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BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

Status: En proceso
Genre:Acción / Aventura Urbana / Batalla por el trono
Popularitas:815
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: DISPARO EN LA LLUVIA

El golpe contra el asfalto le robó el aire a Lía.

No fue solo el impacto.

Fue la forma en que todo ocurrió.

Demasiado rápido.

Demasiado violento.

Un segundo estaba de pie.

Al siguiente…estaba en el suelo.

Empapada.

Confundida.

Y completamente fuera de control.

Antes de que pudiera reaccionar, el peso de Kael cayó sobre ella.

Firme.

Protector.

Inamovible.

Su cuerpo cubrió el de ella justo cuando el segundo disparo rompía el aire.

¡Bang!

La bala impactó contra el poste de luz.

El sonido metálico explotó en la noche como un eco frío.

Cercano.

Demasiado cercano.

—No te muevas —ordenó Kael.

Su voz no era solo firme.

Era absoluta.

Lía dejó de respirar por un segundo.

Podía sentirlo.

Todo.

El calor de su cuerpo. La presión de su pecho contra el suyo.

Su respiración.

Profunda.

Controlada.

Incluso en medio del caos.

—¿Quién está disparando? —preguntó, con la voz rota.

Kael no respondió de inmediato.

Su mirada se elevó.

Fija.

Precisa.

Como si pudiera ver más allá de la lluvia.

Más allá de la oscuridad.

—Tercer piso —murmuró.

La ventana rota.

Una sombra moviéndose detrás del vidrio.

Sus ojos dorados brillaron.

Y esta vez…no había duda en ellos.

—No son humanos.

Otro disparo.

Más rápido.

Más certero.

Kael giró el cuerpo apenas un segundo antes del impacto.

La bala rozó su hombro izquierdo.

Lía sintió el cambio en él.

La tensión.

El golpe contenido.

—¡Te dio!

Pero Kael no reaccionó como alguien herido.

No gritó.

No dudó.

Se incorporó de inmediato.

La tomó del brazo.

—Entra al edificio. Ahora.

—¿Y tú?

Sus ojos se encontraron.

Un segundo.

Pero fue suficiente.

—Voy por él.

Y se movió.

Rápido.

Imparable.

Corrió bajo la lluvia hacia la entrada del edificio.

Y Lía…lo siguió.

No por lógica.

No por seguridad.

Por algo más.

Algo que no entendía.

Algo que ya no podía ignorar.

El vestíbulo olía a humedad y abandono.

Luces blancas parpadeaban en el techo, creando sombras que se movían en las paredes descascaradas.

El mundo exterior quedó atrás.

Pero el peligro…no.

Kael subió las escaleras sin detenerse.

Dos escalones a la vez.

Rápido.

Preciso.

Como si el dolor no existiera.

Como si la bala no hubiera tocado su cuerpo.

Lía lo seguía.

Como podía.

Su respiración se descontrolaba.

Sus piernas ardían.

Pero no se detenía.

No podía.

Primer piso.

Segundo.

El eco de sus pasos rebotaba en las paredes.

Un sonido arriba.

Un golpe seco.

Movimiento.

Kael aceleró.

Llegaron al tercer piso.

La puerta del apartamento del fondo estaba entreabierta.

Oscura.

Silenciosa.

Demasiado silenciosa.

Kael la empujó de un golpe.

La madera chocó contra la pared.

El sonido retumbó en el espacio vacío.

Adentro…caos.

Muebles volcados.

Cristales rotos.

Una mesa partida en dos.

El rifle aún apoyado junto a la ventana.

Pero el tirador…ya no estaba.

Lía dio un paso dentro.

Su corazón latía tan fuerte que dolía.

—¿Se fue?

Un ruido detrás.

Rápido.

Demasiado cerca.

Kael giró.

Un hombre apareció desde la escalera de incendios.

No llevaba arma.

No la necesitaba.

Sus ojos brillaban.

Amarillos.

Salvajes.

Hambrientos.

—El consejo paga bien por tu cabeza, rey.

Kael avanzó.

Sin dudar.

—Entonces están desperdiciando su dinero.

El ataque fue inmediato.

Brutal.

El hombre se lanzó sobre él.

Ambos chocaron contra la pared.

El yeso se agrietó.

El sonido fue seco.

Violento.

Lía retrocedió.

Pero no apartó la mirada.

No podía.

Kael bloqueó un golpe directo al rostro.

Respondió con un puñetazo al abdomen.

