Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Mason 1
El aire despues para Rachel se sentía distinto.
Más liviano.
Como si, al cruzar las puertas de la mansión Field, Rachel hubiera dejado atrás algo pesado… algo que no le pertenecía.
El carruaje ya estaba listo.
Esta vez, Rachel no dudó.
Subió con elegancia, sosteniendo apenas su vestido, y tomó asiento sin mirar atrás.
No esperaba despedidas.
No esperaba explicaciones.
Y, sobre todo… no las necesitaba.
La puerta se cerró.
El sonido seco marcó un final.
El carruaje comenzó a avanzar.
Solo entonces, Rachel exhaló lentamente, apoyando la espalda contra el asiento.
—Bien… eso fue intenso.
Pero no había terminado.
Giró ligeramente el rostro hacia la pequeña ventanilla.
—¿Y bien?
Su tono fue tranquilo.
Pero directo.
—¿Qué averiguaron?
Los sirvientes que viajaban cerca intercambiaron miradas antes de responder. Una de las doncellas, la misma que antes había dudado, fue la primera en hablar.
—Mi lady… es tal como usted sospechaba.
Rachel no dijo nada.
Solo escuchó.
—El joven señor… se alteró por la joven que vivía en la mansión.
Rachel entrecerró apenas los ojos.
—Valery.
La doncella asintió.
—Sí, mi lady.
Otro sirviente añadió, con cautela..
—Dicen que… ella se fue hace dos días. Y que el joven señor… no lo tomó bien.
Rachel apoyó un codo sobre el apoyabrazos, pensativa.
—¿Solo “no lo tomó bien”…?
La doncella dudó un segundo.
Luego habló con más sinceridad..
—Explotó, mi lady.
Silencio.
El carruaje avanzaba, el sonido de las ruedas marcando el ritmo de la conversación.
—Rompió cosas.. Gritó. Nadie pudo acercarse.
Rachel cerró los ojos un segundo.
Asintió.
[Tal como escuché.]
—Y… parece que la joven… estaba enamorada de él.
Rachel abrió los ojos lentamente.
No se sorprendió.
En absoluto.
—Claro que lo estaba —murmuró.
La historia lo había dejado claro.
Pero ahora ya no era solo una narración.
Era real.
Más crudo.
Más desordenado.
Más… problemático.
Se acomodó en el asiento, cruzando una pierna con elegancia.
—Gracias —dijo con suavidad.
Los sirvientes bajaron la cabeza.
Pero Rachel no había terminado.
Su mirada se volvió más firme.
—Cuando lleguemos a la mansión Mason…
Todos levantaron apenas la vista.
—Quiero que recuerden bien lo que vieron.
El carruaje siguió su camino.
—Cómo se comportó. Cómo gritó. Cómo rompió cosas. Cómo me ignoró.
Su voz no era dura.
Pero sí clara.
Muy clara.
—Y cuando mis padres pregunten…
hizo una pequeña pausa.
—quiero que lo cuenten. Sin adornos. Sin miedo. Sin omitir nada.
Los sirvientes intercambiaron miradas… y luego asintieron con decisión.
—Sí, Lady Rachel.
Uno de ellos incluso añadió..
—No sería un buen esposo para usted.
Rachel lo miró.
Y por primera vez, una sonrisa genuina apareció en su rostro.
—Lo sé.
Se recostó nuevamente.
Más tranquila. Más ligera.
—Por eso mismo… ya no lo será.
El carruaje avanzaba, alejándose cada vez más de la mansión Field.
Y con cada metro… Rachel sentía que recuperaba algo.
Control.
Decisión.
Libertad.
Miró por la ventana.
El paisaje comenzaba a cambiar.
Y con él… también su historia.
Porque esta vez… ella no iba a ser la villana. Ni la mujer que se quedaba atrapada en un destino ajeno. Esta vez… Rachel Mason iba a elegir.
Cuando el carruaje finalmente cruzó las rejas de la mansión Mason, el ambiente ya no era el mismo que había dejado horas antes.
Había tensión.
Movimiento.
Sirvientes yendo y viniendo más rápido de lo habitual.
