Novela +18
Mi nombre es Lucia Westton, la hija legítima del Marqués Arturo Westton.
Durante años viví rodeada de amor, lujos y tranquilidad… hasta que mi madre murió en un trágico accidente de carruaje después de una fiesta de té.
Creí que aquella sería la peor tragedia de mi vida.
ME EQUIVOQUÉ.
Poco después descubrí que mi padre había ocultado una amante… y una hija ilegítima: Laura Westton.
Desde el momento en que ellas cruzaron las puertas de la mansión, todo cambió.
Mi hogar dejó de sentirse seguro.
Las miradas se volvieron frías.
Los susurros comenzaron en la oscuridad.
Entonces Laura me convenció de jugar un extraño juego.
Dijo que podría ayudarme a hablar con mi madre una última vez.
PERO ALGO SALIÓ MAL.
Ahora… algo me sigue desde las sombras.
Lo veo en los espejos.
Escucho sus pasos detrás de mí.
Siento sus manos heladas rozando mi cuello mientras duermo.
¡TENGO MIEDO!
Y lo peor de todo…
¡NADIE ME CREE!
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CAPÍTULO 7 — ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?
Apenas había logrado dormir un poco cuando escuché que tocaron la puerta.
Abrí los ojos sobresaltada y me senté rápidamente sobre la cama.
Entonces lo recordé.
¡La caja del juego!
Si alguien la veía y le decía a mi padre que me había desvelado jugando algo tan extraño… seguramente se enfadaría.
Me levanté apresuradamente y corrí hacia el escritorio.
Pero al llegar me detuve en seco.
No había nada.
Ni la tabla.
Ni el dado.
Ni la caja.
Ni siquiera la hoja con las instrucciones.
Todo había desaparecido.
Parpadeé confundida.
—¿Qué…?
Toc, toc.
Volvieron a llamar a la puerta.
Aún desconcertada, respondí:
—Adelante.
Pero nadie entró.
Fruncí ligeramente el ceño.
Entonces—
Toc. Toc. Toc.
Otra vez.
Y luego más rápido.
Toctoctoc.
Sentí irritación.
—¿Quién toca así…?
Caminé hasta la puerta y la abrí bruscamente.
Pero afuera no había nadie.
Miré hacia un lado.
Luego hacia el otro.
El pasillo estaba completamente vacío.
—Seguro es la amante de padre intentando molestarme… —murmuré fastidiada.
Entonces sucedió.
Sin previo aviso, algo me sujetó violentamente.
Y fui lanzada con fuerza hacia la ventana.
—¡AH—!
Mi cuerpo impactó brutalmente contra el vidrio.
El cristal explotó alrededor de mí.
Sentí los vidrios enterrarse en mi piel mientras la sangre salpicaba por todas partes.
El dolor fue insoportable.
No podía respirar.
No podía moverme.
Y entonces—
Abrí los ojos de golpe.
Me levanté bruscamente de la cama respirando agitadamente.
Mi corazón latía descontroladamente.
—¿Q-qué pasó…?
Miré desesperadamente alrededor.
Estaba en mi cama.
Intacta.
Temblando, giré lentamente hacia la ventana.
La ventana estaba completamente entera.
No había sangre.
No había vidrios rotos.
No había heridas en mi cuerpo.
Llevé una mano temblorosa a mi pecho.
—Claramente… algo me lanzó hacia la ventana…
Mi respiración seguía siendo inestable.
Volteé lentamente hacia la puerta.
Seguía cerrada.
Después miré otra vez la habitación.
Todo estaba normal.
Demasiado normal.
Tragué saliva lentamente.
—¿Fue… un sueño…?
Pero algo dentro de mí rechazó esa idea inmediatamente.
No.
Aquello no se sintió como una simple pesadilla.
Se sintió… tan real.
Me levanté de la cama lentamente aún confundida.
Caminé hasta mi escritorio y, tal como en mi sueño, el juego no estaba.
Ni la tabla.
Ni el dado.
Ni la caja.
Todo había desaparecido.
Miré rápidamente hacia la puerta esperando escuchar golpes otra vez.
Pero afortunadamente no ocurrió nada.
O eso pensé.
Toc, toc.
Me sobresalté inmediatamente.
—¿Q-quién?
—Soy yo, Lina, mi señorita.
Solté un pequeño suspiro de alivio.
—Pasa.
La puerta se abrió y Lina, mi sirvienta personal, entró a la habitación haciendo una pequeña reverencia.
Pero apenas dio unos pasos dentro del cuarto, su expresión cambió.
Frunció el rostro con desagrado.
