Tormentosa, dolorosa hasta que llega el.
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Cap.8
Dos días habían pasado y Jackson empezaba a perder la paciencia, tal parecía a Ethan, se lo había tragado la tierra, todos los lugares que trascurría los tenían cubiertos por sus hombres y ninguno daba respuesta de su paradero.
-Nada Jackson, el imbécil parece que hubiera pasado a otra dimensión – Expresó Antón tomando asiento en su escritorio.
-En cualquier momento el pez, pica el anzuelo, y esta vez le va a salir cara la negligencia al infeliz de Sansari.
Jackson era el tipo de hombre que generaba mucha confianza a las personas que apreciaba, y Ethan era una de ellas, se habían conocido hace un año y el viejo siempre fue limpio cuando se trataba de recaudar dinero. Pero como todo en exceso hace daño, por la mente de Jackson, lo único que reposaba era que la avaricia lo llevó a robarlo, quebrantando la lealtad de Jackson, quien por su puesto se llenó del deseo de buscarlo para dejar a un lado la bondad y la misericordia rogada por Ethan cuando diera con su paradero.
Jackson había confiado a Ethan, la suma de cincuenta mil dólares, para que apostara a su favor. Dinero que utilizaría para terminar de investigar la muerte de su esposa, quien murió en un accidente. Tan grande fue el dolor que Jackson pudo experimentar, que tener que enterrar a la persona con la que compartió un año, no fue tan difícil como acostumbrarse a su ausencia, enfrentándose a un duelo con la soledad y la tristeza que lo envolvieron a culparse por su partida.
Envuelto en las tinieblas, Jackson dejó que surgiera su verdadera naturaleza, la muerte de su esposa lo convirtió en el boxeador clandestino de las peleas callejeras a muerte, llegando a ser el Despiadado del cuadrilátero más reconocido del mercado negro. Lo único que tenía Jackson en mente era que por sus venas corría odio tan puro, como en sus puños, sangre cada vez que exterminaba a su adversario cuando subía al rin o jaulas de luchas, donde era muy frecuente una muerte en sus manos, productos de golpes que lo cegaban en ira porque justo cuando iniciaba una pelea, la imagen de su esposa muerta hacía estragos en su cabeza. Y cada vez que esto ocurría, en su mente le prometia que daría con el responsable de su muerte.
-Lindura te esperan. –Sasa una integrante de la familia del gimnasio interrumpió para informar que el nuevo escuadrón que sería entrenado lo estaba esperando en el Ring, haciendo recordar a Jackson que no solo las peleas callejeras era lo único que frecuentaba. Jackson tenía en propiedad un gimnasio que había recibido como regalo de cumpleaños número 18 de parte de su padre, con el fin de que se entrenara para seguir con el legado de la familia, pues su padre era un boxeador profesional, y quería que Jackson siguiera sus pasos. Pero Jackson se negó a hacer la voluntad de su primogenitor, cuando conoció el amor, dejando de importarle muchas cosas para dedicarse a su pequeña esposa, qué tiempo después murió en un accidente de tránsito que al día de hoy las autoridades desconocen.
-Quiero que averigüen el último lugar que ese Imbécil frecuentó. -Impuso quedando en pie de inmediato, y salir a toda prisa para iniciar con el entrenamiento duro que venía a continuación
El gimnasio de Jackson estaba ubicado a las afueras de la ciudad, era ese tipo de sitios estratégicos que le permitía dejar claras sus reglas a los nuevos integrantes antes de ingresar a su propiedad.
Observaba atento en pie frente a 5 hombres por supuesto grandes, a simple vista se veían de buena compostura, pero tendría que verificar que tan audaces y resistentes eran, pues la relación entre el trabajo y la fuerza, no es tan positiva, podía ser muy grande, pero si el físico era deplorable, no servían de nada.
-Buenos días –Saludan todos al unísono, con respeto hacia Jackson, quien empezó a evaluar el nivel de formación física de cada uno.
-Buenos días –Responde Jackson, quien recibe de sasa una carpeta con la documentación de cada uno de los integrantes, empieza a pasar cada hoja donde encuentra toda la información de los cinco Hombres. Dos salieron de prisión hace dos días y los otros tres son primíparos reclutados, para el oficio de protección a muerte.
-Bueno, señoritas, quiero que me demuestre que es lo que tienen. Jackson cierra la carpeta y nuevamente se la devuelve a sasa, quien se va molesta por la mirada de uno de los próximos secuaces que está frente a ella. Jackson al percatarse de la situación hace una mueca de desagrado. En su gimnasio no permite que le falten al respeto al personal y mucho menos si es la única mujer que alberga entre tanto hombre.
-Tú. –Jackson señala al hombre llamado Kurt, quien tiene una voluminosa musculatura corporal que, según Jackson, no le servía para una mierda.
-Ya que estás quebrantando una de mis reglas –Te sugiero que empieces con las 100 vueltas que debes dar al rededor del gimnasio. -Como verás. –Dijo, acercándose amenazadoramente, a aquel sujeto llamado Kurt, quien no se intimidó por la fría cólera que Jackson mostraba en su expresión.
-Vinimos a boxear, no a correr como maricas -Respondió de mala manera, mostrando una sonrisa de victoria muy cerca del rostro de Jackson, quien pensó que era hora de dejar claro quien mandaba en su terrotorio.
-Al Rin ahora. -Ordeno Jackson dándole la espalda para caminar hacia el gimnasio. Cuando estuvo allí, Kurt, camino hacia el almacén, creyendo que iban a boxear de la manera tradicional.