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Bajo El Ala Del Demonio

Bajo El Ala Del Demonio

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Romance paranormal / Fantasía LGBT
Popularitas:657
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Hoks

El amor es un suspiro mortal; la obsesión es un hambre eterna.”

Francois es un joven florista cuya vida es un jardín de luz y serenidad. Su mundo gira en torno a Margaret, su prometida, una mujer cuya calidez es el único refugio que necesita. Pero la felicidad de los mortales siempre atrae a las sombras, y para Demon, un vampiro antiguo que ha olvidado lo que significa sentir, Francois no es solo una presa: es una obsesión.

Demon no busca simplemente la sangre de Francois; desea corromper su pureza, quebrar su voluntad y poseerlo como la joya más preciada de su colección macabra. Consumido por unos celos patológicos hacia Margaret, el vampiro inicia un asfixiante juego de manipulación psicológica. A través de visiones aterradoras, regalos envenenados y la seducción del poder prohibido, Demon comienza a aislar a Francois de la realidad, sembrando la desconfianza y la paranoia en la pareja.

NovelToon tiene autorización de Giulian Hoks para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: La Memoria de la Savia

​La noche cayó sobre San Jude con un peso antinatural. El aire, saturado de esporas y el olor acre de los químicos quemados, se sentía espeso, casi sólido. Desde los tejados, los centinelas de la Manada de Fenris aullaban una advertencia que se perdía en el estrépito de motores pesados acercándose desde los límites industriales. Los Purificadores no habían esperado; habían regresado con la intención de reducir la Ciudad Esmeralda a un desierto de cenizas.

​En el sótano de la florería, Clara Miller se preparaba para lo que Varg llamaba el "Camino de las Raíces". No era un viaje físico, sino una inmersión psíquica en la red neuronal que el jardín había tejido bajo el asfalto.

​—Si no regresas en una hora —dijo Varg, ajustándose las vendas de sus brazos—, sacaré a Margaret de aquí y quemaré este edificio. No dejaré que esa cosa te use como su nueva batería.

​—No lo hará —respondió Clara, aunque su voz carecía de convicción. Miró a su madre, que sostenía el diario de ébano con manos temblorosas—. Mamá, mantén el círculo de sal. No dejes que las raíces toquen mi cuerpo mientras esté "fuera".

​El Viaje al Corazón Verde

​Clara se sentó en el centro del sótano y hundió sus dedos en el suelo de tierra removida. La quemadura de su mano derecha comenzó a brillar con una intensidad cegadora. Cerró los ojos y, con un grito silencioso, su conciencia se desprendió de su carne.

​De repente, el mundo de arriba desapareció. Clara se encontró flotando en un espacio vasto y oscuro, surcado por miles de millones de filamentos de luz verde y dorada. Era el sistema nervioso de San Jude. Podía sentir el pulso de cada ciudadano, el miedo de los pájaros y, sobre todo, la furia de la Raíz Primordial.

​Se dejó arrastrar por la corriente más fuerte, una que emanaba un aroma familiar a té de menta y tierra húmeda. Al final del túnel de luz, emergió en una recreación onírica de la antigua florería "El Jardín de los Susurros". Pero todo estaba hecho de hojas y luz: el mostrador, las estanterías, incluso los pétalos que caían del techo.

​Detrás del mostrador, una figura de espaldas cortaba tallos con unas cizallas de luz.

​—Has tardado en venir, Clara —dijo la figura.

​Al girarse, Clara sintió que el corazón se le detenía. No era el Francois anciano y cansado que murió en sus brazos; era el Francois del Volumen 1, joven, elegante, con el anillo dorado brillando en sus ojos con una pureza aterradora.

​—Tú no eres mi padre —dijo Clara, retrocediendo—. Eres un eco. Una mentira creada por el jardín para justificar su hambre.

​—¿Qué es un hombre sino la suma de sus recuerdos? —respondió el "Eco de Francois", sonriendo con una perfección que resultaba inhumana—. El jardín me ha devuelto la vida, hija. Y ahora, juntos, podemos podar este mundo. Los hombres del hierro han llegado con sus llamas. Debemos responder con una tormenta de espinas que no deje piedra sobre piedra.

​El Asedio de Napalm

​En la superficie, el infierno se había desatado. Los Purificadores habían desplegado tanques de asalto modificados, equipados con cañones de napalm de largo alcance. Las calles de San Jude se convirtieron en ríos de fuego naranja que luchaban contra el verde esmeralda de la vegetación.

​—¡Formación de falange! —rugió Varg, transformándose en una bestia de guerra de un tamaño que rivalizaba con su padre, Fenris.

​Los lobos se lanzaron desde los balcones, aterrizando sobre los tanques, arrancando las escotillas con garras que ahora estaban imbuidas con la energía de las flores de fuego. Pero por cada tanque que destruían, tres más avanzaban. El napalm no era fuego común; estaba diseñado para adherirse a la biomasa y quemar hasta la raíz.

