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Renacer: Del Altar Al Trono

Renacer: Del Altar Al Trono

Status: Terminada
Genre:Fantasía / Timetravel / Venganza / Enfermizo / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:18
Nilai: 5
nombre de autor: Fiona Mey

Traicionada por el marido. Engañada por la hermanastra. Asesinada por el hijo.

Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Ahora, de vuelta al día de la boda, Helena cambia los contratos y modifica su propio destino.
Casada con el tío de su ex, descubre el sabor de la venganza… y de un amor que jamás esperó encontrar.

“En la vida pasada fue engañada. En esta, nadie volverá a usarla.”

NovelToon tiene autorización de Fiona Mey para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Una semana después. El sonido de los tacones golpeando firme en el corredor de la dirección se hacía más alto a medida que ella se acercaba. Cuando Helena dobló la esquina percibió el tono alterado de una voz masculina.

—¿Atrasada de nuevo, Mayra? —el hombre vociferó, con una sonrisa que rezumaba veneno—. Pero claro… ninguna mujer consigue cumplir horario, ¿no es así? Debes haberte distraído maquillándote o eligiendo zapatos.

Risas contenidas sonaron de dos mesas próximas. Mayra, visiblemente constreñida, intentó explicar:

—Señor Álvaro, el tránsito estaba parado por causa de un accidente. Yo avisé a la recepción que—

—¡Ah, siempre una disculpa! —él interrumpió, elevando las manos en falso espanto—. Eso es lo que sucede cuando colocan emoción donde debería haber disciplina.

Helena, que observaba la escena de lejos, dio dos pasos más y su voz cortó el aire:

—O tal vez sea eso lo que sucede cuando colocan ignorancia donde debería haber respeto.

El corredor enmudeció. Álvaro se giró, sorprendido.

—Directora Helena… no sabía que estaba por aquí.

—Ahora lo sabe —respondió ella con calma—. Y ya que lo sabe, aproveche para aprender algo.

Ella caminó hasta él, firme, los ojos fijos.

—El atraso de Mayra no tiene nada que ver con el género de ella. La eficiencia de un profesional no se mide por lápiz labial o tacón, sino por competencia y carácter —dos atributos que, dicho sea de paso, no tienen sexo.

El hombre rió, intentando mantener el control.

—¿Me está dando una lección de moral por un simple comentario?

Helena inclinó levemente la cabeza, irritada:

—No es un simple comentario, es un pensamiento obsoleto. Y si continúa así, va a terminar como una de esas máquinas de escribir antiguas —ya fue útil un día, pero ahora solo sirve para adornar el rincón polvoriento de un museo.

Un murmullo recorrió el piso. Álvaro se puso rojo, la mandíbula trabada.

—Solo estaba bromeando. Las mujeres andan muy sensibles últimamente.

Helena sonrió, pero sus ojos no acompañaron el gesto.

—Sensibles, no. Cansadas. Cansadas de hombres que se creen graciosos mientras están siendo solo ridículos. —Ella dio un paso más, parando delante de él—. Un consejo, señor Álvaro: cuidado para no confundir autoridad con arrogancia. Un día, el pedestal en el que usted se colocó puede desmoronarse y ahí va a percibir que nadie estaba aplaudiendo, solo esperando la caída.

—La señora habla bonito, pero no manda en mí.

—Afortunadamente —respondió Helena—. Sería una carga tener que administrar a alguien tan preso al pasado.

Ella se giró hacia Mayra y dijo, en tono sereno:

—Puede volver al trabajo. Y si alguien vuelve a faltarle el respeto, me avisa.

Mayra asintió con gratitud y se alejó.

Cuando Helena dejó el corredor, el silencio se transformó en cuchicheos. Álvaro la acompañó con la mirada, furioso.

—Arrogante. Se cree invencible solo porque Arthur dejó que ella juegue a ser directora por unos meses.

Los otros intercambiaron miradas discretas.

Ellos sabían que Helena estaba sola —ya se habían certificado de eso.

Arthur no la defendía, no intervenía, no se involucraba.

Era el momento perfecto.

