NovelToon NovelToon
¿Seré Tu Piel Canela?

¿Seré Tu Piel Canela?

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Reencarnación / Omegaverse
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Marcela Salazar S.

Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.

NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 8

Andrei no supo muy bien qué hacer frente a tanto cariño.

Se notaba que aquella mujer realmente lo había extrañado.

Y aunque seguía sintiéndose incómodo por razones que ni él mismo quería enfrentar todavía…

también tenía hambre.

Mucha.

Así que al final suspiró apenas y asintió con la cabeza.

—Está bien… comeré un poco.

La reacción de Madam Hattie fue inmediata.

Sus ojos brillaron de felicidad y dio un par de aplausos emocionados.

—¡Ya escucharon a mi negrito! —anunció orgullosa a toda la cocina—. ¡Quiero una porción de la torta recién salida del horno y un vaso grande de leche! ¡Rapidito!

Andrei se tensó apenas.

Negrito.

La palabra golpeó algo dentro suyo.

Pero no de la forma que esperaba.

No había burla.

No desprecio.

No asco.

Solo cariño.

Cariño puro y cálido.

Aquella mujer acababa de usar una palabra que en su antigua vida siempre estuvo cargada de humillación…

como si fuera lo más precioso del mundo.

Y eso lo confundió todavía más.

Madam Hattie siguió dando órdenes sin notar el pequeño caos emocional que acababa de provocar en él.

Mientras tanto, Elena observó discretamente a Andrei.

Notó cómo se había quedado quieto unos segundos.

Pero sabiamente no dijo nada.

Al poco tiempo colocaron frente a él una enorme porción de pastel todavía tibio.

El aroma dulce llenó inmediatamente el aire.

La cubierta brillaba ligeramente y el interior esponjoso parecía derretirse apenas lo cortaban.

A un lado dejaron un gran vaso de leche fresca.

Andrei observó el postre casi con desconfianza.

—Anda, prueba —insistió Madam Hattie apoyándose orgullosamente en la mesa—. Esta mamina casi pelea con el panadero para hacerlo perfecto cuando despertaras.

El calor en la cocina.

Las voces.

El olor a azúcar y canela.

Todo se sentía absurdamente… acogedor.

Y por primera vez desde que llegó a ese mundo…

Andrei sintió algo peligroso.

Ganas de quedarse.

Andrei observó el enorme trozo de pastel durante varios segundos antes de llevarse el primer bocado a la boca.

Madam Hattie sonrió inmediatamente.

—Ahí está. Esa cara era la misma que ponías cada vez que probabas algo dulce.

—¿Comía mucho aquí? —preguntó Andrei.

—Muchísimo.

—No parece muy saludable.

—Niño, tienes veinte años, no ochenta.

La cocina soltó algunas risas.

Andrei tomó otro bocado mientras Madam Hattie se sentaba frente a él.

—Aunque si hablamos de comida, lo que más extraño es cuando venías a cocinar.

El tenedor se detuvo a medio camino.

—¿Yo cocinaba?

—Claro que sí.

—¿Yo?

—Sí, tú.

Andrei miró a Elena esperando que ella negara aquello.

La joven simplemente asintió.

—El amo Andrei pasaba bastante tiempo en la cocina.

—Eso es imposible.

—¿Por qué sería imposible? —preguntó Madam Hattie.

Andrei abrió la boca y luego volvió a cerrarla.

Porque no podía decir:

"Porque cocinar es cosa de mujeres."

No cuando estaba rodeado de cocineros hombres y mujeres trabajando por igual.

—Solo... me sorprende.

Madam Hattie soltó una carcajada.

—La primera vez que intentaste hacer pan casi incendias una mesa.

—¿Qué?

—Y la segunda vez quemaste las galletas.

—¿Qué?

—Y la tercera confundiste sal con azúcar.

Las carcajadas aumentaron.

Incluso Elena tuvo que cubrirse la boca para no reír.

—No era muy bueno entonces.

—Eras terrible.

—¡Madam Hattie!

—¿Qué? Es la verdad.

La mujer sonrió.

—Pero seguías regresando.

Andrei bajó la mirada hacia el pastel.

—¿Por qué?

La cocinera pareció pensarlo unos segundos.

—Decías que cocinar te ayudaba a pensar.

El ruido de la cocina pareció alejarse por un instante.

—Cuando estabas triste venías aquí.

—Cuando estabas preocupado venías aquí.

—Cuando discutías con tu hermano venías aquí.

—Y cuando estabas feliz también.

Madam Hattie apoyó una mano enorme sobre la mesa.

—Nunca cocinabas porque tuvieras que hacerlo, mi negrito.

