Sariel portador del séptimo rayo, es elegido por el dios del amor para ser su guardián en la tierra humana, mientras trata de ser el observador cósmico del creador , conocerá la fragilidad de su esencia al conocer el sentimiento que solo los mortales estaban condenados a sentir , él amor , acompaña al guerrero de amatista a encontrar su verdadera misión entre él cielo, la tierra y el infierno en ese extensa línea de la Eternidad
NovelToon tiene autorización de victoria illescas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 7
Capítulo 7:
La atmósfera en la ciudad de plata se volvió tan frágil que el simple aleteo de un querubín parecía capaz de resquebrajar el aire. Mientras Uriel y Zadquiel permanecían en las sombras de los jardines de cristal, la realidad comenzaba a dar señales físicas de la discordia que se gestaba.
Zadquiel se inclinó para tocar una de las flores de cristal a sus pies. Al contacto con sus dedos, la flor no emitió su habitual nota pura, sino un gemido sordo, una frecuencia que vibraba en la clave del sacrificio.
- Escucha eso, Uriel , susurró Zadquiel, con el rostro ensombrecido. Los jardines ya no cantan para el creador. Están empezando a resonar con el secreto de Miguel y Alanis. El amor prohibido está actuando como un parásito en la armonía de la ciudad.
Uriel observó cómo una grieta casi invisible recorría la base de un obelisco de cuarzo cercano.
- El séptimo rayo está perdiendo su capacidad de purificar. Añadió Uriel. Si la fractura continúa, la transmutación se detendrá. Lo que antes era luz se convertirá en peso, y lo que era espíritu se volverá materia. Ahora lo entiendo. Es por eso que uno de ellos tendrá que descender. El cielo está expulsando lo que ya no puede armonizar.
Lejos de allí, en los confines del vacío, Sariel sintió esa misma nota discordante. Se detuvo en medio de la oscuridad absoluta, donde las estrellas apenas eran puntos distantes de luz fría. Sintió un tirón en su esencia, una conexión con su gemelo Zadquiel que le enviaba una ola de tristeza inexplicable.
- Algo ha cambiado, murmuró Sariel al vacío, apretando el mango de su espada
Sariel, impulsado por una urgencia que no comprendía, decidió acelerar su inspección. Su deseo de volver a la ciudad de plata, a los jardines de cristal, de ver a Zadquiel , a Miguel y de buscar refugio en la mirada de Alanis, se convirtió en una obsesión. No sabía que su prisa era, en realidad, la carrera hacia su propia caída.
De vuelta en los jardines, Gabriel y Rafael pasaron cerca de donde Uriel y Zadquiel conspiraban. Los dos arcángeles se detuvieron un momento, ajenos a la gravedad de la conversación que interrumpían.
- ¿No es maravilloso? ,dijo Gabriel, señalando hacia la torre. Miguel y Alanis parecen haber encontrado una paz que nos inspira a todos. El Creador sabía lo que hacía al unirlos en esta guardia.
Rafael sonrió, con su aura verde irradiando una calma sanadora.
- Es cierto. Incluso el pulso del tiempo parece más firme bajo su cuidado.
Zadquiel y Uriel intercambiaron una mirada cargada de una amargura insoportable. Cómplices de un secreto . Tuvieron que fingir una sonrisa, asintiendo ante la ceguera de sus hermanos. Cuando Gabriel y Rafael se alejaron, el silencio que quedó fue más pesado que antes.
- Ellos ven la superficie de un lago en calma , dijo Zadquiel una vez que estuvieron solos. Nosotros vemos el monstruo que habita en el fondo, esperando a que Sariel regrese para emerger.
Zadquiel miró sus propias manos, que ahora temblaban con una luz violeta errática. Sabía que el tiempo de las palabras se estaba agotando.
Muy pronto, el reloj de arena de Alanis marcaría el inicio del fin, y la ciudad de plata vería cómo uno de sus hijos más brillantes perdía sus alas para siempre en el polvo de la tierra.
En la ciudad de plata era impactante ver cómo Gabriel y Rafael veían todo como algo hermoso, mientras que Uriel y Zadquiel eran testigos de la catástrofe que se avecinaba.
