NovelToon NovelToon
Nuestro Destino 1 El Comienzo

Nuestro Destino 1 El Comienzo

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Una chica que cree en el amor… incluso cuando el amor no cree en ella.
Después de enamorarse de alguien que nunca cambió, descubre la verdad de la peor forma: a través de sus propias amigas. Aun así, decide no romperse, no cerrarse… porque, en el fondo, sigue creyendo que en algún lugar existe ese amor que siempre soñó.
Entonces aparece él.
Un chico marcado por su propio pasado, que también conoció el dolor, pero que en lugar de rendirse… se volvió más fuerte. Más decidido. Más real.
Cuando sus caminos se cruzan, algo cambia.
No es inmediato.
No es perfecto.
Pero es diferente.
Con la ayuda de quienes los rodean, comienzan a acercarse, a confiar… a sentir algo que ninguno de los dos esperaba volver a vivir.
Sin embargo, el pasado no se queda atrás tan fácilmente.
La exnovia de él está decidida a interferir, intentando arruinarlo todo durante un momento clave: el baile.
Pero esta vez…
Las cosas no serán como antes.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

El despertador ni siquiera tuvo la oportunidad de sonar.

Abrí los ojos antes…

Con el corazón latiendo más rápido de lo normal.

Hoy no era un día cualquiera.

Hoy era el día.

La emoción me recorría por dentro como electricidad.

Algo iba a pasar.

Lo sentía… y eso hacía que todo se sintiera aún más intenso.

Bajé casi corriendo las escaleras.

El olor a desayuno recién hecho me envolvió, cálido, familiar… pero lo que realmente llamó la atención fueron las miradas de mis papás.

Me estaban observando.

Y sonreían.

Demasiado.

—Alguien amaneció muy alegre… —dijo mi mamá, cruzándose de brazos con una sonrisa sospechosa—. ¿Qué vas a desayunar?

Intenté disimular mi emoción… aunque probablemente fallé.

—Solo leche y galletas.

Mi papá soltó una pequeña risa.

—¿A qué hora llega tu prima?

—A las doce, mamá.

Intercambiaron una mirada.

Otra de esas miradas que dicen más de lo que deberían.

Ahí estaba otra vez…

El misterio.

La sorpresa.

Esa que llevaban días insinuando.

Y que hoy… finalmente iba a descubrir.

Terminé de desayunar más rápido de lo normal.

No podía quedarme quieta.

Subí a mi cuarto, me lavé los dientes, y para matar el tiempo me tiré en la cama a ver una película…

Error.

Porque el tiempo decidió burlarse de mí.

Las escenas pasaban…

Mi mente se iba…

Mis ojos pesaban…

Y cuando reaccioné—

El timbre sonó.

Me incorporé de golpe.

Una sonrisa automática apareció en mi rostro.

—Es ella.

—Voy a abrirle a mi sobrina —escuché a mi mamá decir desde la cocina—, porque de seguro mi hija se quedó dormida.

—¡No me quedé dormida! —grité mientras bajaba corriendo las escaleras.

Pero ya era tarde.

La puerta estaba abierta.

—Hola, tía, ¿cómo ha estado?

—Bien, ¿y tú?

—Muy bien.

Apenas la vi, sentí esa chispa.

Esa conexión.

Esa complicidad que solo tenemos nosotras.

Salí directo hacia ella—

Y las dos hablamos al mismo tiempo.

—¡Prima!

Nos quedamos en silencio…

Y luego soltamos una risa.

Como si el tiempo no hubiera pasado.

Como si todo siguiera igual.

—¿Ya estás lista para irnos? —le pregunté, incapaz de ocultar la emoción.

—Sí, ya estoy lista. Vámonos rápido.

Me giré hacia la cocina.

—¡Mamá! Ya nos vamos, regresamos como a las cuatro.

—Está bien —respondió—, pero no vayas a tardar… acuérdate que van a venir por ti, Cris.

Mi corazón dio un pequeño salto.

