Scarlett Padro Castello es una mujer empoderada, CEO de su propia firma de maquillaje y presidenta de una potencia automotriz. Ha construido un imperio desafiando los prejuicios de género, demostrando que su intelecto es tan afilado como su sentido de los negocios. Sin embargo, su mundo perfectamente controlado se tambalea cuando su padre le impone un proyecto junto al gigante tecnológico de la familia Robles Di Bianco. El problema tiene nombre y apellido: Rodrigo Robles Di Bianco.Rodrigo, el frío y calculador dueño del imperio tecnológico, no quiere tenerla cerca "ni en pintura". Su rechazo es visceral; ambos comparten un pasado marcado por escándalos y una competitividad feroz que los llevó a detestarse públicamente. Para Rodrigo, Scarlett es una distracción peligrosa; para Scarlett, Rodrigo es el único hombre que ha logrado herir su orgullo.Lejos de amedrentarse, Scarlett decide utilizar toda su astucia y elegancia para infiltrarse en el mundo del multimillonario.
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Capítulo 8
...RODRIGO:...
Estaba sentado a la mesa, pero me sentía como un prisionero de guerra en mi propia casa.
El brillo de las velas se reflejaba en los ojos de Scarlett, que me miraba con una falsa dulzura que me revolvía el estómago y, al mismo tiempo, me mantenía peligrosamente alerta.
Tenía el cariño de mi padre y su apoyo como si fuera la hija que nunca tuvo, mientras yo, el heredero del imperio tecnológico más grande del país, era tratado como un adolescente caprichoso.
— ¿La sal, Scarlett? — repetí entre dientes, tomando el salero con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos —. Ten. Espero que no te suba la presión, aunque con tanto veneno que sale de tu boca, dudo que la sal sea un problema.
Le entregué el salero con un movimiento brusco, pero ella lo tomó con una elegancia exasperante, rozando mis dedos con los suyos.
Fue un contacto breve, pero sentí una descarga eléctrica que me hizo retirar la mano como si me hubiera quemado.
Ella sonrió, sabiendo perfectamente el efecto que causaba.
— Gracias, Rodriguito — dijo ella, enfatizando el apodo que sabía que yo detestaba.
La fulminé con la mirada, tratando de imponer silencio y respeto.
— Dime así de nuevo y no respondo — advertí, con un matiz de advertencia en mi voz.
Ella, en un gesto de desafío, rodó los ojos con expresión indiferente.
— Dime así de nuevo y no respondo — replicó, imitando mi tono y burlándose de mí. Luego se inclinó hacia mí, acercándose aún más —. Y si no quiero, ¿qué harás, Rodriguito?
Estábamos tan cerca, demasiado cerca para mi propio bienestar.
Podía ver con claridad el brillo de diversión en sus ojos, que estaban perfectamente delineados, y mi atención se desvió por un momento hacia sus labios, que lucían de un intenso color carmín.
En ese instante, sentí un impulso irrefrenable de probar esos labios, aunque solo fuera un simple roce...
Sin embargo, un carraspeo nos sacó abruptamente de nuestra burbuja.
Miré hacia mi padre, que nos observaba con una pequeña sonrisa en el rostro.
— Me gusta el ambiente, extrañaba esto — intervino mi padre, dirigiéndose al padre de Scarlett con una copa de vino en la mano.
— Yo igual Alberto — dijo Marcelo suspirando —. ¿Te acuerdas de cuando estos dos tenían diez años y Rodrigo intentó programar el sistema de riego del jardín para que solo mojara a Scarlett cada vez que ella pasaba cerca de sus rosales?
Mi padre estalló en una carcajada, limpiándose las lágrimas de risa con una servilleta.
— ¡Cómo olvidarlo! — exclamó con diversión —. Scarlett terminó empapada con su vestido de fiesta, pero se vengó escondiendo el teclado de la primera computadora de Rodrigo. Casi le da un infarto cuando lo encontró sucio, algo frío y viscoso.
— Fue una broma demasiado pesada — protesté, sintiendo cómo el calor subía por mi cuello —. Esa computadora era un prototipo único.
— Fue una lección de humildad, querido — intervino Scarlett, llevándose una copa de vino a los labios con una gracia insultante —. Siempre has sido un mal perdedor, Rodrigo. Incluso ahora, prefieres ignorar una alianza millonaria solo porque todavía te duele las travesuras de juventud.
Mientras llevé la copa a los labios, una risa sin entusiasmo escapó de mi boca, como si el líquido en mi copa intentara ahogar la pesadez del momento.
— ¿Travesuras? — repetí, con una ceja levantada y la mirada fija en ella — ¿Así es como llamas a las bromas pesadas que solías gastar?
Scarlett frunció los labios en un gesto que mezclaba indignación y diversión, un puchero que no podía evitar resultar encantador.
— Tú eras mil veces peor que yo — replicó, con un brillo travieso en su mirada — Solo seguí el juego que tú empezaste.
Desvié la vista de su rostro, incapaz de sostener su intensa mirada, consciente de que había algo en aquellas palabras que resonaba en mi memoria.
— Exagerabas, Scarlett — afirmé, con un tono que pretendía ser firme, aunque mi voz temblaba un poco — Siempre llevabas las cosas más allá, sin pensar en las consecuencias.
Ella se encogió de hombros, un gesto que combinaba desafío y diversión.
— Me dejabas de lado, me ignorabas, así que tenía que desquitarme de alguna forma. Esas bromas eran mi manera de llamar tu atención, pero tú solo seguías haciéndome a un lado.
En ese instante, la tensión entre nosotros se hizo palpable, una mezcla de viejas rivalidades y la chispa de una atracción que ni el tiempo ni las bromas pesadas podían borrar.
— No eran solo las bromas, se trata de que eres imposible de manejar — le espeté, olvidando por un segundo que nuestros padres nos observaban.
— Bueno, bueno — interrumpió mi padre, recuperando la seriedad —. Precisamente porque sabemos que son imposibles el uno para el otro, hemos tomado una decisión para asegurar que este proyecto no fracase por sus egos.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
Conocía esa mirada de mi padre.
Era la mirada de "he hecho un movimiento brillante que no puedes bloquear".
— Como el desarrollo del software para los motores de Padro Castello requiere una integración total — continuó mi padre, mirando de Scarlett a mí —, hemos decidido que Scarlett se instalará en el ala de invitados de tu departamento, Rodrigo.
» Trabajarán juntos, día y noche, hasta que el prototipo esté listo. Es la única forma de que dejen de pelear y empiecen a producir.
Me quedé de piedra.
El aire se escapó de mis pulmones y vi cómo la sonrisa de Scarlett se congelaba por primera vez en toda la noche.
— ¿Qué? — exclamamos los dos al unísono.
Nos intercambiamos miradas llenas de temor, con expresiones en nuestros rostros que reflejaban la angustia que sentíamos en ese momento.
La realidad de la situación nos abrumaba, y era difícil de creer que estuviera sucediendo.
Este acontecimiento escapaba a nuestra comprensión; simplemente no podía ser cierto.
Pues quien se ceee este 🤭