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Mi Alma Le Pertenece A La Oscuridad.

Mi Alma Le Pertenece A La Oscuridad.

Status: Terminada
Genre:Época / Familia mágica / Aventura / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Alina, una joven de diecinueve años que vive en Valdemorral, un pueblo ancestral envuelto en niebla perpetua y olvidado por el mundo. Criada por su abuela Elvira tras la misteriosa desaparición de sus padres, Alina pertenece a una familia marcada por un secreto ancestral: son las guardianas del equilibrio entre el mundo de los vivos y lo que habita en la oscuridad. Desde pequeña, Alina ha sentido que es diferente, y una noche ve desde su ventana una figura oscura que la observa. En lugar de miedo, siente una llamada profunda y un extraño reconocimiento.

Entonces, Elvira le revela la verdad que durante años le fue oculta: su linaje desciende de quienes sellaron un pacto ancestral para proteger al pueblo, un vínculo que une su sangre eternamente con las sombras. La madre de Alina también sintió esa misma llamada y eligió cruzar al otro lado, abandonando el mundo de los vivos. Ahora Alina debe enfrentar su propio destino: decidir si se queda como guardiana cumpliendo su deber.

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8: El umbral de lo eterno

El sendero se estrecha entre árboles inmensos, cuyas ramas forman una bóveda cerrada que apenas deja pasar la luz de la luna. La niebla es más densa aquí, blanca y espesa, enrollándose alrededor de los troncos retorcidos como cintas de fantasma. Alina camina en el centro, su figura recortada contra la penumbra, la capa oscura flotando ligeramente a su paso. La luz plateada que emanan sus ojos y el medallón abre paso entre la bruma, iluminando el suelo cubierto de musgo, raíces y hojas secas. A ambos lados, entre las sombras profundas bajo los árboles, las siluetas altas y delgadas siguen avanzando, invisibles a simple vista pero presentes, vigilantes y silenciosas.

Caminé durante horas, perdiendo la noción del tiempo y del espacio, sumergida por completo en el corazón de aquel bosque antiguo que parecía no tener fin. Cuanto más me adentraba, más cambiaba el entorno a mi alrededor. Los árboles, ya de por sí inmensos en los límites del bosque, se hacían ahora gigantescos, con troncos tan anchos que diez personas abrazadas no habrían podido rodearlos. Sus cortezas eran rugosas, cubiertas de musgos oscuros y líquenes que colgaban de las ramas como cabellos de ancianos, formando una especie de techo natural que cerraba el paso a casi toda luz celestial. Solo la luna, en su fase más oscura, lograba filtrar algún rayo tenue, pero no era necesario: la luz propia que brotaba de mis ojos y del medallón sobre mi pecho era suficiente para iluminar el camino, proyectando un resplandor plateado, suave y frío, que teñía todo lo que tocaba de un tono irreal y etéreo.

La niebla se había vuelto más espesa, casi sólida en algunos puntos, enrollándose alrededor de mis tobillos como si quisiera detenerme, o quizás abrazarme. Pero yo seguía avanzando con paso firme, sin vacilar ni un segundo. Cada paso que daba me hacía sentir más fuerte, más completa, más segura de mí misma. La sensación de miedo que, en algún momento lejano de mi vida, hubiera sentido al encontrarme sola en un lugar tan extraño y sombrío, se había desvanecido por completo. No estaba sola. Lo sabía con una certeza absoluta. A mi alrededor, ocultas entre las sombras que la luz plateada no alcanzaba a disipar, caminaban mis compañeras: aquellas siluetas altas, delgadas y silenciosas que me habían seguido desde que salí de mi casa. Eran los espíritus de mis antepasados, las entidades guardianas del bosque, la esencia misma de la oscuridad que ahora me reconocía como su parte legítima. Podía percibir su presencia, sentir su respeto, su protección, una conexión silenciosa y profunda que fluía entre nosotras como una corriente invisible.

De vez en cuando, escuchaba susurros en el aire, palabras dichas en un idioma antiguo, gutural y melodioso a la vez, que resonaban en lo más profundo de mi mente. No necesitaba traducirlas; mi alma las entendía instintivamente. Me hablaban del camino que recorría, de la historia de estas tierras, del pacto que habíamos hecho siglos atrás y que ahora yo venía a renovar. Me hablaban de él: del Guardián, del ser que habitaba en el centro absoluto de este lugar, aquel a quien mi alma pertenecía desde mucho antes de que yo naciera.

—No estás lejos —susurró una voz suave, apenas audible, que parecía venir de todas partes y de ninguna a la vez—. La oscuridad te llama, y tú respondes. El vínculo se hace más fuerte con cada paso.