Tay.

Solo escuchar su nombre en mi mente… cambiaba todo.

Salimos de la casa.

Y en el camino… no pude evitar hablar de él.

De cómo era.

De su sonrisa.

De su forma de mirarme.

De todo.

—Va a venir por mí a las 7:30 —le dije, intentando sonar casual—. La fiesta empieza a las ocho.

Noté cómo mi prima empezaba a reír.

Fruncí el ceño.

—¿De qué te ríes?

Ella negó con la cabeza, divertida.

—Ay, prima… estás perdidamente enamorada de Tay.

Sentí el calor subir por mis mejillas.

Pero no lo negué.

Porque no podía.

—Y yo sé… que él también lo está de mí.

Silencio.

Uno corto… pero lleno de significado.

—Bueno —dijo finalmente—, ya llegamos a la parada del camión. Te voy explicando cómo nos bajamos.

Asentí.

Aunque, honestamente…

Mi mente ya no estaba ahí.

Estaba en la noche.

En la fiesta.

En él.

En su reacción cuando me viera.

El centro siempre tenía ese ruido caótico…

Gente pasando.

Voces cruzándose.

Colores por todas partes.

Pero hoy… todo se sentía distinto.

Como si el mundo entero fuera solo un escenario…

Y yo estuviera a punto de hacer mi gran entrada.

—Prima, ya llegamos —dijo, girándose hacia mí—. Anótate… y sobre todo… ¿ya sabes cómo te vas a cortar el cabello?

Sonreí.

Esa sonrisa que no era solo emoción…

Era intención.

—Sí.

Hice una pausa, disfrutando el momento.

—En cinco capas… estilo francés.

Sus ojos brillaron.

—¿Para sorprenderlo?

Bajé la mirada un segundo…

Pero no para ocultarme.

Sino para saborear lo que iba a pasar.

—Para ver su reacción.

Entramos.

El aire cambió.

Ese olor a productos, a cambio, a transformación…

A nuevas versiones de ti misma.

Nos sentamos.

Y por primera vez en todo el día…

Sentí nervios.

De los reales.

—Te están llamando —susurró mi prima.

Si no fuera por ella, ni me doy cuenta.

Me levanté rápido.

Caminé hacia el espejo…

Y ahí estaba.

Yo.

Pero no la de siempre.

La que estaba a punto de cambiar.

—¿Cómo lo quieres? —preguntó la estilista.

Respiré hondo.

—En cinco capas… con caída suave… que enmarque el rostro.

Mi voz sonó firme.

Decidida.

Como si no solo estuviera hablando de mi cabello…

Sino de quién iba a ser después de esto.

Las tijeras sonaron.

Primer corte.

Y algo dentro de mí… también cambió.

Los minutos pasaron…

Luego una hora…

Luego dos.

Pero no sentí el tiempo.

Solo sentía…

Expectativa.

Cuando terminaron—

Levanté la mirada lentamente hacia el espejo.

Y por un segundo…

No me reconocí.

Mi cabello caía perfecto.

Más ligero.

Más elegante.

Más… yo.

Pero una versión más peligrosa.

Más segura.

Más imposible de ignorar.

Mi prima abrió la boca.

—No… no inventes.

Sonreí.

Lento.

Controlado.

—¿Mucho?

—Muchísimo… Tay no va a saber ni qué hacer.

Y ahí estuvo otra vez.

Ese nombre.

Ese efecto.

Ese cosquilleo en el pecho.

Salimos del lugar.

Y el mundo seguía igual…

Pero yo no.

En el camión, no dejamos de hablar.

Pero en realidad…

Yo no estaba ahí.

Estaba imaginando.

Su mirada.

El momento exacto en que me viera.

El silencio.

La sorpresa.

—Ya me lo estoy imaginando, prima —dijo ella, riendo—. Quiero estar ahí para verlo.

Solté una pequeña risa.

—Se va a quedar sin palabras.

El camión frenó de golpe.

