Elena nunca pensó que la vida le daría otra oportunidad… pero en el cuerpo de Elyria Montclair la villana del libro que acababa de leer. Mientras intenta adaptarse, su inteligencia aguda y espíritu indomable chocan con el carácter impecable y enigmático de Alaric Blackthorn.
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Audiencia con el rey
El carruaje cruzó las rejas del ducado Montclair a toda prisa.
Apenas se detuvo, las puertas principales se abrieron con brusquedad.
—¡Elyria!
Darian fue el primero en llegar, seguido muy de cerca por el duque Magnus, cuyo rostro serio se tornó de inmediato en preocupación al verla descender.
—¿Estás herida? —preguntó Darian, sujetándola por los hombros, inspeccionándola con rapidez.
—Nada grave —respondió ella, aunque el cansancio se le notaba en la voz.
Luna bajó tras ella, aún pálida, con las manos temblándole ligeramente.
—Mi señor —dijo apresurada—, fuimos atacados en el camino. Esa cosa…
No terminó la frase.
Detrás del carruaje, varios guardias arrastraban el cuerpo de la criatura, atado con gruesas cadenas reforzadas. Incluso inerte, su apariencia resultaba perturbadora: músculos deformes, zonas de piel oscura como quemada desde dentro, y una grieta irregular en el pecho que dejaba ver un núcleo apagado, fracturado.
El duque se quedó inmóvil.
—…Esto no es un animal salvaje —murmuró.
Se acercó con pasos lentos, observándolo con atención.
—Padre… —susurró Elyria—. Tiene un núcleo.
Magnus se giró de golpe hacia ella.
—¿Qué?
—Lo destruí —explicó—. Estaba incrustado en su pecho. Sin eso, no cayó.
El silencio se volvió pesado, opresivo.
Darian tragó saliva.
—¿Quieres decir que alguien… creó esto?
—Sí —respondió Elyria con firmeza
—. Y no pensaba. No sentía dolor. Solo atacaba.
Magnus cerró los puños.
—Magia prohibida…
—Exactamente.
Una nueva voz se sumó a la conversación.
—Y bastante mal ejecutada.
Todos se giraron al mismo tiempo.
Alaric Blackthorn avanzaba hacia ellos, el abrigo oscuro ondeando levemente tras de sí. Su presencia impuso silencio. Su mirada se clavó de inmediato en la criatura, fría y analítica.
—¿Archiduque? —dijo Magnus, sorprendido—. No esperaba su llegada tan pronto.
—Después de recibir noticias de un ataque con una aberración mágica en pleno camino capitalino, habría sido irresponsable no hacerlo —respondió Alaric con frialdad.
Se agachó frente al animal y examinó el núcleo destruido con detenimiento.
—Forzado —murmuró—. El canal mágico es inestable. Quien hizo esto aún está… experimentando.
Se incorporó con lentitud.
—Ahora bien —añadió—, ¿quién fue el brillante estratega que decidió enfrentarse a esto de frente?
El duque suspiró con pesadez.
—Mi hija.
Alaric ladeó ligeramente la cabeza y, por primera vez desde que llegó, posó la mirada en Elyria. La recorrió de arriba abajo: el polvo en su vestido, la sangre seca en su brazo, la postura erguida pese al cansancio.
—Vaya —dijo con ironía—. Así que la señorita Montclair sirve para algo más que golpear cráneos por accidente.
Elyria lo miró sin inmutarse.
—Me alegra cumplir expectativas.
El silencio volvió a caer, denso.
Entonces, Alaric esbozó una sonrisa mínima. Apenas perceptible.
—Interesante —murmuró—. Muy interesante.
Tras discutir los detalles del ataque y el estado de la criatura, se tomó la decisión de informar de inmediato al palacio. El asunto era demasiado grave para manejarlo en privado.
Elyria asistiría también.
Después de todo, había sido ella quien había abatido a la aberración. Irían el Archiduque y y Elyria a explicar la situación.
Darían saldría con varios guardias a investigar el lugar por donde salió el lobo.
Al día siguiente a primera hora el Archiduque estaba en la entrada esperando a Elyria, ya en el carruaje se sentía la tención, hasta que Alaric rompió el silencio
— fue... Valiente al enfrentarse usted sola a esa aberración - dijo sin mirarla
Elyria se sorprendió, nunca espero escuchar algo así de Alaric
— No tenía muchas opciones – respondió al fin
Ambos no volvieron a hablar por el resto del camino, cuando iban llegando el castillo se empezó a asomar de forma majestuasa, enorme
Los guardias que custodiaban la entrada pararon el carruaje pero al ver que dentro de el iba el Archiduque enseguida los dejaron pasar, Elyria iba asombrada con todo lo que veía, si al principio se asombro con la mansión Montclair este castillo la dejo boca abierta
El primero en bajar fue el archiduque, cuando Elyria estaba a punto de bajar fue sorprendida por el Archiduque que le tenía la mano para ayudarla a bajar, ambos entraron al palacio fueron guiados por el mayordomo a la sala de audiencia donde los esperaba el rey
Al entrar por las enomres puertas estaba sentado en el trono un hombre que sin emitir una sola palabra con su sola presencia se sentía la majestuosidad
Ambos inclinaron el cuerpo en una profunda reverencia.
