Beatriz reencarna en la villana de su novela favorita. La cual tiene un destino de muerte.
Beatriz, ahora Vania Lankaster, decide escapar a otra región para no morir.
¿Podrá Vania escapar de su destino?
NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8: Pequeño monstruo
Como me dediqué a ayudar a las personas con lo que les hiciera falta y mayormente era su enfermera por así decirlo me regalaron una casita en una colina, un poco alejada del pueblo. La casa es de madera, pequeña pero acogedora. Tiene una cocina, el baño y una cama cerca de la cocina.
— Bien... Me dedicaré a sembrar unos vegetales en la parte frontal de la casa. Pero para ello necesito comprar las semillas. Iré al mercado del pueblo para comprarlas.
El mercado está lleno como siempre. Todos ya me conocen y me saludan con alegría. Me acerco a donde está el señor Pablo y le pregunto por las semillas de vegetales. Él me prepara una bolsa con diferentes semillas. Mientras tanto a mi lado llegan unas señoras que hablaban sin parar sobre algo de ladrones.
— Leila, ¿escuchaste sobré unos vándalos que están huyendo y llegaron hasta aquí?
— Sí, mi esposo me dijo que Luján los vio. Parece que se esconden en el bosque.
— Creo que están huyendo del Archiduque.
— En algo muy malo andan para que el propio Archiduque los esté buscando.
El Archiduque. Otra vez lo escucho mencionar. ¿Qué aspecto tendrá? Es muy triste el final que tiene en la novela.
Me dirijo hacia mi casa en la colina. Pero en el camino me encuentro a unos hombres. Nunca los había visto. Me parece que son los vándalos de los que hablaban en el mercado.
— Buenos días, señorita — dice uno de ellos con segunda intención.
Lo ignoro y sigo de largo.
— Es de mala educación no saludar a una persona — dice agarrándome del brazo.
— Debería soltarme, o se va a arrepentir.
— Ja. Pero qué muchacha tan graciosa. ¿Por qué no nos acompañas y nos divertimos un rato?.
Los demás hombres sonríen.
— Lo voy a repetir una vez más porque parece que usted es sordo. Suelte mi brazo.
— ¡Muchacha de mierda! ¡Harás lo que yo diga! — grita el hombre.
— Tú lo pediste
Me sostengo de la mano del hombre de un metro ochenta y le aplico una llave, haciendo que caiga al suelo.
— ¡Mierda! — exclama. — ¡Me las vas a pagar!
Trata de levantarse pero antes de que lo haga, apunto mi dedo índice en su cabeza.
— Muere — le digo.
Al momento aparece una esfera de color violeta muy pequeña en la punta de mi dedo. Y Luego hace como que atraviesa el cerebro del hombre pero sin tocarlo. El hombre muere al instante, quedando sus ojos en blanco y una mirada vacía. No hay sangre, no hay ningún desastre, solo apagué su cerebro.
Hace unos días atrás descubrí que tenía poderes. No se lo he dicho a nadie. No quiero que las personas de este pueblo se asusten y quieran matarme. La novela nunca habló sobre que Vania tuviera algún poder. Pero es bueno saberlo ahora, así me puedo valer por mí misma.
Los otros hombres se acercaron para agredirme. Al parecer no son conscientes del peligro al que se enfrentan. Lo malo de este poder es que después de usarlo, agota todo mi maná y no puedo volver a usarlo hasta después de unos días. Tengo que entrenar para ello, pero no creí que fuera necesario, hasta ahora.
Doy un salto en el aire mientras giro, e invoco seis esferas más y las disparo contra cada uno. Todos caen muertos al instante y yo quedo agotada.
Me pongo a revisar entre las pertenencias de estos vándalos y para mis sorpresa encuentro un huevo del tamaño de una sandía.
— ¡Por dios! ¿De verdad existen este tipo de cosas?
A lo mejor es de avestruz — pienso.
— Creo que sabrá bien si lo cocino. Me lo llevaré.