Más días transcurrieron y en los confines de la creación, donde el vacío se encuentra con las primeras luces del cosmos, Sariel cumplía su encomienda. Sus manos trazaban los glifos antiguos necesarios para sellar una brecha en el tejido de la realidad, una tarea que requería una concentración absoluta. Sin embargo, su mente era un campo de batalla.
Cada vez que cerraba los ojos para canalizar el poder del creador, la imagen de Alanis se filtraba entre los astros. Recordaba el brillo de su mirada y la suavidad de su voz, una distracción de un sentimiento humano que se sentía más poderosa que cualquier decreto celestial. El frío del espacio profundo no lograba apagar el calor que su recuerdo encendía en su pecho, convirtiendo su misión en un sacrificio silencioso.
Mientras tanto, lejos de las batallas cósmicas, los jardines de cristal del tercer cielo, resplandecían bajo una luz eterna. Las flores talladas en cuarzo y luz, emitían un tintineo melódico con la brisa.
Miguel caminaba junto con Alanis por los senderos traslúcidos. El guerrero, cuya presencia solía imponer respeto y autoridad, mantenía una suavidad inusual en sus movimientos.
Al llegar a la fuente de los ecos, sus manos se rozaron accidentalmente. El contacto no fue una simple chispa, había sido un reconocimiento
Miguel se detuvo y la miró como un ser que acababa de encontrar su norte. Alanis, cautivada por la paz que emanaba de él, comprendió en ese instante que el amor no era un estruendo, sino la armonía perfecta que compartían en ese jardín.
En ese momento, mientras Sariel luchaba contra el olvido en la oscuridad, dos almas encontraban su reflejo bajo el cielo de cristal.
Sariel estaba encadenado a su propósito. En el confín del séptimo cielo, donde la realidad se desgarra, él sostenía con sus propias manos las columnas de fuego que evitaban el colapso de un mundo naciente. El dolor era físico, el calor del Creador quemaba sus palmas y el peso de la existencia crujía en sus hombros.
En cada latido de su corazón exhausto, Sariel pronunciaba el nombre de Alanis como un mantra de supervivencia.
- Resiste, Sariel, hazlo por ella, se decía a sí mismo, creyendo que su sacrificio mantenía el cielo seguro para que ella pudiera caminar tranquila.
No sabía que, mientras él entregaba su esencia para proteger la creación, el suelo bajo sus pies se estaba desmoronando de una forma que ninguna columna de fuego podría evitar.
Alanis buscaba refugio en Miguel, esperando encontrar la misma sintonía emocional que tenía con Sariel, pero el choque con la realidad de quién era él, realmente era inevitable, pues Miguel era el Arcángel de la Guerra
La penumbra de los Jardines de Cristal parecía absorber el sonido. Alanis estaba sentada en el borde de una fuente de obsidiana, con la mirada perdida en las aguas de luz, sabía que Miguel no podía decirle a nadie que la amaba , pues pondrían en riesgo la estabilidad de los jardines de cristal, la culpa por lo que estaba pasando con Miguel la carcomía, pero más allá de la culpa, había una necesidad desesperada de consuelo.
Había pasado tiempo sin saber de Sariel, quien seguía luchando en los confines de la creación. Su ausencia era un agujero negro en su pecho. Necesitaba hablar, necesitaba que alguien viera el torbellino que llevaba dentro , necesitaba el consejo de Sariel pues era el único que la entendía a un sin decir palabra alguna, Alanis
suspiró profundo mientras pensaba en el regreso de Sariel, cuando sintió la presencia de Miguel, no fue como la calidez sutil de Sariel. Fue un cambio en la presión atmosférica, un olor a ozono y a acero frío. Él se materializó a su lado, con su armadura dorada brillando tenuemente bajo la luz lunar de los jardines.
- Alanis, dijo él, su voz era un trueno contenido, una orden disfrazada de saludo. Se sentó a su lado y la tomó de la mano, la miró con devoción
Alanis le devolvió una mirada serena, fundiéndose con un solo toque, sabiendo que esa unión era el primer paso de una historia que ni el mismo Creador podría prever del todo, se amaban con la intensidad de quienes están dispuestos a dar la eternidad el uno por el otro ,él sentimiento del amor había florecido en sus corazones …. Continuará