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A Un Suspiro Del Deseo

A Un Suspiro Del Deseo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: R.C.Mary.G.

Katia no dejó de amar a su esposo. Ese es precisamente el problema.
Después de veinte años de matrimonio, tres hijos y una vida construida junto a Gael, creyó que el deseo simplemente había desaparecido. Hasta que Rafael, su profesor de tango, la hizo sentirse mirada, deseada… y viva otra vez.
Lo que debía quedarse en una pista de baile cruzó demasiadas fronteras. Y cuando Katia comprende que está enamorada de Rafael, descubre también la verdad más incómoda de todas: amar a alguien nuevo no borra automáticamente el amor, la historia ni la familia que existían antes.
Entre Guadalajara, Bogotá y Buenos Aires, Katia tendrá que decidir no solo a quién ama, sino qué consecuencias está dispuesta a asumir por la mujer en la que se está convirtiendo.
Porque algunas decisiones empiezan mucho antes de decir “me voy” o “me quedo”.
Un romance adulto donde nadie sale ileso de volver a sentirse vivo.

NovelToon tiene autorización de R.C.Mary.G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Suspendidos en el tiempo

POV Katia | 14 Noviembre 2023

A partir de ese brindis, la tensión que Katia había estado arrastrando durante semanas terminó de disiparse por completo.

La conversación comenzó a fluir con una naturalidad asombrosa, matizada por risas honestas y anécdotas divertidas que ambos compartieron sin reservas.

Rafael le contó con humor sobre sus desastrosos primeros intentos en la danza, los pasos ridículos que inventaba cuando nadie lo veía y las situaciones cómicas que vivía a diario en la academia con alumnos principiantes.

Al enfatizar un gesto, la mano de Rafael rozó levemente el antebrazo de Katia. Fue un toque casual, casi imperceptible, pero suficiente para dejar un rastro de calor en su piel.

Katia, por su parte, se descubrió riendo a carcajadas como no lo hacía en años, liberando anécdotas de su propia vida, de momentos absurdos en su juventud y de cosas cotidianas que jamás se había atrevido a contar con tanta ligereza.

No había espacio para las formalidades ni para las expectativas sociales.

Katia se sintió escuchada, atendida y, sobre todo, comprendida en un nivel que trascendía lo superficial.

El tiempo parecía haberse detenido dentro del pequeño local; la segunda copa de vino llegó sin que ninguno se diera cuenta.

Cada vez que Rafael se inclinaba para hablarle al oído por encima del ruido del restaurante, el calor de su aliento le rozaba el cuello, rozando apenas la línea de su mandíbula.

Ella no se echaba hacia atrás; al contrario, inclinaba sutilmente la cabeza, desafiando el espacio que los separaba y midiendo la resistencia de ambos.

Por primera vez en mucho tiempo, Katia no estaba pensando en el mañana, ni en sus responsabilidades, ni en la culpa. Estaba ahí, disfrutando del simple placer de una buena charla, conectando de verdad con alguien que la miraba no por los roles que desempeñaba, sino por la mujer que era en ese instante.

La conversación continuó fluyendo con una soltura tan natural que el resto del mundo pareció desvanecerse por completo.

La mezcla del vino, el calor del ambiente y la insólita sensación de libertad crearon una atmósfera embriagadora.

Katia se sentía libre de máscaras, escuchada y vista con una intensidad que hacía años no experimentaba.

Las miradas entre ambos comenzaron a cargarse de un significado distinto.

Ya no hablaban solo con palabras; el lenguaje corporal de Rafael era cada vez más cercano.

En un momento de complicidad, mientras reían por una última anécdota, él estiró la mano sobre la mesa y rozó suavemente los dedos de Katia.

Ella respondió no solo dejando la mano allí, sino acariciando con la yema de su pulgar el dorso de la mano de él, prolongando el toque hasta el límite de lo permitido en un lugar público.

Ese contacto envió una descarga eléctrica que recorrió la espina dorsal de Katia, haciendo que su respiración se entrecortara.

Katia no retiró la mano. Por primera vez en décadas, decidió no frenar lo que sentía.

Rafael se levantó despacio, pagó la cuenta y, al volver a la mesa, le extendió la mano con una mirada profunda, cargada de una promesa tácita.

Katia la tomó sin vacilar.

Caminar juntos bajo la noche fresca fue como avanzar hacia un punto de no retorno. Mientras caminaban, el hombro de Rafael chocaba "sin querer" con el de ella.

En un paso de peatones, él le colocó una mano firme en la parte baja de la espalda para guiarla, un gesto de protección que descendió un par de centímetros más de lo estrictamente necesario, reteniendo la presión un segundo de más.

Sin decir una sola palabra, el entendimiento entre los dos fue absoluto. Rafael la guio hacia su departamento, ubicado a pocas calles de ahí.

Al cruzar el umbral y escucharse el sonido seco de la puerta cerrándose a sus espaldas, la distancia entre ellos se redujo a cero.

Los miedos, la rutina y las cadenas de su antigua vida quedaron del otro lado.

Rafael la tomó suavemente por la cintura, sujetándola con una delicadeza firme que la hizo estremecer.

La atrajo hacia sí hasta que el aire entre sus cuerpos desapareció.

Katia apoyó las manos en su pecho y, con una lentitud deliberada, fue subiendo sus palmas hasta el cuello de él, sintiendo la tensión muscular y el galope acelerado de su corazón bajo la camisa.

Él se inclinó despacio, buscando sus ojos, y luego bajó la mirada hacia la boca de Katia.

Con la yema del dedo pulgar, Rafael le perfiló el labio inferior, obligándola a entreabrir la boca.

Rostro con rostro, el espacio que los separaba era tan mínimo que solo cabía el calor de su aliento.

Katia soltó una exhalación trémula, un aire cálido y agitado que le rozó la piel a él antes de encontrarse.

Estaban ahí, suspendidos en el tiempo, a un suspiro diminuto, húmedo y tembloroso de la pasión contenida durante tanto tiempo.

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