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La Dulce Villana

La Dulce Villana

Status: En proceso
Genre:Época / Villana / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:11.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydi Nina

La dulzura la llevó a la muerte.
En su segunda vida, aprendera a disfrutar del miedo ajeno, a sonreír mientras destruye y a usar el deseo como castigo. Convertida en la Villa jugara con sus presas como con una hoja afilada: lenta, precisa e inevitable.


La dulzura fue su condena. La villanía, su salvación.

NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

parte 1: Mi Debut

Despierto antes de que el sol termine de decidirse a salir, y mi primer pensamiento es profundamente inconveniente: ya pasó un mes.

Un mes desde que mi vida decidió salirse del guion… y hoy es mi debut.

Me quedo mirando el techo unos segundos más de lo permitido para una joven noble correcta, respirando hondo, como si eso fuera a evitar lo inevitable. Spoiler: no lo evita.

Las doncellas entran casi de inmediato, como si hubieran estado apostadas detrás de la puerta esperando el mínimo signo de conciencia. Son demasiadas. Siempre son demasiadas cuando algo importante está por suceder.

—Buenos días, mi lady.

Buenos días, sacrificio ritual.

Me sientan frente al espejo y comienza el asalto coordinado. Manos por todas partes, cepillos, perfumes, cremas. Maquillaje suave, pero perfecto. Peinado elaborado que tarda una eternidad y duele un poco más de lo que debería. Hidratación, depilación, mascarillas. Juro que en algún punto me aplican algo frío y dejo de preguntar.

Para cuando terminan con la mitad de los preparativos, estoy más agotada que después de entrenar con espada… y todavía no me he vestido.

Me observo en el espejo mientras trabajan. Este cuerpo sigue sorprendiéndome. Es hermoso, sí, pero hoy no lo miro con vanidad, sino con nervios. Hoy todo el mundo va a mirarme. Hoy voy a ser evaluada, juzgada, medida como mercancía de lujo.

Sonrío con ironía.

Estoy nerviosa, no lo voy a negar. No por el evento en sí, sino por todo lo que representa.

Hace tiempo que el príncipe no me contacta. Y eso, sinceramente, es maravilloso. La última vez casi me dio lástima: me seguía a todas partes con esa mezcla de orgullo herido y confusión, como si no entendiera por qué no lo adoraba como se supone que debo hacerlo.

Quizás pronto cometa un pequeño error. Algo minúsculo. Algo imperdonable para su ego.

Y entonces podré romper ese miserable compromiso.

Si todo sale como en el libro, hoy debería aparecer Miriam. La inocente, la luminosa, la protagonista bendecida por el destino. El príncipe debería verla, quedarse sin aliento y pedirle el primer baile sin siquiera darse cuenta del escándalo que provoca.

Perfecto.

Yo bailaré con mi padre, como corresponde. Sonreiré, seré la prometida ejemplar que ya no importa. Y después… después bailaré con mi querido señor oscuridad.

Kael.

Solo pensar su nombre hace que mis labios se curven apenas.

Pero ahí está la espina.

Mis padres.

No sé cómo van a reaccionar cuando lo vean. No sé si notarán algo. No sé si reconocerán en él al hombre con el que compartí ese beso indecente, impropio, absolutamente inolvidable. No sé si pensarán que es normal, que es otro noble excéntrico más, o si algo en el aire va a delatarme.

Yo misma sigo intrigada.

No sé en qué trabaja.

No sé a qué se dedica.

No sé qué es exactamente.

Solo sé cómo me mira. Cómo me llama Lilith. Cómo pone límites incluso cuando no quiere hacerlo. Cómo me hace sentir peligrosa y segura al mismo tiempo.

Las doncellas finalmente me ayudan a ponerme el vestido. Es hermoso. Elegante. Hecho para deslumbrar sin parecer desesperado. Cuando termino, apenas me reconozco en el espejo.

No veo a una villana.

No veo a una prometida dócil.

Veo a alguien en el borde de algo grande.

Respiro hondo.

Que empiece la fiesta.

El destino puede intentarlo.

Yo también.

Bajo la escalera en presente, consciente de cada mirada incluso antes de que exista.

El vestido rojo se ajusta a mi cuerpo con precisión peligrosa y luego se abre en una falda acampanada que se mueve conmigo, viva, orgullosa. La abertura en la pierna no ruega atención, la toma cuando camino. La espalda queda descubierta en un escote limpio que obliga a mantener la cabeza alta y los hombros firmes. No es un vestido para esconderse. Es un vestido para declarar guerra con elegancia.