—¡Bájate! —me jaló mi prima.

Reaccioné tarde.

Casi se nos pasa la parada.

Me estiró con rapidez para timbrar.

Bajamos entre risas.

—Vaya estirada —dije, aún riendo—. ¿Desde cuándo eres tan flexible?

Ella sonrió, como si guardara más historias de las que decía.

—En Los Ángeles practicaba todas las mañanas… con mi ex.

La miré.

Sorprendida.

—Ok… eso no me lo esperaba.

—Hay muchas cosas que no sabes de mí.

Nos quedamos en silencio un segundo.

Pero no era incómodo.

Era de esos silencios que dicen:

“Después te cuento.”

Llegamos a la casa.

Abrí la puerta—

Y nos congelamos.

Dos sobres.

En el suelo.

Esperando.

Como si todo esto hubiera sido planeado milimétricamente.

Mi corazón se aceleró.

—¿Qué…?

Tomé el primero.

Mis manos temblaban ligeramente.

Lo abrí.

Leí en voz alta:

—“Para: Cris. Ve a la cochera para que veas la sorpresa que tenemos para ti.”…

No terminé de leer.

Porque ya estaba corriendo.

No pensé.

No respiré.

No dudé.

Corrí.

El papel seguía en mi mano… arrugándose con cada paso, mientras mi corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho, como si supiera antes que yo lo que estaba a punto de ver.

—¡Cris, espérame! —gritó mi prima detrás de mí.

Pero yo ya no podía detenerme.

No quería.

Empujé la puerta de la cochera—

Y el mundo…

Se detuvo.

Ahí estaba.

Brillando bajo la luz que se colaba por la ventana.

Perfecta.

Intocable.

Mía.

Una moto.

Mi moto.

El aire se me fue de golpe.

—No… no puede ser…

Di un paso.

Luego otro.

Como si temiera que desapareciera si me acercaba demasiado rápido.

—¡WOW!

El grito salió de mí sin permiso, lleno de emoción pura, de esa que te desborda, que te quema por dentro y te hace sentir viva de una forma casi dolorosa.

—¡Prima! —mi voz temblaba— ¡Es la moto que quería!

Ella llegó a mi lado, riendo, igual de emocionada que yo.

—Sabía que te ibas a volver loca.

Pero no era locura.

Era más que eso.

Era ese tipo de felicidad que no puedes contener… que te rompe en pedazos para reconstruirte más fuerte.

—Ten… te falta la última carta —dijo, extendiéndomela.

La tomé rápido.

Demasiado rápido.

Mis dedos temblaban.

Mi respiración también.

La abrí.

Leí.

—“Ahora sube a tu cuarto…” —mi voz bajó, cargada de expectativa— “…ahí vas a encontrar otra carta junto con tu sorpresa.”

Tragué saliva.

—¿Otra…?

Nos miramos.

Y sin decir nada—

Corrimos.

Subí las escaleras casi sin sentir los pies.

Abrí la puerta de mi cuarto de golpe—

Y me detuve.

El mundo volvió a hacerlo.

Sobre mi cama…

Estaban.

Los libros que había querido por tanto tiempo.

—“Pídeme lo que quieras”… —susurré.

Mis dedos rozaron la portada.

—“Las crónicas de Narnia”…

Una sonrisa suave se formó en mis labios.

—“…y Cincuenta sombras de Grey.”

Mi respiración se volvió más lenta.

Más profunda.

Más… emocional.

Porque no eran solo libros.

Eran detalles.

Eran ellos conociéndome.

Pensando en mí.

Amándome en silencio.

Pero ahí estaba otra vez.

La carta.

Siempre una más.

Siempre un paso más.

La tomé.

La abrí.

—“Hay otra sorpresa para ti… pero vas a tener que esperar…” —leí, sintiendo cómo la ansiedad regresaba— “…esa te la van a decir tus papás. Espéranos en tu cuarto.”

Silencio.

Un silencio pesado.

Expectante.

La puerta se abrió.

