Décimo primer libro de la saga colores
El capitán Albert Mercier, un lord arruinado de Floris emprenderá un viaje al mar a una misión de alto riesgo hacia una tierra desconocida, (Polemia) un reino helado donde se topara con Mermit, una nativa arisca que desafiará su destino.
¿Podrá el amor superar las barreras del entendimiento? Descúbrelo ya.
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16. Deseo desbordante
...ALBERT:...
El sueño era tan real y cuando abrí los ojos lo supe. Mermit estaba sobre mí, tratando de sumergirlo en ella y enloquecí por completo.
Se veía realmente desesperada, sin saber lo que le ocurría a su cuerpo, así que era mi deber aliviarla, ya que ella estaba buscando en mí ese alivio.
Al tocarla bajo el camisón la encontré muy dispuesta, estaba empapada en rocío, toqué su botón, encontrando rápidamente escondido entre sus rizos.
Su expresión era de confusión y éxtasis, como si tratara de comprender lo que estaba haciendo, pero al mismo tiempo cediendo a mí, temblando en mis brazos, haciendo ruidos encantadores mientras su cuerpo se estremecía con cada trazo.
Era suave y cálida.
Bajé mis dedos a su interior, sumergí un dedo, lo tomó todo a pesar de su quejido.
— ¿Duele? — Seguí acariciando.
El alivio fue inmediato, solo con adentrarme un poco.
Sus caderas se sacudieron.
Soltó un fuerte gemido, las lágrimas se deslizaron por sus mejillas.
Estaba tan sensible que sollozó.
Dejé de tocar.
Llevé los dedos a mi boca.
Ella abrió mucho los ojos, sorprendida por lo que estaba haciendo, incrédula.
La observé mientras lamía mis dedos, ella jadeaba una y otra vez.
Rodeé su cuerpo.
Me gustaba mucho.
Sus piernas gruesas, sus caderas anchas, su busto y su espalda.
Era muy mi tipo.
Me gustaba que ser yo que le mostrara lo que podía hacerle si me provocaba.
Mi control tenía un límite y ella lo cruzó.
Quería hundirme en su interior, pero verla tan satisfecha me hizo detenerme.
Eso bastaría por ahora.
Sabía que volvería a tener ganas y yo se las quitaría de otra forma a la siguiente.
Se removió en mis brazos.
Sus mejillas estaban muy rojas cuando me observó, todavía había humedad en sus párpados.
Parecía confundida.
Besé su boca, tocando su rostro.
— Eres encantadora, traviesa — Gruñí, mi miembro aún latía por ser tocado y apaciguado.
Pero, Mermit parecía tan impactada por lo que hice que permaneció quieta.
Sabía que tenía muchas preguntas, pero no podía responderlas, no sabía como.
La arropé con las mantas.
Parecía tener sueño.
Sus párpados estaban cediendo.
La dejé dormir.
Tuve que acariciarme ya que la tensión en mi cuerpo no cedería con ella acostada a mi lado.
...****************...
Alguien tocó la puerta de la habitación.
Fruncí el ceño, abriendo mi ojos.
— ¡Mi lord! — Gruñó Aliz, golpeando la puerta.
Me removí debajo de las mantas.
El cuerpo de Mermit estaba recostado casi sobre mí. Despertó, removiéndose y elevando su cabeza, el cabello le caía sobre el rostro.
Otro golpe se escuchó.
Mermit salió de la cama, caminando hacia la puerta.
Incorporé mi cuerpo.
— Mermit, no — Susurré, pero ya era demasiado tarde, ella abrió la puerta.
Aliz se quedó impactada al verla.
— Justo venía a preguntar si había visto a Mermit — Dijo, observando hacia adentro — No la encontré en su habitación y me preocupé.
— Vino a despertarme — Dije, rápidamente — Acaba de entrar — Cubrí mi pecho con las mantas.
Aliz reparó a Mermit.
Por suerte no se me ocurrió quitarle el camisón, aunque su expresión soñolienta y su cabello revuelto sugería otra cosa.
— Mermit, el lord no necesita ser despertado — Dijo la sirvienta — Ven, vamos a bañarte y a vestirte — Ella extendió la mano.
Mermit observó hacia mí, luego se marchó con la sirvienta.
Suspiré, dejándome caer en las mantas.
La servidumbre no podía opinar, pero eso no quitaba el hecho de que sería muy mal visto. Aliz tenía rostro juzgador, no se apaciguó si no hasta que le inventé que Mermit acababa de llegar.
Adelaida no llegó, seguramente se le presentó un imprevisto, me quedé en la mesa del comedor pensando en como entretener a Mermit y que eso no implicara llegar a tocarla.
Ella estaba comiendo, sin mostrar nada en su expresión.
Parecía animada.
