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La Esposa Que Despertó al Heredero

La Esposa Que Despertó al Heredero

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Venganza de la protagonista / Casada con el millonario / Enfermizo
Popularitas:27.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.

Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.

Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.

Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8

 

Héctor dejó los cubiertos y miro a Tomás.

 

—De ahora en adelante, la comida puede ser más ligera.

 

Tomás asintió de inmediato.

 

—Claro, señor Héctor.

 

Después de comer, Ximena subió al cuarto. Se sentó en la cama con un libro abierto entre las manos, pero no leyó una sola línea.

 

Héctor entró un rato después.

 

Al verlo, Ximena se puso de pie.

 

—¿Va a descansar?

 

Él asintió y bajó la mirada hacia ella.

 

—¿Por qué estás tan distante conmigo?

 

¿Distante?

 

Si nunca habían sido cercanos.

 

—Nosotros... tampoco tenemos tanta confianza.

 

—Cuando me pegabas electrodos, no parecías tan preocupada por la confianza.

 

Ximena lo miró, ofendida.

 

—Si no te hubiera hecho terapia, ¿habrías despertado tan rápido?

 

—También es cierto. Casarme contigo fue una suerte.

 

Ximena se quedó tiesa.

 

Maldita sea.

 

¿También había escuchado eso?

 

—Qué bueno que lo sabes.

 

Héctor sacó una laptop y se sentó a trabajar.

 

Ximena sintió que el aire se volvía incómodo. Recogió sus cosas y salió hacia la universidad.

 

Cuando llegó, las clases ya habían terminado.

 

Se sentó sola bajo un árbol del patio, mirando al frente sin ver nada.

 

Patricia y sus amigas la vieron desde lejos.

 

—¿Esa no es Ximena?

 

—Parece deprimida. Seguro el viejo pelón con dinero la dejo.

 

—Y ella creyendo que podía volverse la esposa oficial. Que se mire al espejo. ¿Qué tiene que no tenga Patricia?

 

—Ni la compares. Le das demasiado crédito.

 

Las aduladoras hicieron que Patricia se sintiera en el centro del mundo.

 

—Entonces vamos a echarle sal en la herida.

 

Caminaron hacia Ximena con toda la arrogancia que tenían.

 

—Ximena Salcedo —dijo una de ellas—, ¿por qué esa cara? ¿Crees que estás en una serie? "Me dejo, pero lo amo, ¿qué hago?"

 

Hizo una imitación exagerada y las demás se rieron.

 

Ximena la miró con desprecio.

 

Otra levanto la barbilla.

 

—Ella cree que por ser bonita va a ser protagonista. Pero hasta los viejos ricos se aburren.

 

Patricia se paró frente a Ximena.

 

—Cuéntanos tu tragedia. Igual y nos alegras el día.

 

Ximena frunció el ceño.

 

—Patricia, ¿por qué no te buscas algo mejor que hacer antes de que te toque?

 

—¿Que? ¿Le atine? ¿Ya no vas a hacerte la elegante?

 

—Te lo digo una vez: vete con tus amigas antes de que me enoje.

 

Ximena ya traía el ánimo pesado.

 

Y Patricia no sabía cuidar su vida.

 

—¿O qué? ¿Me vas a pegar? —Patricia se cruzó de brazos, mirándola desde arriba—. Pégame. Si no me pegas, eres una cobarde.

 

Ximena la miro.

 

Patricia estaba pidiendo ayuda de una forma muy tonta.

 

No complacerla sería grosero.

 

Todo pasó en segundos.

 

Ximena se levantó, le agarro el cabello y la estrelló contra el tronco del árbol.

 

Patricia se aflojo de inmediato y cayó al piso.

 

Sus amigas gritaron como si el mundo se acabara.

 

—¡La mataste! ¡Ximena la mato! ¡Llamen a la policía!

 

Ximena se limpió la mano como si nada.

 

—No vale tanto como para que yo la acompañe al panteón. Pero una ambulancia si le vendría bien.

 

—¡Estás loca! ¡La golpeaste a plena luz!

 

—Ella me pidió que le pegara. ¿Todas se quedaron sordas?

 

Ximena tomó su libro y se fue.

 

Sabía que aquello iba a traer problemas.

 

Tal vez la llamaría el rector.

