Hace siete años, una noche de tormenta cambió su destino.
Isabella Rossi es una mujer brillante con múltiples identidades ocultas. Genio en tecnología, medicina y negocios, vive en las sombras protegiendo a sus dos gemelos prodigio… y ocultando un secreto que podría destruir su mundo.
Nunca creyó en el amor.
Nunca necesitó a un hombre.
Y mucho menos a un CEO arrogante.
Pero cuando Alexander De Luca —el empresario más poderoso y temido de la ciudad— reaparece en su vida, su pasado vuelve para reclamarla.
Él no sabe que es padre.
Ella no sabe si puede confiar.
Y los gemelos… ya empiezan a sospechar la verdad.
Entre secretos, traiciones, enemigos ocultos y una pasión imposible de ignorar, dos genios deberán decidir:
¿Proteger su corazón…
o rendirse al amor?
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Capítulo 8 — La fase dos comienza
El aire en el apartamento Rossi no volvió a sentirse normal después de aquella noche.
Aunque el intruso ya no estaba, su presencia seguía allí… como un eco invisible pegado a las paredes.
Isabella no se permitía bajar la guardia.
No cuando Helix ya había cruzado la línea física.
La mañana llegó gris y silenciosa.
Desde la cocina, Isabella observaba las cámaras externas mientras preparaba el desayuno como si fuera un día común.
Huevos.
Tostadas.
Café.
Rutina.
Pero sus ojos verdes analizaban cada movimiento en las pantallas.
Dos vehículos de seguridad discretos estaban estacionados a la distancia.
Alexander había cumplido su palabra.
No eran obvios.
Pero Nyx no pasaba por alto ese tipo de despliegue.
—Acepta ayuda más rápido de lo que esperaba —murmuró para sí.
—Porque esta vez es diferente —respondió Ethan desde la mesa.
Isabella giró.
—¿Qué es diferente?
El niño la miró con esa calma inquietante.
—Antes nos observaban.
Hizo una pausa.
—Ahora nos están midiendo.
Elena levantó la mano como si estuviera en clase.
—Eso significa que pronto harán algo grande, ¿verdad?
Isabella no respondió de inmediato.
Porque sí.
Eso era exactamente lo que significaba.
Mientras tanto…
En un edificio corporativo al otro lado de la ciudad…
Una sala de reuniones permanecía en penumbra.
En la pantalla principal se veía el edificio de Isabella desde varios ángulos.
—Intento de infiltración fallido —dijo un hombre con bata oscura.
—Era esperado —respondió una voz femenina fría.
La figura de la mujer permanecía en sombras.
Elegante.
Calculadora.
—La madre es más peligrosa de lo que anticipamos.
—Y los niños —añadió otro hombre— superan las proyecciones cognitivas.
Silencio breve.
Luego la mujer habló:
—Entonces pasamos oficialmente a fase dos.
La pantalla cambió.
Aparecieron los horarios escolares.
Rutas.
Rutinas.
La voz femenina se volvió más suave.
Más peligrosa.
—Presionen donde realmente duele.
A las 7:40 AM…
El auto de Isabella avanzaba hacia la escuela.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
Isabella lo sentía en la piel.
Esa quietud tensa.
Ese silencio que precede los movimientos calculados.
Ethan estaba en su tablet.
Elena miraba por la ventana.
—Mamá —dijo la niña—, hoy el cielo se siente raro.
Isabella sostuvo el volante con más firmeza.
—Sí, cariño. Yo también lo siento.
Al girar en la avenida principal…
Lo vio.
Una camioneta blanca.
Estacionada.
Motor encendido.
Vidrios demasiado oscuros.
El pulso de Isabella no cambió.
Pero su mente sí.
—Ethan.
—Ya la vi.
El niño ampliaba la imagen desde la cámara del auto.
—Placas clonadas otra vez.
—¿Ocupantes?
—Tres.
