Ariana descubre que pertenece a un mundo de lobos oculto después de regresar a la manada que expulsó a su madre años atrás. Allí conocerá a Morgan Knight, un hombre frío y peligroso que cambiará su destino para siempre.
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Capítulo 8: La loba dormida
La noche había caído sobre la mansión Black.
Después de que las otras manadas se marcharan, el ambiente quedó en silencio.
Ariana seguía llena de preguntas.
Su madre le había dicho que existían muchas cosas que todavía no conocía.
Y estaba decidida a descubrir la verdad.
Carmen llamó suavemente a la puerta de la habitación.
—¿Puedo pasar?
Ariana levantó la vista del libro que intentaba leer sin éxito.
—Claro, mamá.
Carmen entró acompañada por Leonard, María y Peter.
Los cuatro tenían una expresión seria.
Ariana los miró confundida.
—¿Qué ocurre?
Leonard sonrió.
—Ha llegado el momento de mostrarte algo.
—¿Mostrarme qué?
Carmen tomó sus manos.
—La verdad sobre nosotros.
Ariana respiró hondo.
Durante unos segundos nadie habló.
Hasta que Carmen dio unos pasos hacia el centro de la habitación.
—No tengas miedo.
—No lo tendré.
La mujer cerró los ojos.
Su cuerpo comenzó a brillar con una suave luz plateada.
Ariana observó sin apartar la vista.
Los huesos comenzaron a cambiar.
El cuerpo se transformó lentamente.
En pocos segundos...
Frente a ella apareció una enorme loba de pelaje oscuro y ojos dorados.
Ariana abrió mucho los ojos.
Pero no retrocedió.
No gritó.
No lloró.
Simplemente sonrió.
—Eres hermosa.
La loba inclinó la cabeza.
Después volvió a transformarse en Carmen.
—¿No te asustaste?
Ariana negó con una sonrisa.
—No.
Carmen suspiró aliviada.
—Pensé que sí.
Entonces María dio un paso adelante.
—Ahora me toca.
En cuestión de segundos también se transformó.
Su loba era de pelaje gris claro.
Muy elegante.
Peter hizo lo mismo.
Su lobo era enorme y completamente negro.
Finalmente Leonard se transformó.
Un gigantesco lobo gris plateado apareció frente a Ariana.
Era mucho más grande que los demás.
Imponía respeto con solo verlo.
Ariana los observaba maravillada.
—Es increíble...
Los cuatro recuperaron su forma humana.
Carmen sonrió.
—¿Quieres venir con nosotros?
—¿Adónde?
—Al bosque.
Los ojos de Ariana brillaron.
—¡Sí!
Minutos después toda la familia caminaba entre los enormes árboles.
La luna iluminaba el sendero.
El bosque parecía mágico.
Carmen volvió a transformarse.
Luego María.
Peter.
Y finalmente Leonard.
Los cuatro lobos esperaban a Ariana.
Carmen inclinó el cuerpo.
Como invitándola a subir.
Ariana acarició su cabeza.
—Gracias, mamá.
Pero negó suavemente.
—Quiero correr.
Todos la observaron.
—¿Correr? —preguntó Peter.
—Sí.
—¿Estás segura?
Ariana sonrió.
—Aunque no sea loba...
Miró el bosque.
—Siento que puedo hacerlo.
Leonard movió lentamente la cabeza.
—Déjala.
Carmen dudó unos segundos.
Finalmente aceptó.
Los cuatro comenzaron a correr.
Y Ariana salió detrás de ellos.
Al principio lo hizo despacio.
Pero poco a poco empezó a acelerar.
Más rápido.
Más rápido.
Mucho más rápido.
El viento movía su cabello blanco.
Sus pies parecían no tocar el suelo.
Saltaba troncos.
Esquivaba ramas.
Corría con una facilidad imposible.
Los cuatro lobos se miraron sorprendidos.
Peter aumentó la velocidad.
Ariana lo siguió sin dificultad.
María también aceleró.
Ella continuó detrás.
Leonard sonrió.
Entonces el viejo Alpha corrió con toda su fuerza.
Y para sorpresa de todos...
Ariana seguía cerca.
Respiraba con normalidad.
No parecía cansarse.
Carmen observaba a su hija con lágrimas en los ojos.
—Es igual...
Leonard también lo notó.
Aquella velocidad...
No era humana.
El grupo siguió corriendo durante horas.
Atravesaron ríos.
Montañas.
Campos.
Y claros iluminados por la luna.
Ariana reía.
Reía como nunca antes.
Se sentía libre.
Por primera vez desde la muerte de su padre.
Por primera vez desde que llegaron a la manada.
Sentía que pertenecía a aquel lugar.
Cuando el cielo comenzó a oscurecer completamente, regresaron a la mansión.
Uno por uno recuperaron su forma humana.
Todos respiraban profundamente.
Excepto Ariana.
Ella apenas estaba agitada.
Peter la miró sorprendido.
—Ni siquiera estás cansada.
Ariana sonrió.
—Yo también me di cuenta.
María negó con la cabeza.
—Eso no es normal.
Leonard observó a su nieta.
—Cada día estoy más seguro.
—¿De qué? —preguntó Ariana.
El anciano se acercó lentamente.
—Tú tienes una loba.
Ella negó enseguida.
—No.
—Sí.
—No la tengo.
—La tienes.
Ariana cruzó los brazos.
—Entonces, ¿por qué no aparece?
Leonard sonrió.
—Porque está dormida.
El silencio llenó el bosque.
Carmen tomó la mano de su hija.
—Algún día despertará.
Ariana bajó la mirada.
Luego negó con firmeza.
—No.
Todos la observaron.
—No quiero.
—¿Qué dices? —preguntó María.
—No quiero despertar ninguna loba.
Peter frunció el ceño.
—¿Por qué?
Ariana respiró profundamente.
—Porque no quiero ser marcada.
Nadie respondió.
Ella levantó la mirada.
—Quiero elegir mi vida.
—Ariana...
—No quiero que el destino decida por mí.
Carmen sintió un nudo en la garganta.
Porque comprendía perfectamente a su hija.
Leonard también guardó silencio.
Ariana miró la luna.
—Si realmente tengo una loba...
Espero que también respete mi decisión.
El viento sopló entre los árboles.
Y en algún lugar, muy dentro de ella...
Algo pareció moverse por primera vez.
Tan débil que nadie pudo sentirlo.
Ni siquiera Ariana.

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Gracias por leer un nuevo capítulo de El regreso de la Luna.
Ariana ha descubierto un mundo que jamás imaginó, pero su mayor desafío apenas comienza. ¿Podrá despertar a la loba que todos aseguran que lleva dentro o seguirá luchando contra un destino que no eligió?
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Con cariño, Luna Auol 🌸