 

Tal vez, si se ponían graves, ni la dejarían graduarse.

 

Si, había sido impulsivo.

 

Pero también bastante satisfactorio.

 

De regreso en la residencia Alcázar, Ximena se quedó un rato viendo televisión en la sala. Al pasar frente al estudio, vio a Ignacio y Héctor conversando en voz baja.

 

No se detuvo.

 

Subió.

 

Esa era su primera noche con Héctor completamente despierto.

 

Y estaba nerviosa.

 

Al salir de bañarse, Lourdes entró con una bandeja.

 

—Ximena, luego tú y Héctor toman esto. Les va a hacer bien.

 

—Sí, mamá.

 

Lourdes dudo, como si quisiera decir algo más.

 

—En la noche... si no tienen sueño, platiquen, conózcanse. Y si les dan ganas de hacer un poco de ejercicio, son jóvenes. No le tengas miedo al cansancio.

 

Ximena asintió con una sonrisa dura.

 

Por dentro, su cabeza era un caos.

 

¿Ejercicio?

 

No se conocían.

 

¿Y ya querían descendencia?

 

Lo único que quería era dormir rápido. Si se dormía, no habría incomodidad.

 

Pero mientras más intentaba dormirse, más despierta estaba.

 

Dio vueltas en la cama hasta que escuchó abrirse la puerta.

 

Se quedó inmóvil.

 

Héctor entró al baño.

 

Ximena inhalo profundo y soltó el aire despacio.

 

¿Por qué estaba tan nerviosa?

 

Las cosas entre un hombre y una mujer debían ser voluntarias. Héctor ya era adulto, no un salvaje. Si ella no quería, no podía obligarla.

 

Aun así, cuando Héctor salió del baño, Ximena se escondió bajo la cobija.

 

Él se subió a la cama con cuidado.

 

Su corazón golpeaba como loco.

 

—No finjas.

 

Ximena abrió un ojo.

 

—Estaba dormida. Usted entró haciendo ruido y me despertó.

 

—Entonces fue mi culpa.

 

—Pues sí.

 

Héctor miró la bandeja.

 

—¿Por qué no tomaste lo que trajo mi mamá?

 

—No quería.

 

Ximena se volteo, dándole la espalda.

 

—Hoy golpeaste a alguien —dijo él.

 

Ella se congeló.

 

¿Cómo lo sabía?

 

—¿Quién le dijo?

 

—Dejaste mi numero como contacto de emergencia en la universidad. ¿Cómo crees que lo supe?

 

Ximena se golpeó la frente con la palma.

 

Cuando lo puso, Héctor seguía en coma. Ese teléfono ni siquiera contestaba.

 

—Mañana cambio el contacto con el rector.

 

—Si. Vamos a ver al rector.

 

Héctor se inclinó un poco.

 

—¿Te lastimaste?

 

Ximena parpadeo.

 

—¿Que?

 

—Tú. ¿Te lastimaste?

 

Ella negó, confundida.

 

—No.

 

—Mientras tú estés bien.

 

Apago la luz.

 

En la oscuridad, Ximena pensó que tal vez debía explicar por qué había golpeado a Patricia. Al fin y al cabo, ella seguía siendo la esposa de Héctor. Si causaba problemas, también afectaba a la familia Alcázar.

 

—Héctor.

 

—¿Si?

 

—La golpee por tu culpa.

 

Lo dijo con toda seguridad.

 

—Patricia te llamo viejo pelón con dinero. Por eso le pegue.

 

Silencio.

 

—Viejo pelón con dinero —repitió Héctor.

 

—Viejo con dinero, pues, tal vez. Pero pelón no eres. Eso ya era buscar golpes. Yo estaba defendiendo tu honor.

 

Héctor soltó una risa baja.

 

¿Viejo?

 

Solo le llevaba siete años.

 

—Si no hay nada más, dormimos. Tengo sueño.

 

Ximena bostezo de manera exagerada.

 

La primera noche pasó en paz.

 

Pero al parecer nadie creía que hubiera sido así.

 

Durante el desayuno, Lourdes no dejaba de mirarles la cara.

 

Ximena casi metió la frente en el plato.

 

—Héctor, ¿dormiste bien anoche?

 

—Bien.