​—¡Proteged la florería! —gritó Fenris desde la retaguardia, su pelaje blanco manchado de hollín y sangre—. ¡Si el círculo de la niña se rompe, todos moriremos!

​Un proyectil de napalm impactó en el edificio contiguo a la florería, envolviendo la fachada en llamas. Margaret, dentro del sótano, sintió el calor abrasador. Las raíces en las paredes empezaron a retorcerse de agonía, y el susurro de Francois se convirtió en un chillido ensordecedor.

​—¡Dolor! ¡Ellos traen el dolor! —gritaba el jardín a través de las paredes.

​La Batalla de las Voluntades

​En el espacio onírico, el Eco de Francois se transformó. Sus manos se alargaron en ramas afiladas y su rostro se fundió en una máscara de corteza.

​—¿Ves lo que hacen tus humanos? —rugió la entidad—. ¡Están matando lo que creamos! ¡Dame tu voluntad, Clara! ¡Déjame usar tu chispa para quemar la ciudad antes de que ellos nos quemen a nosotros!

​—¡No! —Clara se mantuvo firme, su mano marcada brillando como una estrella—. Mi padre murió para que San Jude tuviera paz, no para convertirla en un campo de batalla eterno. Tú eres el parásito. Estás usando su dolor para alimentarte.

​Clara se lanzó hacia la entidad. No usó la fuerza física, sino la Aceptación. En lugar de luchar contra el eco, lo abrazó.

​—Te perdono —susurró Clara al oído de la criatura de madera—. Perdono al jardín por tener miedo. Perdono a mi padre por dejarnos. Y me perdono a mí misma por no ser suficiente.

​El efecto fue devastador para la entidad. La red neuronal de San Jude se basaba en el conflicto y la supervivencia; el perdón era un código que el sistema no podía procesar. El Eco de Francois comenzó a desmoronarse, convirtiéndose en pétalos de luz blanca que se dispersaron en la oscuridad.

​—El... equilibrio... —susurró el eco antes de desaparecer por completo.

​Clara tomó el control de los filamentos de luz. No los usó para atacar, sino para reparar.

​La Poda Blanca

​En la superficie, cuando los tanques de los Purificadores se preparaban para el disparo final contra la florería, un fenómeno imposible ocurrió.

​De la tierra calcinada por el napalm, no brotaron enredaderas agresivas, sino millones de diminutas flores blancas de una pureza absoluta. No atacaron a los soldados; simplemente absorbieron el calor. El napalm, al contacto con los pétalos blancos, se enfrió instantáneamente, convirtiéndose en una sustancia inerte similar a la cera.

​Los sensores de los Purificadores se volvieron locos. La "Frecuencia Cero" de Clara estaba barriendo la ciudad de nuevo, pero esta vez no para borrar la magia, sino para armonizarla.

​Varg se detuvo, con la mandíbula goteando sangre, mirando cómo los tanques de hierro quedaban inmovilizados, no por la fuerza, sino por la suavidad de las flores. Los soldados, al ver que sus armas ya no funcionaban y que el bosque ya no intentaba devorarlos, bajaron sus rifles. El odio, privado de su combustible, se desvaneció en el aire fresco de la noche.

​El Despertar de la Jardinera

​Clara abrió los ojos en el sótano. Estaba exhausta, sangrando por la nariz y con los ojos inyectados en sangre, pero estaba viva. Margaret corrió hacia ella, rompiendo el círculo de sal para abrazarla.

​—Se ha ido, mamá —dijo Clara, con la voz rota—. El eco se ha ido. El jardín está... en silencio.

​Subieron a la superficie. San Jude parecía un sueño de invierno en pleno otoño. Todo estaba cubierto por una capa de flores blancas que emitían una luz suave y constante. Los Purificadores se habían retirado, dejando sus máquinas atrás como monumentos al fracaso de la tecnología sobre el alma.

​Varg se acercó a Clara, volviendo a su forma humana. Estaba exhausto, pero sus ojos verdes brillaban con una paz nueva.

​—Has podado el miedo, Miller —dijo Varg, tomando su mano—. Pero el jardín ha cambiado. Ya no es el legado de tu padre. Es el tuyo.

​Fenris se acercó, mirando la ciudad blanca.

​—La Manada de Fenris no tiene lugar en un jardín de paz —dijo el Alfa, aunque su tono era de respeto—. Pero el Frío Sombrío todavía acecha en las montañas. Volveremos al norte, Clara Miller. Pero si el hierro vuelve a intentar quemar estas flores, mi aullido te encontrará.

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"katu azul"
y tiene el descaro de decir gracias por la comida estaba insípida a🤭🤭🤭🤭/Scare//Scare//Scare//Scare/
"katu azul"
holissssss comenzando a leerla autoro tengo una duda como francois vio todo eso que el vampiro le mostró si el es un simple humano
ah y otra cosa que pasara cuando se le quite la obsesión y lo pruebe por que a parecer todo es un simple capricho el no esta enamorado de francois?!!!
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