—Saludos, majestad —dijo Alaric con voz firme—. Que la luz del imperio lo acompañe.
El rey lo observó unos segundos en silencio, evaluándolo… y luego dejó escapar una leve risa.
—Siempre tan correcto —comentó—. Igual que tu padre a tu edad.
Alaric alzó la mirada, sin perder la compostura.
—Es un hábito difícil de abandonar.
—Lo imagino —respondió el rey—.
Edmund nunca supo relajarse ni
siquiera en campaña.
Elyria dio un paso al frente y realizó una reverencia impecable.
—Saludo al sol que gobierna y protege este reino —dijo con claridad—. Es un honor presentarme ante usted, majestad.
La mirada del rey se suavizó apenas al posarse en ella.
—Elyria Montclair… —murmuró—. Magnus fue uno de los hombres más tercos que conocí en la guerra.
Elyria permitió una leve sonrisa.
—Me temo que heredé más de lo que quisiera admitir.
El rey soltó una breve carcajada y apoyó el brazo en el trono.
—Me alegra ver que los hijos de aquella generación no solo heredaron títulos, sino carácter.
Su expresión se tornó más seria.
—Y considerando que has venido personalmente, Alaric, supongo que esto no es un asunto menor.
—No lo es, majestad. Lo ocurrido implica magia prohibida.
El rey entrecerró los ojos.
El rey hizo un leve gesto con la mano.
—Hablen —ordenó—. Quiero cada detalle. Desde el inicio.
Alaric dio un paso al frente.
—Hace semanas detectamos irregularidades en rutas comerciales que atraviesan territorios del archiducado Blackthorn y del ducado Montclair —comenzó—. Cargas alteradas, sellos falsificados y mercancía que no figura en ningún registro oficial.
El rey apoyó el mentón en su mano, atento.
—¿Contrabando?
—Eso creímos al principio —respondió Alaric—. Hasta que empezaron las desapariciones.
El ambiente en la sala cambió.
—Personas —continuó—. Comerciantes, escoltas, incluso aldeanos. Al principio, pocos. Demasiado dispersos como para levantar sospechas inmediatas.
—Pensamos que se trataba de bandidos organizados —añadió —. Pero no había rescates. Ni cuerpos.
El rey frunció el ceño.
—¿Y el ataque?
Elyria dio un paso al frente, sintiendo el peso de la mirada del monarca.
—Ocurrió ayer, majestad. De regreso al ducado, nuestro carruaje fue atacado por una criatura que aparentaba ser un lobo… pero no lo era.
Hizo una breve pausa.
—No actuaba como un animal. No huía, no dudaba, no reaccionaba al dolor.
Alaric asintió.
—Era una aberración mágica.
—¿Confirmado? —preguntó el rey.
—Sí —respondieron ambos al mismo tiempo.
Elyria continuó:
—Tenía un núcleo incrustado en el pecho. Artificial. No natural. Al destruirlo, la criatura cayó de inmediato.
El rey se incorporó lentamente en su trono.
—¿Un núcleo… implantado?
—Así es —confirmó Alaric—. Pero no estabilizado. El canal mágico estaba forzado. Inestable.
—En otras palabras —añadió Elyria
—, fue creado a la fuerza.
El silencio fue absoluto.
—¿Están diciendo —preguntó el rey con voz grave— que alguien está usando magia prohibida para experimentar con seres vivos?
—Sí, majestad —respondió Alaric—.
Y creemos que los animales son solo el comienzo.
La expresión del rey se endureció
— por lo tanto que esto no sea público aún, no quiero que los ciudadanos entren en pánico- dijo el rey
Después de eso el rey quiso que se quedaran a almorzar así que les pido que esperarán muestras podían pasear por el jardín
Los jardines del palacio se abrieron ante ellos como otro mundo. Senderos de piedra clara, fuentes de agua cristalina y árboles antiguos cuyas copas filtraban la luz del sol en destellos suaves. Elyria no pudo evitar reducir el paso, observándolo todo con genuina fascinación.
—Es… hermoso —murmuró.
—Lo es —respondió Alaric—. Aunque no muchos lo aprecian. La mayoría solo ve muros y poder.
Ella ladeó el rostro, mirándolo de reojo.
—¿Y usted qué ve?
Alaric tardó un segundo más de lo normal en responder.
—Un punto vulnerable —dijo al fin—. Cualquier lugar que concentre tanto poder… atrae problemas.
Elyria sonrió, divertida.
—Qué manera tan poética de arruinar un paseo.
—La poesía no detiene guerras.