El impacto fue fuerte.

Pero el atacante apenas se movió.

Era más fuerte de lo normal.

Mucho más.

—¡Kael!

El brillo de una cuchilla cortó el aire.

El hombre la levantó sin aviso.

Apuntando directo al costado.

Kael reaccionó.

Sujetó su muñeca.

La detuvo a centímetros de su cuerpo.

Los músculos de ambos se tensaron.

Fuerza contra fuerza.

Lía podía verlo.

Sentirlo.

Era una lucha de poder real.

No humana.

Entonces…el cambio.

Los dedos del atacante se alargaron.

Las uñas se curvaron.

Se volvieron garras.

Su rostro se deformó.

Los colmillos aparecieron.

La piel se tensó.

Se rompió.

Y algo más salió a la superficie.

Lía sintió el terror recorrerla por completo.

Pero Kael no dudó.

Nunca dudaba.

Rodillazo.

Directo al pecho.

El impacto lanzó al atacante contra la pared.

Un espejo cayó.

Se rompió en el suelo.

Fragmentos por todas partes.

Kael avanzó.

Más oscuro.

Más peligroso.

Más… alfa.

—Última oportunidad —gruñó—. ¿Quién te envió?

El hombre escupió sangre.

Y sonrió.

Como si disfrutara esto.

—Selene… no es el problema.

Kael se detuvo.

Solo un segundo.

—¿Qué quieres decir?

El atacante rió.

Rota.

Sucia.

—El consejo ya sabe quién es ella.

Miró a Lía.

Directamente.

Sin disimulo.

—La humana fue reconocida por la luna.

El mundo se detuvo.

Otra vez.

Kael lo tomó del cuello.

Lo levantó.

—Habla.

La sonrisa del hombre creció.

—Van a venir por ella.

Pausa.

—Esta noche.

Y entonces—

Se lanzó.

Hacia atrás.

Directo por la ventana rota.

El cristal estalló.

El cuerpo desapareció en la oscuridad.

Kael llegó al borde.

Miró abajo.

Nada.

Solo lluvia.

Solo sombras.

Se había ido.

Silencio.

Pesado.

Irreal.

Lía se acercó lentamente.

—¿Qué quiso decir?

Kael no respondió de inmediato.

Respiró.

Profundo.

La sangre corría por su hombro.

Pero no parecía importarle.

—Que la ciudad ya no es segura.

Lía lo miró.

Fijo.

—¿Nosotros?

Kael giró.

Sus ojos dorados la encontraron.

—Sí.

Pausa.

—Nosotros.

Algo cambió.

Otra vez.

Más fuerte.

Más claro.

No era solo peligro.

No era solo supervivencia.

Era un vínculo.

Uno que ninguno había elegido.

Pero que ya existía.

El teléfono de Lía vibró.

El sonido fue demasiado fuerte en el silencio.

Lo sacó.

Pantalla iluminada.

Número desconocido.

Kael la miró.

—No contestes.

Pero Lía…ya había respondido.

—¿Hola?

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Y entonces…la voz.

Suave.

Fría.

Inconfundible.

—Te advertí.

Lía se quedó sin aire.

Selene.

—Ahora mira por la ventana.

El corazón le golpeó el pecho.

Lento.

Pesado.

Giró.

Paso a paso.

Se acercó al vidrio roto.

Miró abajo.

Y el mundo…volvió a romperse.

Vehículos negros.

Uno.

Dos.

Cinco.

Diez.

Más.

Las puertas se abrían.

Figuras salían.

Todas iguales.

Todas peligrosas.

Todas mirando hacia arriba.

Hacia ellos.

Hacia ella.

Lía retrocedió.

El miedo regresó.

Pero no vino solo.

Esta vez…vino acompañado de una decisión.

Porque ahora lo entendía.

Esto no iba a detenerse.

No iba a desaparecer.

No iba a volver a ser normal.

Kael se colocó a su lado.

Su presencia firme.

Lista.

Peligrosa.

—Se acabó el tiempo.

Lía lo miró.

Sus ojos ya no eran solo miedo.

—¿Qué hacemos?

Kael no dudó.

—Corremos.

Pausa.

Sus ojos brillaron.

—O peleamos.

Abajo…las sombras avanzaban.

Arriba…la guerra comenzaba.

Y esta vez…no había salida fácil.

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Ileana Martín
me gusta las novelas estan súper bonitas
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me encanta leer
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