 

—¿Y tú, Ximena?

 

—Bien, mamá.

 

Lourdes asintió satisfecha.

 

—Qué bueno. Héctor acaba de despertar, pero yo lo veo con buena energía. Ximena, no lo cuides demasiado. Lo que le toca hacer a él, que lo haga.

 

Ximena casi se atraganto.

 

No hacía falta decirlo tan claro.

 

Después del desayuno, recibió una llamada de la oficina del rector. La madre de Patricia estaba armando un escándalo y exigía una solución.

 

Ximena suspiro.

 

El impulso siempre cobraba factura.

 

—Tomás, ¿me lleva a la universidad?

 

Tomás iba a responder, pero Héctor apareció y tomó las llaves.

 

—Vamos. Yo te llevo.

 

—No hace falta. Tomás puede llevarme. Usted está ocupado.

 

Héctor la miró sin emoción.

 

—Hoy estoy ocupado con tus asuntos.

 

Ximena recordó que el rector le había llamado a él.

 

Que desastre.

 

Su cara se arrugó como limón.

 

Héctor había despertado después de meses, y lo primero que tenía que hacer era ir a resolver sus problemas.

 

Así, ¿quién iba a quererla?

 

El coche negro entró al campus y atrajo miradas de todos lados.

 

Ximena se tapó la cara con las manos.

 

Cuando Tomás la llevaba, ella le pedía que no entrara hasta el edificio. Aun así, ya habían inventado que la mantenía un viejo.

 

¿Que quería Héctor entrando hasta adentro?

 

El coche se detuvo frente al edificio administrativo.

 

Héctor bajo primero.

 

Ximena lo siguió como niña regañada.

 

Él caminaba delante. Su espalda alta le tapaba casi toda la luz.

 

Antes de llegar a la oficina del rector, Ximena lo llamo.

 

—Oiga...

 

Héctor se detuvo.

 

—Perdón por meterlo en problemas. Voy a cambiar el número, de verdad. Y... ¿podría no hablar mal de mí frente al rector?

 

No se le ocurría una razón para que el hablara bien.

 

Con que no la hundiera, ella podía arreglárselas.

 

Héctor no respondió. Solo la miro con esa calma que daba más nervios.

 

Abrieron la puerta.

 

La madre de Patricia estaba gritando.

 

—¿Qué clase de universidad es esta? ¡Mi hija termina inconsciente y ustedes solo dicen que van a revisar! Tiene conmoción, está en el hospital. ¿Qué van a hacer?

 

El rector sudaba.

 

—Señora, vamos a atenderlo con seriedad.

 

—¿Seriedad? Si no me pagan quinientos mil pesos, esto no se acaba.

 

La asistente vio entrar a Héctor y a Ximena. Le susurro algo al rector.

 

El rector levantó la vista.

 

Vio a Ximena.

 

Luego al hombre.

 

Héctor Alcázar.

 

El principal accionista de la universidad.

 

El sudor del rector aumento.

 

—Señor Alcázar, no esperaba verlo aquí.

 

La madre de Patricia se giró de golpe.

 

—¿Tu eres Ximena Salcedo?

 

Ximena dio un paso atrás y se escondió un poco detrás de Héctor.

 

Ese movimiento bastó para encender a la mujer.

 

—No creas que por traer a un hombre me vas a asustar. Mi hija está en el hospital. Si no me dan una solución, no me voy.

 

La mujer tenía esa agresividad callejera que no dejaba espacio para razonar.

 

El rector intentó mediar.

 

—Señora, Patricia recibirá atención. La universidad y la alumna asumirán lo que corresponda.

 

—No me venga con palabras. Quiero dinero. Si no, que expulsen a Ximena.

 

La palabra expulsión hizo que Ximena reaccionara.

 

—¿Por qué me van a expulsar? Patricia vino a molestarme. Si usted no sabe educar a su hija, no venga a gritar aquí.

 

—¿Y por qué ella no te dejó inconsciente a ti? —la mujer se tiró al piso y empezó a llorar a gritos—. Mi Patricia tiene veinte años. Le arruinaste la vida.

 

El rector miro a Héctor, que seguía callado.

 

—Señor Alcázar, ¿cómo quiere que procedamos? Tal vez una compensación...

