"Los omegas tienen prohibido acercarse a mí. Esa es mi única regla." Damián es el Alfa más temido de la ciudad. Frío, cruel, y con un odio profundo hacia los omegas. Nadie sabe por qué, pero todos saben que acercarse a él es buscarse la muerte. Yo soy Lola. Una omega invisible, de esas que pasan desapercibidas. Mi olor es neutro, y así me gusta: invisible, viva. Hasta que una noche, un celo inesperado me toma por sorpresa justo cuando él cruza mi camino. Su olor me envuelve. El mío lo enloquece. Y sin quererlo, sin desearlo, contra toda lógica... Quedamos vinculados. Ahora el Alfa que me odia está atado a mí para siempre. Hará todo lo posible por romper este vínculo, pero cada intento lo acerca más a mí. Y cuando otro Alfa intente lastimarme... Su lobo desata el infierno para protegerme. Dicen que el odio y el amor son la misma cara de una moneda. Pero, ¿qué pasa cuando su mente me rechaza, pero su lobo me reclama? ¿Podrá Damián aceptar que soy su compañera? ¿O el vínculo nos destruirá a los dos?
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Capítulo 22: La Fotografía
(POV Lola - Tarde del mismo día)
La tarde había caído sobre la mansión cuando Marcus llamó a la puerta.
Damián y yo estábamos en la habitación, descansando después del episodio de la mañana. El dolor había pasado, pero el cansancio emocional me pesaba.
—¿Damián? —la voz de Marcus—. Tengo que hablar contigo. Es urgente.
Damián me miró. Su expresión se tensó.
—Pasa.
Marcus entró con el rostro serio. Traía algo en la mano. Un sobre.
—Esto apareció hace un rato —dijo—. En la entrada. Sin remitente. Solo tu nombre.
Damián lo tomó. Lo abrió.
Dentro, una fotografía.
Su expresión cambió. Se volvió de piedra.
—¿Qué es? —pregunté, acercándome.
Me mostró la foto.
El mundo se detuvo.
Éramos nosotros. Damián y yo. En la cama. Durmiendo abrazados. La imagen estaba tomada desde algún lugar de la habitación, desde un ángulo que solo podía ser...
—¿Quién tomó esto? —susurré.
—No lo sé —respondió Damián, con voz helada—. Pero lo voy a descubrir.
—¿Hay más?
Marcus asintió.
—Había dos más. En el sobre. Todas de la habitación. Y una nota.
—¿Qué nota?
Marcus se la tendió.
Damián la leyó en silencio. Su mandíbula se tensó.
—Dice: "Duermen tan tranquilos. Pronto los veré despiertos. —K"
—Kael —susurré.
—Sí.
Damián cerró los ojos un momento. Cuando los abrió, sus ojos dorados ardían.
—Registrad toda la mansión —ordenó—. Cada habitación. Cada rincón. Buscad cámaras. Buscad cualquier cosa que no debería estar ahí.
—Lo haremos.
—Y quiero a todo el personal interrogado. Uno por uno.
—Sí.
Marcus salió.
Damián se volvió hacia mí. Su expresión era una mezcla de furia y algo más.
Miedo.
—Lola —dijo—. Alguien nos ha estado vigilando. Dentro de nuestra propia habitación.
—¿Cómo es posible?
—No lo sé. Pero lo voy a averiguar.
—Damián...
—No te separes de mí. Hoy. No te separes de mí.
Asentí.
Y por primera vez en días, sentí miedo otra vez.
Pero no por mí.
Por nosotros.
(POV Lola - La mansión, atardecer)
El resto de la tarde fue un caos.
Marcus y sus hombres registraron cada rincón de la mansión. Encontraron dos cámaras más. Una en el pasillo cerca de nuestra habitación. Otra en el comedor.
Alguien estaba vigilando cada movimiento.
La noticia corrió como la pólvora.
Konstantin convocó una reunión urgente en el despacho. Todos estábamos allí: Damián, yo, León, Elara, Marcus, y por supuesto, Elena y Valeria.
El sol se ponía tras los ventanales.
