te ocurra aparecer con tus pintas de informático antisocial —se burló mi hermana antes de colgar.

Apreté los dientes. Dejé el teclado de golpe, me puse una chaqueta limpia y caminé hacia la casa de mis padres con el corazón latiéndome a una velocidad estúpida. Al entrar al salón, la escena me revolvió el estómago. Laura estaba sentada junto a un chico de su carrera, pero mi vista se nubló al ver a Estela. Estaba sentada en el sofá con un libro gigante de Derecho Penal sobre las rodillas, y a su lado, un tipo con gafas de pasta y aires de intelectual le explicaba algo señalando una página. Se llamaba Mateo, era compañero suyo de Abogacía y, por lo que escuché, venía de una familia de importantes juristas.

—Buenas tardes —dije, plantándome en mitad del salón con mi mejor postura de empresario en ciernes.

Estela levantó la vista. Sus ojos, ahora más analíticos por culpa de la carrera, me recorrieron un segundo antes de volver al libro. Mateo se levantó para darme la mano con una suficiencia que me encendió la sangre.

—Ah, tú eres el hermano informático de Laura. Mucho gusto. Estela me ha hablado de que arreglas ordenadores por aquí —soltó el imbécil con un tono condescendiente que me dio ganas de hackearle la vida entera.

—No arreglo ordenadores, Mateo. Dirijo una consultora de desarrollo de sistemas tecnológicos y seguridad de datos para empresas de mediano volumen —respondí con una voz gélida y letal, midiendo mis palabras con precisión—. De hecho, estamos automatizando los procesos de tres bufetes importantes en la capital. Sistemas automáticos que, por cierto, hacen el trabajo de tres pasantes de derecho en la mitad de tiempo.

Estela pegó un par de palmadas al libro, cerrándolo de golpe, y me clavó una mirada llena de chispas. Sabía perfectamente que el ataque iba dirigido a su mundillo. Mateo se quedó cortado, parpadeando detrás de sus gafas. Me pasé la cena lanzando indirectas sobre cómo la tecnología iba a dejar obsoletos los métodos tradicionales de los abogados estirados, boicoteando cada intervención de Mateo hasta que el chico no quiso volver a abrir la boca. Fui un huraño y un prepotente, pero ver a Estela morderse el labio de la rabia me demostró que, aunque estuviera rodeada de futuros abogados, mi sombra la seguía afectando tanto como el primer día.

La perspectiva de Estela

Tenía ganas de estamparle el Código Civil en la cabeza. José se había vuelto un ser insoportable, arrogante y prepotente desde que había montado su pequeña empresa de soporte informático. Aparecer en el salón de sus padres con esa chaqueta de marca, hablando de automatización de bufetes y humillando a Mateo solo porque el pobre chico intentaba ser amable, era el colmo de su descaro.

—Tu hermano es un monstruo egocéntrico, Lau —le siseé a mi amiga en la cocina mientras servíamos el postre—. Ha venido exclusivamente a amargarnos la cena con sus aires de gran empresario de pueblo.

Laura soltó una risita maliciosa, limpiando unos platos.

—Estela, por Dios, abre los ojos. Mateo le dura dos asaltos a mi hermano. José se ha puesto como un perro guardián en cuanto vio a Mateo sentado a tu lado explicándote Derecho Penal. Está ganando dinero con sus proyectos informáticos, sí, pero se le nota a la legua que sigue pendiente de ti. Ha venido con el traje de CEO solo para impresionarte.

—Pues ha conseguido el efecto contrario. Es un maleducado —mentí, aunque el corazón me iba a mil por hora.

La verdad era que José se veía imponente. El trabajo duro y las responsabilidades le habían sentado de maravilla; sus hombros se veían más anchos, su voz era más firme y esa seguridad absoluta con la que manejaba la conversación me resultaba terriblemente atractiva. Me dolió ver cómo atacaba mi futura profesión, pero me obligué a mantener mi fachada de indiferencia. Le sostuve la mirada durante toda la cena, defendiendo los argumentos de Mateo con una sonrisa fingida solo para ver cómo la mandíbula de José se tensaba hasta casi romperse. El informático creía que me iba a intimidar con sus aires de grandeza, pero yo ya estaba en segundo de carrera y estaba aprendiendo a defender casos perdidos. Y él era, sin duda, mi caso más difícil.

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alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
Ruby Baquero de Sánchez
Pero no tuvieron sino una hija de tres años, después de tanto tiempo de matrimonio? Y dónde están los padres de Estela? Se crió sola?
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