SOY LA VILLANA QUE SALVARÁ A SU FAVORITO
Violeta Alber ha vivido tres vidas: mercenaria letal en la Metrólis Feudal, mariscala de élite en la era moderna y diseñadora de moda exitosa, pero la traición la ha acompañado siempre. Al morir por tercera vez, despierta en el cuerpo de Roxana Ruiz —la esposa por contrato del personaje que más admiró en una novela: Bruno Castellano, un CEO brillante pero paralizado y sumido en la depresión, condenado a morir para que los protagonistas oficiales vivan felices.
Conociendo el destino trágico que les espera a Bruno y su familia, Roxana decide cambiar el curso de la historia. Convertirá su imagen de mujer despreciada en la de una líder imponente, luchará contra la manipulación de Orquídea y Gael, salvará a los hermanos de Bruno y protegerá sus bienes —incluyendo tierras en París con minas de diamantes y oro que le garantizarán libertad.
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EL DESPERTAR DEL PASADO Y LA PROMESA DEL AMOR
El silencio del hospital era una capa espesa que me envolvía, rota solo por el suave y rítmico pitido de las máquinas que controlaban mis constantes vitales. Me sentía atrapada en un limbo, un espacio entre el dolor físico que aún quemaba mis pies y el humo que aún raspaba mi garganta, y una neblina mental que se negaba a disiparse por completo. Había caído en un sueño profundo, un sueño tan real que me arrastró a través de los velos del tiempo y el espacio, desenterrando memorias que creí perdidas para siempre.
En ese sueño, las piezas dispersas de mi existencia comenzaron a encajar con una claridad asombrosa. Recuerdo ser Roxana, víctima de intrigas palaciegas y traiciones, cuya vida fue truncada prematuramente. Pero la muerte no fue el final; mi espíritu, indomable, reencarnó. Fui una mercenaria en tierras lejanas, una guerrera implacable con un corazón endurecido por mil batallas. Y luego, una vez más, la vida me ofreció una nueva oportunidad en el siglo veintiuno, como una militar de élite, entrenada en supervivencia, combate y estrategia. Esa vida, mi vida, la vida de Leticia, la que había creído ser antes de este despertar.
El recuerdo de esa noche fatídica en el accidente, la imagen borrosa de Bruno, la confusión y el pánico en la carretera desolada, la agonía del parto en soledad... todo volvió a mí con una nitidez dolorosa. Recordé los rostros de mis bebés, mis pequeños, antes de que la oscuridad del coma me arrastrara, y cómo me los arrebataron mientras yacía indefensa. La verdad era un puñetazo en el estómago, un torbellino de emociones que me dejó sin aliento.
Abrí los ojos de golpe, con un grito ahogado que se perdió en la almohada. Lágrimas cálidas y silenciosas corrían por mis mejillas, empapando las sábanas blancas del hospital. El pasado se había revelado, y con él, la certeza de que mi llegada a este cuerpo, a esta vida, no era una simple coincidencia. Todo tenía un propósito, un hilo conductor que unía mis existencias.
Un movimiento a mi lado me hizo girar la cabeza. Allí estaba Bruno, sentado en una silla, con la cabeza apoyada en el colchón de mi cama, dormido profundamente. Su rostro, surcado por el cansancio y la preocupación, se veía tierno y vulnerable. Mis lágrimas se intensificaron, pero no eran de tristeza, sino de una mezcla compleja de dolor por el pasado y una profunda gratitud por su presencia.
Al sentir mi movimiento, Bruno despertó sobresaltado. Sus ojos, antes cerrados, se abrieron de golpe y me miraron con una mezcla de alivio y angustia.
—¡Roxana! ¡Despertaste! ¡Gracias a Dios! —exclamó, su voz ronca por el sueño y la emoción. Se inclinó sobre mí, acariciando mi frente con la delicadeza con la que se toca un cristal frágil—. ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo?
No pude contener más mi emoción. Me lancé a sus brazos, sollozando con todas mis fuerzas. Él me envolvió en su abrazo protector, su mano grande y cálida acariciando mi cabello.
—Todo está bien, cariño, todo está bien —susurraba, con la voz cargada de consuelo—. Ya pasó lo peor. Estás a salvo, y los niños también.
—Bruno... no lo puedo creer... hemos pasado por tanto —logré decir entre sollozos, las palabras apenas saliendo de mi garganta. La historia de mi vida, de mis vidas, era tan increíble, tan compleja, que no sabía por dónde empezar a contarla.
Él me separó suavemente, sus ojos fijos en los míos, buscando respuestas.