Mis padres me esperan abajo.

Mi madre me ve y se detiene en seco. Sus ojos se llenan de lágrimas antes de que pueda disimularlas. Se acerca, me toma el rostro con ambas manos como si todavía fuera una niña y como si, al mismo tiempo, no pudiera creer lo que ve.

—Estás preciosa —dice, con la voz temblándole.

Mi padre sonríe con orgullo abierto, sin filtros. Me observa de arriba abajo, no con juicio, sino con esa satisfacción tranquila de quien sabe que su hija entra al mundo sin bajar la cabeza.

—Así se presenta una Svensson —afirma.

Salimos de la casa.

El aire nocturno es fresco y me roza la piel descubierta de la espalda. Subimos al carruaje. Mi madre se acomoda primero, luego mi padre, y finalmente yo. El interior huele a cuero y a flores. El traqueteo comienza y, con él, el peso real de la noche.

Mi debut.

Dieciocho años.

El carruaje se detiene y los sonidos cambian. Música, voces, pasos, risas medidas.

Cuando piso el suelo frente al salón, las antorchas iluminan la entrada como si fuera un escenario. Las puertas se abren.

Entramos.

Las puertas del salón se abren con solemnidad y el murmullo se apaga poco a poco, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo.

Las luces de los candelabros iluminan el mármol pulido y el dorado de los balcones. La música se detiene. Todas las miradas se dirigen hacia la entrada.

Mi madre avanza primero.

Camina con la elegancia natural de quien nació para este escenario. Su vestido cae como agua sobre hojas, su espalda recta, su mentón alto. Saluda con una leve inclinación, consciente de cada ojo sobre ella. La reconocen de inmediato: la duquesa Svensson, la ninfa que dejó los bosques para gobernar junto a un demonio.

El maestro de ceremonias alza la voz.

—Con ustedes, la honorable duquesa Clariss Svensson.

Un murmullo respetuoso recorre la sala. Mi madre se detiene a un lado, serena, orgullosa, y gira apenas la cabeza hacia la entrada.

Entonces entra mi padre.

El duque Svensson no necesita anuncio para imponer presencia, pero aun así lo tiene. Su andar es firme, poderoso, contenido. Hay algo antiguo en él, algo que no pertenece del todo a este mundo, y la nobleza lo siente aunque no se atreva a nombrarlo.

—El duque Alarion Svensson —declara el maestro de ceremonias.

Las reverencias son más profundas. Nadie olvida que ese hombre no solo gobierna un ducado, sino que sobrevivió a guerras que otros solo leen en libros.

Mi padre se coloca junto a mi madre y me extiende el brazo.

Es mi turno.

Avanzo.

El vestido rojo se mueve conmigo, ajustado a mi cintura, acampanado en la falda, con la abertura revelando la pierna al caminar y la espalda descubierta respirando libertad. El silencio se vuelve absoluto. No porque lo pidan, sino porque lo provoco.

Siento las miradas recorrerme sin pudor. Evalúan mi postura, mi porte, mi linaje. Me mantengo erguida. No bajo la mirada. No acelero el paso.

Mi padre me guía al centro del salón.

—Y con ellos —anuncia el maestro de ceremonias—, su hija y heredera…

Hace una pausa deliberada.

—Lady Lithya Svensson, en la celebración de su mayoría de edad.

Inclino la cabeza con precisión perfecta. Ni demasiado, ni poco. El murmullo estalla controlado, elegante, venenoso.

La familia Svensson está completa ante la corte.

Mi madre me observa con los ojos brillantes, luchando contra las lágrimas. Mi padre sonríe con un orgullo que no intenta ocultar. Siento su mano firme en mi brazo, recordándome que no estoy sola.

Mientras sostengo la postura, mientras acepto el peso de las miradas, algo ocurre sin que lo busque.

Mis ojos se mueven solos.

Revisan la sala.

Rostros conocidos. Sonrisas falsas. Joyas demasiado caras. Jóvenes nobles fingiendo indiferencia. Damas cuchicheando tras abanicos.

Lo busco.

No sé por qué. No debería. Pero lo hago.

El señor oscuridad.

No lo veo aún.

Me mantengo en el centro del salón cuando mi nombre aún flota en el aire.

Y durante un segundo exquisito, el mundo me pertenece. Luego llegan los murmullos, como siempre llegan.

Bella.

Demasiado bella.

Mira ese vestido.

Rojo… qué osadía.

La espalda.

La abertura.