Lo tomé en mis brazos y pesaba demasiado. Aún así lo llevé poco a poco a mi casa y lo puse sobre la mesa de la cocina.
— Más tarde te cocinaré y te comeré con tocino. De solo imaginarlo la boca se me hace agua.
Tomo las semillas de mi bolsa de compras y voy hacia la parte delantera de la casa. Ahí ya tengo hecho pequeños surcos. Siempre zanahorias, tomate, pimiento, cebollino.
A la tarde ya tenía mucha hambre, así que me pude en plan de cocinar el huevo. Enciendo el horno de leña y pongo el huevo.
— Creo que mejor lo hago de esta mañana.
Al cabo de unos minutos saco el huevo y lo pongo sobre la mesa.
— Es hora de quitarle el cascarón — digo emocionada.
Pero antes de hacerlo el huevo se mueve.
— ¿Pero qué...?
Luego comienza a agrietarse hasta que se rompe y de él sale una criatura que solo había leído en cuentos.
— No me digas... Un dragón...
El pequeño dragón es de color negro obcidiana y ojos celestes. Me mira con atención y de buenas a primera se me lanza y me lame la cara.
— ¡Oye me haces cosquillas! — me río.
— Eres lindo y adorable. Te adoptaré como mi mascota. Aunque tendré que ver cómo hago cuando seas gigante.
Lo acaricio y él cierra los ojos y como que ronronea.
— Parece que ya no estaré sola — sonrío — Te llamaré Alan.... Es un lindo nombre ¿verdad?
El pequeño Alan me lame de nuevo la cara en señal de que le gusta.
Los siguientes días fueron diferentes para mí. Tenía que comprar leche en el mercado todos los días para Alan. Ya se estaba haciendo cansado, así que me compré una vaca para no tener que ir y venir todos los días. Alan fue creciendo bastante bien. Pero había un problema, la casa siempre era un caos. No se estaba quieto ni un minuto y a veces me quemaba las cortinas de las ventanas.
— Alan, debes portarte bien si quieres seguir viviendo conmigo — le decía, pero ni caso me hacía.
Una noche como cualquier otra, Alan se acuesta a mi lado para dormir. Por alguna razón siempre le leo un cuento para que se duerma, como si fuera un niño. A la mañana siguiente ocurrió algo que no esperaba.
Mis ojos abren lentamente y veo a un niño de dos años, con cabellos oscuros durmiendo a mi lado, agarrado de mi dedo meñique.
Doy un brinco en la cama que provoca que el niño despierte.
— Mamá...
— ¿Qué? ¿Cómo me llamaste?
— Mamá.
— Niño, creo que te equivocaste. ¿Cómo llegaste aquí?
El niño ladea la cabeza como no entendiendo.
— Te llevaré con tu madre.
— Tú ser mi mamá.
— No, no, no. Yo no soy tu mamá.
El niño hace una mueca y después empieza a llorar fuerte.
— Ya, no llores. ¿Dónde estará Alan?
— Mamá no quiere a Alan — dice el niño mientras llora.
— Espera... ¿qué?.
— Mamá no quiere a Alan. Mamá decir que no es mamá de Alan. Alan estar triste.
"No puede ser. ¿El pequeño dragón es Alan?"
— ¿Tú eres Alan?
—Chiii
"Ahora que lo pienso, tiene los ojos del mismo color y también el cabello coincide con el color de piel del dragón."
— Perdoname Alan. No me di cuenta que eras tú.
Alan se calma un poco.
— ¿Entonces mamá, volver a ser mamá de Alan?
— Pero... De acuerdo pero tienes que portarte muy bien.
— Chiii — Alan se lanza encima y me abraza — Alan quiere mucho a mamá.
" Oh vaya. De verdad que el tiempo vuela. Ahora ya soy mamá"
— Yo también te quiero Alan — le dije mientras acariciaba su pelo.
...****************...
...Muchas gracias por leer 💜💫💫...