—Pero evita que uno se vuelva insoportable —replicó ella sin perder la sonrisa.
Alaric soltó una breve exhalación, casi una risa ahogada.
Caminaron unos pasos más en silencio, hasta que Elyria habló de nuevo.
—En la mañana dijo que fui valiente… y luego me miró como si hubiera sido una idiota.
—No son cosas opuestas —respondió él con calma—. Fue valiente. Y fue imprudente.
—Ah —dijo ella—. Qué alivio. Pensé que solo iba a criticarme.
Alaric se detuvo y la miró de frente.
—Cuando algo es peligroso, no se le halaga. Se le señala el riesgo.
—¿Y cuando el peligro es inevitable?
—Entonces se controla.
Elyria sostuvo su mirada, sin bajar la cabeza.
—¿Y si no puede controlarse?
Por un instante, algo distinto cruzó los ojos de Alaric. No molestia. No burla. Algo más profundo.
—Entonces —dijo—, aprende a caer sin destruir todo a su alrededor.
Ella arqueó una ceja.
—Habla como si lo supiera por experiencia.
—Lo sé.
Elyria no preguntó más. En cambio, sonrió.
—Supongo que todos tenemos algo que mantener a raya.
—Algunos más que otros.
—Como los rayos —añadió ella, con aparente ligereza—. Son hermosos… pero si no se les respeta, arrasan.
Alaric la miró fijamente.
—Y aun así —dijo—, siempre hay alguien dispuesto a desafiarlos.
—Porque quedarse mirando desde lejos es aburrido.
Ambos seguían observándose cuando—
Una doncella se acercó casi corriendo, inclinándose con torpeza al detenerse frente a ellos.
—El almuerzo está listo —anunció—.
Su majestad solicita su presencia inmediata en el comedor.
Alaric asintió con la formalidad habitual.
—Vamos.
Cuando dieron media vuelta, una figura apareció desde uno de los senderos laterales, con pasos tranquilos… demasiado tranquilos para alguien que claramente llevaba rato allí.
—¿Ya? —se quejó una voz femenina— Justo cuando empezaba a divertirme.
Elyria se giró, sorprendida.
La joven que se acercaba tenía porte elegante, vestido claro bordado con finos detalles dorados y una sonrisa traviesa que no coincidía en absoluto con la solemnidad del palacio. Sus ojos brillaban con una curiosidad descarada, como si nada escapara a su atención.
—Padre siempre elige el peor momento —continuó—. ¿No pudieron discutir un poco más? Estaba interesante.
Alaric se detuvo en seco.
—Princesa Anastasia —dijo, con tono seco—. No sabía que estabas aquí.
—Oh, claro que no —respondió ella, ladeando la cabeza—. Si lo supieras, no sería tan divertido.
La joven dio un par de pasos más y entonces reparó en Elyria con atención renovada. La evaluó de arriba abajo sin disimulo… no con desdén, sino con evidente interés.
—Y tú debes ser la razón por la que Alaric fruncía el ceño como si quisiera fulminar el jardín entero —añadió—. No te había visto antes.
Elyria parpadeó, sorprendida por la franqueza.
—Elyria Montclair —se presentó con una reverencia elegante—. Es un honor, alteza.
La sonrisa de la princesa se ensanchó.
—Oh, nada de alteza —dijo, agitando una mano—. Anastasia está bien. Y dime…
Se inclinó apenas hacia ella, bajando la voz con conspiración.
—¿Siempre discutes así con el Archiduque o hoy es una ocasión especial?
—Princesa —intervino Alaric con firmeza—, no estábamos discutiendo.
—Claro que sí —replicó Anastasia sin mirarlo—. Solo que con palabras bonitas y miradas tensas. Es peor.
Elyria no pudo evitar reír suavemente.
—Fue… una conversación —dijo—. Bastante intensa, admito.
—Ajá —respondió la princesa, cruzándose de brazos—. Conversación. Por supuesto.
Luego los miró a ambos, alternando la mirada con descaro.
—Qué curioso —añadió—. Ambos parecen bastante cercanos
—No lo somos —respondieron ambos al mismo tiempo.
El silencio que siguió fue demoledor.
Anastasia alzó ambas cejas lentamente… y luego sonrió como si acabara de ganar un juego.
—Perfecto —dijo—. Entonces será muy entretenido ver cómo intentan convencer a todos de eso.
Alaric suspiró, claramente resignado.
—Vamos al comedor —dijo—. Antes de que empieces a sacar
conclusiones absurdas.
—Oh, no son conclusiones —respondió ella, caminando delante de ellos—. Son observaciones. Y suelo tener razón.
Familia real Eryndor
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( Aquí les dejo una imagen del lobo que atacó a Elyria, me di cuenta que no la coloque en el capítulo anterior)
autora preguntaaa: la prota se está cuidando verdad? no queremos bebé todavía o si?? 👀👀👀👀