Florecía Lopez descubre el cruel engaño de su esposo Armando Paredes y es asesinada de una forma macabra, ella pide con todas sus fuerzas otra oportunidad para vengar a su familia y sus ruegos son escuchados. ¿Lograra vengarse de Armando y su familia? ¿Encontrara el verdadero amor y la felicidad para su madre?
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Capitulo 20
#MIEDO
El miedo es palpable, lucho por liberarme, por la amplitud de mi vestido, le cuesta despojarme de el, sin contar las tiras del corset. Veo su frustracion en sus ojos.
-No luches, no te servira de nada.
Logro morder su mano y que grite del dolor.
-AYUDA, SUELTAME. Grito con todas mis fuerzas y le doy un cabezaso que me deja mareada del dolor.
-Nadie te salvara, no escuchan por la musica, es inutil que resistas. Vuelve a sujetarme cuando estaba por irme. La falda de mi vestido la sujeto con fuerza haciendo que retroceda.
Lo arraño, me resisto con uñas y dientes.
-Maldita. Grita furioso dandome una bofetada que me hace caer.
La música retumbaba, las luces brillaban y los invitados se divertían. No hace ni cinco minutos, siendo la quinceañera, sonreía radiante en mi vestido de princesa, rodeada de amigos y familiares. Pero en un instante, todo cambió.
Rodrigo, un conocido de la familia, oculto en las sombras me queria forzar a que tenga intimidad con él. Cambiaba su actitud de un segundo a otro, de loco histérico a querer convencerme al suavizar su voz.
-Vamos, Trini, hazlo conmigo.
Dijo, agarrándome del brazo y poniendome de pie nuevamente.
-Estoy loco por ti, entiende, me enloqueces. Me sacude el vestido.
Mi corazón esta acelerado, ni que corriera una maraton, el miedo me tiene en alerta, no creo en su actitud de fingido arrepentimiento.
Me quiere besar y retrocedo al resistirme, pero Rodrigo no me soltó, vuelve a aferrarse con fuerza y a empujarme contra la pared.
-¡Suéltame, Rodrigo!. Gritó, intentando zafarme.
De repente, Oscar apareció de la nada y empujó a Rodrigo.
En eso lo veo a él caer hacia atrás, era Oscar que lo golpea con fuerza dejandolo tendido.
-¿Qué crees que estás haciendo?. Gruñó.
Rodrigo se tambaleó, pero se recuperó rápido. Le lanzó un puñetazo a Oscar, pero este lo esquivó y le devolvió un golpe en la mandíbula. Angel, mi tio, que es hermano de mi madre Trinidad, el cuerpo que habito, se unió a la pelea, y pronto los tres hombres estaban en el suelo, rodando y golpeándose.
Mi abuelo, Celestino, irrumpió en la escena, gritando.
¡Basta! ¡Deténganse!
Oscar se levantó, jadeando, y se me acercó, dónde yo estaba arrinconada en el suelo, asustada, con un fuerte dolor en el costado. Me levantó en sus brazos.
Me mira con preocupación, atras de él se paro Angel, a mirar angustiado.
-La llevare a ver por el doctor, ese desgraciado quiso aprovecharse. Le señalo hacia Rodrigo.
Angel al ver a su amigo, su mirada cambio, cuando Rodrigo gimio levantandose, fue Angel quien lo tumbo de una piña nuevamente.
-Te adverti que te alejes de ella. Le grito furioso.
Mi abuelo Celestino que habia pedido orden, también le propino una piña.
-Te trato como familia y asi nos pagas. Gruño furioso mi abuelo Celestino.
Oscar corrió hacia la casa, conmigo en brazos, seguido por Rumilda, mi bisabuela, que murmuraba.
"¡Dios mío, qué pasa aquí!"
En el interior, Oscar me depositó en un sofá y comenzó a ayudar a mi bisabuela Rumilda a quitarme el abultado vestido. Cuando finalmente lo lograron, vieron un golpe en mi costado, y Oscar notó que él mismo tenía una herida en el brazo.
-Llamare al doctor. Anuncio mi bisabuela con la voz ahogada.
-Trinidad, ¿estás bien?. Me preguntó Oscar, preocupado.
Casi sin fuerzas asenti, temblando por el momento traumatico que pase.
Ahora entendia del porque mi madre me sobreprotegio, del porque todos me alejaban de los hombres cuando era joven y recien de grande conoci a Armando y fue con el primero y único que me case. Mi madre no queria que sufra lo que ella sufrio, pero esta vez fue diferente, por suerte Rodrigo no llego a concretar sus malas intenciones.
-Sí... sí, estoy bien.
Rumilda, mi bisabuela, se apresuró a buscar vendas y antiséptico.
-Oscar, tienes que quedarte a descansar. Le dijo, le señalo la herida cortante en su antebrazo y le entrego para que se cure.
Mientras él se curaba, mi bisabuela ate dio mi herida.
-No puedes viajar con esa herida. Le dije con la voz apenas audible.
Oscar asintió, mirandome.
Lo observe con gratitud. Sin su presencia no se que hubiera pasado.
-Me quedaré. Me dijo, sonriendo.
-Alguien tiene que cuidarte. Agrego.
En eso llego el doctor, resultó ser un hermano de mi abuelo junto a su señora que era enfermera.
-Sobrina, deja que te revise. Me dijo despojandose de su saco y aflojando su corbata, su señora le paso los instrumentos para que me revise.
-Traje mi maletin por si debia atender a alguien, nunca pense que seria a la misma festejada. Trato de bromear, pero al instante cambio su cara, por mi expresión de dolor.
-Hay que llevarla al hospital. Dijo serio.
-¿Qué tiene mi nieta? Pregunto angustiada mi abuela.
-Una costilla rota, hay que hacerle estudios. Respondio y ese tono que puso no me gusto para nada.
-Yo quiero acompañar. Pidio Oscar preocupado.
-Si, debes venir, esa herida se debe curar como corresponde. Le señalo el brazo mi tio.
El dolor fue en aumento, ya no tenia fuerzas, ppr suerte el hospital estaba cerca, me depositaron en una camilla.
-Trinidad, no te dejare, por nada. Me dijo Oscar sujetando mi mano.
-Eres algo de mi sobrina. Le consulto mi tio.
-Su novio. Aseguro firme Oscar, me quede tiesa, eso no lo esperaba.
-Conociendo a mi hermano, no tendra opjeciones al respecto, al fin y al cabo la ayusaste. Le respondio mi tio.
-Bien sobrina, tranquila, te hare una radigrafia y te dare algo para el dolor. Me dijo mi tio y pude sentir un pinchazo que me hizo gritar.
Oscar sujeto mi mano con fuerza, poso un beso en mi frente.
-Te vas a mejorar, vas a estar bien. Fueron sus palabras.
En eso llego mi abuela Chiche, en su rostro vi angustia y desesperación.
-Mi niña, ya no debes preocuparte por Rodrigo, no lo volverás a ver. Me dijo como consuelo.
Asentí con una débil sonrisa, de repente todo se empezó a escuchar lejano.
"CUÑADO, SE DESVANECE, SALVALA" mi abuela desesperada
"TRINIDAD, QUÉDATE CONMIGO, TE AMO" Oscar grito.
Pero cada vez mas el silencio me invadió y ya no escuchaba nada.