Sonreí levemente, sin detenerme. Sabía que era verdad. Podía sentir cómo la energía del lugar, densa, antigua y poderosa, entraba en mí a través de cada poro de mi piel, mezclándose con mi propia esencia, llenándome de fuerza, de sabiduría, de una vida que iba mucho más allá de la existencia física. Ya no era solo Alina, la chica que vivía en los límites de Valdemorral, la que se sentía diferente y extraña entre la gente del pueblo. Ahora era algo más: era la heredera, la guardiana, la elegida. Era el puente entre el mundo que conocían los hombres y el reino de las sombras, ese lugar misterioso donde todo lo que tiene sentido verdadero reside en silencio y eternidad.

En cierto momento, el suelo bajo mis pies comenzó a cambiar. Ya no estaba cubierto solo de musgo y hojas secas; ahora empezaban a aparecer piedras, grandes y desgastadas por el tiempo, dispuestas en líneas rectas que formaban lo que alguna vez debió ser un camino construido por manos humanas, hacía siglos, milenios quizás. Las piedras estaban cubiertas de inscripciones y símbolos que yo reconocía perfectamente: los mismos que había visto en el libro de mi abuela, en el medallón, en el mapa antiguo. Símbolos que hablaban de unión, de equilibrio, de pertenencia.

Un primer plano del suelo del camino antiguo, donde las piedras desgastadas muestran grabados profundos de espirales, lunas y figuras entrelazadas, medio ocultas bajo el musgo y la niebla. La luz plateada de Alina cae directamente sobre ellas, haciendo que los grabados brillen con el mismo resplandor, como si despertaran al contacto con su presencia. A su alrededor, la niebla forma figuras difusas que parecen mirar con atención.

Me detuve un instante para agacharme y tocar una de aquellas piedras con la mano. Al instante de entrar en contacto con ella, sentí una vibración intensa que recorrió todo mi brazo y se extendió por todo mi cuerpo. Los grabados bajo mis dedos comenzaron a brillar con luz propia, respondiendo a mi tacto, reconociéndome. Imágenes pasaron rápidas por mi mente, como recuerdos que no eran míos, pero que me pertenecían de todos modos: vi a hombres y mujeres vestidos con ropas oscuras, iguales a las que yo llevaba ahora, caminando por este mismo sendero, llevando antorchas que ardían con llamas negras o plateadas; vi cómo construían este lugar, cómo grababan los símbolos, cómo se arrodillaban ante algo que estaba más adelante, en el centro de todo; vi la firma del pacto, el momento solemne en que nuestras almas fueron entregadas voluntariamente a la oscuridad, no como una condena, sino como un regalo, una promesa de protección y eternidad.

—Ellos fueron como tú —dijo otra voz, más profunda, más cercana—. Comprendieron que la luz es solo un instante, pero que la oscuridad es el hogar donde todo descansa y renace.

Me puse de pie de nuevo, con el corazón latiando fuerte, no por miedo, sino por la emoción de estar caminando sobre la historia misma de mi estirpe. Comprendí entonces que yo no era más que un eslabón en una cadena larga y poderosa que se extendía hacia atrás hasta los orígenes del tiempo, y que ahora, gracias a mí, seguiría extendiéndose hacia el futuro. Mi papel era importante, fundamental para mantener el equilibrio que nuestros antepasados habían establecido. Y esa responsabilidad no me pesaba; al contrario, me hacía sentir inmensa, eterna, parte de algo que nunca desaparecería.

Seguí avanzando por el camino de piedra, que ahora se hacía más ancho y más claro, a medida que la vegetación se abría paso. La niebla, aunque seguía flotando alrededor, ya no me ocultaba la visión; al contrario, parecía despejarse justo frente a mí para mostrarme el camino, y cerrarse detrás de mí, borrando mis huellas, protegiendo el secreto de este lugar sagrado para que nadie que no fuera digno pudiera encontrarlo.

De repente, entre los troncos gigantescos, vi algo diferente. La espesura del bosque se abría en un gran círculo, un claro amplio y redondo que parecía tallado por la naturaleza misma o por una mano divina. Y en el centro de aquel claro, se alzaba la construcción más imponente y hermosa que mis ojos hubieran visto jamás.

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Carmen Cecilia Ledezma Chaverra
Estuvo buena aunque le faltó chispa a la trama
Penelope
Simplemente hermoso, encontrar su complemento. 👏👏
Penelope
Que viva el amor...
Penelope
jojojo
Penelope
Que comience el amor
Penelope
Uhh, encontró su media naranja/NosePick//NosePick//NosePick/
Penelope
Que lindo, tener alguien que te cuide desde antes de nacer y que no haga parte de tu familia.👏
Penelope
Me ha parecido interesante el tema.
Siempre vemos la oscuridad como algo malo, pero realmente es como ver la vida de otra manera
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