—¿Señorita… metió un animal muerto a su habitación?
La miré confundida.
—No… ¿por qué?
Lina se cubrió ligeramente la nariz.
—Huele horrible.
Rápidamente caminó hasta las puertas del balcón y abrió las ventanas dejando entrar el aire fresco de la mañana.
Luego soltó un suspiro aliviado.
—Mucho mejor…
Yo seguí intentando percibir aquel supuesto olor.
Pero no olía absolutamente nada.
Lina volvió a hacer una pequeña reverencia.
—Le prepararé el baño enseguida, mi señorita.
Asentí distraídamente.
Poco después, Lina terminó de preparar la tina.
Entré al agua tibia intentando relajarme.
Ella solamente me ayudó a lavar mi espalda y masajeó suavemente mis hombros.
Pero incluso mientras me bañaba…
No podía dejar de pensar en el juego.
En mi madre.
Y en aquella horrible sensación de que algo no estaba bien.
Finalmente el baño terminó.
Lina me ayudó a vestirme frente al espejo.
Yo acomodaba distraídamente mi cabello cuando de repente sentí que ella apretó mi vientre.
—Ah…
Fruncí el ceño por el dolor.
—Me lastimas.
Lina pareció reaccionar de golpe.
Retrocedió inmediatamente.
—L-lo siento, mi señorita… no sé qué me pasó.
La observé unos segundos.
Está muy distraída…
Pero entonces mis pensamientos se detuvieron por completo.
Porque al mirar mi reflejo…
Vi algo en mi zona pélvica.
Una extraña marca negra.
Era un corazón oscuro rodeado de alas.
Mi respiración se cortó.
No sabía qué era.
Ni cómo había aparecido en mi cuerpo.
Pero aquello se veía… escalofriante.
Lentamente levanté la mirada hacia el espejo.
Y casi grité del miedo.
Porque el reflejo de Lina…
No era normal.
Ella estaba detrás de mí observándome fijamente.
Sus pupilas estaban demasiado contraídas.
Su expresión…
Era perturbadora.
Como si quisiera hacerme algo horrible.
Sentí que mi corazón casi se detenía.
El reflejo de Lina en el espejo…
Era horrible.
Sus pupilas estaban demasiado contraídas, casi inexistentes, y la forma en que me observaba hacía que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo.
Parecía… enferma.
O peor.
Lentamente levanté la mirada para verla directamente detrás de mí.
Pero cuando me giré—
Lina estaba completamente normal.
Incluso se veía confundida por mi reacción.
—¿Mi señorita…?
Parpadeé rápidamente.
Volví a mirar el espejo.
El reflejo de Lina seguía normal.
Mi respiración estaba agitada.
¿Qué… fue eso?
Lina se acercó un poco preocupada.
—¿Se encuentra bien?
Tragué saliva lentamente y aparté la mirada del espejo.
—S-Sí… solo me mareé un poco.
No sabía por qué…
Pero no quería decirle nada.
Mi atención volvió lentamente hacia la extraña marca negra sobre mi piel.
Apreté ligeramente la tela de mi vestido.
—Lina… ¿desde cuándo tengo esta marca?
Ella bajó la mirada hacia mi zona pélvica y frunció ligeramente el ceño.
—¿Marca…?
Parpadeé sorprendida.
—¿No la ves?
Lina inclinó un poco la cabeza confundida.
—No veo nada, mi señorita.
Sentí un frío recorrerme la espalda.
Volví rápidamente a mirar el espejo.
La marca seguía ahí.
Negra.
Oscura.
Con forma de corazón y alas demoníacas.
Pero Lina… realmente parecía no verla.
Mi respiración comenzó a volverse incómoda.
¿Qué está pasando…?
Entonces un olor horrible llegó de repente a mi nariz.
Un olor putrefacto.
Como carne descompuesta.
Me cubrí la nariz inmediatamente.
—¡¿Qué es ese olor?!
Lina abrió los ojos sorprendida.
—¿Eh? ¿Olor? Pero si ya no huele a nada, mi señorita.
La miré confundida.
Ella realmente no lo percibía.
El olor se hizo más fuerte.
Mucho más fuerte.
Tan intenso que sentí ganas de vomitar.
Y entonces…
Escuché algo.
Una respiración.
Justo detrás de mí.
Lenta.
Pesada.
Helada.
Mi cuerpo se tensó completamente.
Pero Lina seguía acomodando mi cabello como si no hubiera nada extraño en la habitación.
vamos Lucia a gozar del cardenal, que está es papasito así este en silla de ruedas, lo demás debe responder jajajajajjajajajajajajua
Ho ayy si🤔