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La Novia Del Mafioso

La Novia Del Mafioso

Status: Terminada
Genre:CEO / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Piccola

Un mafioso enamorado de una estudiante universitaria, ella es de una familia acomodada.

el tiene una empresa legal y aparte sus negocios ilegales.

ella es una chica curvy, el es alto y guapo

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Capítulo 7: Verde jade y una promesa silenciosa

📖 Capítulo 7: Verde jade y una promesa silenciosa

💬 Verónica — Primera persona

—¡Mil gracias! Nos vemos al rato —le digo con una sonrisa, y subo a mi coche con el corazón sintiéndose más ligero que en mucho tiempo.

No pierdo tiempo. Sé exactamente lo que tengo que hacer: necesito encontrar el vestido perfecto para esta noche, y luego pasar al salón para alistarme con calma. Mientras conduzco, pienso en lo extraño que se siente que él vaya conmigo. No es solo un acompañante. Es Rafael. Y eso lo hace diferente a todo lo que he conocido antes.

Justo cuando estoy estacionando frente al salón, suena mi teléfono. Sé quién es antes de ver la pantalla.

—¿Ya elegiste vestido? —me dice al contestar, sin siquiera saludar primero, pero su voz no suena exigente, solo… curioso.

—Todavía no lo tengo en mis manos, pero ya sé cuál voy a comprar —le respondo con seguridad—. Lo vi de pasada cuando venía para acá, y en cuanto lo vi, supe que era el indicado. ¿Y tú? ¿Ya sabes qué vas a ponerte?

Suspira al otro lado de la línea.

—Solo… escoge algo bonito, pero cómodo. No quiero que pases toda la noche ajustándote la ropa.

—Oye, una pregunta importante —le digo con picardía contenida—. ¿De qué color será tu corbata?

Se queda en silencio unos segundos, como si la pregunta lo hubiera tomado por sorpresa.

—Negro —responde al fin—. ¿Por qué? ¿Quieres que vayamos coordinados o algo así?

Me río suavemente.

—No, no es que quiera ir coordinada contigo como si fuéramos una pareja de reyes… pero tampoco voy a ir de luto, Rafael. No es un funeral, es una gala benéfica. Y me imaginé que serías de los que usan negro siempre, ¿me equivoco?

—Sí, será negra. ¿Algún problema con eso? —pregunta, y noto que se pone a la defensiva.

—Ningún problema en absoluto. Son tus gustos, ¿quién soy yo para decirte qué ponerte? Solo era curiosidad —le digo con voz tranquila.

Resopla, pero suaviza su tono enseguida.

—Está bien. A las siete en punto paso por ti. No me hagas esperar en la puerta, que conozco a tu familia y sé que no les gusta que lleguen tarde los invitados.

—Muy bien. A las siete estaré lista esperándote —le digo, esperando que cuelgue como siempre hace, sin despedirse propiamente.

Pero se queda en la línea, confundido.

—¿Perdón? ¿Quién eres y qué hiciste con la Verónica que siempre me pone peros y me discute todo? —dice con fingida seriedad.

Me echo a reír de verdad.

—¿Por qué? ¿Te asusta que sea amable contigo?

Su voz se vuelve más suave, casi un murmullo.

—No me asusta. Solo… no estás actuando como siempre. ¿Seguro que estás bien? No estás nerviosa por esta noche, ¿verdad? Si no quieres ir, podemos inventar una excusa. Nadie te obliga a nada.

—El que no está actuando normal eres tú, preocupándote tanto —le digo con ternura—. Estoy bien, de verdad. Te dejo alistarme. Nos vemos al rato, ¿de acuerdo?

—A las siete entonces.

Cuelgo sin decir adiós, imitando su costumbre, y sonrío para mí misma. Que se acostumbre, pienso con alegría.

Termino en el salón: me arreglan el cabello suelto con unas ondas naturales que caen sobre mis hombros, y un maquillaje suave que resalta mis rasgos sin recargarlos. Luego voy a la tienda. Y ahí está, justo como lo vi ayer: un vestido de seda verde jade, de corte sencillo pero elegante, con la espalda descubierta y caída suelta y fluida desde la cintura. Al lado del maniquí, en un estante de accesorios, una corbata y un pañuelo del mismo tono exacto. No lo dudo ni un segundo. Sé que es para él.