Dicen que es peligrosa.

Dicen que es orgullosa.

Dicen tantas cosas cuando no se atreven a decirlas en voz alta.

No bajo la mirada. Sonrío lo justo. Aprendí que la nobleza se alimenta de reacciones y yo no pienso darles un banquete.

Mi padre está a mi lado, firme, imponente. Mi madre un paso atrás, con los ojos brillantes y el orgullo vibrándole en el pecho. La familia Svensson completa. Presente. Visible. Innegable.

Y entonces sucede.

El murmullo cambia de tono.

No es gradual. Es abrupto. Como si alguien hubiera tensado una cuerda invisible.

Las puertas del salón se abren de nuevo.

—La familia real —susurra alguien.

—Los reyes…

—Míralos…

—El príncipe…

La atención se desplaza como una marea obediente.

Entran primero los reyes.

El rey avanza con paso medido, la corona discreta pero imposible de ignorar. Su presencia no necesita imponerse; gobierna porque el mundo se acostumbró a que así fuera. A su lado, la reina camina con una elegancia afilada, sonrisa perfecta, ojos que no miran: evalúan.

Las reverencias se multiplican.

Yo inclino la cabeza con la corrección exacta. Ni más, ni menos. No soy súbdita cualquiera. Soy duquesa por sangre.

Y entonces lo veo.

El príncipe heredero entra junto a ellos.

Alaric.

Su presencia provoca un suspiro colectivo que casi me da risa. Es alto, impecable, con esa belleza entrenada que solo produce la realeza criada para ser observada. Camina con seguridad, con la sonrisa justa, con el porte de quien sabe que lo desean sin tener que pedirlo.

Nuestros ojos se cruzan.

Por un segundo.

Lo suficiente para que recuerde que existo.

Lo suficiente para que yo recuerde por qué quiero romper ese compromiso.

Él sonríe, satisfecho, como si ya me hubiera reclamado solo con mirarme. Yo no cambio la expresión.

La corte contiene el aliento.

La música retoma su curso y el protocolo se impone. Mi padre me ofrece el brazo.

Es el momento.

Acepto y caminamos hacia el centro del salón para el primer baile. La tradición se cumple. El duque baila con su hija. La protección. El anuncio. El mensaje claro.

Giramos al ritmo marcado. El vestido rojo se mueve conmigo como si celebrara cada paso. Siento las miradas clavarse, siento el peso del juicio, pero también algo más: expectativa.

Mientras bailo, lo noto.

El príncipe ya no me observa.

Su atención se ha desplazado.

Sigo la línea invisible de su mirada y entonces la veo.

Miriam.

Está cerca de uno de los laterales del salón. Vestido claro, sencillo, casi inocente en comparación con el exceso de la nobleza. No intenta destacar y, precisamente por eso, lo hace. Su postura es contenida, sus manos juntas, su expresión ligeramente perdida, como si no supiera del todo qué hace ahí.

Exactamente como en el libro.

El príncipe la mira como si el resto del salón hubiera dejado de existir.

Literalmente deja de seguir mis movimientos.

Literalmente olvida que estoy bailando a escasos metros.

Literalmente se rinde.

Una sonrisa se curva en mis labios antes de que pueda detenerla.

Perfecto.

Alaric inclina un poco la cabeza, murmura algo a su madre sin apartar la vista de Miriam. La reina frunce el ceño apenas, imperceptible para cualquiera que no esté mirando con atención. El rey observa la escena con interés calculado.

Yo giro con mi padre, liviana, casi divertida.

Así que así empieza.

El príncipe heredero, prometido oficialmente, cayendo rendido ante la protagonista original en medio de mi debut.

Si esto es el destino, tengo pensado disfrutar cada segundo.

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María Alejandra Ramírez González
excelente pero no es bonito el corte tan brusco de la historia
Limaesfra🍾🥂🌟
si que es intenso y apasionado..el ya decidio, sera su archiduquesa💃
Limaesfra🍾🥂🌟
🐍🐍aplastadas
Limaesfra🍾🥂🌟
golosa
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣 eso Lythia
Lorena Itriago
menos mal que no habría más besos jajajaja
Leydi Nina: menos mal jajajaja
total 1 replies
Gladys Padrón
me encanta
Leydi Nina: Muchas gracias por tu comentario 😊
total 1 replies
Teté chan
Y Lo Repito es Perfecta /Plusone/
Teté chan
es perfecta
Teté chan: sigue escribiendo te estaré leyendo 😊😊😊😊😊😊
total 2 replies
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