Manjiro y tú eran mejores amigos desde pequeños, por eso estuviste con él desde siempre y tienes sentimientos hacia él. Los fundadores también eran tus amigos, pero desde que una chica llamada Luna entró a Toman, te "robó" a tus amigos, también a Manjiro. Manjiro se volvió distante: no te contestaba, te excluía, te ignoraba... esto te afectó un poco. Tu mejor amigo y el chico que te gustaba te cambiaba un poco más cada minuto. Siempre que intentabas hablar de ello, decía que estabas siendo posesiva y que no tenías razón para actuar así... hasta que llegó ese día.
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8
—"Escucha bien," dijo él, su tono volvió a ser grave y serio. —"No importa dónde intentes huir esta noche, habrá un coche esperándote frente a tu hotel mañana por la mañana. Y créeme cuando te digo que mis conductores son muy persuasivos"—.
Su pulgar trazó círculos distraídos en su brazo mientras la miraba fijamente a los ojos. La cercanía entre ellos era electrizante, una mezcla de historias y tensión actual.
—"No pienses ni por un segundo que puedes escapar de mí tan fácilmente como lo hiciste hace diez años. Esta vez no hay escaleras de incendio ni países extranjeros para esconderte detrás"—.
Le digo amablemente —"no puedes decírmelo aquí de una vez?"—.
La amabilidad persistente en su tono era como gasolina para la furia contenida de Manjiro. Soltó una risa incrédula, soltando su brazo para dar un paso atrás y mirarla como si fuera una especie de broma andante.
—"¿Aquí? ¿Delante de toda esta gente?"—. Señaló a los otros paseantes en el parque, algunos de los cuales comenzaban a lanzar miradas curiosas hacia ellos. —"¿Crees que voy a revelar mis negocios y mis planes de futuro en un puto banco público donde cualquier idiota puede escuchar?"—.
Su voz subió de volumen, atrayendo más atención. —"No soy el mismo tonto ingenuo que conocías entonces. Cuando hago citas, la gente las sigue. Punto"—.
Agarró su muñeca con firmeza pero controlada, llevándola en dirección al camino de salida del parque.
Le digo amablemente —"por qué tendrías que decirme tus planes futuros?"—.
La pregunta directa de Saori pareció detener a Manjiro en seco. Por un momento, su agarre en su muñeca se aflojó mientras procesaba la audacia de la pregunta. Luego, soltó una carcajada corta y amarga.
—"¿Por qué? Porque todo lo que he logrado en los últimos diez años te involucra directamente"—. Su rostro se acercó al suyo, su aliento cálido rozando su mejilla. —"Cada negocio que construí, cada acuerdo que cerré, cada decisión financiera que tomé... siempre tuve en mente recuperarte"—.
Su voz se volvió más baja, más intensa. —"¿Crees que fue casualidad que expandiera mis inversiones exactas en Francia? ¿Que comprara propiedades en París solo porque me gustaba el clima?"—.
Su voz era un susurro cargado de veneno. —"Cada paso que di en los últimos diez años fue con la esperanza de cruzarme contigo en una calle, en un restaurante, en cualquier lugar donde pudiera decirte lo estúpido que fui al dejarte ir"—.
Su otra mano se posó en el marco del banco, encerrándola entre sus brazos. La cercanía era casi opresiva, pero su toque seguía siendo controlado, como si temiera romperla.
—"Así que sí, Saori. Tienes todo el derecho a saber qué planes tengo. Porque cada uno de ellos incluye verte sufrir por haberme abandonado como si fuera basura"—.
—"Y quiero que veas cómo he prosperado sin ti"—, continuó Manjiro, su voz ahora más calmada pero con un filo de determinación. —"Quiero que entiendas que no soy el niño perdido que dejaste atrás. Soy el hombre que te buscó en cada rincón de Europa, el que construyó un imperio financiero solo para tener una excusa para pisar tu país"—.
Aflojó el agarre en su muñeca pero no se apartó, manteniendo la distancia íntima entre ellos. Su mirada recorrió su rostro, como si estuviera memorizando cada detalle que había extrañado durante años.
—"Así que sí, tienes razón. No puedo decirte todo aquí. Pero tampoco voy a permitir que te vayas y desaparezcas de nuevo"—. Con un movimiento decidido, sacó su teléfono del bolsillo del pecho y marcó un número rápidamente.
—"Mi conductor estará aquí en dos minutos"—, dijo sin esperar confirmación.
—"Te llevaré de vuelta a tu hotel, pero no creas que esto significa que hemos terminado nuestra conversación"—.
Guardó el teléfono y la tomó del codo con firmeza, guiándola fuera del parque hacia la calle iluminada. Su paso era rápido y decidido, como si estuviera reclamando territorio.
—"Mañana a las ocho, te recogerán en la entrada principal. Si intentas salir antes o llamar a algún amigo para que te ayude, descubrirás que mi gente ya está monitoreando todas las salidas"—.
Su tono era de hecho, no amenaza. Era la declaración de un hombre acostumbrado a obtener lo que quería, costara lo que costara.
—"Y no intentes jugar conmigo esta vez, Saori. Porque ahora sé cómo encontrar a la gente cuando se les ocurre desaparecer"—.
Le digo ya resignada —"está bien, vamos a hablar mañana, y además puedo ir sola a mi hotel, está a una cuadra, no es necesario el carro"—.
La resignación en su voz pareció satisfacer a Manjiro de una manera casi perversa. Una sonrisa lenta y triunfante se dibujó en sus labios mientras la soltaba para permitirle caminar a su lado en lugar de arrastrarla.
—"Buena elección,"— dijo con aprobación, metiendo las manos en los bolsillos mientras ajustaba su ritmo al de ella. —"Veo que aún sabes cuándo rendirte"—.
Caminaron en silencio por la acera iluminada, el tráfico nocturno de Tokyo fluyendo a su alrededor. El aire entre ellos era denso con diez años de historia no dicha, cada paso pareciera prolongar el encuentro inevitable del día siguiente.
Al llegar a la esquina de su hotel, Manjiro se detuvo abruptamente. Su mano se posó en el hombro de Saori para impedirle seguir.
—"Una última cosa,"— añadió con voz seria.