Y apenas el carruaje se detuvo, la puerta se abrió casi de inmediato.
—Lady Rachel…
Sus padres estaban allí. Esperándola.
La duquesa fue la primera en acercarse, con el rostro visiblemente alterado, sus ojos recorriendo a Rachel de arriba abajo como si buscara señales de daño invisible.
—¡Rachel! ¿Estás bien?
El duque Mason estaba detrás, su expresión mucho más dura de lo habitual.
No era solo preocupación.
Era enojo.
Un enojo contenido, peligroso.
Rachel parpadeó un segundo, sorprendida.
[Ya lo saben.]
No hizo falta preguntar.
—Estoy bien, madre —respondió con calma.
La duquesa frunció el ceño, claramente esperando otra reacción.
—Nos han contado todo.. Su comportamiento fue inaceptable.
Rachel lo miró.
—Padre…
—¡Ignorarte! ¡No presentarte! ¡Marcharse sin una palabra! ¿Y luego ese escándalo?
Su mandíbula se tensó.
—Los Field han cruzado un límite.
La duquesa apretó suavemente las manos de Rachel.
—Querida… debió ser humillante.
Rachel los observó a ambos.
Esperando ver… dolor.
Vergüenza.
Quizás lágrimas.
Eso era lo que ellos esperaban.
Eso era lo que la otra Rachel habría mostrado.
Pero en cambio… Rachel sonrió. Suave. Tranquila.
—No lo fue.
Silencio.
Ambos se quedaron mirándola.
Desconcertados.
—¿…No? —repitió la duquesa.
Rachel negó ligeramente con la cabeza.
—No, madre.
Su voz era serena.
Segura.
—Fue… esclarecedor.
El duque frunció el ceño, confundido.
—¿Esclarecedor?
Rachel asintió.
—Sí.
Se soltó con suavidad del agarre de su madre, manteniendo siempre la elegancia.
—Pude ver exactamente qué tipo de persona es.
Sus palabras no tenían resentimiento.
Ni dramatismo.
Solo claridad.
—Y eso me permitió tomar una decisión.
El duque la observó con atención.
—¿Qué decisión?
Rachel lo miró directamente.
—No continuar con el compromiso.
Silencio otra vez.
Pero esta vez el silencio… no fue incómodo.
Fue… distinto.
El duque intercambió una mirada con la duquesa.
Ambos parecían sorprendidos.
Pero no molestos.
No decepcionados.
Al contrario.
Había algo más.
Algo parecido a… orgullo.
La duquesa habló primero, con una suavidad nueva en su voz.
—Rachel…
La miró con detenimiento, como si la estuviera viendo por primera vez.
—Estás muy tranquila.
Rachel inclinó levemente la cabeza.
—Porque estoy segura.
El duque exhaló lentamente.
Su expresión se suavizó apenas.
—Pensamos que… estarías afectada.
Rachel sonrió un poco más.
—Lo habría estado… si no hubiera visto la realidad.
Sus palabras eran maduras.
Medidas.
Nada impulsivas.
Nada caprichosas.
La duquesa llevó una mano a su pecho, emocionada.
—Has… cambiado.
Rachel no respondió de inmediato.
Solo sostuvo la mirada.
El duque asintió lentamente.
—Y para bien.
Hubo un breve silencio.
Pero esta vez… cálido.
Distinto.
Sus padres la miraban ahora con algo que no había estado antes.
No solo cariño.
Sino respeto.
Y quizás… una pequeña ilusión.
La duquesa sonrió, visiblemente aliviada.
—Nuestra hija…
Rachel entendió sin que lo dijera.
Están pensando que maduré.
Y por primera vez desde que llegó a este mundo… no le molestó.
Porque, en cierto modo… era verdad.
Rachel bajó la mirada un segundo, luego volvió a levantarla con suavidad.
—Todo estará bien.
Y esta vez… no lo decía para tranquilizarlos a ellos.
Sino porque realmente lo creía.
Porque había evitado un desastre.
Porque había elegido por sí misma.
Y porque, por primera vez… su historia no estaba escrita por alguien más.