Se me ocurrió una idea.
...****************...
Saqué un caballo del establo y le coloqué la silla de montar.
Mermit observaba desde el jardín, con un poco de curiosidad, seguía entretenida con las plantas.
Toqué al animal, tratando de mantenerlo dócil.
— Mermit, ven — Dije y caminó lentamente.
Su cabello estaba trenzado, el vestido que llevaba tenía botones hasta el cuello y era de color azul oscuro.
Tenía botas con trenzas así que podía montar.
Tocó el caballo, acariciando su hocico.
Nuestras manos se rozando, cruzándose casualmente.
Me tensé un poco, sintiendo una punzada en ingle. La situación había escalado, ahora hasta por un toque sutil o por su presencia me sentía ansioso.
No bastó con mi mano.
Mermit me observó, sus mejillas se sonrojaron, desvió su mirada de mí con algo de timidez.
¿Después de tocarla le apenaba estar cerca de mí?
Sonreí.
Me alejé a la silla.
— Ven.
Ella se desconcertó, obedeciendo.
Tomé el estribo.
— Pon el pie — Señalé su pie derecho y toqué uno de los estribos.
Ella dudó, pero elevó su pierna, colocándola allí.
Se le deslizó el vestido un poco, mostrando sus calcetas blancas.
— Toma el fuste — Dije, tomando sus manos, colocándolas en el fuste — Ahora sube — La tomé de la cintura.
Soltó un gemido y me las apartó.
— Mermit — Me desconcertó.
Estaba muy sonrojada.
¿Tenía ganas tan pronto?
— Calma — Dije, enseñando mis palmas — Solo quiero ayudarte a subir.
Ella frunció sus labios, me dejó sostenerla, se impulsó, subiendo a la silla.
El caballo se inquietó un poco.
Yo lo sostenía cerca del hocico.
Ella se aferró al fuste.
— Ahora tienes que tomar las riendas — Tomé las riendas, desenredando, una a cada lado del cabello, se las tendí con cuidado.
Las tomó, dudosa.
Me aparté un poco.
— Con ellas tiras, para que vaya a la izquierda o para que vaya a la derecha — Simulé que estaba a caballo, tirando de las riendas.
Ella soltó una risa corta.
— Mermit, te estoy enseñando.
— Tonto — Bramó.
Tomé su talón.
— Esto lo usas para que avance, golpeas su costado, suave, no tan duro o irá muy rápido — Dije, tratando de mostrarle.
Ella hizo lo que pedí.
El caballo empezó a andar por el patio.
Lo guíe adelante, sosteniendo para que no perdiera el control.
Mermit hizo lo que pedí, tirando de la rienda a un lado, haciendo que el caballo fuera a la izquierda y a la derecha en ocasiones, con paso pausado.
— Albert — Dijo, señalando la calle — Salir paseo.
— No, no saldremos hasta que sepas bien como montar — Dije, negando con la cabeza.
Ella resopló, pero seguimos dando vueltas en el patio.
Tal vez las lecciones no fueron palabras, pero montar a caballo también era útil.
Mermit necesitaba distraerse en ocasiones.
Escuché a unas mujeres murmurando afuera, en la puerta de rejas.
Observaban desde la acera como dábamos vuelta en el patio.
Mermit estaba concentrada, riendo en ocasión cuando el caballo hacía un movimiento inesperado.
Al ver a las mujeres, su sonrisa se borró.
Una de las mujeres estaba metiendo la mano a través de la reja, sacudiendo la muñeca.
Tenía un brazalete.
Murmuraron.
Fruncí el ceño.
¿Mermit conocía a esas mujeres?
— Mírala, montando a ahorcadas, típico de una sucia ladrona — Susurró la otra que la acompañaba.
¿Ladrona?
¿Ellas eran las del mal entendido?
¿Por qué estaban aquí?
Posaron sus ojos en mí al notar mi mirada seria.
Sonrieron, saludando.
— Malditas — Dijo Mermit, por lo bajo.
¿Dónde rayos aprendió a decir eso?
— Mermit, espera — Dije y ella me observó.
Me alejé con cuidado del caballo y caminé hacia la puerta.
— Señoritas ¿Qué se les ofrece? — Gruñí, ambas se rieron como si fuese un chiste.
— No se preocupe, solo pasábamos por aquí de casualidad y vimos la forma peculiar en la que le enseña a montar — Dijo la del brazalete — Solo nos dió curiosidad.
— Si ya vieron, se pueden marchar.
— ¿Usted es un lord? — Preguntó la otra.
— ¿También tienen curiosidad sobre mi posición? — Usé un tono irónico.
Se rieron otra vez.
— Vive en una colonia rica, con una ladrona — Gruñó la del brazalete.
— Disculpen, hagan el favor de retirarse — Dije y ambas se observaron.