—Lo sé, mi amor. He oído la historia completa, cada detalle. Los médicos te dieron algo para el dolor y cuando dormías, murmurabas cosas sin sentido, nombres... Tuve a mis hombres investigando y descubrieron que esa noche en que tuviste el accidente, fuiste a la misma discoteca que yo, me seguías. Luego, te desvaneciste en el hospital por la conmoción y te atropellaron. Diste a luz sola en medio de la nada... lo sé todo, Roxana. Los niños son nuestros. Nuestros hijos.
La revelación de que él también sabía la verdad me liberó de un peso inmenso. No tenía que cargar con esto sola. Bruno lo sabía. Y no solo lo sabía, sino que lo había investigado, lo había aceptado.
—Mi amor... —susurró, y esta vez, el "mi amor" sonó con una convicción y una dulzura que me llegó al alma. Sus ojos brillaban con lágrimas no derramadas, llenos de amor y admiración—. Eres la mujer más extraordinaria que he conocido. Has soportado tanto, has luchado con una fuerza que supera lo humano.
Sus dedos se entrelazaron con los míos, acariciando mis nudillos con ternura. El roce era eléctrico, suave, una promesa silenciosa.
—Roxana —dijo, su voz profunda y resonante, pero al mismo tiempo un susurro íntimo que solo yo podía oír—. Te amo. Te amo por todo lo que eres, por todo lo que has sido. Te amo por tu fuerza, por tu inteligencia, por tu corazón. Y quiero que sepas que estoy aquí para ti, para siempre.
Mi corazón dio un vuelco. Era la primera vez que escuchaba esas palabras de sus labios, pronunciadas con una sinceridad que me estremecía hasta la médula. Pero el pasado, las heridas aún frescas, la complejidad de mi propia historia... me hacían ser cautelosa.
—Bruno... —empecé, mi voz apenas audible—. Yo también... siento algo muy fuerte por ti. Algo que no he sentido jamás. Pero... todo esto es muy reciente. La verdad... mi verdad, apenas la he procesado. Necesito tiempo para entenderlo todo, para sanar mis heridas, para reconstruirme.
Él asintió, su mirada comprensiva.
—Lo entiendo. Y te daré todo el tiempo que necesites. Estaré aquí, a tu lado, en cada paso del camino. No te presionaré, mi amor. Quiero que me elijas con cada fibra de tu ser, no por obligación o por lo que hemos vivido. Quiero conquistarte, Roxana, con hechos, como me pediste. Quiero ser el hombre que te haga sentir segura, amada y feliz.
Se inclinó suavemente, y sus labios rozaron mi frente, un beso casto y lleno de promesas.
—Lo que me pediste bajo el rosal, ¿recuerdas? Ir a paso lento, con hechos. Lo haré. No te preocupes por Orquídea ni por Gael. Ya me he encargado de que la justicia los alcance. Y lo haré con cualquier persona que intente hacerte daño a ti o a nuestros hijos.
Sus ojos se desviaron hacia la puerta, donde los pequeños, ya limpios y vestidos con pijamas de hospital, se asomaban, mirándonos con curiosidad. Bruno los llamó con un gesto, y ellos corrieron a abrazarnos, escalando la cama con la energía inagotable de los niños.
Nos abrazamos los cuatro, un abrazo que sellaba no solo un reencuentro, sino el comienzo de una verdadera familia. A pesar del dolor, de las cicatrices, había esperanza. La noche había sido testigo de un fuego devastador, pero de sus cenizas, nacía una nueva oportunidad, una promesa de amor que se construiría a paso lento, con hechos, y con la fuerza inquebrantable de una familia unida. Bruno y yo éramos dos almas marcadas por el destino, unidas por lazos inquebrantables, listos para enfrentar cualquier desafío que el futuro nos deparara. El camino no sería fácil, pero juntos, éramos invencibles.
°\🤨/°
Y luego Santiago, con ése ¿peinado? "de salón con pistola de tres horas a la de "Leono" de los "Thundercats".
Las únicas que se salvan son Shasa y Roxana a medias. porque si se quitará ése moñito se vería mejor.🤨
Y todos los hombres, los lentes, o se hubieran puesto otros modelos ya que a ninguno le quedan ésos.🤦♀️🙆♀️🤷♀️
En la "Baticueva"...😅😂😆🤣
Más bien dirás que la asesinaron y el otro idiota la violó o sedujo a la madre de Roxana para quedarse con su dinero.°\🤨/° Y por supuesto Roxana, fue la que salvó a Bruno.🙎♀️°\🙄/°
Entonces querida, ya te fregaste, porque ya no te podrás ir como la "nana McPhee" (aunque tú aceleras te la trasformación de imagen desde el principio) 🤷♀️🤦♀️🙆♀️🤣😅😂😆😁