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Hasta El Último Latido

Hasta El Último Latido

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Apocalipsis / Romance / Completas
Popularitas:185
Nilai: 5
nombre de autor: franchesca Bais

El mundo terminó en menos de un mes.
Primero fueron los rumores: personas enfermas, ataques violentos, ciudades enteras aisladas.
Después llegó el silencio.
Las calles se llenaron de cadáveres caminando bajo la lluvia, las comunicaciones desaparecieron, y sobrevivir un día más se volvió un milagro.
Charlie nunca creyó necesitar a nadie. Fría, impulsiva y acostumbrada a huir de todo, aprendió rápido que el nuevo mundo solo recompensa a quienes son capaces de abandonar sentimientos.
Hasta que conoce a Tamara.
Tamara es completamente diferente: amable, inteligente, demasiado humana para un mundo muerto.
Y aun así… sobrevive.
Juntas atraviesan ciudades destruidas, hospitales infestados, carreteras cubiertas de sangre y grupos humanos mucho más peligrosos que los zombis.
Pero mientras el horror crece, también crece algo peor:
el amor.
Porque enamorarse en el fin del mundo significa descubrir un miedo nuevo.
No perder la vida.
Perder a la única persona que hace que todavía valga la pena vivi

NovelToon tiene autorización de franchesca Bais para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hasta el Último Latido

Capítulo 5: Los vivos también muerden

Los disparos resonaron sobre la estación de metro.

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Uno.

Luego otro.

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Los gruñidos de los infectados comenzaron a mezclarse con gritos humanos.

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Charlie se detuvo en seco a mitad de las escaleras.

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Tamara respiraba desesperadamente detrás de ella.

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—¿Qué pasa?

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Charlie levantó lentamente una mano pidiendo silencio.

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Escuchó.

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Más disparos.

Más cerca.

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Y después…

silencio.

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Eso era peor.

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Mucho peor.

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La oscuridad del metro parecía tragarse cada sonido.

El único ruido constante era el agua cayendo desde tuberías rotas.

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Tamara abrazó sus propios brazos intentando dejar de temblar.

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—¿Crees que eran sobrevivientes?

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Charlie seguía mirando hacia arriba.

Pensando.

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—Sí.

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—Entonces deberíamos—

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—No.

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La respuesta salió demasiado rápido.

Demasiado fría.

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Tamara frunció el ceño.

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—¿No?

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Charlie finalmente bajó la mirada hacia ella.

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—Los infectados no son lo único peligroso ahora.

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Tamara guardó silencio.

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Porque la forma en que Charlie dijo eso…

sonó demasiado personal.

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La estación estaba completamente oscura salvo por algunas luces de emergencia rojas que todavía funcionaban débilmente.

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El lugar parecía un cadáver gigante enterrado bajo la ciudad.

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Carteles rotos. Maletas abandonadas. Manchas de sangre secas sobre las paredes.

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Charlie avanzó lentamente hacia los andenes.

El bate preparado.

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Tamara la seguía de cerca.

Demasiado cerca.

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Charlie lo notó.

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—No necesitas pegarte a mí así.

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—¿Y tú necesitas actuar como si no tuvieras miedo?

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Charlie abrió ligeramente los ojos.

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Tamara también pareció sorprenderse de haber dicho eso.

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Silencio incómodo.

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Charlie apartó la mirada primero.

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—…solo mantente alerta.

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Siguieron caminando entre los vagones detenidos.

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Uno de ellos tenía las puertas abiertas.

Oscuridad total adentro.

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Charlie apuntó la linterna.

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Y vio cuerpos.

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Muchos.

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Personas todavía sentadas en los asientos.

Quietas.

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Muertas.

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Tamara se quedó helada.

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—Dios…

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Charlie apartó la luz rápidamente.

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—No mires demasiado.

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Pero Tamara ya había visto suficiente.

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Una familia abrazada. Un hombre con un arma vacía en la mano. Una chica joven cubierta con una manta ensangrentada.

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El mundo realmente había terminado.

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Tamara sintió náuseas.

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—¿Cómo sigues caminando como si nada?

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Charlie siguió avanzando.

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—Porque si me detengo, me derrumbo.

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La sinceridad inesperada dejó a Tamara en silencio.

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Entonces—

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Un ruido resonó dentro del vagón.

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Ambas se congelaron.

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Un cuerpo se movió lentamente entre los asientos.

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Charlie reaccionó inmediatamente levantando el bate.

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Pero no era un infectado.

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Era un hombre.

Vivo.

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Tendría unos cuarenta años. Barba descuidada. Una pistola apuntando directamente hacia ellas.

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—No se acerquen.

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Tamara levantó las manos rápido.

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—Tranquilo, no queremos problemas.

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Charlie no bajó el bate.

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Porque los ojos del hombre daban más miedo que los infectados.

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Vacíos.

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Como alguien que ya había perdido demasiado.

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Entonces aparecieron más personas detrás de él.

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Tres.

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Dos hombres y una mujer armados con cuchillos y rifles improvisados.

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Mierda.

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El hombre observó a Charlie de arriba abajo.

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—¿Están solas?

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Charlie no respondió.

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Mala señal.

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La mujer armada dio un paso adelante.

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—Les hicimos una pregunta.

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Tamara habló rápido antes de que Charlie empeorara la situación.

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—Sí. Solo estamos buscando un lugar seguro.

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El grupo intercambió miradas.

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Charlie no confiaba en eso.

Ni un poco.

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El hombre de la pistola sonrió apenas.

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Y esa sonrisa se sintió peor que cualquier gruñido zombie.

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—Entonces tuvieron suerte.

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Charlie apretó más fuerte el bate.

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Porque la última vez que alguien sonrió así…

terminó cubriendo una puerta mientras otros escapaban.

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Y nadie volvió por ella.

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El hombre bajó lentamente el arma.

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—Tenemos refugio.

Comida.

Agua.

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Tamara abrió ligeramente los ojos.

Esperanzada.

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Charlie no.

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Porque en este mundo nadie ayudaba gratis.

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—¿Qué quieren a cambio? —preguntó ella.

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El hombre sonrió un poco más.

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—Inteligente.

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Silencio.

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La mujer armada observó directamente a Tamara.

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Y Charlie sintió algo desagradable recorrerle el cuerpo.

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Instinto.

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Peligro.

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El hombre volvió a hablar.

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—Solo queremos sobrevivir.

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Mentira.

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Charlie podía sentirlo.

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Y justo en ese momento—

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Un grito horrible resonó desde los túneles del metro.

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Todos levantaron la cabeza.

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Porque ese sonido…

no era humano.

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Pero tampoco era un infectado común.

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