— Estamos fuera de su propiedad ¿A caso está prohibido ver? — Ellas me dieron una mirada descarada.
— No están viendo, están burlándose, causando problemas.
— No son burlas, esa señorita intentó robarme y luego nos golpeó.
— Eso solo fue un malentendido — Dije, observando el brazalete — Tienes lo que te pertenece.
— Solo porque la logramos detener.
— Se les pagó una indemnización — Apreté mis manos en puño.
Mermit se acercó, había bajado del caballo.
— Una ladrona no debe estar libre.
— No la vuelven a llamar la ladrona — Advertí y ellas alzaron las cejas.
— Queremos una disculpa.
Mermit se aproximó, con expresión furiosa, aferrándose a mi brazo.
— Oye, ladrona, pide disculpas si es que no lo hiciste a propósito — Dijo la del brazalete.
Mermit estaba más enojada, dándoles una expresión de muerte.
— Sí, deberías pedir disculpas.
Ella no sabía hacerlo.
Viendo la clase de señoritas que eran no lo merecían.
— Basta — Gruñí y ellas me observaron — Hagan el favor de retirarse.
— Si la vemos en la calle vamos a acusarla — Se alejaron de la puerta.
— Piensen muy bien sus amenazas — Les lancé una mirada fulminante — Ya que quieren saber mi posición, a parte de lord soy un capitán de la flota del rey y ella es mi prometida, si alguien la daña se enfrentará a las consecuencias. Venir a provocarme en mi propia casa ¿Qué se han creído?
Ambas se estremecieron, pero sus expresiones de ira no se apaciguaron, se marcharon por la calle.
Mermit lanzó otra mirada fulminante.
Me aparté de un poco.
— No te metas en problemas — Tomé su rostro — No siempre voy a poder estar a tu lado.
Su expresión se aligeró un poco.
Volvimos al caballo.
Mermit siguió practicando otro poco más.
Le gustaba, se divertía mucho dando vueltas en el patio.
Después de eso me senté a la sombra del árbol, empecé a comer manzanas que ordené traer y las piqué con mi daga.
Mermit mordía las suyas, pero al verme cortarlas con la hoja me tendió la suya para que hiciera lo mismo.
Lo hice, la piqué en rodajas para ella.
Se las metió a la boca, disfrutando apoya del tronco.
Me pidió la daga para cortar otra.
— No, te vas a cortar — Dije, insistió fervientemente, tratando de quitarme.
Le mostré, cortándome el dedo a propósito.
— Te vas a cortar, no sabes usarla — Le mostré mi dedo índice.
Ella lo observó y luego tomó mi mano.
Se llevó el dedo a la boca, succionando.
Me recorrió un relámpago de placer que se extendió hasta mi miembro.
Mordió la manzana como si no hubiera hecho semejante cosa.
Iba a enloquecer.
— ¿Te gusta? — Preguntó.
— Sí — Jadeé y ella sonrió mientras seguía comiendo — Me encantas.
Me observó con sorpresa y confusión en su rostro.
— ¿Me encantas? — Se preguntó, tratando de buscar el significado de la frase — ¿Amor?
— ¿Sabes qué es el amor? — Me sentí curioso, apartándole un mechón de cabello del rostro.
Negó con la cabeza.
— Yo tampoco lo sé... Pero, creo que empiezo a saber lo que se siente — Susurré, más para mí mismo.
Tal vez mentí al decir que Mermit era mi prometida, pero, en el fondo tenía la esperanza de que ella aprendiera a hablar pronto.
Ella posó una mano en mi pecho, justo en mi corazón.
— ¿Amor?
— El amor es mucho más que latidos.
Fijó sus ojos en los míos.
Empezaba a entenderla, sin palabras, solo con sus miradas, expresiones y acciones.
Estaba descubriendo que había formas más claras de comunicarse que las palabras.
— Pero, tal vez si lo sea — Asentí con la cabeza.
Ella me dió un beso corto.
Se sonrojó.
No quería que alguien nos viera.
Mi temor a los juicios era grande, pero entre paredes estábamos a salvo.
Por ahora, mientras Mermit aprendía, no podía desfilar frente a todos y pregonar nuestra relación.
No sabía que clase de relación era, solo dos personas de distintos mundos, sobrepasando las barreras del entendimiento, siendo libres.
Mi deseo creció.
Necesita más de ella.
Volvería a tocarla en la noche.
Lo que pasó la noche anterior me confirmaba que Mermit estaba tan dispuesta para mí.
No tenía nada de malo.
Ese sería nuestro secreto mientras todo tomaba su curso.
Iría a su habitación cuando el sol se ocultara.
albert los celos son malos recuerda que mermit no entiende solo es curiosa tienes que enseñarle
mermit va sentirse triste