—¿Ya estás lista para tu última sorpresa, princesa?

La voz de mi papá.

Suave.

Pero con algo más.

Algo que no supe descifrar.

—Sí… —respondí, casi en un susurro.

—Pero tienes que cerrar los ojos, hija —añadió mi mamá.

Mi corazón volvió a acelerarse.

—Ok…

Los cerré.

Oscuridad total.

—Prima, dame tu mano.

Sentí sus dedos entrelazarse con los míos.

Firmes.

Cálidos.

—¿Tú sabes cuál es la sorpresa? —pregunté, incapaz de resistir.

Ella soltó una pequeña risa.

—Sí…

Hizo una pausa.

—Pero no te lo voy a decir.

Rodé los ojos, aunque no podía ver.

—Qué mala eres.

—Vas a tener que esperar.

Caminamos.

Lento.

Paso a paso.

Mi corazón marcando el ritmo.

Uno.

Dos.

Tres.

—Ya quiero abrirlos…

—Aguanta —susurró mi mamá.

Nos detuvimos.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—¿Ya puedo abrirlos?

—Sí.

Abrí los ojos.

Y el aire…

Desapareció.

Todo a mi alrededor se volvió borroso.

Mi mente intentó procesarlo.

Pero no podía.

Porque lo que estaba viendo…

Era demasiado.

Un cuarto.

Pequeño.

Delicado.

Perfecto.

Colores suaves.

Decoración tierna.

Una cuna.

Un… cuarto de bebé.

Mi cuerpo se tambaleó.

Literalmente.

Sentí que iba a caer.

Pero me sostuve.

Porque la emoción…

Era demasiado grande para dejarla escapar.

—¿…un bebé?

Mi voz salió rota.

Incrédula.

Viva.

Mi mamá asintió.

Con los ojos brillosos.

—Vas a tener un hermanito… o hermanita.

Y ahí fue cuando todo explotó.

Corrí.

Me lancé hacia mi papá.

Lo abracé con tanta fuerza que casi lo tiro.

—¡Papá!

Reí.

Lloré.

Todo al mismo tiempo.

Luego mi mamá.

—¡No lo puedo creer!

Mi corazón estaba lleno.

Lleno de amor.

De felicidad.

De vida.

Más tarde…

El agua caía sobre mi piel.

Pero yo no estaba ahí.

Estaba reviviendo cada segundo.

La moto.

Los libros.

El bebé.

Todo.

Todo.

Salí de bañarme con una energía distinta.

Más ligera.

Más viva.

Más… yo.

Me cambié rápido.

Elegí la ropa con cuidado.

Cada detalle importaba.

Mi cabello caía perfecto.

Mi maquillaje resaltaba lo justo.

Natural…

Pero imposible de ignorar.

Miré el reloj.

Media hora.

—No puede ser…

Bajé corriendo a la cochera.

Las llaves en la mano.

La adrenalina en el cuerpo.

—¿Lista? —dijo mi prima, subiéndose conmigo.

—Agárrate fuerte.

Encendí la moto.

El sonido vibró en mi pecho.

Salimos.

El viento golpeando mi rostro.

La libertad recorriéndome.

Era perfecta.

Yo era perfecta en ese momento.

Dimos la vuelta para regresar—

Y entonces lo vi.

A lo lejos.

Su carro.

Mi respiración se cortó.

—Es él…

Apreté el acelerador.

Sin pensar.

Sin medir.

Solo sintiendo.

Llegué.

Frené.

El silencio cayó.

Me bajé.

Ayudé a mi prima.

Pero lo sentía.

Su mirada.

Sobre mí.

Fija.

Intensa.

Quemando.

—No sabía que te gustaban las motos, Cris…

Su voz.

Más baja.

Más… cargada.

Levanté la mirada.

Y ahí estaba.

Viéndome como si fuera la primera vez.

Como si no pudiera apartar los ojos.

Como si…

algo hubiera cambiado.

Y sí.

Había cambiado.