 

Ximena se agarró los bolsillos por instinto.

 

—Rector, no puede pedir dinero solo porque ella quiere.

 

—¿Prefieres que te expulsen? —preguntó Héctor.

 

Ximena no quería eso.

 

Podía disculparse.

 

Pagar, no.

 

—Puedo disculparme.

 

—¿Quién quiere tu disculpa? —escupió la mujer.

 

—No tengo dinero. ¿Con que le voy a pagar?

 

Eso la enfureció.

 

—¿No tienes dinero? Entonces te expulsan. O llamó a la policía. Vas a pagar, aunque no tengas.

 

—No pienso irme. Su hija se mete conmigo cada vez que puede. ¿Usted que hace como madre?

 

—Maldita chamaca.

 

La mujer se lanzó hacia Ximena.

 

Ximena esquivo y volvió a esconderse detrás de Héctor.

 

La escena se volvió absurda: una perseguía, la otra corría alrededor del hombre, y el rector casi se arrancaba el cabello.

 

—¡Basta!

 

La voz de Héctor cortó el aire.

 

La madre de Patricia se detuvo jadeando.

 

—¿Por qué grita? Ustedes vienen juntos. Entonces pague usted.

 

Héctor miró al rector.

 

—Los gastos médicos de Patricia los cubro yo. La compensación no será lo que ella invente. Hagan valoración legal. Lo que corresponda, se paga. Ni un peso más.

 

Volteo hacia la mujer y luego hacia Ximena.

 

—Cuando el pago quede hecho, Patricia firma una carta de no reclamación para no volver con este asunto.

 

Después miró al rector.

 

—Sobre las sanciones académicas, usted decide conforme al reglamento.

 

—Sí, señor Alcázar. Por supuesto.

 

La madre de Patricia quiso bloquearles la salida, pero el rector la detuvo.

 

—Señora, los gastos se van a cubrir. Vaya al hospital y guarde todos los comprobantes. Lo demás se arregla con calma.

 

Ximena siguió a Héctor fuera de la oficina.

 

Había escuchado todo.

 

El pago médico era inevitable.

 

La compensación también podía ser alta.

 

—Entonces... como usted aceptó pagar, usted va a poner el dinero, ¿verdad?

 

Héctor se detuvo y volteo.

 

—Si prefieres que te expulsen, no pago.

 

—No dije eso. Digo que, si paga, yo voy a agradecerlo.

 

—No es gratis. Me lo devuelves.

 

Héctor abrió la puerta del coche y entró.

 

Ximena se quedó afuera, con la cara llena de queja.

 

—Que tacaño.

 

Héctor hizo un sonido bajo, encendió el coche y se fue.

 

Renata había escuchado que Ximena fue llamada a rectoría y corrió como loca. Al llegar, solo vio a Ximena mirando las luces traseras del coche.

 

—¿La mamá de Patricia te hizo algo?

 

Renata la reviso de arriba abajo, preocupada.

 

—No. Venía por dinero.

 

—Patricia casi podría hacer fiesta en el hospital y aun así piden dinero. Tal para cual.

 

—Si no pago, me expulsan.

 

Ximena suspiro.

 

—¿Cuánto quiere? ¿Quieres que junte algo?

 

—Héctor va a pagar.

 

Renata hizo una mueca.

 

—¿Héctor? ¿Tu vegetal? Bastante tiene con existir. Mejor dile a tu suegra.

 

Ximena la miro.

 

—Héctor despertó.

 

Renata abrió los ojos.

 

—¿Despertó?

 

—Si.

 

—Entonces que pague. Eres su esposa.

 

Ximena camino sin energía.

 

—Dijo que se lo tengo que devolver.

 

—No manches. Que hombre tan codo. ¿Ya despertó y está sacando cuentas? ¿No irá a pedirte el divorcio?

 

Ximena ya lo había pensado.

 

Incluso antes de que despertara.

 

—Puede pasar.

 

—¿Y tú qué vas a hacer?

 

Ximena respiro hondo.

 

—Si pasa, nos divorciamos. No hay sentimientos. Esto fue un trato. Nadie se enamora de un matrimonio hecho por conveniencia. Además, yo soy la muchacha de rancho que no está a su altura, ¿no?

 

—¿Él dijo eso?

