Durante toda su vida, Lyra creyó que había nacido para ser olvidada y odiada por todos.
Mientras su hermosa y perfecta hermana Anastasia era admirada por todos, Lyra creció entre desprecios, sacrificios y secretos. Obligada a vivir en las sombras de la familia Valmont, jamás imaginó que el destino terminaría llevándola hasta el corazón del reino de Kryndall... y hasta los brazos del príncipe heredero.
Conociendo por primera vez el amor, encontrando una familia, descubriendo lo que significa ser feliz.
Pero cuando la verdad sobre Anastasia comience a salir a la luz, todo aquello que Lyra ha construido empezará a tambalearse.
Porque hay personas dispuestas a matar para ocultar el pasado y porque una pregunta imposible se niega a desaparecer: ¿Qué pasó realmente con Anastasia?
Entre conspiraciones, secretos familiares, traiciones, misterios y un amor capaz de desafiar el destino, Lyra deberá descubrir quién es realmente... antes de que las verdades enterradas destruyan aquello que ama
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CAPÍTULO 11 – La Habitación De Los Muertos
El Palacio Valmont jamás había sido un lugar cálido. Pero ahora… era peor.
El silencio se había convertido en una presencia constante, pesada, sofocante. Los largos pasillos parecían mausoleos y las enormes ventanas dejaban entrar una luz grisácea que hacía que todo lucía enfermo. No había risas, no había música. No había Anastasia.
El conde Octavian Valmont bebía vino sentado frente a la chimenea apagada del salón principal. Su expresión estaba endurecida por el cansancio y la irritación. Frente a él, la condesa Evelyne Valmont seguía vestida completamente de negro. El velo oscuro cubría parte de su cabello rubio y hacía que su rostro pareciera todavía más pálido.
—Esto es un desastre… —gruñó el conde, dejando la copa sobre la mesa con brusquedad—. La cocina está hecha un caos, nadie organiza los documentos y las cuentas siguen acumulándose.
Evelyne ni siquiera lo miró. Sus dedos acariciaron distraídamente un pañuelo bordado con flores doradas.
—Lyra debería haber regresado ya —continuó Octavian con evidente fastidio—. ¿Qué demonios está haciendo el príncipe de Kryndall? Pensé que la rechazaría apenas le viera la cara.
La condesa soltó una pequeña risa amarga.
—Seguramente se está divirtiendo con ella antes de devolverla… ya sabes cómo son los nobles poderosos.
Sus labios se tensaron con desprecio.
—Lyra no puede aspirar a algo mejor. Esa muchacha nació para servir… no para convertirse en princesa.
Octavio volvió a beber vino.
—La necesitamos aquí.
—Y volverás. —Evelyne habló con seguridad cruel—. Nadie elegiría quedarse con una muchacha como ella cuando pudo haber tenido a Anastasia.
El nombre de su hija mayor cayó en el salón como un cuchillo. El rostro de la condesa se quebró apenas unos segundos con dolor real, profundo, devastador. Se puso de pie lentamente.
—Me retiraré.
Octavian levantó la vista.
—¿Vas a encerrarte otra vez en la habitación de Anastasia?
La mujer cerró los ojos.
—Es el único lugar donde todavía puedo sentirla.
Su voz se quebró.
—Todo ahí huele a ella… sus vestidos… sus perfumes… su cama… Es como si todavía estuviera conmigo.
El conde sospechó de impaciencia.
—Deberías aceptar la realidad de una vez, Evelyne. Anastasia murió.
Ella presionó el pañuelo con fuerza.
Y entonces Octavio agregó, con una crudeza escalofriante:
—Ni siquiera pudimos recuperar el cuerpo.
La condesa tembló.
—No sigas…
—Los trabajadores encontraron mechones de su cabello enredados entre los árboles cerca del río. —El conde habló sin emoción—. El carruaje cayó… la corriente era demasiado fuerte… seguramente quedó atrapada y el agua la arrastró.
Los ojos de Evelyne comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Basta…
—Su cabello era tan largo… seguramente las ramas se lo arrancaron cuando la corriente la arrastró río abajo.
La condesa soltó un pequeño gemido ahogado y se llevó una mano al pecho. Luego, sin decir una sola palabra más, salió del salón, directo hacia la habitación de Anastasia. Hacia el santuario de una hija muerta.
Octavio quedó solo. Completamente solo. Y, por primera vez en mucho tiempo, el enorme salón se sentía demasiado vacío.
Entonces alguien llamó suavemente a la puerta, se trataba de la anciana empleada que entró inclinando la cabeza.
—Mi señor… ha llegado correspondencia desde Kryndall.
Octavian frunció el ceño y extendió la mano. La mujer le entregó la carta sellada con el emblema real de Kryndall.
El corazón del conde se aceleró. Finalmente. Finalmente el rechazo. Rompió el sello apresuradamente. Pero apenas comenzó a leer... su rostro cambió.
Primera confusión. Luego incredulidad. Y finalmente… horror.
Porque la carta decía claramente:
“Nos complace anunciar el compromiso oficial entre Su Alteza el príncipe Kael Al-Nazir de Kryndall y Lady Lyra Valmont”.
La copa de vino cayó al suelo… Rompiéndose.
