Tras una vida de maltrato, Akira consigue una beca para la universidad más prestigiosa del continente. Allí descubre que los seis príncipes de las bestias están ligados a su destino y que ella es la última Vinculadora. Un antiguo poder ha despertado... y todos la están buscando.
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Capítulo 8
El hombre de la túnica negra corría entre los árboles sin mirar atrás.
Su respiración era agitada, pero una sonrisa no abandonaba su rostro.
Después de siglos de búsqueda...
La había encontrado.
La última Vinculadora existía.
Y ahora su rey también lo sabría.
Se detuvo frente a un enorme acantilado cubierto por una espesa niebla. A simple vista no había nada, pero levantó la piedra negra que llevaba en la mano.
La roca comenzó a emitir un brillo violáceo.
De inmediato, el aire tembló.
Una gigantesca puerta de piedra apareció en medio de la montaña.
Con un fuerte estruendo, las puertas se abrieron lentamente.
El hombre entró sin dudar.
Al otro lado se extendía un inmenso castillo envuelto en oscuridad. Antorchas de fuego azul iluminaban los pasillos y decenas de soldados vestidos con armaduras negras inclinaban la cabeza al verlo pasar.
Llegó hasta el salón del trono.
Un hombre de cabello completamente blanco permanecía sentado con una pierna cruzada sobre el enorme asiento de obsidiana.
Sus ojos eran de un intenso color rojo.
Solo mirarlo provocaba escalofríos.
—Habla.
La voz del rey resonó por toda la sala.
El mensajero cayó de rodillas.
—Mi rey... la encontramos.
Los ojos rojos brillaron con intensidad.
—¿Estás completamente seguro?
—Sí.
—¿Viste la marca?
—La vi con mis propios ojos.
El rey sonrió por primera vez en muchos años.
—Entonces la profecía comenzó.
Se levantó lentamente del trono y caminó hasta un enorme ventanal.
Desde allí podía verse todo su reino cubierto por una oscuridad eterna.
—¿Dónde está?
—En un pequeño pueblo del sur.
—¿Está sola?
El mensajero dudó unos segundos.
—No.
—Continúa.
—Los seis herederos ya la encontraron.
El ambiente cambió por completo.
El rey apretó el puño con tanta fuerza que una copa de cristal explotó a varios metros de distancia.
—Llegamos tarde...
Durante unos segundos nadie se atrevió a respirar.
Finalmente, el rey volvió a hablar.
—No importa.
Una sonrisa fría apareció en su rostro.
—Si no puedo conseguir su confianza...
Sus ojos se volvieron aún más oscuros.
—La tomaré por la fuerza.
Mientras tanto, en el bosque...
Akira caminaba junto a Tomás rumbo al pueblo.
Los seis príncipes los seguían unos metros detrás.
El ambiente era incómodo.
Muy incómodo.
Tomás intentaba conversar.
—¿Ya preparaste las cosas para la universidad?
—Todavía no.
—Mi mamá dijo que puede ayudarte con la ropa.
Akira sonrió agradecida.
—Decile que muchas gracias.
Antes de que pudiera seguir hablando, el Varkhan pasó entre los dos.
—Caminen más rápido.
Tomás lo miró confundido.
—¿Siempre es así de serio?
Rowan soltó una carcajada.
—Hoy está de buen humor.
Kael comenzó a reír también.
Hasta el león tuvo que ocultar una sonrisa.
El Varkhan los ignoró.
Su atención estaba completamente puesta en Akira.
Cada vez que Tomás se acercaba demasiado, una sensación incómoda recorría todo su cuerpo.
No entendía por qué.
Solo sabía que no le gustaba.
Akira terminó por darse cuenta.
Se acercó a él mientras los demás seguían caminando.
—¿Te puedo preguntar algo?
Él la miró de reojo.
—Sí.
—¿Por qué mirás tan mal a Tomás?
—No lo miro mal.
—Sí, lo hacés.
—Solo lo observo.
Akira suspiró.
—No tenés motivos para desconfiar de él.
El Varkhan respondió sin pensar.
—Confío menos en cualquiera que quiera estar cerca de vos.
Ella se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Él también pareció sorprenderse por sus propias palabras.
Nunca había dicho algo así.
Ni siquiera sabía de dónde había salido esa respuesta.
Akira negó con la cabeza.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
—Entonces dejá de hacerlo.
Por primera vez, el príncipe desvió la mirada.
—Lo estoy intentando.
Aquella respuesta tomó por sorpresa a Akira.
No sonó arrogante.
Sonó... sincera.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
Entonces, un fuerte rugido sacudió todo el bosque.
Los pájaros levantaron vuelo.
El suelo comenzó a temblar.
Los seis príncipes reaccionaron de inmediato.
Kael desenvainó su espada.
Raizen hizo aparecer llamas alrededor de sus manos.
Lysander adoptó una postura de combate.
El león y el zorro se colocaron frente a Akira.
El Varkhan dio un paso hacia adelante.
Su mirada se perdió entre los árboles.
Podía sentir una presencia.
Una presencia inmensamente poderosa.
Y no era humana.
Desde la oscuridad del bosque, dos enormes ojos rojos se abrieron lentamente.
Una voz grave resonó entre los árboles.
—Por fin encontré a la hija del destino...
Akira sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
Sin saberlo, el verdadero enemigo acababa de hacer su primera aparición.