Eso no era vigilancia.
Eso era operativo.
Elena susurró:
—¿Nos van a perseguir?
Isabella respiró lento.
—Tal vez.
Pero justo cuando el semáforo cambió…
La camioneta arrancó.
Y se colocó detrás de ellos.
Confirmado.
En la torre De Luca…
Una alerta roja apareció en la pantalla de seguridad.
VEHÍCULO SOSPECHOSO — RUTA ESCOLAR ROSSI
Alexander se puso de pie de golpe.
—Activen equipo dos.
Intercepción discreta.
Su tono ya no era solo profesional.
Era frío.
Personal.
En la avenida…
La camioneta aceleró.
Demasiado cerca.
Isabella giró por una ruta secundaria.
La camioneta la siguió sin disimulo.
—Confirmado —dijo Ethan—. Hostil.
Elena apretó su peluche.
Pero no lloró.
Solo miró a su madre.
Confiando completamente.
Ese gesto…
Encendió algo peligroso dentro de Isabella.
—Error fatal, Helix… —susurró.
Aumentó la velocidad.
No huía.
Reposicionaba.
Entró a una calle más estrecha.
La camioneta se pegó aún más.
Entonces—
Las puertas laterales del vehículo enemigo se abrieron.
Demasiado pronto.
Demasiado agresivo.
Isabella sonrió sin humor.
—Ethan.
Plan C.
—Activado.
El niño tocó la tablet.
Y en ese instante…
Las SUVs negras de Alexander aparecieron desde la calle perpendicular.
Movimiento limpio.
Milimétrico.
La camioneta dudó.
Intentó acelerar.
Tarde.
Una SUV bloqueó el frente.
La otra cerró por detrás.
Operación perfecta.
Isabella redujo la velocidad sin detenerse.
Sabía que el equipo de Alexander manejaría el resto.
Pero en ese momento…
Algo cambió.
Uno de los hombres de la camioneta salió corriendo.
No hacia las SUVs.
Hacia el auto de Isabella.
Error.
Grave error.
Isabella abrió la puerta antes de que él llegara.
Movimiento rápido.
Preciso.
El hombre intentó sujetarla—
Ella lo desvió.
Golpe al codo.
Rodilla al abdomen.
Descarga eléctrica directa.
El sujeto cayó al pavimento.
Todo ocurrió en menos de cuatro segundos.
Silencio.
Los agentes de Alexander se miraron.
Impresionados.
Muy impresionados.
Desde la SUV principal…
Alexander observaba.
Sus ojos azules se habían oscurecido por completo.
—Definitivamente… no es una madre común —murmuró.
Minutos después…
La escena estaba controlada.
La camioneta asegurada.
Dos sujetos detenidos.
Uno inconsciente por Isabella.
Alexander se acercó.
Miró al hombre caído.
Luego a ella.
—Cada vez me sorprende más.
Isabella cerró la puerta del auto.
—Cada vez llegan más tarde.
Tensión.
Elena asomó la cabeza.
—Hola, señor CEO.
Alexander suavizó apenas la mirada.
—Hola, princesa.
Pero sus ojos volvieron a Isabella.
Más intensos.
Más penetrantes.
—Esto ya es intento de secuestro.
—Lo sé.
—Necesita protección completa.
Isabella lo miró fijo.
Orgullo contra lógica.
Independencia contra peligro real.
Esta vez…
Dudó un segundo más de lo habitual.
Y Alexander lo notó.
Muy lejos de allí…
En la mansión desconocida…
La mujer de ojos verdes observaba la transmisión.
Su expresión era ilegible.
—Es aún mejor de lo que esperaba —susurró.
El hombre mayor a su lado habló:
—Nuestra hija siempre fue excepcional.
La mujer sonrió con una mezcla de orgullo… y preocupación.
—Prepárense.
Su mirada se volvió seria.
—Porque pronto… tendremos que intervenir.
y más