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El palacio brillaba bajo la luz dorada de la tarde. Las columnas ornamentadas, los mosaicos de colores y las cortinas translúcidas se movían suavemente con el viento cálido del desierto.
Dentro de la habitación del príncipe Kael, Samira organizaba cuidadosamente una maleta de viaje.
· Doblando ropa.
· Guardando documentos.
· Preparando armas pequeñas.
Kael estaba sentado cerca de la ventana, observando distraídamente el jardín exterior. Pero su mente claramente estaba en otro lugar.
—¿Has averiguado algo sobre Selene y Mireya? —preguntó finalmente.
Samira levantó una ceja sin dejar de trabajar.
—Las tengo bajo observación.
Kael entrecerró los ojos.
—Sospecho que están tratando mal a Lyra.
La expresión de Samira se aguantó apenas un poco.
—También lo sospecho.
Kael giró el rostro hacia ella.
—¿Y no has hecho nada?
Samira dejó una túnica dentro de la maleta y luego lo miró directamente.
—No tengo autoridad suficiente para intervenir.
Hubo un pequeño silencio.
Entonces Kael suspiró.
—Entonces eso cambia desde ahora.
Samira parpadeado.
—¿Qué?
El príncipe sonrió apenas.
—Te nombro administradora general del palacio.
Silencio.
Y luego… Los ojos de Samira brillaron peligrosamente. Una sonrisa lenta, casi maquiavélica, apareció en su rostro.
—¿Habla en serio?
Kael soltó una pequeña risa.
—Eres la persona en quien más confió dentro de este palacio. Has estado conmigo desde siempre… sé perfectamente de lo que eres capaz.
Samira cruzó los brazos, claramente satisfecha.
—Oh… esto será divertido.
Kael levantó una ceja.
—No abuses del poder.
Ella sonrió todavía más.
—No prometo nada.
El príncipe negó con la cabeza divertida mientras ella continuaba arreglando la maleta.
— ¿Cuánto tiempo estará fuera? —preguntó Samira.
—Una semana.
—¿Tanto?
—Tengo asuntos pendientes en la frontera del este.
Samira avanza lentamente. Luego su expresión cambió un poco por una más seria.
—¿Y la señorita Lyra?
Kael guardó silencio unos segundos.
—La dejo a tu cuidado.
—Lo imaginé.
—Protégela.
Samira lo observó con atención. Y entonces preguntó suavemente:
— ¿Cuándo va a decirle la verdad?
Kael desvió la mirada hacia la ventana. El viento movió lentamente las cortinas.
—Todavía no es el momento.
—Pero tendrá que saberlo.
-Perder.
Su voz fue baja, pesada.
—Quizás cuando regrese… capaz con ella.
Samira lo estudió en silencio unos segundos.
—Debe ser completamente sincero con la señorita Lyra.
Kael lentamente.
Entonces Samira sonriendo de lado.
—¿Tengo permiso para hablarle sobre ti?
El príncipe soltó una pequeña risa nasal.
—Nadie me conoce mejor que tú. Confío en tu criterio.
Samira colocó la última prenda dentro de la maleta y cerró el equipaje.
—Perfecto.
Luego añadió con tono descaradamente burlón:
—Ahora debería ir a despedirse de su amada Lyra.
Kael se atragantó con el aire.
—¿Qué tonterías dices?
Samira comenzó a reír.
—Oh, por favor. Lo conozco de toda la vida…
—No es eso.
—Claro que no.
Ella caminó lentamente hacia él con una sonrisa divertida.
—Usted solo quiere “protegerla”.
Kael frunció el fruncido.
-Si.
—Ajá… protegerla tanto que decidió casarse con ella.
El príncipe abrió la boca, pero no encontró palabras.
Samira soltó otra risita victoriosa.
—Interesante forma de protección.
Kael terminó sonrojándose ligeramente. Algo raro en él.
—Solo… no quiero que pase por lo mismo que yo pasé. Digamos que la comprensión demasiado bien…
La sonrisa de Samira desapareció apenas un instante. Porque entendía perfectamente lo que esas palabras significaban.
Había demasiadas heridas en Kael, demasiados fantasmas. Pero aún así… volvió a sonreír.
—Entonces debería de ir a verla antes de irse.
Kael suspiró derrotado.
—Termina la maleta.
—Sí, sí… Su Alteza.
El príncipe salió de la habitación.
Y Samira, apenas quedó sola, soltó una pequeña carcajada.
—Está perdidamente enamorado… y ni siquiera se ha dado cuenta.
mientras Kael manda. a investigar a Samira. para saber lo que pasa con la familia Valmonta
es cierto que ellos mismos la llevaron a Kryndall y ahora resulta que no quieren responder la compromiso que ellos mismos buscaban? jummm🤔🤔🤔🤔
pero también fue al huerto, leyó libros en la biblioteca.... ha tomado pequeñas decisiones que para ella son enormes
Ambos se parecen ... son amables y no tienen miedo de estar en medio de las personas... no hacen esas diferencias entre clases sociales
Aún así revisa que llevará botas para poder entrar al huerto!
esa conversación entre ellos nos revela que Osea elegió a Lyra como su prometida por alguna razón... y no lastima ni compasión....
y Karl se comportó a la altura al despedirlas como perros.... como lo que son ju mmmm....
Comos e atreven a cuestionar a una noble... sin importar como sea 🤬🤬🤬🤬🤬