—¿Alguien quiere explicar esto? —preguntó Konstantin, mostrando las fotografías.
Silencio.
—Alguien dentro de esta mansión está pasando información a Kael. Y tomando fotografías. Esto no es un juego.
—¿Crees que es alguien del servicio? —preguntó León.
—O alguien de la familia.
La mirada de Konstantin recorrió a todos.
Elena mantuvo su sonrisa falsa. Valeria bajó la vista.
—Yo no he sido —dijo Valeria—. Yo no tengo nada que ver con esto.
—Nadie ha dicho que hayas sido tú —respondió Konstantin.
—Pero lo piensan. Todos lo piensan.
—Valeria, cálmate.
—No voy a calmarme. Primero aparece ella —señaló a Lola—, con su marca y su vínculo, y ahora esto. Y yo soy la sospechosa.
—Nadie te acusa.
—Me acusan con la mirada.
Damián dio un paso adelante.
—Si no has sido tú, no tienes nada que temer.
—¿Y si quiero ayudar?
Todos la miraron.
—¿Ayudar? —preguntó Damián.
—Sé que no soy la favorita de nadie aquí. Pero esto también me afecta. Vivo en esta casa cuando vengo de visita. Y si hay alguien vigilando, yo también estoy en peligro.
—¿Qué propones?
—Nada. Solo que... si alguien sabe algo, que hable. Porque esto es más grande que todos nosotros.
El silencio cayó.
Nadie habló.
Pero en los ojos de Valeria, por un momento, vi algo que no supe interpretar.
¿Miedo?
¿O algo más oscuro?
(POV Lola - Anochecer)
Cuando salimos del despacho, la noche ya había cerrado.
Damián caminaba a mi lado, en silencio. Su mano en la mía. Su presencia, un muro.
—¿Crees que Valeria sabe algo? —pregunté en voz baja.
—No lo sé.
—Parecía sincera.
—Valeria es muchas cosas. Sincera no suele ser una de ellas.
—Entonces, ¿por qué dijo eso?
—Porque tiene miedo. O porque quiere desviar la atención.
—¿Hacia quién?
—No lo sé todavía.
Llegamos a la habitación. Damián registró cada centímetro antes de dejarme entrar.
Armarios. Paredes. Techos. Muebles.
—Ya lo hicieron antes —dije—. Marcus y los otros.
—Lo sé. Pero necesito asegurarme.
—Damián.
—¿Qué?
—No vas a encontrar nada.
—Lo sé.
—Entonces ¿qué haces?
Se detuvo. Me miró.
—Intento sentirme útil. Porque no soporto la idea de que alguien nos haya estado viendo sin que yo lo supiera.
—No es tu culpa.
—Lo es. Soy el Alfa. Esta es mi casa. Debería haberlo evitado.
—No puedes controlarlo todo.
—Debería.
Me acerqué a él. Tomé su rostro entre mis manos.
—Damián. Escúchame. No puedes controlarlo todo. Nadie puede. Pero puedes estar aquí. Conmigo. Y eso es suficiente.
Me miró un largo momento.
—¿De verdad?
—Sí.
Apoyó la frente contra la mía.
—No sé qué haría sin ti —susurró.
—No vas a tener que averiguarlo.
Nos quedamos así. Respirando el mismo aire.
Y en algún lugar muy profundo, mi loba se movió.
Como si aprobara.
(POV Lola - Noche avanzada)
En medio de la noche, desperté.
Algo estaba diferente.
El vínculo. Estaba más fuerte. Más cerca.
Damián dormía a mi lado. Pero a través de él, sentía su lobo. Por primera vez, lo sentía claramente.
Poder. Protección. Y algo más.
Deseo.
No el deseo físico. Algo más profundo. Más primario.
Su lobo me quería cerca.
Sonreí en la oscuridad.
—Yo también —susurré.
Cerré los ojos.
Pero antes de dormirme, una idea cruzó mi mente.
¿Quién había tomado esas fotos?
¿Y cuánto tiempo llevaba vigilándonos?
El miedo intentó volver.
Pero la mano de Damián, incluso dormido, buscó la mía.
Y el miedo se fue.