Cocinabas porque te gustaba.

Andrei permaneció en silencio.

En su vida anterior jamás había aprendido.

Su padre decía que un hombre no debía perder tiempo en una cocina.

Que era trabajo de mujeres.

Que un hombre debía dedicarse a cosas importantes.

Y ahora estaba sentado escuchando que aquel joven que todos parecían amar encontraba paz precisamente allí.

Entre harina.

Azúcar.

Y hornos.

---

Madam Hattie continuó contando historias durante toda la mañana.

Algunas dejaron a Andrei completamente confundido.

Otras lo hicieron reír.

Al parecer, el antiguo Andrei tenía la costumbre de aparecer en la cocina a horas imposibles para probar cualquier receta nueva que estuvieran preparando.

—Una vez te escondiste debajo de aquella mesa para que no te encontrara tu tutor de modales —contó la mujer señalando una enorme mesa de trabajo.

—¿Funcionó?

—Por tres horas.

La cocina entera estalló en carcajadas.

—¿Tres horas?

—Tres horas completas. Hasta te llevamos comida escondidas.

Andrei negó con la cabeza.

Cada nueva historia parecía pertenecer a una persona completamente distinta a él.

Un joven alegre.

Curioso.

Travieso a veces.

Amable casi siempre.

Era difícil imaginar que aquel muchacho y él compartieran el mismo rostro.

Sin embargo, escuchar aquellas historias comenzaba a despertar una extraña curiosidad.

Quería conocer más.

Quería entender quién había sido realmente Andrei Macías.

Las horas transcurrieron sin que se diera cuenta.

Al mediodía, cuando algunos empleados comenzaron a organizar el almuerzo, Elena se acercó discretamente.

—Amo Andrei, el comedor principal ya está listo.

Andrei miró alrededor.

La cocina estaba llena de movimiento.

Madam Hattie discutía con un ayudante porque había cortado unas verduras demasiado gruesas.

Dos cocineros reían cerca de los hornos.

Alguien estaba amasando pan en una esquina.

Por primera vez desde que despertó en aquel mundo, aquel bullicio no le molestó.

Al contrario.

Le resultaba agradable.

Cálido.

Humano.

—¿Mi padre regresó?

—No, amo. El señor Gael salió temprano por unos asuntos comerciales.

Andrei pensó unos segundos.

—Entonces comeré aquí.

Elena parpadeó sorprendida.

Y luego sonrió.

Madam Hattie prácticamente celebró la noticia.

—¡Escucharon eso! ¡Mi negrito se queda con nosotros!

Las protestas fingidas y las risas llenaron nuevamente la cocina.

Poco después le hicieron un espacio en una mesa donde varios empleados ya estaban sentados.

Nadie parecía incómodo por su presencia.

Y aquello era extraño.

En su antigua vida, la distancia entre personas era algo rígido.

Aquí, en cambio, todos parecían sentirse parte de una misma familia.

Mientras escuchaba conversaciones sobre recetas, jardines, compras y pequeños problemas cotidianos, Andrei se descubrió participando de vez en cuando.

Haciendo preguntas.

Incluso sonriendo.

Cuando finalmente levantó la vista por una ventana, el sol ya comenzaba a descender.

Se quedó inmóvil unos segundos.

¿Había pasado todo el día allí?

No recordaba la última vez que unas horas habían transcurrido tan rápido.

Ni la última vez que había pasado un día completo sin sentir que debía defenderse de algo.

O de alguien.

Por primera vez desde que abrió los ojos en aquel mundo, sintió que podía respirar.

Y aquella sensación resultó tan extraña como reconfortante.

1
amelia bozo
si con el pelirrojo 💕
Alejandra jimenez calderon
que se quede con el pelirojo
Katherine Carcamo Alvarez
me encanta me atrapó desde el principio y espero cada cap con ansias
bendiciones autora y ánimo
Katherine Carcamo Alvarez
me encanta me atrapó desde el principio y espero cada cap con ansias
bendiciones autora y ánimo
Daniel Felipe González Castañeda
victor es mi ídolo. 🤭
Daniel Felipe González Castañeda
autora este libro me tiene con el cristo en la boca. esperando el siguiente capítulo
Daniel Felipe González Castañeda
vamos autora sube mas capitulos, tengo mucha curiosidad 🤭
Daniel Felipe González Castañeda
de locos. creo q me pasaría igual si despertara en un mundo diferente
Daniel Felipe González Castañeda
se nota q el pobre chico tiene muchos traumas.
Daniel Felipe González Castañeda
wooo está novela me engancho desde el primer capítulo. está interesante
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play