Llego a casa, me cambio, me calzo unos zapatos dorados sencillos y me miro en el espejo. No me reconozco, pero me gusta lo que veo. Estoy nerviosa, sí, pero también emocionada. Y sobre todo, me siento segura. Sé que con él a mi lado nada malo puede pasar.

Suena el timbre justo cuando el reloj marca las siete menos dos minutos. Me asomo por la ventana y lo veo ahí abajo, junto a su auto. Lleva un traje impecable, pero se está ajustando la corbata con dedos un poco torpes, nervioso, como si nunca hubiera usado una en su vida. Me da ternura verlo así.

Bajo las escaleras con cuidado, sosteniendo una caja pequeña envuelta en papel color crema en mis manos. Al abrir la puerta, levanta la vista y se queda inmóvil por un instante, como si hubiera olvidado cómo respirar.

—Llegué a tiempo —murmura, sin apartar los ojos de mí.

—Llegaste perfecto —le digo con una sonrisa, y le extiendo la caja—. Antes de subir… esto es para ti.

La toma entre sus manos grandes, confundido.

—¿Qué es esto? No debiste… no necesito nada, Verónica.

—Ábrelo, por favor. Lo elegí con mucho cariño —le digo suavemente.

Descorre la cinta con cuidado, levanta la tapa y saca primero el pañuelo, luego la corbata, ambos de ese verde hermoso que tanto me había enamorado. Los sostiene entre sus dedos, mirándolos como si no supiera qué hacer con ellos.

—Una corbata y un pañuelo… —repite, frunciendo levemente el ceño—. Pero yo ya traigo la mía, es negra. No necesito otra, de verdad.

—Lo sé que traes la negra —le digo entre risas—, pero mi vestido no es negro, Rafael. Si vas conmigo, al menos intenta no parecer que te perdiste camino a una boda y terminaste aquí por error. ¿Te gusta o no el color? Porque si no te gusta, no hay problema, lo entiendo.

—Me gusta —dice de inmediato—. Es hermoso. Solo… nadie me ha regalado algo así nunca.

Me acerco un paso más hacia él.

—¿Me dejas ponértela tú? Así nos aseguramos de que te quede bien.

Asiente lentamente. Le quito la corbata negra con cuidado y empiezo a ajustar la verde alrededor de su cuello. Está tan cerca que puedo sentir su respiración entrecortada. Se queda completamente quieto, dejándome hacer, y sus manos cuelgan a sus costados como si no supiera qué hacer con ellas.

—Te queda preciosa —le susurro al terminar, dándole un toque final suave—. Eres muy guapo, ¿lo sabías?

Se sonroja visiblemente y aparta la mirada por un instante.

—Gracias —murmura—. Tú… tú también estás hermosa, Verónica. Como nadie nunca.

Le tomo la mano y la entrelazo con la mía.

—Entonces… ¿vamos? No queremos llegar tarde.

Me sostiene la mano con firmeza pero con suavidad. Abre la puerta del auto para mí, ayuda a que me acomode bien, y luego sube a mi lado.

—Vamos —le dice al chófer con voz segura, aunque su mano sigue sosteniendo la mía sobre el asiento entre nosotros.

El trayecto transcurre en un silencio agradable, no incómodo. Cuando el auto se detiene frente al hotel donde se celebra la gala, escuchamos el murmullo de la gente y el destello de las cámaras desde afuera. Siento que me aprieta un poco más la mano.

—Hay muchos reporteros —le digo con sinceridad, dándole un ligero apretón para agradecerle que esté aquí conmigo—. Si quieres podemos entrar por separado o por otra entrada. No quiero que inventen historias sobre ti, ni que te vean en una situación que no quieres. Solo dime qué te hace sentir más cómodo y lo hacemos así. No tienes que hacer nada que no quieras.

Me mira a los ojos, y en esa mirada hay algo que cambia todo entre nosotros.

—Entramos juntos, Verónica. De la mano. Como debe ser. Que digan lo que quieran. No me escondo de nada… y mucho menos de ti.

CONTINUARÁ ✨

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Soraya Salih
Los papás de ella y la mamá de él?
Maria Garcia
muy linda su novela
LILIANA FRANCO
mas capitulos🥰
Piccola: subire 5 capitulos por día 🫰🏼❤️❣️
total 1 replies
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