Yo.

—Se nos va a hacer tarde para la fiesta —dije, rompiendo la tensión.

Pero por dentro…

Sonreía.

Porque lo vi.

Lo sentí.

Lo causé.

Nos despedimos rápido.

Subimos.

Pero antes de arrancar—

—¿Por qué no nos vamos en tu moto… y dejo mi carro?

Mi corazón dio un salto.

—Sí…

Le extendí las llaves.

—Pero hay un problema…

Me miró.

—Solo hay un casco.

Sonrió.

Esa sonrisa segura.

Peligrosa.

—No te preocupes.

Abrió su cajuela.

Sacó uno.

—Siempre estoy preparado.

Mi respiración se volvió más lenta.

Más profunda.

Más… consciente de él.

Se subió.

Sentí sus manos.

Firmes.

Cerca.

Demasiado cerca.

—Cris… agárrate fuerte.

Mi piel se erizó.

Encendí la moto.

Y esta vez—

No solo íbamos a una fiesta.

Íbamos…

A algo mucho más peligroso.

La noche brillaba sobre la ciudad.

Las luces pasaban rápidas frente a nosotros mientras el viento chocaba contra mi piel y el corazón me latía tan fuerte que apenas podía escuchar otra cosa.

Pero aun así…

Lo sentía.

A él.

Sus manos alrededor de mi cintura.

Su cuerpo cerca del mío.

Su respiración rozándome a veces cuando se inclinaba un poco más.

Y cada segundo sobre esa moto…

se sentía demasiado íntimo.

—¿Siempre manejas así? —preguntó cerca de mi oído.

Sonreí apenas.

—¿Así cómo?

—Como si no tuvieras miedo de nada.

Mi sonrisa desapareció un poco.

Porque eso…

No era verdad.

Sí tenía miedo.

Mucho.

Pero no de caerme.

De sentir demasiado.

La fiesta estaba llena.

Música.

Luces.

Gente moviéndose por todas partes.

Pero cuando entramos…

Sentí las miradas.

No hacia él.

Hacia nosotros.

Y especialmente…

Hacia mí.

—Ok… —escuché murmurar a una chica cerca— Cris se ve increíble.

Otra rió bajito.

—Tay no le ha quitado los ojos de encima desde que llegó.

Sentí calor subir por mi cuello.

Pero no volteé.

Porque si lo hacía…

iba a buscarlo.

Y si lo encontraba mirándome así otra vez…

iba a perder completamente el control.

—Voy por algo de tomar —dijo mi prima, desapareciendo entre la gente.

Y entonces me quedé sola con él.

Error.

Porque el silencio entre nosotros nunca era realmente silencio.

Siempre había algo debajo.

Algo creciendo.

Algo peligroso.

—Te ves diferente esta noche.

Su voz me atravesó lento.

Levanté la mirada.

Y ahí estaba otra vez esa expresión.

Esa intensidad.

Como si estuviera intentando entender algo que no lo dejaba respirar tranquilo.

—¿Diferente bien… o diferente mal? —pregunté.

Él sonrió apenas.

—Diferente imposible de ignorar.

Mi corazón tropezó consigo mismo.

Porque Tay no coqueteaba como los demás.

Él decía las cosas lento.

Mirándote directo.

Como si quisiera asegurarse de que cada palabra se quedara dentro de ti.

Y lo lograba.

—El cabello te queda demasiado bien… —añadió—. Aunque eso no es lo que más me está afectando ahorita.

Tragué saliva.

—¿Entonces qué es?

Silencio.

Uno pequeño.

Pero cargado.

Sus ojos bajaron apenas hacia mis labios…

y luego volvieron a subir.

—Tú.

El mundo desapareció.

Literalmente.

La música se volvió ruido lejano.

Las personas dejaron de existir.

Porque en ese momento…

solo estábamos él y yo.

Y por primera vez desde que lo conocí…

sentí que algo estaba a punto de pasar.

Algo que podía cambiarlo todo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play