—Ella puede ser lista, pero no tiene apoyo —dijo uno de los gerentes, en tono bajo—. Y cuando la cuerda apriete, va a ser obligada a pedir que la saquen.

—Es lo que va a suceder —completó Álvaro, el rencor visible en el rostro—. Antes de que ella crea que puede mandar aquí.

El grupo asintió en silencio, sellando un pacto velado —de aquellos que nacen del miedo y del orgullo.

Si Helena fuese realmente competente, ellos tendrían que inclinarse delante de ella.

Y ninguno de ellos estaba dispuesto a eso. Darían un jeito de sacarla, antes de que eso suceda.

Quien también tramaba contra Helena era Lorena.

Desde el momento en que supo que la hermana trabajaba en la empresa, una molestia comenzó a crecer dentro de ella —miedo y envidia mezclándose.

Lorena siempre supo que Helena se había dedicado a los estudios, mismo contra la voluntad del abuelo. Helena creía que, si probase su propio valor, un día conquistaría el respeto y la libertad de decidir su propio destino.

Lorena, por otro lado, nunca quiso probar nada. Quería apenas disfrutar de los privilegios y del lujo reservados a las herederas, sin esfuerzo, sin merecimiento.

Pero lo que realmente la sacaba de sus casillas era saber que Saulo, aún se acordaba de la competencia de la ex-novia. Él podía negarlo, pero Lorena percibía: Saulo sentía falta de la ayuda de Helena.

Desde entonces, Lorena pasó a acompañar todo lo que involucraba el nombre de Helena. Cuando supo del confronto entre ella y Álvaro, vislumbró la oportunidad perfecta.

Necesitaba de alguien dentro de la empresa —alguien resentido, dispuesto a colaborar. Álvaro era el nombre ideal.

Los dos se encontraron en el estacionamiento subterráneo, en el horario del expediente no había nadie circulando por allí. Y él escogió un punto ciego, para huir de las cámaras de vigilancia.

—Me quedé curioso, cuando recibí su invitación. Dijo Álvaro analizando a Lorena de los pies a la cabeza, y se quedó decepcionado con la apariencia de ella.

—Oí decir que la nueva protegida de la empresa anda robándose todos los focos, quería saber si es verdad. Dijo Lorena con una sonrisa burlona.

Álvaro con desdén:

—¿Protegida? Prefiero llamarla oportunista. Llegó ahora y ya quiere dar órdenes.

Lorena sonriendo con frialdad:

—Entonces tenemos algo en común. Ella siempre tuvo ese talento de aparecer donde no es llamada.

Álvaro con rencor:

—Si piensa que puede sobrevivir aquí solo con discurso bonito, va a romperse la cara.

Lorena aprovecha la indirecta para hablar:

—¿Y si la caída de ella fuese... anticipada?

Álvaro levanta una ceja, curioso.

—Continúe.

—Ella está encargada de montar el modelo operacional, ¿cierto? Si algo sale mal en la presentación, nadie va a querer oír explicaciones. El consejo es impiedoso.

Álvaro sorprendido pregunta:

—¿Está sugiriendo que la dejemos tropezar?

—Estoy sugiriendo que la empujemos. Confirma Lorena.

—¿Y cuál es su plan? Álvaro quiso saber los detalles.

Lorena explica con calma, mientras acomoda el cabello detrás de la oreja:

—El plan es simple, Álvaro. Usted tiene acceso a los informes centrales, ¿no es así?

Él asiente, atento.

Lorena apoyó la quijada sobre las manos, la mirada destellando con impaciencia.

—El plan es simple, Álvaro: usted altera los informes centrales, cambia las proyecciones de costo, muda las variables de plazo... nada que llame mucho la atención. Yo garantizo que ella reciba todo “actualizado”. Cuando vaya a presentar, los números no van a coincidir y ella va a ahorcarse sola.

A primera vista, parecía que Lorena dominaba el asunto, pero, en verdad, ella había hecho pesquisas y reunido informaciones con quien realmente entendía del tema. Sabía que necesitaba comprender lo básico para conseguir elaborar su plan.

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