 

—No.

 

Renata la miró con seriedad.

 

—Un matrimonio no se hace tan fácil y tampoco se deshace tan fácil. Si llega el divorcio, pelea por lo tuyo.

 

Para Renata, si no había amor, al menos tenía que haber dinero.

 

—Ya veremos.

 

—Ustedes... no han... ya sabes.

 

Ximena le lanzó una mirada.

 

—¿Que es "ya sabes"?

 

—Eso.

 

—Acaba de despertar. Es frio conmigo. ¿Cuándo va a tener ganas?

 

—¿Y tú?

 

—¿Yo que?

 

—¿Tú tienes ganas?

 

Ximena quiso cerrarle la boca con la mano.

 

—Aunque me guste, no voy a lanzarme encima de él. Todavía soy una mujer decente.

 

—Bueno. Dicen que Héctor, antes del accidente, tenía carácter pesado. Ten cuidado.

 

Ximena se hartó.

 

—Ya no hablemos de él. Después de clase vamos por tacos. Yo invito.

 

—Eso sí me gusta.

 

Pero al salir de la universidad, las dos vieron de lejos el coche que solía recoger a Ximena.

 

—Creo que los tacos murieron —dijo Renata, señalando las placas con varios ochos.

 

—Pensé que Tomás ya no vendría por mí. Vamos otro día.

 

Renata se despidió.

 

Ximena abrió la puerta trasera como de costumbre y se sentó.

 

Héctor estaba en el asiento de atrás.

 

Ella dio un brinco.

 

—¿Vino especialmente por mí?

 

—Especialmente.

 

Héctor levantó un dedo y el chofer puso el coche en marcha.

 

Ximena pensó que seguro Lourdes lo había mandado a convivir con ella.

 

En un cruce, el chofer bajo y Héctor paso al volante. Luego miró hacia atrás.

 

—Siéntate adelante.

 

Ximena dudo, bajo del asiento trasero y se subió al copiloto.

 

Héctor se inclinó para ponerle el cinturón.

 

Ella se puso rígida. Los labios apretados, la respiración detenida.

 

—¿Vamos a casa?

 

—No. Te llevo a un lugar.

 

No dijo más.

 

Héctor hablaba poco.

 

Ximena tampoco tenía tema.

 

El trayecto fue corto. Entraron por una calle arbolada hasta un club privado, discreto, elegante, con autos de lujo alineados en la entrada.

 

Héctor estaciono y caminó hacia adentro.

 

Ximena se quedó junto al coche, sin saber si seguirlo.

 

El noto que no venía, regreso unos pasos y le tomo la mano.

 

—Ven.

 

Ximena había tomado esa mano muchas veces.

 

Pero antes Héctor era un hombre dormido.

 

Podía jugar con sus dedos, cortarle las uñas, acomodarle la palma sobre la cobija.

 

Ahora estaba despierto.

 

Ahora la temperatura de su mano parecía más alta.

 

Y ella no sabía qué hacer con el latido que se le subió hasta la garganta.

1
Emily Morillo ♥️
si se pasa ximena tiene que ser más humana🤭
Bienaventurada
Es enserio? 😒esa Ximena es fea 😏
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂ese Héctor 😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
Cómo no se va😏a dar cuenta que tuvo relaciones?😒no va sentir la fricción 🤷
y tampoco que tuvo un aborto?
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂Esa Ximena, y a quien no le gusta el dinero 😂😂😂
Bienaventurada
jajajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂 esa Ximena es avara
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂 Héctor está mintiendo?🙄
Adriana De Fátima Lopera Gómez
quiero seguir.deseo ver q pasa con Hector
Adriana De Fátima Lopera Gómez
es muy entretenida
Adriana De Fátima Lopera Gómez
me gusta
Felicia Garcete nuñez
no puede ser que no haga más capítulo!!!!!
Marisol grez castro
es una mujer terca, porfiada ...😧
Llessica Ospina
donde encuentro la otra parte para terminar la novela ?
Felicia Garcete nuñez: quiero leer los capítulos siguientes
total 1 replies
Llessica Ospina
super
Marisol grez castro
ahora comienza a esclarecer todo... quien mató a Elena?
y esas zorrascaeran por ladronas y puras.🤭😂
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